Ortega califica a Trump de “desquiciado mental”
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“Hay malestar y miedo”, repiten trabajadores públicos y sandinistas históricos tras la caída de Bayardo Arce, Álvaro Baltodano y otros fieles de Daniel
Rosario Murillo fotografiada durante un acto público el 14 de diciembre de 2024. // Foto: CCC
La dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo ha extendido su represión más allá de las personas consideradas opositoras, encarcelando a figuras históricas y aliados fieles del sandinismo, que han caído en desgracia en diversas “purgas”. Excomandantes guerrilleros, exfuncionarios, exmilitares, expolicías y trabajadores públicos han sido acusados de “traición a la patria”, de conspirar contra el régimen, de “transacciones al margen del Estado” o de supuestos actos de corrupción.
Estas detenciones, según opositores, son parte de una estrategia para eliminar cualquier disidencia dentro del propio Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) y son un “golpe preventivo”, derivado del temor, la inseguridad y la paranoia de Murillo, para ejercer el poder sin ninguna clase de contrapeso interno, ante una eventual ausencia de Ortega.
Empleados públicos, exmilitantes sandinistas y exmilitares que conversaron con CONFIDENCIAL, bajo anonimato, muestran “temor” y declaran “profundo malestar” entre las bases partidarias y valoran que “cualquiera puede caer en desgracia” y ver “rodar su cabeza”, bajo la “guillotina” de Murillo.
“Me parece que estas purgas, que ahora incluye a peces gordos del sandinismo es parte del temor que tiene la señora Murillo de que al fallecer Ortega toda la gente que históricamente ha sido militante no la apoyen ni a ella, ni a sus hijos o que armen un movimiento contra ellos”, comenta Gladys, una exfuncionaria municipal que ahora está alejada del FSLN.
Las purgas de dos operadores políticos y económicos, tradicionales aliados de Ortega, han generado temor generalizado dentro del sector conocido como sandinismo histórico. El asesor presidencial Bayardo Arce Castaño, otra miembro de la Dirección Nacional del FSLN en los ochenta y uno de los pocos que había permanecido cercano a Ortega, fue apresado en su casa por decenas de policías en la medianoche del miércoles 30 de julio de 2025. Y antes, en junio, fue condenado a 20 años de prisión el general en retiro Álvaro Baltodano, exministro asesor de la Presidencia entre 2007 y 2022.
Para Gladys, que hace unos años recibió una condecoración por su militancia sandinista, el mensaje que manda la dictadura a todos sus partidarios es “que no hay intocables y que a cualquiera le puede caer la guillotina de Rosario Murillo”.
“Creo que con estas purgas están dividiendo aún más al sandinismo, entre los que apoyan a regañadientes a Rosario Murillo y entre quienes están esperando que caiga el régimen cuando le toque a ella quedar sola”, agrega la exempleada pública.
Sin embargo, Gladys admite que lo que está ocurriendo ahora es que “hay mayor concentración de poder de algunos grupos”, fieles a Murillo, que “van a mantenerse intimidando a la población, a los trabajadores públicos y a los militantes” dándoles la advertencia de que “estás con ella o vas preso”.
La dictadura aprobó el 6 de agosto de 2025, en primera legislatura, una reforma a la Constitución Política para crear la Procuraduría General de Justicia. El objetivo, dice el Gobierno, es “combatir la corrupción”. Sin embargo, Gladys opina que “solo es una cortina de humo para justificar las purgas”.
“Desde siempre dentro del sandinismo se ha premiado la serruchadera de piso y la deslealtad, pero ahora lo vienen a incentivar mucho más (…) el interés no será combatir la corrupción porque llevan años permitiéndola, lo que harán es buscar a los traicioneros dentro de sus mismas filas”, advierte esta exfuncionaria.
Karina tiene más de 10 años de trabajar en el área contable de una institución pública y califica las purgas como “pasadas de cuenta”, tanto de Ortega como de Murillo.
“Es increíble que quieran vender estos encarcelamientos y caídas en desgracia de grandes funcionarios como lucha contra la corrupción, porque cualquiera se cuestiona dónde estaban metidos que nunca se dieron cuenta”, apunta.
La Procuraduría, manejada por Wendy Morales Urbina, una ficha leal de Rosario Murillo y que se ha convertido en la institución verdugo de la dictadura en Nicaragua, señaló a Bayardo Arce de no comparecer ante una investigación por “transacciones y negociaciones” realizadas por sus oficinas que “no cumplían con lo establecido” en el marco legal nicaragüense. Cinco horas después fue detenido.
Esa misma institución, exactamente tres meses después de la captura de Álvaro Baltodano lo acusó de ser parte, junto a su hijo detenido en julio de 2025, de un entramado societario, que contemplaba la utilización de aproximadamente “20 sociedades de papel”, también conocidas como empresas “de maletín”.
