Palabras en busca de la libertad
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Fidel Moreno, Julio C. Avilés, Ovidio Reyes, Luis Cañas, Wendy Morales. Entre el malestar interno, la desaceleración económica y la sorpresa de Trump
De izq. a der.: Fidel Moreno, Laureano Ortega Murillo, Rosario Murillo y Daniel Ortega, durante la entrega de unos buses chinos, el 8 de marzo de 2025. // Foto: CCC
Nicaragua se encuentra en un punto de menor inflexión que en otros períodos. Por un lado, la estructura política del círculo de poder se ha achicado, mientras la economía del país no podrá dar el mismo rendimiento que en años anteriores. Por otro lado, las opciones de fortalecer la estructura represiva son menores porque el régimen está tocando fondo en muchos segmentos políticos, sociales, y económicos. El año 2025 transitará por una inercia en la que la normalidad de la vida cotidiana podrá incluir encontronazos con disidentes dentro de la dictadura mientras la ‘sorpresa americana’ los podrá agarrar descuidados.
Una vez que formalizaron el andamiaje dictatorial a través del cambio en la Constitución y unas nuevas leyes, la dictadura tiene un imperio político tambaleante. La inversión en montar ese monstruo, con leyes de criminalización de la ciudadanía, protección a sancionados y cleptócratas del Ejército y socios del partido, les ha costado bastante.
La estructura del círculo de poder se ha disminuido después de miles de purgas a sus propios allegados, al punto que, en este momento, quedan cuatro grandes cabezas, de las que el presidente del Banco Central, Ovidio Reyes, y el jefe del Ejército, general Julio César Avilés, mantienen el control del Estado, Fidel Moreno, jefe del partido y de la estructura de paramilitares, además de “Chico” López y los negocios familiares. Y además hay dos subagentes (la procuradora Wendy Morales y el viceministro del Interior, Luis Cañas) con una influencia en las operaciones ‘internas’ de represión y aprobación de acción económica y social.
Estos se han enfocado en afianzar la vigilancia social a través de la Policía, aprobando nuevos contratos comerciales del sector privado, requiriendo información adicional, así como monitoreando las entradas y salidas al país. Hay mucho de más de lo mismo, purgas, detenciones, encarcelamientos, juicios, intimidación, todo en función de mantener el control de la sociedad en sus manos y aprovechar la desinformación para tener al pueblo en la oscuridad. De hecho, muy pocos nicaragüenses supieron a ciencia cierta sobre los cambios a la Constitución y cómo los afecta.
Mientras tanto el entorno económico mantiene el statu quo. Por un lado, los militares retirados tienen casi un pleno control del Estado (comunicaciones, transporte, construcción, puertos aéreos y marítimos, energía, tributación), concesión que le garantiza a Avilés una lealtad parcial a cambio de que estos “hombres armados” hagan su plata. Los militares, en su mayoría retirados, tienen negocios importantes ejecutando contratos a favor de familiares y amigos. La magnitud de sus negocios es significativa pero no es gigantesca, aunque permite que al menos cien familias se enriquezcan.
Por otro lado, la estructura macroeconómica en manos de Ovidio Reyes se encuentra en estado inerte, sin grandes cambios, crece con mediocridad, sin generar riqueza. El crecimiento de la economía se atribuye fundamentalmente al peso de las remesas, cuyo crecimiento fue en 2024 del 10% mientras el consumo privado, excluyendo remesas fue de 4% y tanto el gasto del Gobierno, como las exportaciones fueron negativos.
En otras palabras, las remesas siguen subsidiando a la economía. Mientras el crecimiento en la inversión pública beneficia a los pocos de la familia dictatorial y familiares de militares, la inversión privada ocurre en función del ingreso de remesas y un poco a la actividad en la Zona Franca. Sin embargo, las exportaciones disminuyeron tanto como se disminuyó la fuerza laboral en ese sector.
A primera vista la continuidad de la dinastía dictatorial, con captura de Estado, cleptocracia, vigilancia, y desatención social a la población es la tendencia dominante del régimen este año. Para empezar, las llamadas universidades, las entidades educativas confiscadas, perdieron su capacidad para formar capital humano.
Políticamente, aunque el sistema eliminó la oposición, las purgas han creado focos de malestar interno, compuestos por exallegados a Daniel Ortega o aquellos anteriormente leales a Rosario que se cruzaron la raya haciendo sus chambas sin autorización; o dos o tres militares de alto mando que están insatisfechos con la ruta que la “copresidenta” está trazando.
El malestar interno no tiene líder, tampoco existen indicios que vaya a desembocar en protestas o en un levantamiento. Aunque estos sectores descontentos tienen a mano inteligencia política y disposición a intercambiarla por algo más, con alguien más. Además, la base social de apoyo a Murillo se ha disminuido, aunque Fidel Moreno controla una organización a nivel local atenta a cualquier disidencia, activando la vigilancia con la “policía voluntaria”, alimentada con el presupuesto paralelo del partido que maneja “Chico” López.
