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Guerra de EE. UU. en Irán amenaza el bolsillo de los nicaragüenses

La guerra ya causó un alza en el precio del petróleo. Economistas nicas alertan que el impacto será definido por la magnitud y duración del conflicto

guerra Irán

El nuevo líder supremo de Irán, Mojtaba Jameneí, afirmó en su primer mensaje a la nación que el estrecho de Ormuz "debe permanecer cerrado". EFE

Iván Olivares

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El conflicto en Oriente Medio tendrá consecuencias para la vida diaria en Nicaragua. La más grave e inmediata, es el alza en los precios del petróleo, que el 8 de marzo de 2026 se acercó a los 120 dólares por barril, pero no es la única. El aumento del costo del transporte marítimo, así como el de los fertilizantes y el de los alimentos, también pueden afectar el día a día de los nicaragüenses. Todo dependerá de cuánto tiempo duren las acciones armadas, y de cuánto afecten a la industria petrolera.

Los bombardeos estadounidenses e israelíes, junto con la respuesta misilística iraní, tienen en espantada a toda la cadena petrolera global. De ella dependen en gran parte, sectores enteros como la industria y la agroindustria. También el transporte, el comercio, la generación de electricidad, la enseñanza, la salud, etc.

De ahí que el nerviosismo se sienta de forma tan intensa en todos los sectores de la economía, a lo largo y ancho del globo terráqueo, y que los analistas y especuladores, estén tan atentos a las noticias. Si el inicio de las acciones bélicas impulsó el crudo al alza, una frase pronunciada por el presidente del Gobierno de Estados Unidos, Donald Trump, sugiriendo que el conflicto estaba a punto de terminar, causó un desplome sin precedentes de ese precio.

El impulso a la baja duró poco. Para empezar, porque el Estrecho de Ormuz (por donde pasa alrededor del 20% del petróleo del mundo), sigue cerrado. Además, porque Irán no solo sigue disparando misiles, sino que está atacando las refinerías y depósitos de hidrocarburos de los países vecinos.

Las palabras del recién electo sucesor del asesinado Alí Jameneí, su hijo Mojtana, informando que el paso marítimo continuaría cerrado, y que su país se disponía a vengar a los mártires, impidió que se calmaran los mercados. Ni siquiera cuando los 32 países miembros de la Agencia Internacional de Energía (AIE), decidieron realizar la mayor liberación de reservas de petróleo de su historia, equivalentes a 400 millones de barriles.

Eso equivale a cuatro días de consumo global, o a 20 días de producción de las cantidades que no están pudiendo pasar por el Estrecho. Su efecto sobre la dinámica de precios de los combustibles fue apenas anecdótica, aunque hay otros 1400 millones de barriles en las reservas estratégicas del mundo.

Factura petrolera nica fue de casi $1300 millones en 2025

La profundidad de los efectos sobre el conjunto de la economía, y la situación de los hogares, estará definida por la magnitud y duración del conflicto, explicó el economista Enrique Sáenz. Por su parte, un análisis de la Fundación sin Límites para el Desarrollo Humano, señaló que la magnitud de estos efectos dependerá también de “la evolución de los precios internacionales del petróleo y del funcionamiento de rutas estratégicas como el Estrecho de Ormuz”.

Hay más de 13 000 kilómetros entre Teherán y Managua. La distancia es suficiente para que no haya que preocuparse por las consecuencias estrictamente militares del enfrentamiento entre Estados Unidos e Israel por una parte, con Irán por la otra. La historia es distinta al evaluar los efectos económicos de una guerra que afecta de forma directa a varios países productores de hidrocarburos.

“El impacto previsible más directo es en el precio internacional del petróleo”, explican tanto Sáenz, como el equipo económico de la Fundación Sin Límites, que preparó un análisis denominado “Posibles efectos del actual conflicto en Oriente Medio en la economía nicaragüense”. Si bien un conflicto de corta duración generaría daños que se diluirían en poco tiempo, su prolongación causaría un shock petrolero de forma inevitable.

