Ortega y Murillo mantienen millonarios gastos para fallido proyecto canalero
PUBLICIDAD 4D
PUBLICIDAD 5D
Javier Meléndez: la cojefatura es un modelo de control de Murillo porque teme deslealtades al asumir el poder total. “Habrá dos jefes militares”
El dictador Daniel Ortega (izq.) conversa con el jefe del Ejército, general Julio César Avilés, y Rosario Murillo, durante el acto por el 46 aniversario del Ejército de Nicaragua, el 2 de septiembre de 2025. | Foto: CCC
El nombramiento de dos jefes policiales y dos cancilleres en el nuevo esquema de poder de Nicaragua es una consecuencia de la “anomalía constitucional” que implantó la “copresidencia”, con el copresidente Daniel Ortega y la copresidenta Rosario Murillo, considera el politólogo Javier Meléndez, fundador del Instituto de Estudios Estratégicos y Políticas Públicas (IEEPP), cancelado por el régimen en 2018, y director de Expediente Abierto.
En una entrevista en el programa Esta Semana que se transmite en el canal de YouTube de CONFIDENCIAL, debido a la censura televisiva, Meléndez explicó que las nuevas “cojefaturas” son un mecanismo de control, creados por Rosario Murillo, porque teme a la deslealtad de los actuales titulares de las instituciones cuando asuma el poder total, en ausencia de Daniel Ortega.
“Sin duda, la imposición de una cojefatura en el Ejército de Nicaragua pudiera suceder más temprano que tarde”, dijo Meléndez, pues el caso nicaragüense es inédito en cualquier parte del mundo. En otros países “no existen dos copresidentes, no existen dos codirectores de la Policía, y es inútil pensar que no va a suceder un escenario en que va a haber dos jefes del Ejército, o Avilés se va, o le ponen un cojefe”, resumió.
En el acto de aniversario de la Policía Nacional, debutaron en público los dos cojefes de la Policía, el primer comisionado Francisco Díaz, y el comisionado general Victoriano Ruiz, con los codictadores Daniel Ortega y Rosario Murillo. ¿Cuál es el objetivo de una jefatura bicéfala en la Policía?
La existencia de estos dos codirectores es una consecuencia de las modificaciones constitucionales para tener dos presidentes y que Rosario Murillo sea la copresidenta de Nicaragua. Indudablemente, esto de copresidenta, copresidente, es una anomalía constitucional, es algo completamente inédito en el mundo, no hay ningún otro país donde existe esta figura constitucional y, obviamente, la designación de codirectores en la Policía es una consecuencia natural de esta figura de poder que tiene Nicaragua.
Implica una desconfianza estructural que tiene Rosario Murillo sobre las fuerzas de seguridad, que ella concibe que aún tienen una lealtad profunda a Daniel Ortega y le preocupa que esas lealtades viejas de los años de guerrilleros no sean adecuadas para su sucesión dinástica.
En términos más generales, tiene que ver con una situación de reforzamiento del personalismo y de la dinastía, ya el Partido Frente Sandinista, en realidad, no está a cargo de Nicaragua, quienes están a cargo es la pareja, y por supuesto, su familia.
¿Qué impacto tiene en el funcionamiento de la institución policial, en sus líneas de mando, en su funcionalidad, el hecho de que hay dos jefes?
Es un proceso irreversible de desprofesionalización y partidización de las instituciones de seguridad. La creación de un codirector es fundamentalmente un comandante paralelo, esto rompe con el principio de meritocracia. Este puesto no responde a una trayectoria profesional donde se busca renovar los mandatos y traer un mandato joven para que reemplace un mandato viejo. Es una decisión cimentada en la lealtad a la familia y, sobre todo, ella busca reducir cualquier posibilidad de disenso o de insatisfacción que pudiera tener la Policía ante la previsible sucesión que va a suceder con la muerte de Ortega y la toma del poder por Rosario Murillo. Es una forma de transmitir el mensaje de que la Policía está muy cerca del poder, subordinada a la familia, y que bajo esas condiciones no va a suceder absolutamente nada que haga vacilar al régimen y a sus estructuras familiares y clientelares.
