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Apuesta por las Zonas Económicas Especiales chinas apunta al “fracaso”

Régimen da por perdido el Cafta y crean las Zonas Económicas Especiales, que para funcionar necesitan: “mercado, clima de negocios y talento humano”

Laureano Ortega Murillo habla en la 18ª Cumbre Empresarial China–América Latina y el Caribe, en Zhengzhou, China, el 3 de noviembre de 2025. | Foto: Tomada de El 19 Digital

Iván Olivares

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La apuesta del régimen, de crear Zonas Económicas Especiales (ZEE) como una forma de sustituir a Estados Unidos por China, está llamada a “fracasar”, según tres expertos consultados por CONFIDENCIAL. En su opinión, lo más probable es que la familia Ortega Murillo no logre hacer que el socio chino se convierta en el destino principal de las exportaciones de Nicaragua.

El 29 de octubre de 2025, el Ejecutivo presentó ante la Asamblea Nacional, una propuesta para crear las ZEE de la Franja y la Ruta. Las zonas están concebidas como un régimen especial dotado de plenos incentivos fiscales, aduaneros, portuarios, fronterizos y administrativos, en beneficio de las empresas que inviertan en el país. El día 30, la Asamblea lo aprobó, denominándose Ley 1264.

La ley no dice que solo esté pensada para beneficiar a empresas chinas. De hecho, su artículo 6 especifica que las empresas “pueden ser nacionales o extranjeras”, pero el apellido “de la Franja y la Ruta” confirma, como mínimo que se trata de un guiño a la economía china. El propio Laureano Ortega Murillo, nombrado asesor de sus padres para la Promoción de Inversiones, Comercio y Cooperación Internacional, lo confirmó cuatro días después de aprobarse la ley.

“Todas las empresas, especialmente las empresas chinas que se instalen bajo este régimen en Nicaragua, estarán exoneradas de todos los impuestos durante todo el tiempo que operen en nuestro país, y tendrán mecanismos de facilitación para la instalación y operación de sus empresas en Nicaragua”, aseguró en la 18ª Cumbre Empresarial China–América Latina y el Caribe que se desarrolla en la ciudad china de Zhengzhou.

Zonas Económicas Especiales, un “salvavidas”

El oficialismo aceleró la Ley de Zonas Económicas Especiales como un salvavidas político, frente al riesgo de sanciones con base en la investigación que realizó la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos, opina Félix Maradiaga, presidente de la Fundación Libertad.

Añade que la ley 1264 no es una política de desarrollo, sino que “intenta vender un giro hacia China como sustituto de nuestro principal mercado, y concentrar más poder económico en una comisión especial bajo control del Ejecutivo”.

Para el economista Juan Sebastián Chamorro, aprobar esta ley “demuestra que Ortega ya soltó amarras al barco de las exportaciones hacia Estados Unidos, y ya decidió irse a otro puerto: al puerto chino”. 

La intención es tratar de que el volumen de negocios con China crezca tanto, que permita sustituir al Cafta, como lo ha dicho en repetidas ocasiones. “Pero, como hemos dicho, eso no va a pasar”, sentencia.

Ronaldo es un empresario del sector alimenticio que observa cómo se asfixia cada vez más a las empresas nacionales, mientras se ofrecen múltiples beneficios a las extranjeras. Desde esta posición, considera que aprobar las ZEE “es un coqueteo hacia los chinos. Es un SOS, diciendo ‘vengan a salvarnos. Soy tu aliado, y estoy dispuesto a darte todo lo que necesités si me ofrecés una alternativa’, ante el probable cierre del mercado estadounidense”, detalló.

Chamorro también hace referencia a la diferencia en el trato para empresarios presentes, versus los que están tratando de atraer. Opina que esta nueva ley genera una Nicaragua de empresarios privilegiados, y otra donde “el empresario que no esté acogido bajo este régimen seguirá siendo sujeto de violación a sus derechos como inversionista, a los reparos fiscales, a las dudas de valor de la DGA, a las auditorías y a los excesivos cobros y chantajes tributarios”.

Cinco razones para augurar un fracaso

El economista detalla que la oferta de exonerar todos esos impuestos responde a un intento de convencer para que se queden en Nicaragua, a algunas empresas que están analizando si con el 100% de aranceles, podrán seguir exportando hacia Estados Unidos.

“El Gobierno proyecta estas ZEE para atraer inversionistas que vengan a inyectar recursos al país en cantidad suficiente para sustituir al que históricamente ha sido nuestro mercado principal”, complementa Ronaldo.

Añade que “estos están apostando a que vengan empresas chinas a invertir”, sabiendo que será cada vez más difícil atraer a empresas occidentales porque “esas piden seguridad jurídica; certeza de que si tienen un conflicto con el Estado, pueden ganar una demanda en un juzgado”. Al verlo con el marco más amplio de la realidad nicaragüense, el empresario insiste en declarar su escepticismo, ante la posibilidad de que el régimen logre cumplir sus objetivos.

