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“Economía del malestar”: Detrás del espejismo de bienestar económico de la dictadura

La estabilidad macroeconómica del país, oculta la realidad del malestar ciudadano: salarios bajos, canasta básica impagable y cifras de empleo irreales

Foto: Confidencial

Iván Olivares

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El discurso macroeconómico de la dictadura está lleno de paradojas. Un producto interno bruto (PIB) que crece, sin que el empleo formal lo haga a un ritmo similar. Un país donde la vida es más barata que en Centroamérica, pero cuyos ciudadanos ganan menos. Unas remesas que sostienen a miles de familias, pero desaparecen de las estadísticas oficiales. Todo ello, como resultado del espejismo de unas cifras macroeconómicas que esconden la realidad del malestar en el que vive la mayoría de los nicaragüenses.

Lo que ese espejismo trata de esconder es la existencia de una ‘economía del malestar’, en la que el país produce alimentos suficientes, pero los ciudadanos no pueden adquirirlos en cantidades suficientes. En paralelo, se enriquece de forma desmesurada el pequeño círculo que apoya a la dictadura que ahora encabezan Rosario Murillo y su esposo y copresidente Daniel Ortega.

El régimen “no ofrece alternativas de futuro para la población”. En vez de eso, busca consolidar a su grupo de poder económico, asegura el estudio “Economía del Malestar”, elaborado por el economista Marco Aurelio Peña, para el Centro de Estudios Transdisciplinarios de Centroamérica (CETCAM).

Luciano es un ejemplo de ello. Este profesional del volante que solicitó el anonimato como condición para hablar con CONFIDENCIAL, salió de Nicaragua y viajó hasta Costa Rica en busca de un empleo que le generara mayores ingresos, y lo encontró. Después de un tiempo en la vecina del sur, la nostalgia por la familia que había dejado atrás lo llevó a regresar al país, a trabajar en lo que bien sabe hacer: conducir. En este caso, un taxi.

“La situación económica acá en Nicaragua está mal. Todo está caro, y la gente no quiere pagar lo que vale una carrera de taxi. Si esto sigue así, a lo mejor me devuelvo a Costa Rica”, dijo el hombre. Como él, hay muchos en el país. Son los que se quejan -aunque no conozcan el término- de vivir en una economía del malestar. Como la que hay en Nicaragua.

Ortega, el “buen alumno”

De forma consistente, el régimen obtiene buenas calificaciones por parte del Fondo Monetario Internacional. Esas que el régimen exhibe después para decir que está haciendo bien las cosas, y que la oposición deplora al destacar sus carencias. Más allá de las explicaciones habituales y del lenguaje diplomáticamente ambiguo que utilizan, el economista Peña tiene una acotación: el FMI trabaja con cifras oficiales. Es lógico que la dictadura reciba tan buenas evaluaciones, si el examen se basa en sus cifras.

“La macroeconomía oficial ha sido bien calificada por las misiones técnicas del FMI en variables como las expectativas de crecimiento económico, el nivel de reservas monetarias y la solidez del sistema financiero. Sin embargo, la radiografía macroeconómica se percibe irreal cuando se la contrasta con las realidades económicas de las personas y las comunidades”, advierte el autor.

Añade que esos reportes técnicos producen un ‘efecto espejismo’ que esconde las condiciones reales de vida de las personas. Peña compara los números alegres por los que se autofelicita el régimen, con la realidad de pequeños agricultores, empleados informales, emprendedores, trabajadores por cuenta propia o profesionales independientes, a los que el dinero no les rinde lo suficiente. No importa si están administrando sus hogares, o sus pequeños negocios de subsistencia.

“La economía nicaragüense durante el período 2023–2025 ha combinado un peculiar estado de estabilidad macroeconómica con una economía del malestar. Es una situación paradójica”, explica Peña.

Suben los salarios, pero la canasta básica es inalcanzable

Entre 2021 y 2025, el salario promedio nominal tuvo una variación positiva de 3634 córdobas. Eso representa un incrementó del 30% y, de hecho, una leve mejora al compararlo con el aumento en el costo de la canasta básica, que fue de 28% en ese mismo período. Desde todo punto de vista, esos dos puntos porcentuales no son suficientes para que la situación se revierta en el corto plazo.