¿Se podría hacer un paralelismo con lo que ocurrió en su momento con Aminta Granera? Es decir, ¿Ortega y Murillo están interviniendo el liderazgo de Francisco Díaz con Victoriano Ruiz, igual que antes de 2018, intervinieron el mando de Aminta Granera con el propio Francisco Díaz?
Sí, absolutamente, yo lo asimilo como una especie de comisario político que le ponen al director que quieren que se vaya o no confían en él. Hay una situación, de confianza y lealtad histórica de Francisco Díaz con Daniel Ortega. Él ha pretendido proyectar a la familia que tiene el mismo sentimiento (hacia) Rosario, pero claramente eso no sucede. Aunque que es parte de su familia por la relación que hay entre los hijos de ellos, y aunque ha mostrado mucha lealtad y subordinación, ella prefiere tener su comisario político de confianza. En la práctica es ponerle un mando paralelo a la Policía Sandinista para, poco a poco, ir apartando a Francisco Díaz. Sería muy pesado en este momento, sacar a Francisco Díaz de la Policía, pero inevitablemente eso va a suceder. La pregunta que queda es ¿cuándo sucederá eso mismo con el Ejército?
La Policía juega un rol crucial en el mantenimiento del Estado policial de facto, los mecanismos de control y represión que están cumpliendo siete años de haberse impuesto en el país. ¿Esta jefatura bicéfala le cohesiona a la Policía o puede generar fisuras, grietas, divisiones?
El tema de las fisuras y las grietas dentro de la Policía y también en el Ejército es un asunto abierto a discusión, sabemos poco o casi nada de potenciales fisuras, pero creo que en la Policía ella sospecha que va a haber una merma. No es que la Policía se le va a dar vuelta ni otra institución de seguridad, sino que pudiera darse un escenario de dudas frente a lo que viene después de Daniel Ortega, y ella está haciendo todo lo posible para evitar cualquier tipo de fisuras.
Todavía tenemos oportunidad como nicaragüenses, de que se mantenga alguna ventana de oportunidad en términos de fisuras en la institución. Pero estamos lejos de eso y ella va tres pasos adelante y está tomando todas las medidas para evitar cualquier tipo de disenso frente a su pronta designación como la única presidenta de Nicaragua y también preparar el camino para la sucesión dinástica que sería uno de sus hijos.
Mencionaste el caso del Ejército y en efecto, con esta creación de la jefatura bicéfala en la Policía, en el alto mando del Ejército se percibe la preocupación de que se replique este modelo y mañana se imponga una cojefatura en el Ejército. ¿Sería posible tener dos jefes en el Ejército?
Sin duda, pudiera suceder más temprano que tarde, el caso nicaragüense es, en extremo, inédito en cualquier parte del mundo. No existen dos copresidentes, no existen dos codirectores de la Policía y es inútil pensar que no va a suceder un escenario en que va a haber dos jefes del Ejército, o Avilés se va, o le ponen un cojefe.
El caso nicaragüense se basa en la formalización legal de una estructura de doble mando, y esto responde a un diseño personalista que tiene consecuencias de desprofesionalización, y a través de la ley ellos formalizan arbitrariedades super autoritarias dentro de Nicaragua.
Y tampoco existe otro país en el que existan dos cancilleres, como recientemente se acaba de crear en Nicaragua esta figura de los cocancilleres con la resurrección del excanciller Denis Moncada, ahora como cocanciller y la creación de este sistema que reduce al canciller Valdrack Jaentschke a cocanciller.
Me estoy dando cuenta, solo previo a la entrevista que estamos teniendo ahora. Pero hay un antecedente de Jaentschke saltando de un puesto a otro, estando siempre ausente, pero más presente. Él parece una persona de confianza de Rosario Murillo, pero así son los autoritarismos extremos, nadie está en paz, ellos tienen que dormir con un ojo abierto, porque entre la paranoia y el autoritarismo, todos son absolutamente descartables.
Lo que más me llama la atención, en este caso, es la redesignación de Denis Moncada en este puesto en la Cancillería. Paradójicamente, tenemos dos cancilleres ahora, cuando Nicaragua es uno de los países más aislados del hemisferio, después de Venezuela y Cuba. Cuba es diferente porque tiene una larga trayectoria de diplomacia con los países del tercer mundo, con los que antes eran los no alineados. Pero Nicaragua ahora tiene dos cancilleres cuando estás solo, básicamente, con cinco o seis países de África, el eje Irán-Rusia-China, luego Venezuela y Cuba, algunos restos de solidaridad y comprensión de parte del Gobierno de (Gustavo) Petro, y de ahí no cuenta más. Entonces, es poco entendible este tipo de escenarios, que solo están en la cabeza de Rosario Murillo.
