“Detrás del rosado chicha”: El sobrecosto de los “megahospitales” de la dictadura
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Médicos denuncian jornadas agotadoras y falta de especialistas; pacientes aseguran que “hay buena atención”, pero las farmacias están vacías
Una de las quejas más recurrentes de los pacientes en Nicaragua es la falta de medicamentos y la tardanza en la atención. // Ilustración: CONFIDENCIAL
A tres días de finalizar el 2025, la propaganda del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo festejó la inauguración del Hospital Primario San Rafael, un centro con 24 camas para atender a más de 56 000 personas. Carmen, una habitante de San Rafael del Sur, dice que el hospital fue una demanda de la población durante décadas. Pero menos de seis meses después de su puesta en funcionamiento, la pobladora sentencia: “Es como si no hubiera nada”.
“Uno llega y lo primero que se da cuenta es que no hay personal médico”, afirma. Ha llegado en varias ocasiones a citas de ginecología o de pediatría con sus hijos, pero se devuelve a su casa porque “el especialista no está o porque están abarrotados”.
Carmen asegura que estaba “contenta” cuando abrieron el hospital, porque además “se miraba bonito”, pero lamenta que sean obras “que no funcionan como deberían porque no hay médicos”.
“Uno pensaba que dejaría de viajar hasta Managua por atención médica, pero por ahora no es una realidad, al menos que querrás esperar un buen tiempo para que te atiendan”, señala.
Algo que Carmen lamenta de la atención sanitaria en Nicaragua es que “el personal es escaso, pero además los que están, pasan tensionados todo el tiempo y de ahí vienen los maltratos”.
“Llevé a uno de mis hijos al hospital porque estaba con diarrea y deshidratación, pero la atención fue lentísima y aunque intentaban canalizarlo no podían después de hacerle varios pinchazos”, recuerda.
Carmen cuenta que se enojó y les dijo que abandonaría el hospital, pero llamaron a una enfermera que la pudo canalizar rápidamente.
“Hay personal inexperto y por eso también la atención no es buena. Entiendo que nadie nace aprendido, pero experimentan con los pacientes y eso es grave”, lamenta.
En general, Carmen valora que la atención “es deficiente”, pero no por mala calidad del personal, sino porque no en todos los centros médicos hay la misma cantidad de profesionales y “en algunos lugares están fatigados de jornadas agotadoras”.
Marisol es una paciente oncológica. Ha pasado por varios hospitales desde que le detectaron el cáncer. “La atención en general de los médicos y del personal de Salud ha sido buena, a veces lenta, pero están bien sensibilizados en ayudarnos”, valora.
En su última visita al Hospital Manolo Morales, dice que cuando terminó la consulta le dijeron que no había ninguno de los medicamentos que le recetaron. “Prácticamente me mandaban a comprar todo”, detalla la mujer que viaja varias horas de una ciudad fuera de Managua.
Sin embargo, por una familiar que trabaja en una institución pública y que conocía a alguien del hospital le dieron las medicinas. “Es lamentable que digan que no tienen medicamentos, cuando hay, pero tenés que tener amigos para que te los entreguen”, reclama Marisol.
“De qué sirve que el Gobierno nos diga que están mejorando y abriendo nuevos hospitales, que es verdad porque ahora muchos se ven mucho mejor, pero la atención es mala”, se queja.
Una investigación de la serie “El engaño de los hospitales”, publicada por CONFIDENCIAL, revela que es falso que Nicaragua tenga la red hospitalaria más grande y robusta de Centroamérica, como afirma el Ministerio de Salud (Minsa).
El Gobierno infla el número total de hospitales incluyendo los llamados “hospitalitos” —como el de San Rafael del Sur— pero estos no tienen las condiciones necesarias para garantizar una buena atención.
Ahora, Marisol es atendida en el Centro Oncológico Nacional “Dr. Juan Ignacio Gutiérrez Sacasa”, en el campus confiscado ilegalmente al Instituto Centroamericano de Administración de Empresas (Incae). Lo más difícil es llegar hasta este centro, ubicado en el kilómetro 15 de la Carretera Sur.
“La medicina aquí también es escasa, una de las doctoras que me atendió me ofreció brindarme unos medicamentos inyectables para el dolor, en una clínica privada”, detalla.
Hace más de 20 años, José Antonio fue diagnosticado con hipertensión y diabetes. Se volvió un paciente crónico que depende, en su mayoría, de la salud pública de Nicaragua, porque gran parte de su vida trabajó informal y apenas llegó a las 250 semanas necesarias para alcanzar una pensión reducida.