“Los datos muestran que el nivel de salarios no logra alcanzar el coste de la canasta básica. La brecha es sumamente preocupante pues aunque las personas destinen el 100% de sus ingresos ordinarios, no logran cubrir una cesta de consumo básico de 53 productos”, explica el autor del estudio. “En esta economía de malestar, lo básico se vuelve impagable para mucha gente”, complementa.

Se produce suficientes alimentos, pero no hay para comprarlos

Nicaragua es un país autosuficiente en la mayoría de los rubros alimenticios básicos. Con la excepción del arroz, el país produce suficientes frijoles, carne de res, azúcar, maíz o queso para asegurar el consumo interno, y sobra para exportar. A pesar de eso, entre diciembre de 2020 y diciembre de 2025, el componente ‘Alimentos’ de la canasta básica, creció 53%, mientras que la canasta básica total creció solo 43.3% en ese mismo período.

“Por tanto, es el componente de alimentos el que contribuye estructuralmente a la carestía de la cesta básica de consumo que evapora los ingresos reales de las economías familiares, pues representa el 71% del costo total de la canasta básica en 2025. Esto quiere decir que con un billete de C$500 se compran menos alimentos que antes”, reflexiona el experto.

El más barato. El más caro

Nicaragua es el país más barato de Centroamérica. Eso lo confirma cualquiera que haya viajado por dos o más países de la región, o quien simplemente busque los datos oficiales de cada país. Sin embargo, los habitantes perciben que el dinero no les alcanza ni siquiera para lo básico. Tampoco para aspirar a tener un vehículo. O hacer que los hijos reciban educación privada. O viajar. O adquirir una casa.

“Ante la erosión del poder de compra por la vía de la canasta básica, el país se percibe caro no porque su nivel de precios sea comparativamente alto, sino porque sus salarios son bajos”, concluye Peña. La respuesta es precarizar el consumo. Las familias optan por bienes de menor calidad a precios más favorables, o consumen más carbohidratos y menos proteínas; y adquieren cantidades menores.

El espejismo estadístico del pleno empleo

Según el Banco Central de Nicaragua, alrededor del 97% de las personas tiene empleo. Eso, a pesar de las deficiencias y los atrasos que acarrea la economía nicaragüense, en la que alrededor del 70% de la economía se cataloga como informal. Ello lleva al economista a asegurar que “uno de los misterios mejor guardados es la base empírica sobre la cual las cifras oficiales sostienen que el país tiene pleno empleo”.

Ni siquiera las dos economías más grandes del istmo (Panamá y Costa Rica)  aseguran haber alcanzado esos niveles de empleabilidad. “Estas ‘cifras alegres’ [las del BCN] desafían el sentido común porque no encuentran correspondencia con la realidad de quienes buscan oportunidades de empleo. Los niveles de ocupación dependen del grado de expansión económica de un país”, recordó.

Crece la inversión extranjera, pero no los empleos

Entre 2023 y 2024 en el país se crearon 11 926 nuevos puestos de trabajo (usando como parámetro las estadísticas del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social, INSS), mientras la inversión extranjera directa (IED) crecía 238.4 millones de dólares. Pero una década antes, entre 2014 y 2015, se crearon 63 338 nuevos puestos de trabajo, con un incremento de 65.8 millones en la IED. Esos números llevan al economista a preguntarse cómo fue posible que, recibiendo una IED 3.6 veces menor, se crearan 5.3 veces más empleos formales.

Peña ofrece un dato más para ilustrar esta paradoja. El número de afiliados al INSS en 2024 fue de 802 814. Esa cifra es inferior a los 857 219 empleos formales registrados en 2016, “observándose un rezago ocupacional de aproximadamente diez años”, detalló.

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Iván Olivares

Iván Olivares

Periodista nicaragüense, exiliado en Costa Rica. Durante más de veinte años se ha desempeñado en CONFIDENCIAL como periodista de Economía. Antes trabajó en el semanario La Crónica, el diario La Prensa y El Nuevo Diario. Además, ha publicado en el Diario de Hoy, de El Salvador. Ha ganado en dos ocasiones el Premio a la Excelencia en Periodismo Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, en Nicaragua.

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