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De un club de trueque de plantas a un espacio cultural: Jopsan Espinoza funda “una casa para todas las culturas, nacionalidades, edades y gustos”
Vista de Casa Calala durante una tarde cultural nicaragüense en mayo // Foto: Confidencial
A cientos de kilómetros de Nicaragua, el joven nicaragüense Jopsan Espinoza decidió transformar una comunidad de amantes de las plantas, en un espacio donde la cultura, el emprendimiento y la convivencia encuentran un hogar. Su nombre es: “Casa Calala”.
Este espacio, que huele a tierra mojada, plantas y café recién preparado, es una casa abierta para todas las “culturas, nacionalidades, edades y gustos”, según Espinoza, quien llegó a Costa Rica en 2018 con 18 años, huyendo de la crisis sociopolítica de Nicaragua.
Lo que comenzó como un club de trueque de plantas llamado “Calala Plantas” se transformó, en noviembre de 2025, en uno de los espacios comunitarios donde nicaragüenses y costarricenses se reúnen para realizar actividades culturales en el barrio Escalante, en San José.
El nombre de Calala se usa en Nicaragua para referirse a la fruta de la pasión o maracuyá. Jopsan Espinoza lo adoptó cuando creó el club de plantas porque, para él, es una forma de mantener “cerca sus raíces”. Él es originario de Matagalpa, en el norte nicaragüense.
“La idea es que sea un espacio abierto a la cultura, pero también para crear momentos con los amigos, la familia. Hemos tenido mercados, trueques, es como una de las actividades principales”, detalla el joven nicaragüense.
El club original, “Calala Plantas”, reunía periódicamente a una pequeña comunidad alrededor del trueque de plantas. Sin local fijo, usaban espacios prestados o alquilados. Pero la agrupación crecía y la necesidad de un espacio propio también.
“La idea es que esto sea una casa, como construir un hogar fuera del hogar. Soy una persona migrante, y así nació la idea de crear un hogar, una comunidad, con cosas que nos gustaban”, explica el joven emprendedor.
Espinoza llegó a Costa Rica siendo estudiante de trabajo social. Tuvo acceso a una beca técnica en Administración de Establecimientos Gastronómicos. Fue hasta 2022 que entró al mundo de los restaurantes, trabajando en uno de los locales más icónicos de San José, en las áreas de Recursos Humanos y Administración.
En septiembre de 2025, renunció y pensó que “iba a descansar”, pero “la vida tenía otros planes y no lo hice nunca”. El nicaragüense comenta que encontró el camino para construir “Casa Calala”, y en dos meses “ya tenía el espacio”.
“Me emociona un montón ver este espacio abierto, pero también ha sido retador. Reconozco todo el camino hasta acá, siendo uno migrante, tenes otras mochilas que cargar, más allá de solo construir un espacio en otro lugar”, sostiene.
Abrir “Casa Calala” no fue solo apostar todos sus ahorros a este proyecto, sino una “batalla administrativa”. Siendo un refugiado en Costa Rica, Jopsan Espinoza enfrentó meses de trámites para renovar su Dimex, el documento de identificación de extranjeros residentes.
“Hice todos los trámites un mes antes de que se me venciera, pero el documento me llegó muchos meses después. Fueron meses de pega burocrática, porque no podía solicitar permisos, abrir cuentas bancarias o actualizar mi estado con el Ministerio de Hacienda”, lamenta el nicaragüense.
El financiamiento para “Casa Calala” provino de sus ahorros de años de trabajo, de la liquidación y el apoyo de su madre, quien es socia del proyecto. “Fue un camino muy duro. Pero después de largos meses, peleando literalmente con la institucionalidad, ya estamos acá”, menciona.
La decoración principal son las plantas, cada zona invita a quedarse: hay un jardín central que actúa como colchón acústico frente al ruido de la calle, rincones íntimos y mesas que, según Jopsan Espinoza, han sido unidas espontáneamente por clientes que prefieren conversar con desconocidos a estar solos.
“La idea es que más allá de ser una cafetería donde te ofrecemos un producto, o un centro de eventos donde puedes realizar una actividad, sea como un lugar donde sientas comodidad y pertenencia”, describe.
“Cómo recordar la sala de tu casa en la que te podrías tomar un café”, destaca Espinoza.
“Casa Calala” tiene capacidad para entre 50 y 60 personas si se adaptan todos los espacios, aunque el salón principal alberga unas 30. Actualmente abre de jueves a domingo, de 1:00 p.m. a 5:00 p.m., en un horario que su fundador califica como temporal mientras ajustan la operación.
Desde el inicio, construyeron una huerta en comunidad, con amigos que han acompañado el proyecto desde sus inicios. De esa huerta salen ingredientes para las bebidas naturales, las infusiones y parte de la repostería que se ofrece los fines de semana.
El menú gira en torno al café, bebidas frías y calientes, infusiones naturales y repostería artesanal. Los platos fuertes o menús estructurados se hacen por reservación y se personalizan según la actividad: si es un taller de yoga, ofrecen refrigerios más saludables; si es una reunión de trabajo, un almuerzo de plato fuerte.
La programación ha abarcado talleres de cerámica con instructores costarricenses y nicaragüenses; de fotografía con facilitadores hondureños; noches de DJ con cena comunitaria y mesa común; y eventos con emprendimientos gastronómicos como La Gigantona, un proyecto nicaragüense que cerró su espacio físico y encontró en “Casa Calala” un lugar para reconectarse con sus clientes.
También hay eventos mensuales como “Cenar Comunidad”, una cena sin mesas reservadas donde la idea es que los asistentes compartan espacio y conversación con desconocidos.
“Espero que más personas sigan visitando ‘Casa Calala’, acá les espera un ambiente muy tranquilo, silencioso, de mucha amistad para venir a socializar”, invita el emprendedor nicaragüense.
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Nicas Migrantes es un proyecto periodístico de CONFIDENCIAL especializado en abordar temas de interés y utilidad para la población nicaragüense migrante en el mundo, principalmente en Costa Rica, Estados Unidos y España. El proyecto pionero nació en 2020 y produce contenidos en diferentes formatos periodísticos y plataformas.
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