“Suponiendo que esta gente caída en las purgas era corrupta, tenían que tener el apoyo de la dictadura, porque aquí nadie actúa sin la venia de ellos o están admitiendo que han sido incompetentes en detectar a los ladrones”, refiere Karina.
Esta funcionaria pública cree que si de verdad hubiera una cruzada contra la corrupción “faltaría que metan preso a todos los Ortega-Murillo”.
“Yo luché en la guerra para que hubiera un mejor país, pero lo que realmente se ve ahora es la repartición del pastel entre Ortega, Murillo y sus hijos. Los únicos que habían sido invitados a ese pequeño círculo, ahora son apartados y no solo eso, sino humillados y encarcelados”, señala Abraham, un excombatiente sandinista del sur del país.
Dice que cada vez habla menos de política con el pequeño grupo de desmovilizados de guerra, con los que se solía encontrar. “Hay mucho miedo, algunos apenas se atreven a hacer una pequeña crítica en círculos pequeños”, reflexiona.
“No sabemos bien que está pasando a lo interno para que ocurran tantas purgas, pero es extraño que le pasen factura a gente que les ha servido a ellos para quedarse en el poder. Lo que vemos es que el FSLN ahora solo quiere tener a las personas intimidadas y que agachen la cabeza”, menciona Abraham.
“Aunque ya pasaba antes, creo que esta vez están más enfocados en establecer una dinastía familiar como en Cuba y hacerle ver a los demás que no existen otros sucesores que no sean de la familia Ortega-Murillo”, agrega.
Gregorio, un exoficial del Ejército Popular Sandinista de los años ochenta y pasó a retiro en 1995, cree que a quienes más han impactado las detenciones y la persecución orientada por Rosario Murillo es a personas que por muchos años fueron vistos como dirigentes dentro del FSLN, los llamados sandinistas “históricos”.
“Algunos dicen que son traidos viejos con Rosario Murillo de los años ochenta. Pero no analizan que Murillo está limpiando a posibles adversarios que le pudieran disputar el poder, al momento que muera Daniel Ortega, cuando ella asumiría su tan ansiado sueño de ser presidenta teniendo a sus hijos como vicepresidentes”, afirma.
Valora que no hay ninguna lucha contra la corrupción dentro del partido y solo es “un pretexto de la dictadura” para justificar “la cacería emprendida contra cuadros históricos que son referentes del sandinismo”.
Gregorio opina que Murillo continuará defenestrando “a todo lo que huela a sandinismo histórico, que no le respondan a ella”, aunque cree que eso no implica que el resto del pueblo “no esté también vigilado, espiado y perseguido”. “La guerra declarada es contra todo el mundo”, insiste el exoficial EPS.
Para Ariel, un exmilitante del FSLN, hay un “visible malestar” de las bases sandinistas que iniciaron apoyando al partido desde los años setenta.
“El secreteo en los supermercados, hospitales, restaurantes y otros lugares públicos está a la orden del día, para expresar enojo, desaprobación y condena”, dice.
Señala que, en el caso de Matagalpa, de donde es originario, los sandinistas “se sienten particularmente agredidos” por las purgas de personajes involucrados en la insurrección y en la primera etapa de la revolución.
“Todo mundo sabe que se ha normalizado el enriquecimiento ilícito por la corrupción consentida desde El Carmen. Que de la noche a la mañana los ladrones se revistan de fustigadores del robo, no se lo traga nadie”, asegura.
Ariel cree que la persecución y vigilancia es para toda la población, porque trasciende al sandinismo y al sector público. “Conozco a muchos que fueron de la Inteligencia, o funcionarios públicos que padecen vigilancia permanente, y personas de cuarenta años o menos, sin militancia alguna, que están forzados a reportar sus movimientos”, menciona.
Como el derrumbe de unas catedrales, describe Mariela la caída de figuras de la Dirección Nacional del FSLN, como los comandantes Bayardo Arce y Henry Ruiz, en casa por cárcel de facto desde el 8 de marzo de 2025.
“Creo que han creado, inadvertidamente, figuras mártires dentro del propio sandinismo”, opina esta trabajadora del sector público que se identifica como exsandinista.
Mariela expresa que entre la gente comenta que tanto Ortega como Murillo están debilitados “aunque quieran dar una imagen de eternidad con esos actos organizados al modo fascista”.
Un ciudadano que pidió ser identificado como Tolomeo Vargas, que en los años setenta y ochenta estuvo vinculado a las estructuras políticas y militares del FSLN asegura que, tras conversar con personas que siguen en el partido, concluye que “existe un doble comportamiento entre los sandinistas”.
“Por un lado, están los que por temor o conveniencia callan, pero no justifican. Y por otro lado, otro segmento principalmente en la base del partido, más fanatizados que les es difícil aceptar la realidad, pero que al final terminan reconociendo lo que está pasando”, explica este hombre que ahora es un pequeño empresario.