Tienen dos cocancilleres, pero en realidad hay otro funcionario, Laureano Ortega Murillo, que es el enviado plenipotenciario y ministro plenipotenciario para las relaciones con Rusia y China, que son los polos principales de las alianzas internacionales del régimen. Entonces, pareciera que tenemos dos mini cancilleres y un canciller verdadero para lo que le interesa primordialmente al régimen.
El régimen de Ortega desde el inicio estableció una instancia paralela al Gobierno, al Ejecutivo. En términos de seguridad, él (Ortega) tenía a Néstor Moncada Lau, controlando los hilos de la Policía. Y eso ha sido consistente en estos autoritarios. Tienen (de manera) paralela gente de extrema confianza política y extrema lealtad dirigiendo las instituciones. Lo que llama la atención es que ese modelo lo siguen fortaleciendo, es una combinación de viejas prácticas con nuevas prácticas e ideas de Rosario. Ella trata de hacer coexistir este viejo modelo que arrastraba Ortega con sus nuevas ideas de cómo intervenir el Gobierno y asegurar las lealtades.
Esta relación de Laureano Ortega con China y Rusia también tiene que ver con la relación que se da en el resto de Centroamérica. Es un mecanismo que los autoritarios están usando: dejar en las manos de sus familias estas relaciones. Por ejemplo, las relaciones del Gobierno de Bukele con China están en las manos de sus hermanos. La relación de China con Honduras, está en manos de una de las hijas de los Zelaya-Castro, que es diputada, que le dicen la Pichu, ella es la que da la cara ante el Partido Comunista. Es otra forma de los autoritarios de administrar este tipo de relación, porque saben que hablando el lenguaje correcto con China y Rusia, hay mayores oportunidades para que esos países garanticen algún tipo de un apoyo importante.
Este modelo comenzó con los codirectores en algunas instituciones. Ahora tenemos cojefes policiales, tenemos dos ministros de Relaciones Exteriores y como decías, esto se asocia al estilo de control y de influencia de Rosario Murillo. Ahora, con la sucesión dinástica, ¿esto se va a generalizar? ¿Qué impacto tiene esto en lo que queda del servicio público, civil y militar?
Yo comienzo a pensar qué va a suceder en el futuro, en una potencial transición que, honestamente cuando veo lo que hace la oposición en el exilio, lo veo más lejano que nunca. Mi única esperanza es la muerte de Daniel Ortega y a ver qué logran hacer ellos. Lo que va a requerir Nicaragua en la recuperación de la democracia será más complejo de lo que se hizo en 1990, porque en los 90 se llegó a un acuerdo para que ciertos burócratas y gente que estaba involucrada en las instituciones persistiera ahí para garantizar algunas condiciones de estabilidad. Ahora en una transición se va a tener que hacer básicamente borrón y cuenta nueva, y eso conlleva muchos traumas, muchos procesos, muchas discusiones. Es terrible lo que le viene a Nicaragua, porque es un Estado completamente cooptado, es un Estado absolutamente clientelar, y luego tienes que pensar lo que va a suceder con esa familia, con sus intereses, con las instituciones, es un escenario muy complejo.
PUBLICIDAD 3M
Periodista nicaragüense, exiliado en Costa Rica. Fundador y director de Confidencial y Esta Semana. Miembro del Consejo Rector de la Fundación Gabo. Ha sido Knight Fellow en la Universidad de Stanford (1997-1998) y profesor visitante en la Maestría de Periodismo de la Universidad de Berkeley, California (1998-1999). En mayo 2009, obtuvo el Premio a la Libertad de Expresión en Iberoamérica, de Casa América Cataluña (España). En octubre de 2010 recibió el Premio Maria Moors Cabot de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia en Nueva York. En 2021 obtuvo el Premio Ortega y Gasset por su trayectoria periodística.
PUBLICIDAD 3D