“Economía del malestar”: Detrás del espejismo de bienestar económico de la dictadura
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El Gobierno decreta un aumento del 4% para el nuevo salario mínimo en Nicaragua, con el que no se cubre ni la mitad del costo de la canasta básica
La sancionada ministra del Trabajo, Johana Flores, encabezó la comisión que aprobó un leve aumento del 4% en el salario mínimo de Nicaragua para 2026. | Foto: Tomada de El 19 Digital
El Ministerio del Trabajo (Mitrab), anunció el jueves 5 de marzo de 2026 un aumento de 4% al salario mínimo, vigente en Nicaragua a partir del 1 de marzo de 2026. El acuerdo leído por la sancionada ministra del Trabajo, Johana Flores, indica que estos van desde los 6198 córdobas para el sector agropecuario, hasta los 13 848 para los rubros de construcción, establecimientos financieros y seguros.
El promedio simple del grupo de salarios que definió la Comisión, quedó en 9314 córdobas, lo que apenas cubre el 43.8% de los 21 250 córdobas en que está valorada la canasta básica de 53 productos que midió el Instituto Nacional de Información de Desarrollo (INIDE), para el mes de enero de 2026.
La decisión de la Comisión Tripartita —creada anualmente para decidir el nuevo salario mínimo vigente en el país— mantuvo en el mismo bajo nivel, la capacidad de compra de los trabajadores. Los 8930 córdobas, del salario promedio vigente hasta este 28 de febrero, solo compraban el 43.8% de los 20 394 córdobas que costaba la canasta básica de enero de 2025.
Esos números perpetúan el rezago que exhibe Nicaragua con respecto al resto de la región. Tal como observó el economista Marco Aurelio Peña: “Nicaragua se posiciona como un país con uno de los salarios mínimos más bajos de Centroamérica”. Cita el caso de los trabajadores del sector agropecuario, cuyo salario mínimo apenas supera el equivalente a 169 dólares. Con ese ingreso, “ese trabajador no logra consumir ni un tercio de la canasta básica”, valorada en poco más de 580 dólares, recalca.
Los números muestran que ninguno de los salarios reportados en las estadísticas oficiales permite adquirir el costo total de la canasta básica. Ni siquiera el salario mínimo más alto, que es el que se paga a los trabajadores de la construcción, las instituciones financieras, y las aseguradoras. La Comisión Tripartita determinó un mínimo para ese sector, que equivale a 378 dólares, con lo que solo se puede adquirir un poco menos de dos tercios de los productos de la canasta básica.
Con el aumento del 4%, los nuevos salarios mínimos son:
Un análisis del mediano plazo permite concluir que el incremento de los salarios mínimos es tan lento, que apenas sí ayuda a mejorar la situación de los trabajadores. Hace una década (en 2017), el salario mínimo promedio permitía adquirir el 42.9% de la canasta básica. El 4% incrementado a partir de este 1 de marzo, mantuvo ese porcentaje hasta el 43.8%.
José López, abogado de los Defensores del Pueblo y exprocurador laboral, rechaza el argumento esgrimido por el régimen, de que los incrementos salariales son bajos, para sostener el empleo. “¿Cuánto dinero se ha perdido por culpa de la corrupción?”, se pregunta y apunta hacia una estadística que indica que en “Nicaragua hay unas 200 personas dueñas, cada una, de una fortuna de más de 30 millones de dólares”.
El letrado sugiere reducir los beneficios que recibe la empresa privada en forma de exoneraciones y dispensas de la DGI, y usar el resto para compensar a los trabajadores. “Eso es justicia social. Eso es equidad, pero argumentar que un alto incremento de los salarios es un castigo a la empresa privada, hace que el rico sea cada día más rico, y el pobre cada día más pobre”, asegura.
También descarta que los sindicalistas que representan al sector laboral puedan defender los intereses de los trabajadores. Su criterio es que el interés real de esos líderes sindicales es el 1% que deben cotizar sus afiliados, pero que no tienen ninguna capacidad para protestar, ni para hablar en las reuniones de la Comisión Tripartita en defensa de esos trabajadores. “No lo hacen, porque son comparsas del Gobierno. Ellos solo ven por sus intereses”, sentencia.
El economista Peña no cree que ese panorama de “salarios de hambre” cambie en el mediano plazo. No, mientras la dictadura siga gobernando el país “con el mismo esquema corporativista de los últimos años”. El experto se refiere a la decisión política de “negociar con personas y grupos afines, leales, incondicionales o vinculados al poder establecido. Eso es corporativista, no plural, ni de consenso, ni multisectorial”, comenta.
López señala una limitación fundamental de la Comisión Tripartita, y es que desde hace años ya no es tripartita. Desde que canceló al Consejo Superior de la Empresa Privada (COSEP), y sus cámaras, “el Gobierno ya no negocia con el sector privado, lo que le generó un cuestionamiento de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). La reacción del régimen fue retirarse de la OIT”, recuerda.
En el esquema corporativista que menciona Peña, “quienes negocian tienen el visto bueno del poder central, y eso no basta para mejorar la calidad de vida de las personas. ¿Por qué? Porque los sueldos y salarios en general, incluyendo los salarios mínimos que están supuestos a darle un mínimo vital de existencia a la clase trabajadora, están atados a los niveles de productividad total del país”.
El economista se refiere a los recursos naturales; el capital; el trabajo humano; y el espíritu empresarial. “Todos son bajos”, argumenta. Y dado que eso no cambiará en el corto plazo, implica que los trabajadores están condenados a seguir ganando esos salarios escuálidos durante mucho tiempo más. La razón de fondo es que, mientras esté la dictadura, el esquema corporativista no va a cambiar.
Para transformar esa dinámica se requiere la existencia de un gobierno democrático con balance real de poderes, Estado de derecho y reglas del juego claras. El apoyo de la comunidad internacional, la recepción de mayores flujos de cooperación externa -incluyendo préstamos blandos- y más y mejor inversión nacional y extranjera, generaría nuevos modelos de negocio, mercados sofisticados, más y mejores empleos.
Otro elemento importante que no puede faltar en la ecuación es la reforma del sistema educativo, porque, en este momento, la actividad académica está centrada en el adoctrinamiento. “La educación es un determinante del crecimiento económico de mediano y largo plazo”, complementa.
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Periodista nicaragüense, exiliado en Costa Rica. Durante más de veinte años se ha desempeñado en CONFIDENCIAL como periodista de Economía. Antes trabajó en el semanario La Crónica, el diario La Prensa y El Nuevo Diario. Además, ha publicado en el Diario de Hoy, de El Salvador. Ha ganado en dos ocasiones el Premio a la Excelencia en Periodismo Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, en Nicaragua.
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