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Por qué no es viable la sucesión dinástica de Rosario Murillo

La sucesión como redistribución de un poder político de corta duración

Rosario Murillo junto a su esposo, Daniel Ortega durante la toma de posesión de 2017. Foto: Presidencia

Manuel Orozco

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Los Ortega-Murillo han venido ajustando su redistribución del poder con una sucesión dinástica. Esta se percibe como una transferencia familiar del poder a toda costa para uno de sus miembros. Sin embargo, también incluye una especie de remodelación o rejuvenecimiento del control político del régimen Ortega-Murillo que conlleva cuatro pilares: el formal; el administrativo y gerencial; el de arreglo clientelista o transaccional; y el “ideológico”. Este montaje sin embargo está supeditado a Rosario Murillo, cuya sostenibilidad personal está limitada por su creciente vejez.

Durabilidad como algo que no cuadra

La renovación a cargo de Murillo abre la interrogante de su durabilidad. Siendo ella, a sus 74 años, el núcleo vital del funcionamiento gerencial, político e ideológico, al desaparecer de este mundo se desmontaría todo, porque ella es la viga que sostiene el mamarracho. 

El liderazgo de Rosario está limitado por el tiempo que le queda. Es una anciana con señales de inestabilidad mental y física; cuya capacidad de gobernar se deteriorará más pues no podrá superar tres años de desafíos que se avecinan en medio de una resistencia interna que no desiste. Los nuevos operadores carecen de motivación ideológica, y como la larva de mosca que llega comer de un cadáver, lo abandonarán cuando éste quede seco.

Sus hijos aún no poseen pleno control de la estructura de sucesión, y carecen de capacidad profesional y gerencial. Sus socios más cercanos, como Fidel Moreno u Ovidio Reyes no tienen el perfil para continuar la hoja de ruta que ella ha trazado.

En los cuatro pilares de renovación se observan grietas estructurales que no sobrevivirían el sismo frente a la ausencia de Murillo.

El poder formal de Rosario Murillo

El régimen cuenta con dos procesos formales, uno hacia adentro y otro hacia afuera. Hacia afuera, la criminalización de la democracia y la captura de Estado han sido los principales ejes renovadores, mientras que hacia adentro los dos mecanismos claves que le permiten rejuvenecer son las purgas con cambios de fichas para consolidar lealtades personales. Ambos contienen huecos y debilidades.

La estructura jurídica ratifica leyes y decretos verticalmente autorizados para darle visibilidad a Rosario Murillo, pero carece de legitimidad y coherencia legal. Los comunicados no se amparan en leyes, sino en una selección discrecional de leguleyadas y frases mal escritas que justifiquen las decisiones.

La otra formalización consiste en remover desde la raíz la base original del estamento sandinista y eliminar gradualmente a piezas que no ocupan un rol del nuevo círculo de poder.  Los actores políticos históricamente leales al sandinismo liderado por Daniel Ortega (Bayardo Arce, Henry Ruiz, Jaime Wheelock, Joaquín Cuadra, Humberto Ortega, Álvaro Baltodano, y otros) pasan a segundo plano, removidos de puestos de confianza, posteriormente jubilados cortándoles toda relación institucional con la dictadura, hasta pasar por una purga penal.  

La razón de ser de este proceso no es accidental ni estrictamente apoyada en las “locuras” de Rosario, sino en un concepto de limpieza para sustituir el círculo de poder anterior (sus redes incluidas) con fichas cercanas a la copresidenta, de manera que para el 2027 ella pueda ‘transitar’ hacia su propio altar inmortal sin oposición o disidencia interna. El cálculo racional de las purgas es completamente claro: los ejes históricos del sandinismo, no juegan un rol en esta reorganización.

La percepción de quienes puedan ser amenaza por sus vínculos con la base social, y la renovación funcional de puestos de autoridad son dos criterios usados para ejecutar el cambio de operadores. 

La mayoría de estos personajes pertenecen a épocas anteriores; tenían montada sus propias redes clientelares, y estas purgas previenen que las redes operen con privilegios institucionales. 

Ni un solo purgado ha sido aislado silenciosamente, y dejado tranquilo. Cada uno pasa por su turno hacia una transición mortal, desde la investigación formal, la confiscación de sus bienes, hasta la privación de libertad y vida. Aquí no hay amor perdido.  Pero esas redes no desaparecen, quedan operando de manera subyacente, y no olvidan el método aniquilador de Murillo, y pasarán la cuenta de una u otra forma.

Una gerencia organizacional

La gerencia organizacional con la asignación de funciones a fichas nuevas, con una raíz atada a Rosario Murillo, Fidel Moreno y Laureano Ortega es un trabajo invisible y conformado de cuatro ramas, la seguridad y administración de la violencia, la captura de Estado, las relaciones internacionales, y la propaganda mediática. 

