Museo de Memoria itinerante sobre Nicaragua
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Entre las remesas, el miedo, y la avidez para conocer todo lo que oculta el mundo oficial, la resistencia empieza desmoralizando a la dictadura
Vista de un grupo de ciudadanos que asisten a la Feria Ganadera Navidad 2025, a finales de noviembre de 2025. | Foto: CCC
Una transformación política empieza por entender su entorno social, la cotidianidad popular y apalancarse desde su resistencia. La realidad de Nicaragua está compuesta por diversos conjuntos. mínimamente yuxtapuestos que resultan de la vida en un sistema cuasitotalitario. En el entorno social, la gente vive bajo el techo de la banalidad del mal, en un mundo en el que las cosas van bien, siempre y cuando no hablés de tu entorno: tu libertad termina cuando empiezas a expresar una opinión, con variables consecuencias para cada persona.
En lo económico, el país gravita en el sistema de la administración de la pobreza; con mundos que operan con poca interrelación: el mundo comercial externo, el de los que viven de remesas, el de la cleptocracia y captura del Estado y el resto en una economía informal. El país no genera mucha riqueza y, cuando esto ocurre, no hay redistribución. El entorno político es un lienzo monocromático sellado por la concentración radical del poder que administra la criminalización de la democracia, pintado por una percepción de amenaza desde afuera y adentro.
La “codictadora” Rosario Murillo es la referencia del poder y la fuente que une y ata todo. Fuera ella, el orden de estos conjuntos colapsa porque cada uno de esos círculos son piezas individuales de variable lealtad y sin convicción ideológica. Fidel Moreno, algunos alcaldes y el aparato policial administran la vigilancia de la vida cotidiana. En lo económico, Ovidio Reyes y algunos militares retirados administran la pobreza del país. En lo político, Murillo se encarga directamente junto con Fidel Moreno, Gustavo Porras; Luis Cañas, y Wendy Morales de sostener la estructura que administra la criminalización de la democracia. Dentro de este círculo están los hijos con roles delegados en las relaciones internacionales, que se debaten entre la lealtad al matriarcado familiar y la tensión frente al riesgo de continuar apoyando a Rosario en su obsesión por el poder, sin que avizoren una salida.
El día a día en Nicaragua consiste en la rutina de salir a la calle a trabajar, cuidar a los hijos y a los mayores, buscar qué hacer, de compras o vueltas, al gimnasio, es más o menos lo mismo que en otros lados.
Uno vive en libertad condicional, con un malestar social crónico pero censurado, de manera más abierta hacia los chinos, y con una creciente desigualdad.
El contexto subyacente es el de vivir bajo “los que tienen el poder”, unos decrépitos dictadores. La calidad de vida varía en relación con la proximidad al estamento social. Entre más acomodado esté uno, mayor riesgo de perder sus libertades en el sentido amplio de la palabra. Aquellos que están más lejos, con menores ingresos e influencia, tienen una vida material más dura, pero se enfrentan con menos desafíos en el goce de su libertad —también son más vulnerables al robo y al maltrato.
Se vive una especie de vida en libertad condicionada. En el barrio uno sabe quién es quién, y en algunos casos el referente es qué hizo fulano durante 2018 y a partir de ahí te cuidas de qué hacer y decir. Hay un acomodamiento generalizado que se traduce en una obediencia autorregulada frente a un sistema que vigila y censura y una adaptación de una libertad condicionada desde 2021 a no provocar al sistema, ya que uno cree que no se puede cambiar a ese gobierno.
La vigilancia es precisa, orientada a quienes son educados en mejor condición económica, que se informan, que están más conectados con el exterior y tienen vínculos formales con el sistema.
Mientras tanto, la censura y la “policía voluntaria” son las herramientas de control que prevalecen sobre la población en general y, en particular, en contra de la gente de la calle, quienes desconocen lo que ocurre en el país, en el día a día, el quehacer político, las condiciones socioeconómicas en general. Uno entiende que los que tienen el poder no son gente buena, pero mientras estén fuera del espectro de uno, las cosas caminan más o menos normal.
Para la gente de la calle, a la par de la censura, administrar su libertad significa vivir en un velo de ignorancia, de manera tal que para hablar y circular sin que te vigilen no hay que saber mucho; de esa forma, no hablás mucho sobre lo que pasa en el país en general. ‘Ojos que no ven, corazón que no siente’.