Además del factor Estado de derecho, —que, en teoría, no debería preocupar a las empresas chinas, siendo que cuentan con el padrinazgo de su Gobierno, y la simpatía del régimen—, hay otros factores que lucen insalvables. El primero es la posibilidad de que se le imponga un nuevo arancel a los productos y servicios que Nicaragua quiera exportar a Estados Unidos.

Uno de los principales beneficios de tener un tratado comercial con la nación norteamericana, es que permite a nuestro país (igual que al resto de firmantes), convertirse en una plataforma de exportación a ese mercado. Ese beneficio desaparece —o se diluye— al recibir aranceles más altos que el resto de vecinos. Y si los chinos no pueden producir en Nicaragua para exportar a Estados Unidos, desaparece el atractivo principal de instalarse en nuestro país.

“Si Washington suspende beneficios del CAFTA‑DR, se pierden reglas de origen y acceso preferencial”, confirma Maradiaga.

Otra opción sería que las empresas chinas produzcan en Nicaragua, para exportar de regreso a su país de origen pero, una vez más, la realidad no apoya esta estrategia. En primer lugar, porque la mano de obra es más barata en China, así como en algunas naciones vecinas al gigante asiático. En segundo lugar, porque también es más barato transportar esa producción desde Camboya o Vietnam hacia China, que hacerlo desde Nicaragua.

“¿Le vas a exportar ropa a los chinos, que son los mayores exportadores del mundo?”, pregunta con ironía el empresario.

Después está el tema de la fuga de cerebros. Rolando señala que el régimen no podría crear un ejército de ingenieros ni en cinco ni en diez años, aunque se lo propusiera, porque “¡el talento humano se nos ha ido!”. Adicionalmente, recuerda que “nuestro sistema educativo simplemente no está preparado para eso. Menos cuando eliminaron las universidades de mayor calidad del país, o cuando eliminaron la mejor escuela de negocios de la región”, en referencia al INCAE.

Ni mentalidad, ni disciplina

Desde un punto de vista económico, las Zonas Económicas Especiales no son necesariamente una mala idea. Es cierto que no han sido muy exitosas en los países de Centroamérica que trataron de implementarlas, pese a que sí funcionaron en lugares como Corea del Sur, Taiwán o Singapur.

Ronaldo recuerda que Corea del Sur y Taiwán eran naciones pobres saliendo de una guerra, cuando abrazaron la idea de crear algo como una ZEE. Al hacerlo, los líderes de esos países establecieron una estrategia que comenzaba por invertir en educación, y garantizar estabilidad para los inversionistas. Lo siguiente fue plantearse metas elevadas.

Como resultado, Corea del Sur, es hoy el hogar de marcas que compiten globalmente como Samsung, Hyundai o Kia, mientras que Taiwán es un enclave determinante en la fabricación de microchips. China misma compite en muchos rubros, al punto que ostenta el título extraoficial de segunda economía del planeta.

El empresario recuerda que esos países producían arroz, algodón, etc., porque en ese momento “eran economías tercermundistas, como las centroamericanas”. La mayoría comenzó con zonas francas textiles, porque son fábricas y maquinaria comparativamente más simples de montar en una primera etapa. Prueba de ello, es que a eso se dedican nuestras zonas francas.

Ni China, ni Corea del Sur ni Taiwán, se conformaron con eso. Ellos “diseñaron una estrategia para diversificarse en sectores económicos más complejos y de mayor valor, que generaran mayor aporte económico”, detalla. Eso permitió crear empleos más calificados, con mejores ingresos, lo que representó ventajas para la economía del país, y para los residentes de esos países.

Maradiaga admite que las ZEE han funcionado en otros países, pero aclara que fue “en contextos institucionales muy distintos”. Cita como ejemplos las de Shenzhen (China) o algunos parques en Vietnam, que funcionaron porque hubo reglas estables, competencia, infraestructura y disciplina macroeconómica.

Siendo que a escala global hay más de 5400 ZEE en 147 economías, detalla que muchas exhiben “resultados discretos o negativos cuando prevalece la opacidad y el clientelismo. Sin independencia judicial, sin competencia, y con exenciones indefinidas, las ZEE tienden a fracasar o a beneficiar a pocos”.

Ninguno de los tres entrevistados describe a Nicaragua como un lugar con “reglas estables, competencia, infraestructura y disciplina macroeconómica”. En vez de eso, todos la observan como un lugar donde “prevalece la opacidad y el clientelismo. Sin independencia judicial, y sin competencia”.

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Iván Olivares

Iván Olivares

Periodista nicaragüense, exiliado en Costa Rica. Durante más de veinte años se ha desempeñado en CONFIDENCIAL como periodista de Economía. Antes trabajó en el semanario La Crónica, el diario La Prensa y El Nuevo Diario. Además, ha publicado en el Diario de Hoy, de El Salvador. Ha ganado en dos ocasiones el Premio a la Excelencia en Periodismo Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, en Nicaragua.

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