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Sergio Ramírez: “la familia Ortega quedará fuera del poder”

Dictadura en el espejo de la intervención de EE.UU. en Venezuela y Cuba: “Todos los militares del Ejército se van a volver sospechosos”, alerta Ramírez

Daniel Ortega y Rosario Murillo junto a sus hijos Laureano y Camila.

Los dictadores nicaragüenses Daniel Ortega y Rosario Murillo (der.) junto a sus hijos Laureano y Camila, durante un acto oficial en Managua, el 16 de febrero de 2026. | Foto: CCC

Carlos F. Chamorro

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El 3 de enero de 2026, doce horas después de que las tropas especiales de la intervención norteamericana capturaran en Caracas, Venezuela, al dictador Nicolás Maduro y a su esposa Cilia Flores, en Managua, la “copresidenta” Rosario Murillo convocó a una reunión de emergencia en el búnker de El Carmen a grupo selecto de altos militares, policías, y operadores políticos del Frente Sandinista, para decretar un estado de alerta.

Murillo orientó extremar la vigilancia que ya existe bajo el estado policial contra potenciales opositores y deportados de Estados Unidos, para prevenir celebraciones en respaldo a la caída de Maduro, y desató una nueva ola de detenciones arbitrarias.

Casi cinco meses después, y tras el agravamiento del cerco petrolero de Estados Unidos contra Cuba, las acusaciones contra Raúl Castro, y las negociaciones entre Cuba y Estados Unidos, incluida la reunión del director de la CIA, John Ratcliffe, con altos funcionarios cubanos, el temor y la paranoia en la cúpula familiar Ortega-Murillo es cada vez más ostensible, mientras va corriendo una especie de cuenta regresiva.

“No se pueden salir de esa foto de la intervención en Venezuela que ha creado una especie de protectorado, y lo que va a ocurrir en Cuba, que puede que sea mandado a procesar por un tribunal federal a Raúl Castro”, afirma el escritor Sergio Ramírez.

En una entrevista con CONFIDENCIAL, realizada durante la celebración del festival literario Centroamérica Cuenta en Panamá, Sergio Ramírez analizó los escenarios de salida a la crisis de la dictadura nicaragüense en el espejo de la intervención de EE. UU. en Venezuela y Cuba.

“La familia Ortega va a desaparecer por A o por B, no entra en el esquema. Igual que Raúl Castro no entró en el esquema y Maduro no entró en el esquema (de poder de Estados Unidos), Ortega tampoco entra en el esquema, y Estados Unidos se va a entender, como en Venezuela y Cuba, con los que puedan garantizar la estabilidad. Todos los militares que están en el Ejército se van a volver sospechosos”, advierte Ramírez.

¿Cómo ves a la codictadura, la dictadura bicéfala de Nicaragua, en el espejo de lo que está ocurriendo en Venezuela y ahora también en Cuba, bajo la presión y la intervención de Estados Unidos?

Yo creo que están en la foto, no se pueden salir de esa foto, no hay photoshop que los libre de esa foto de la intervención en Venezuela que ha creado una especie de protectorado, y lo que va a ocurrir en Cuba, que puede que sea mandado a procesar por un tribunal federal a Raúl Castro, para quitarlo del medio, para facilitar el arreglo que tienen que hacer con el régimen en Cuba.

El método que está visible, bajo el corolario Trump de la renovada doctrina Monroe, es que los Estados Unidos han creado, en su política exterior, esta zona que se llama la Gran Norteamérica, y comprende México, Centroamérica, el Caribe, Venezuela, y Colombia. Y los EE. UU. considera que esa es su zona exclusiva de influencia, ni China ni Rusia ni nada, es su zona de determinación. Y bajo ese parámetro han intervenido en Venezuela. ¿Cuál es el principio? Muy simple: llevarse a la cabeza que causa irritación, Maduro y su esposa, y dejar intacto el resto del régimen, como han hecho con Delcy Rodríguez.

Es sorprendente cómo el secretario de Estado Rubio dice: mañana se va la presidenta Delcy Rodríguez para Hungría a una visita. Él hace el anuncio, lo que hay ahí es un verdadero protectorado.

Esa es una película que están viendo en El Carmen, Daniel Ortega y Rosario Murillo, pero también la están viendo todos los generales del Ejército y la Policía y los operadores políticos y tecnócratas que los acompañan.