El hecho de que a Murillo le quedan cuatro tenientes a cargo de la cadena de mando significa que se le están cayendo las teclas para maniobrar el país. Ovidio Reyes mantiene su autonomía para manejar la estabilidad económica como un feudo propio. Sin embargo, él sabe que su capacidad de equilibrar la economía termina donde las remesas dejan de crecer, el déficit comercial aumente, y los intereses de la deuda sigan creciendo (son 4% del PIB). Reyes sabe que tanto él como Murillo se están tambaleando en el precipicio del poder.
La caída del todopoderoso Horacio Rocha, oxigenó a Francisco Díaz al frente de la Policía, aunque ésta sigue siendo una institución intervenida por Murillo, mientras el balance político de la cadena de mando depende de figuras desgastadas como Avilés, y la perpetuación de un sistema de administración delegada sobre la cúpula de generales del Ejército. El propio Francisco Díaz es otro operador desgastado y probablemente temporal.
En realidad, la represión ya casi tocó fondo.
Toda persona que entra y sale del país pasa por más de tres revisiones; muchos no quieren viajar por temor a que los detengan o no los dejen volver —ya son casi 300 en tan poco tiempo. Cualquier nuevo negocio pasa por dos autorizaciones y pedidos de permiso a Wendy Morales. Después de la eliminación del Teletón y la expulsión de José Evenor Taboada, ya no quedan oenegés que eliminar, pero la orden de Cañas es vigilar, perseguir, y expulsar a todos los “sospechosos” en el aniversario de la Rebelión de Abril.
Económicamente, el país seguirá con más de lo mismo, pero con menos. Más remesas, pero a 4% de crecimiento asumiendo que el retorno de nicaragüenses es menos de 10 000 personas y la salida menos de 60 000. La dependencia de las remesas se agudizará en un momento en que la migración disminuye y el espectro de deportaciones o retornos es inminente.
La contracción del gasto público del Gobierno continuará, desatendiendo al pueblo. La inversión pública no crecerá más porque hay menos acceso a préstamos del BCIE y China no está soltando plata (el endeudamiento no superará USD 500 millones, menos que 2024). Las exportaciones mantendrán el mismo ritmo y no podrán apoyar el ahorro externo, mientras la dependencia de petróleo de Estados Unidos seguirá y el déficit comercial aumentará. Esto se traducirá en que seguirá aumentando el costo de la vida y el empleo informal seguirá creciendo.
Los próximos nueve meses están llenos de intriga política, incertidumbre dentro del círculo de poder, que no sabe si vale la pena el sacrificio que impone el nuevo liderazgo de la “copresidenta” con mano de hierro, y la sorpresa que le depara la impredecible Administración Trump.
Nicaragua no entrará en crisis económica, pero si habrá más precariedad social, menos trabajo formal, más costos, mayor inconformismo y retraso. Aunque la gente está molesta, viven con el estoicismo típico para seguir su normalidad, pretender que no pasa nada. ¿se estarán haciendo los guegüenses?
La sobrevivencia en Nicaragua está llena de contradicciones. Uno busca con qué arreglarse, con quien juntarse para sumar dos ingresos en uno, ver quien le envía una remesa, o tratar de conseguirse cualquier cosa que le salga para ganarse algo. Eso es lo normal vivir medio cabizbajo, pero sin olvidarse donde está.
En los últimos 25 años, ha habido 44 dictaduras a nivel mundial y sus caídas han sido por la fuerza o por presión política —la pobreza y la inestabilidad económica son aliados de los dictadores. Por eso la única salida es reorientar la motivación por la resistencia interna.
Además de esto, hay algo más, una tarea pendiente.
Los gringos no se han olvidado de Nicaragua. Para Estados Unidos, hay que salirse de Ucrania, y Hamas, ponerle más atención al auge económico de Estados Unidos para reducir su propio déficit y contener la expansión China. Hay un multitasking que tiene a Nicaragua al margen, pero no olvidado.
El secretario de Estado, Marco Rubio, dijo que quiere que se convoquen elecciones en Venezuela de nuevo, esta vez con presión internacional más convincente, anticipando el fraude y previniéndolo antes de que este pase. Ahora que la autorización del Tesoro sobre las operaciones de Chevron (que controla un tercio de las exportaciones de PDVSA) estipulan que estas caducan el 3 de abril de 2025 y que Trump quiere devolver cientos de miles de Venezolanos empezando por expandilleros, Maduro sabe que sus berrinches no tienen eco. La posición de Rubio es aún más fuerte sobre Nicaragua. Es cuestión de tiempo.
En apariencia, el régimen está fuerte, pero en realidad se ha debilitado. Rosario Murillo lo sabe mejor que nadie y por eso la paranoia represiva. La suma y resta de los números muestra que ellos están tocando fondo, no tienen una ruta de salida, el descontento interno es cada vez mayor, a pesar de las purgas, y hay un imperio con apetito de golpear la mesa sin dar aviso.
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Politólogo nicaragüense. Director del programa de Migración, Remesas y Desarrollo de Diálogo Interamericano. Tiene una maestría en Administración Pública y Estudios Latinoamericanos, y es licenciado en Relaciones Internacionales. También, es miembro principal del Centro para el Desarrollo Internacional de la Universidad de Harvard, presidente de Centroamérica y el Caribe en el Instituto del Servicio Exterior de EE. UU. e investigador principal del Instituto para el Estudio de la Migración Internacional en la Universidad de Georgetown.
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