En el sistema público recibe mensualmente los medicamentos básicos para ambas enfermedades, pero estos no son suficientes para mantenerlas controladas. “Cuando comencé con el azúcar y la presión solo tomaba la enalapril y la metformina que daban en el centro de salud, pero con el tiempo dan más complicaciones y he tenido que comprar medicamentos más buenos que allí no me dan”, relata.
Este hombre de 70 años, que recibe una pensión reducida de un poco más de 2000 córdobas, ahora compra con ayuda de sus hijos un medicamento para la presión alta y otro para la circulación.
“Esas pastillas me las recetaron en el (Hospital Fernando) Vélez Paiz. El doctor dice que son buenas, pero esas no las dan”, explica.
José Antonio estuvo enfermo y sin el diagnóstico de insuficiencia venosa durante casi seis meses. Tenía dolor en su pierna derecha que le dificultaba caminar. En el centro de salud le hacían exámenes, pero le salían bien. “Fue hasta que fui al hospital (Fernando Vélez Paiz) que me encontraron lo que tenía”, relata.
El diagnóstico en el hospital fue rápido porque lo pasaron con una brigada médica de una feria de salud hecha en el mismo hospital. Sino habría tenido que esperar meses para conseguir cita con un especialista. En la feria le dieron tratamiento por unos días y le ordenaron los exámenes que posteriormente confirmaron la nueva enfermedad crónica.
“Por un lado me alegro que me hayan atendido y encontrado lo que tenía, pero si no fuera por el apoyo de mis hijos seguiría con el dolor porque son medicamentos que yo no puedo comprar”, reflexiona.
El único medicamento que recibe constantemente del Minsa es el de la diabetes; y es lo único que lo motiva para seguir asistiendo al puesto de salud que le corresponde. En el puesto la atención suele ser escasa, hay pocos médicos y termina siendo el personal de enfermería quien lo atiende. “Cada mes que voy hace falta algún médico, dicen que los cambiaron o que están de vacaciones, pero muchos ya no vuelven. Algunos son muy buenos, pero de qué sirve si cuando mandan exámenes, salen que uno está bien pero es mentira”.
El médico nicaragüense y máster en Salud Pública, José Antonio Delgado, explica que las ferias de salud son una prueba más de que la atención primaria en Nicaragua no está funcionando. “Si la red de centros de salud y hospitales primarios funcionara en un municipio, no habría necesidad de hacer una feria de salud porque todo estaría controlado”, apunta.
En promedio, el Minsa realiza cada fin de semana una feria de salud en algún municipio del país. Estas duran de uno a un máximo de tres días y tienen una especialidad como temática. Puede ser neurocirugía, urología, medicina general, oftalmología, pediatría, ortopedia, oncología, entre otras. Estas ferias se promueven como: “¡Salud hasta la puerta de tu hogar!”.
“Las ferias de salud han despreciado la valoración de un paciente. Yo no voy a hacer una feria de salud oncológica, neurológica, porque la operación no es promocionar un producto. Para que yo opere a un paciente de próstata tengo que haberlo estudiado mínimo seis meses”, explica Delgado.
Roberto, es un médico del suroriente de Nicaragua, que ha tenido que participar en varias de estas ferias. “Es una de las cosas a las que nos obligan a asistir, que al final son una especie de actos partidarios mezclados con atención a pacientes”, detalla.
Señala que no siempre hay una asistencia masiva de pacientes y a veces lo que existe es “un teatro montado” por los trabajadores del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) para “fingir un éxito de llegada de personas”.
“Hay mucho acarreo, la idea no es mala, pero nos sacan de nuestro lugar y somos el mismo escaso personal atendiendo a personas, mientras los centros de salud y los hospitales quedan sin médicos”, precisa Roberto.
El país vive un “estancamiento severo” en el sistema de Salud público, asegura Miguel, un médico de Occidente. “Es doloroso ver cómo somos cada día menos personal sanitario cuando realmente la población nos necesita”, sentencia.
Nicaragua es uno de los tres países de América con menos personal médico por habitantes, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
“Es real que cualquier persona que va a un centro de salud o un hospital puede comprobar que no somos suficientes doctores para atender pacientes y aunque haya edificios bonitos la atención es lenta”, menciona Miguel.
Este médico laboró en un momento en el Hospital Escuela Oscar Danilo Rosales Argüello (HEODRA), de León. “Gran parte de mi experiencia la tuve ahí, en un lugar donde se trabajan en condiciones bastantes deplorables”, dice. Sin embargo, señala que aunque ahora tenga un edificio “moderno” la realidad de la atención “es que no es un hospital que está dando toda su capacidad”.