Y están viendo cómo se arma el cerco alrededor de Cuba. Venezuela no tenía una crisis económica y social de la magnitud que tiene Cuba, en Cuba no hay alimentos, no hay medicinas, no hay petróleo, no hay energía eléctrica. Por lo tanto, este es un acelerador de la crisis, y ellos están poniendo toda la presión para lograr un arreglo que va a significar apartar a Raúl Castro, procesado a los 94 años (aunque) será dudoso que se lo lleven a juzgar al tribunal de Estados Unidos, pero lo van a apartar.

Van a apartar a Díaz-Canel y se van a entender con una estructura que está montada ahí, el Ejército, que es el dueño de todos los negocios. Porque también escuché al secretario de Estado Rubio decir que EE. UU. no va a permitir a 90 millas de su costa un Estado fallido que produzca desorden, migraciones renovadas hacia Estados Unidos, inestabilidad. Y eso no lo va a conseguir, piensan, con los cubanos en el exilio en Miami, sino con el aparato estructural que está allí ya montado: el Ejército, la Policía, las fuerzas de seguridad, igual que en Venezuela.

Cuando el panorama quede despejado de Cuba, y ya quedó despejado Venezuela, pues obviamente Nicaragua aparece en el panorama, porque hasta ahora no está.

Esta situación que has señalado en otros momentos de que Nicaragua está siendo ignorado por la comunidad internacional, ¿inevitablemente va a cambiar?

Sí, porque va a quedar sola, todos los árboles que estorbaban la visión de ese otro árbol que está ahí, y quedará la llanura pelada. Y ahí está un gobierno familiar corrupto que piensa quedarse para siempre. Entonces, al quedar a merced de la opinión mundial y de la atención de los EE. UU. ellos van a buscar allí su sustituto

Vamos a ver una situación más crítica que la de Venezuela, porque en Venezuela, EE. UU. tuvo que prescindir de una fuerza opositora muy grande encabezada por María Corina Machado, y de un presidente legítimamente electo con inmensa mayoría de los votos, al que le robaron las elecciones, Edmundo González, que bien pudieron haberlo instalado como presidente legítimamente, pero no ocurrió así. Prescindieron de él y prescindieron de la fuerza enorme que tiene María Corina Machado.

En Nicaragua es peor, porque no hay ninguna fuerza organizada de la oposición. Existen grupos en pugna, pequeños, que se arrogan una representación muy exagerada, pienso yo, los que están fuera, en Miami, no tienen un asidero real para decir —nosotros representamos y vamos a garantizar la estabilidad del país una vez que desaparezca la familia Ortega.

Porque la familia Ortega va a desaparecer, por A o por B, no entra en el esquema. Igual que Raúl Castro no entró en el esquema y Maduro no entró en el esquema, pues Ortega tampoco entra en el esquema. Y no es que se van a entender con los hijos, llevándose al padre y a la madre, no se van a entender con ninguno porque son parte del problema de imagen. Igual que la esposa de Maduro, pudieron haberla dejado, pero también la metieron en el cuadro porque era parte del problema de imagen.

¿Están entrando en una cuenta regresiva, por ahora en cámara lenta?

Es inevitable, y se va a acelerar. ¿Qué es lo que va a ocurrir? Lo mismo que está ocurriendo en estas otras dos situaciones, Estados Unidos se va a entender con las fuerzas que están allí, que les puedan decir —nosotros vamos a garantizar aquí la estabilidad. Pero mientras tanto, fuera China, fuera Rusia, que es parte del esquema de los Estados Unidos.

Pero eso pone la pelota en la cancha de los nicaragüenses.

Y pone la pelota en la cancha del Ejército, ¿quién va a ser el que va a encabezar esta transición? Todos los que están allí se van a volver sospechosos.

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Carlos F. Chamorro

Carlos F. Chamorro

Periodista nicaragüense, exiliado en Costa Rica. Fundador y director de Confidencial y Esta Semana. Miembro del Consejo Rector de la Fundación Gabo. Ha sido Knight Fellow en la Universidad de Stanford (1997-1998) y profesor visitante en la Maestría de Periodismo de la Universidad de Berkeley, California (1998-1999). En mayo 2009, obtuvo el Premio a la Libertad de Expresión en Iberoamérica, de Casa América Cataluña (España). En octubre de 2010 recibió el Premio Maria Moors Cabot de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia en Nueva York. En 2021 obtuvo el Premio Ortega y Gasset por su trayectoria periodística.

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