La principal debilidad de este pilar estriba en que los elegidos carecen de motivación ideológica, sino que más bien actúan de manera pragmática y por su sobrevivencia.

Los cambios dentro de la Policía y el Ejército, la conformación de la policía voluntaria son una rama asignada a dos tipos de actores, uno, el intermediario entre el estamento gerencial y el círculo de poder. El otro, el gerente administrador. El primero es una ficha funcional, que recibe el mandato y transmite la orden a los gerentes: el general Avilés en el Ejército o la reanimación de Francisco Díaz en la Policía. Sin embargo, los actores más importantes son los gerentes (como los coroneles generales, ascendidos recientemente) cuyo trabajo es ejecutar órdenes.

Dentro de la captura de Estado hay tres entes organizacionales; estratégico, extractivo y el productivo. El primero está compuesto por fichas del Banco Central, el INSS, y política social en educación y salud; mientras que el segundo corresponde a las fichas colocadas a cargo de la administración de las finanzas públicas, tributación, aduanas, aeropuertos, puertos, zona franca, entes autónomos, los cuales son los que captan la renta, y la redistribuyen dentro del presupuesto y para los negocios del círculo de poder. El tercero son los sectores asociados al ordenamiento productivo, llevan cuenta del entorno económico, se encargan de arbitrar, facilitar favores y contrataciones a empresas diversas.

En relaciones internacionales, Laureano Ortega junto con el trabajo funcional de Valdrack Jaentschke están a cargo y debajo de ellos hay familiares, o sus socios como los Campbell. 

Casi todos los operadores que ocupan cargos desde 2021 pertenecen predominantemente a dos bandos, exmilitares o ex miembros de la Juventud Sandinista sin trayectoria histórica, con menos experiencia profesional, y nombrados por Rosario Murillo bajo el consejo de Fidel Moreno, Laureano Ortega, y la Procuradora Wendy Morales, quedando pocos de los que formaban parte del equipo de Daniel Ortega, que probablemente serán sustituidos en un futuro cercano, como el presidente ejecutivo del INSS, o el nuevo Ministro de Hacienda. Todos estos personajes le deben favores cumplidos a Rosario, pero su deuda se cancela con su salida.

Los referentes clientelares

La renovación del círculo de poder va acompañada con nuevos términos de clientelismo. Incluye el ámbito de servicio por prestar y los beneficios de quien recibe el puesto, como el permiso de integrar sus propias fichas y empresas con las que se realizan operaciones comerciales de contratación con el Estado. 

Estos arreglos son el nervio más activo del régimen que negocia las relaciones entre la familia, el Estado y el comercio. Parte del desmontaje de casi 10 000 entidades a las que se les canceló su personería jurídica ahora son insumo clientelista. La dictadura sustituyó, vendió bienes expropiados, otorga puestos a entidades eliminadas, cortando la intermediación garantizada por un gremio, donde el funcionario público se salta el rendimiento de cuentas. La transaccionalidad como moneda de cambio queda definida por el quid pro quo de la relación, y así fija un límite de duración del clientelismo. Mientras, los socios se organizan silenciosamente a espaldas de ella evitando que los agarren con las manos en la masa.

El culto mediático

El elemento ideológico disfrazó con un lenguaje diferente la evocación de un Daniel Ortega al que se le va elevando antes de su muerte como el símbolo al que Rosario Murillo va a utilizar como parte del control mediático. El culto al comandante en vida lleva un hilo conductor después de su muerte (y su tránsito a la inmortalidad) y va acompañado de purgas a operadores que no caben en la nueva narrativa. El resentimiento dentro de ellos está a flor de piel, y algunos calladamente la miran como traidora del sandinismo.

De esta forma, la renovación de su poder político es tan sostenible y durable como su vida misma. Ella llevará a la tumba esta sucesión. El resultado generará un desorden acéfalo, abriendo un espacio hacia una transición sin hoja de ruta, entre el temor y la incertidumbre.

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Manuel Orozco

Manuel Orozco

Politólogo nicaragüense. Director del programa de Migración, Remesas y Desarrollo de Diálogo Interamericano. Tiene una maestría en Administración Pública y Estudios Latinoamericanos, y es licenciado en Relaciones Internacionales. También, es miembro principal del Centro para el Desarrollo Internacional de la Universidad de Harvard, presidente de Centroamérica y el Caribe en el Instituto del Servicio Exterior de EE. UU. e investigador principal del Instituto para el Estudio de la Migración Internacional en la Universidad de Georgetown.

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