La serie investigativa de CONFIDENCIAL también demuestra quela infraestructura de cinco supuestos “megahospitales” —entre ellos el HEODRA— tuvo un sobrecosto superior a los 112 millones de dólares. Además, varios —también el HEODRA— fueron inaugurados de prisa por “órdenes de arriba”, aunque no estaban listos para atender completamente.
“Lo que me dicen los colegas médicos es que no hay suficiente personal, que lo político está metido totalmente en el hospital hasta para decidir a quién operar primero o a quien darle, o no, una pastilla”, señala Miguel, un médico con más de 30 años de experiencia.
La dictadura y su propaganda promueven la red hospitalaria como uno de sus “mayores logros” y para promoverlo han convertido al personal sanitario en propagandista. En las imágenes de inauguraciones, atenciones o ferias de salud, el personal médico carga o porta banderas y pañoletas rojinegras del Frente Sandinista, impuesta como símbolo patrio. También aparecen con retratos del matrimonio gobernante, dando gracias “al comandante y la compañera”.
Incluso, el color “rosado chicha” de la fachada de la red de hospitales de Nicaragua no es casualidad. Su uso fue impuesto por la autonombrada “copresidenta” Rosario Murillo, quien comenzó imponiéndolo en centros de salud cuando aún no era vicepresidenta y ahora es el color oficial de las unidades médicas.
El personal sanitario, que se debe a sus pacientes, igual es obligado a realizar caminatas partidarias o a celebrar efemérides en honor a Camilo Ortega Saavedra, Sandino y otros personajes fallecidos del FSLN.
“La política de Salud no está encaminada a atender a la población, está encaminada a hacer publicidad y propaganda, por eso las ferias de salud son rimbombantes”, dice el médico nicaragüense, José Antonio Delgado.
Y por funcionar como propaganda, añade el médico, es probable que cuando la dictadura caiga “muchos de estos hospitales nuevos, construcciones nuevas, empiecen a funcionar en el 50% de su capacidad” porque afirma que son elefantes blancos que están funcionando porque el Estado obliga al personal sanitario a asumir más trabajo o trabajo que no le corresponde, como enfermeras que son obligadas a limpiar o médicos que trabajan horas extras sin paga.
También critica que se han perdido parte de las donaciones internacionales, como la que hacía Taiwán regularmente para el sistema de salud, o la de Holanda, que financió parte del Hospital Fernando Vélez Paiz e iba a donar una partida para el nuevo hospital de Bilwi.
Un médico docente de la Facultad de Medicina de la UNAN-León, que prefirió el total anonimato por seguridad, considera que “la calidad de la atención médica ha disminuido sustancialmente”.
“El profesorado universitario es reprimido para que los alumnos del partido en el poder pasen sus clases, aunque los aplacen, lo cual desmotiva a los maestros, y disminuye la exigencia de calidad del profesional médico”, precisa.
“Los nicaragüenses teníamos fama de buenos médicos en Centroamérica, y su pérdida es dolorosa”, agrega.
Fermín, médico desde varias décadas, explica que en general “todo va peor en todos los niveles, tanto en contrataciones estancadas, en falta de medicinas, en falta de insumos médicos y en el manoseo político en cada uno de los centros de trabajo”.
“De qué sirve tener más unidades médicas que abren casi de forma exprés e improvisada si al final del día los especialistas son pocos y los terminan remitiendo a esos hospitales ya saturados”, advierte.
Hay una falta de internistas, cirujanos, pediatras, ginecólogos, neurocirujanos, oncólogos, entre otros especialistas, agrega Fermín.
El médico concluye sobre el Gobierno y el uso de la propaganda que “es indignante verlos presumir de salud gratuita y de inauguración de hospitales desde el discurso oficial, cuando en la realidad lo que hacen es sobrecargar el trabajo a los limitados recursos humanos que hay”.
Este reportaje es parte de la serie especial de CONFIDENCIAL: “El engaño de los hospitales”, una investigación que desmiente la propaganda oficial sobre la red sanitaria de Nicaragua. La serie analiza las mentiras y el costo humano de un sistema que presume tener la red hospitalaria más grande de Centroamérica, mientras oculta un déficit crítico de camas y médicos.
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Confidencial es un diario digital nicaragüense, de formato multimedia, fundado por Carlos F. Chamorro en junio de 1996. Inició como un semanario impreso y hoy es un medio de referencia regional con información, análisis, entrevistas, perfiles, reportajes e investigaciones sobre Nicaragua, informando desde el exilio por la persecución política de la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo.
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