Tolomeo valora que a pesar de la resistencia de los sandinistas de admitir que son gobernados por una tiranía hay un “claro sentimiento de desconcierto e inconformidad” y reconocen que se trata de “una lucha de poder”, que se traduce en que Ortega y Murillo “están despejando el camino hacia la sucesión dinástica”.
“No es una cruzada contra la corrupción, ni las recientes leyes, ni el apresamiento de connotados sandinistas, eso responde a un fin político dictatorial de los ‘codictadores’ para asegurar su proyecto familiar”, advierte.
En su informe de diciembre de 2024, el Mecanismo para el Reconocimiento de Personas Presas Políticas en Nicaragua alertó que al menos 25 personas trabajadoras del Estado y simpatizantes sandinistas sufrían detención arbitraria.
Además, advertían que el número podía ser mayor, porque las familias de estas personas no denunciaban “porque están amenazadas”.
Estas detenciones son el “claro reflejo”, según el Mecanismo, “que la dictadura está aumentando la persecución dentro de sus mismas filas”.
Aunque la cifra no volvió a ser actualizada en sus reportes más recientes, el Mecanismo en su informe publicado en junio de 2025 señaló que los trabajadores del Estado, han pasado de “ser piezas clave del aparato gubernamental a víctimas de la paranoia y desconfianza de los gobernantes”.
“Cualquier señal de falta de sumisión absoluta puede llevar a su despido, persecución o encarcelamiento, pues el régimen considera cualquier mínima duda o inconformidad como un acto de traición”, indica el Mecanismo.
El documento menciona una “ola de represión” ocurrida en mayo de 2025, cuando “al menos veinte personas fueron detenidas arbitrariamente durante redadas ejecutadas por la Policía Nacional en los departamentos de Matagalpa y Jinotega” y que afectó también a exmiembros del Ejército, tanto retirados como activos.
“Esta persecución contra militares ha venido consolidándose como un patrón, dirigido a silenciar cualquier tipo de crítica o disidencia dentro de las estructuras del Estado”, destacó el reporte.
El miedo que ya tenían los trabajadores de las instituciones públicas de Nicaragua por los despidos masivos, se ha intensificado después de ver las purgas, dice Gabriel, un trabajador del Poder Judicial.
“Hemos visto caer a altos cargos dentro de la Corte Suprema de Justicia y muchas otras instituciones, y cuando caen en desgracia se van en el mismo saco sus allegados y familiares, incluso gente que quizás solo trabajaba para ellos”, comenta el empleado público.
En sus más de doce años trabajando para el Estado, Gabriel dice que nunca había sentido “tanto temor como hoy” porque antes solo pensaba en “qué haría si me despiden”, pero “ahora solo pienso en que por cualquier cosa puede uno ir preso”.
Lo mismo siente Ana, una trabajadora de una alcaldía. “Han andado despidiendo gente y realizando supuestas auditorías y muchos alcaldes han caído”, comenta.
En el caso de la comuna donde trabaja Ana, confiesa que ha habido despidos e interrogatorios. “Llegan, junto a la Policía y al final te hacen ver como que estás trabajando en un lugar donde se cometen delitos, que puede ser verdad que algunos funcionarios estén robando, pero nunca se nos dice qué pasó”, detalla.
Ana ha trabajado en mesas electorales, ha pegado banderas y ha sido militante por muchos años, incluso “cuando no había dinero y no estaban en el poder”.
“Era de las que me iba a asolear o mojar bajo la lluvia por participar en actividades del partido, pero me doy cuenta que nada de eso es valorado por la cúpula, que solo quieren borregos que digan: sí, señores”, menciona Ana.
“Cuando alguien se ha atrevido a alzar la voz, a disputar poder o criticar algo dentro del FSLN se le ha apartado, eso ha pasado siempre. Lo vimos con Herty Lewites, con Nicho Marenco y muchos otros que cayeron en desgracia dentro del partido”, señala Edwin, un exsandinista.
Dice que en su caso se fue retirando del partido desde 2007 cuando Ortega volvió al poder. “Desde que empezó su Gobierno vi que sus promesas de no repetir los errores del pasado eran falsas (…) y empezó a reprimir cualquier forma de protesta”, recuerda.
Una de las hermanas de Edwin vivió en carne propia “la represión silenciosa” cuando denunció actos de corrupción de funcionarios públicos en una alcaldía del centro del país.
“Las purgas siempre han existido. A mi hermana la fueron apartando, porque era mal visto señalar los robos de ciertas personas porque decían que ponía en mal al FSLN y siempre invocan, cuando les conviene, la disciplina partidaria”, reflexiona.Pero la represión “se ha hecho desmedida” desde 2018—valora Edwin—porque “ahora les interesa que todos les teman”.
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Confidencial es un diario digital nicaragüense, de formato multimedia, fundado por Carlos F. Chamorro en junio de 1996. Inició como un semanario impreso y hoy es un medio de referencia regional con información, análisis, entrevistas, perfiles, reportajes e investigaciones sobre Nicaragua, informando desde el exilio por la persecución política de la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo.
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