Excluyendo el componente ‘energía eléctrica’, la factura petrolera nicaragüense ascendió a 1293 millones de dólares en 2025, según un informe del Banco Central. Fueron un total de 554.3 millones de dólares en petróleo crudo, más 738.7 millones en combustible y lubricantes. Los mercados del petróleo son distintos de los de las gasolinas, el diésel, y otros carburantes.

Aumento de la factura petrolera

El riesgo más evidente es el aumento de la factura petrolera. De hecho, ya se materializó: el barril de petróleo WTI (el que se usa como referencia en el continente americano), se cotizaba en 96.70 dólares al caer la tarde del jueves 12 de marzo de 2026. Eso es 44.3% más alto que la cotización previa al inicio del conflicto (cerró en $67.02), y 68.7% más alto que al primero de enero ($57.32).

No hay duda entre los analistas que el precio de los hidrocarburos se mantendrá al alza, que es muy probable que llegue a los 100 dólares, y hasta que supere la cifra con creces. Eso significa, en el caso de Nicaragua, que cada 10 puntos porcentuales en que crezcan —y se mantengan— elevados esos precios, el país tendría que desembolsar unos 129 millones adicionales a lo largo del año.

Como resultado, “el Banco Central tendría que sacar más dólares de sus reservas, para enfrentar los mayores costos de la factura petrolera”, explicó Sáenz.

Para un país importador de combustibles, como Nicaragua, esto tendría varias implicaciones, como aumentos en el costo del transporte, en la generación de electricidad, y encarecimiento de la producción industrial y agroindustrial, explicaron los expertos de la Fundación. “La combinación de estos factores podría generar un aumento generalizado de precios (inflación importada), que afectaría el poder adquisitivo de los hogares, especialmente aquellos de menores ingresos, que destinan una mayor proporción de su presupuesto a transporte y alimentos”, complementaron.

Alimentos más caros

Una consecuencia esperable de este conflicto, es un aumento sustancial en los precios de los fertilizantes, retrasos en entregas durante ciclos agrícolas clave, y volatilidad en mercados de insumos agrícolas, advierten los economistas de la Fundación. Esto “podría derivar en reducciones en los márgenes de ganancia de pequeños y medianos productores, e incrementos en los precios al consumidor de alimentos básicos”, detallaron.

Este escenario es “particularmente sensible” en un país como Nicaragua, donde el sector agropecuario tiene un peso relevante en el empleo, las exportaciones y la seguridad alimentaria. Esto “combina efectos productivos y sociales, con posibles impactos en pobreza y nutrición”.

Si eso sucede, el economista José López Aráuz sugirió “recomendar a los consumidores que eviten la dependencia de transporte individual si el lugar de destino está cerca de su hogar. También, que compren sus alimentos una o dos veces por mes, y evitar los gastos hormiga en la medida que se pueda, diversificando las fuentes de ingresos si es posible. Lo más importante: evitar las deudas”.

Riesgo de menor crecimiento económico

Dependiendo de cuáles factores se materialicen con más fuerza en el seno de la economía nicaragüense, “la suma de los impactos anteriores puede traducirse en una desaceleración del crecimiento económico por varias vías”, indican los economistas de la Fundación.

Citan como ejemplo, la reducción del consumo real debido a la inflación, así como menor inversión privada ante la incertidumbre global. También un aumento de los costos de las empresas, y una mayor cautela en las decisiones financieras. No es descartable vislumbrar una disminución en el turismo.

Considerando cuál pudiera ser la decisión de Estados Unidos y la Unión Europea ante un régimen que mantiene su apoyo a la dictadura teocrática iraní, el economista López también advierte del riesgo de nuevas sanciones por parte de Estados Unidos, sin descartar que Washington esgrima la carta del CAFTA. “Esto generaría un impacto en los exportadores”, y la situación se agravaría si se limita más el acceso a créditos e inversión por parte de los organismos internacionales, complementó.

Congelamiento del precio de los combustibles

En Nicaragua, los precios de los combustibles están congelados desde abril de 2022. Congruente con sus afirmaciones de todos estos años, Sáenz insistió en que “los congelaron para preservar las sobreganancias de quienes controlan el mercado, no para proteger a los consumidores”.