No hay fiscalización del Estado; se sabe poco de la delincuencia, robos o accidentes, y más de conciertos, certámenes de belleza, fiestas patronales, eventos deportivos, o ferias de compras.
La mayoría no quiere saber mucho. “A mí me aterran las noticias”, “Yo no veo noticias porque me va a entristecer”. Y “si quiero saber algo, lo busco en Facebook”; “no veo la noticia de los canales de TV porque son puras mentiras”.
La audiencia forzada a oír los monólogos de la chayo no pasa de 3000 escuchas diarios y nadie lee los textos. Mientras tanto, la audiencia popular de 100% Noticias, Café con Voz, Confidencial, y otros diez medios independientes en el exilio, es al menos cinco veces más alta. Semanalmente, el principal medio periodístico en el exilio tiene una audiencia de medio millón: uno de tres hogares, o, si hay traslape, uno de cinco hogares se arriesga e informa semanalmente a pesar de la nueva Ley de Telcor.
Hay una molestia crónica sobre el transporte público. Aunque la adquisición de buses chinos tuvo efecto mediático, el país requiere de una flotilla mayor y un sistema vial más amplio. Si los buses se descomponen, salen de circulación. Mientras tanto, los accidentes continúan, a pesar de la restricción de los 50 km/h de velocidad. No se manejan estadísticas confiables o transparentes y a la hora de los accidentes, se culpa al conductor y no a la falta de control vial por la Policía.
No hay expresión pública del malestar por la corrupción, por el pobre servicio de salud y educación, por el maltrato policial, o mucho menos por lo político —la gente no conoce el detalle de los cambios legales que ocurren, pocos saben que Rosario Murillo reformó la Constitución, cambio funcionarios, y menos entiende las implicaciones de estas cosas para el país.
La gente asume que estos roban y maltratan, pero “si abrís la boca, vas a parar al Chipote”. Hay un malestar social, algo generalizado, con la presencia china. La gente de la calle, del pueblo, no solo nota los negocios chinos, sino también los productos baratos como el cable de mala calidad para cargar el celular, el cargador que se quema rápido, los plásticos que se quiebran con facilidad. También la gente nota que algunos comerciantes han perdido sus negocios frente a los chinos. Ese descontento abierto está dirigido contra el Gobierno.
También están las diferencias sociales que surgieron desde la radicalización autoritaria y las remesas aumentaron en el país. Entre quienes reciben remesa aumentan el consumo y el endeudamiento que se reflejan en la compra de carros o de artículos de consumo. El fenómeno es parejo; ocurre en todos los hogares del país y, por lo tanto, el efecto demostración es visible frente a una mejora de la calidad de vida y ostentación, la cual oculta o disfraza lo que ocurre en el país. El impacto es casi repentino, con un número de hogares que crece de 400 000 en 2019 a un millón que reciben remesas. Con la mejora de la calidad de vida, hay sacrificios de por medio, la advertencia del retorno del familiar, y temor por lo que pase con las familias migrantes en Estados Unidos.
Mientras tanto, entre los ‘favorecidos’ del régimen, la realidad que viven los amarga, no la pasan bien porque saben que la transaccionalidad de sus privilegios tiene el precio de lealtad a la Chayo, que conlleva vigilar a sus vecinos, y ya no quieren seguir en esas, ni ser parte de las purgas, muchos hasta quisieran irse del país.
En medio de todo hay una resistencia ‘estratégica’; la gente se burla de los eventos de “la Camila, que ni vestirse sabe”, se ríe de “Rosario que se maneja y comporta como bruja”, conoce bien del secreto a voces de Laureano y sus escapes personales. La gente también está ávida de información; cuando puede se informa; todos están atentos de lo que puede ocurrir en Venezuela y ven a los dictadores en el espejo de los temblores de Maduro. Como en el boxeo, están pendientes a la primer señal, cuando empiecen a tambalear. Por eso la resistencia empieza desde abajo desmoralizando a la dictadura.
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Politólogo nicaragüense. Director del programa de Migración, Remesas y Desarrollo de Diálogo Interamericano. Tiene una maestría en Administración Pública y Estudios Latinoamericanos, y es licenciado en Relaciones Internacionales. También, es miembro principal del Centro para el Desarrollo Internacional de la Universidad de Harvard, presidente de Centroamérica y el Caribe en el Instituto del Servicio Exterior de EE. UU. e investigador principal del Instituto para el Estudio de la Migración Internacional en la Universidad de Georgetown.
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