Dado que da por seguro que esa política se mantendrá pese al aumento de los precios para proteger esas sobreganancias, pronosticó que el régimen cargará los aumentos en el presupuesto, o los descargará en los consumidores.

“La solución sería eliminar las sobreganancias. Con solo eso podrían llevar los precios al promedio centroamericano y generar un alivio para la economía, las empresas y los consumidores”, explicó.

Algunos productores ganarán más

Un aumento en los precios significa que habrá muchos, millones, pagando más por esos productos, y unos cuantos que cobrarán más por proveerlos. Los ganadores absolutos son los brokers: inversionistas (y especuladores) dueños de contratos a futuro que negocian con cualquier cosa, y no solo petróleo. Sus intereses lo cubren todo: desde el oro, hasta los frijoles.

Al hacer sus análisis, los economistas también mencionan “la inflación importada”. Se refieren a aquella que infla los precios de los alimentos y productos que se compran más caros en el exterior, obligando al consumidor local a pagar más por ellos.

Sáenz mencionó la posibilidad de que los alimentos sean más caros, porque “todo está encadenado. Sube el transporte internacional, suben los alimentos, suben las materias primas, y eso castiga a los consumidores”.

Si bien Nicaragua es un productor neto de la mayoría de los alimentos que consume (el arroz es una excepción), esta vez, la capacidad exportadora del país puede volverse en contra del consumidor local.

Usó como ejemplo la dinámica de los frijoles, que también es válida para el queso. Ambos productos tienen mucha demanda en El Salvador, desde donde llegan compradores a adquirirlos directamente en las fincas. Si sube el precio internacional, los finqueros lo venderán más caro, pero luego querrán que los comerciantes locales también les pague ese mismo precio, lo que se traduce en inflación automática.

Los (felices) vendedores de oro

El oro es una historia aparte. El 26 de enero de 2026, ese metal rompió la barrera de los 5000 dólares por onza troy, y tocó techo tres días después, al cotizarse en 5571 dólares. Desde entonces, el mercado se ha moderado, permaneciendo en alrededor de 5100 y 5200 en los días posteriores al inicio del conflicto, con días superando los 5400 dólares.

Sáenz señaló que en Nicaragua también hay una minoría que puede salir ganando con esta guerra. Apunta en particular, a “quienes están en el negocio del oro, tanto el limpio, como el turbio”.

Acá también habla de “la mafia en el poder. Ellos se están frotando las manos al ver que el precio del oro superó los 5000 dólares. Con que se mantenga a ese nivel es premio, y si sube todavía más, es premio concentrado. Es cierto que el café subió de manera pronunciada, pero algo les queda a los productores, aunque sean otros los que se queden con la tajada del león. En el caso del oro, son ganancias que están concentradísimas en unas pocas personas”, reiteró.

Encarecimiento del transporte marítimo

El comercio global se mueve, predominantemente, sobre los océanos del planeta. Por eso preocupa tanto que el conflicto generara aumentos en los costos del transporte marítimo, debido a desvíos de rutas, mayores primas de seguros y cancelación de coberturas de riesgo en zonas consideradas de guerra. El equipo de economistas de la Fundación Sin Límites recordó cómo, en crisis recientes, hubo aumentos abruptos en tarifas de flete que se trasladaron gradualmente a los precios finales, en un periodo de varios trimestres.

Al respecto señalaron que, como Nicaragua depende del transporte marítimo para gran parte de sus importaciones (combustibles, insumos industriales, bienes de consumo), esto implicaría incrementos en los precios de bienes intermedios. También, “aumentos en los costos de importación de alimentos y materias primas, y pérdida de competitividad en exportaciones”.

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Iván Olivares

Iván Olivares

Periodista nicaragüense, exiliado en Costa Rica. Durante más de veinte años se ha desempeñado en CONFIDENCIAL como periodista de Economía. Antes trabajó en el semanario La Crónica, el diario La Prensa y El Nuevo Diario. Además, ha publicado en el Diario de Hoy, de El Salvador. Ha ganado en dos ocasiones el Premio a la Excelencia en Periodismo Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, en Nicaragua.

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