Museo de Memoria itinerante sobre Nicaragua
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La movilización política puede crear la oportunidad de un cambio político que comience este año, ante el que Rosario Murillo tenga que ceder

Un momento de la "Marcha de las cruces", realizada por nicaragüenses exiliados en Miami, en enero de 2022. // Foto: Archivo | Cortesía
El ambiente político y económico en Nicaragua puede ofrecer una oportunidad para transformar al país fuera del contexto dictatorial. Aunque no hay una crisis, la coyuntura actual presenta una vulnerabilidad de Rosario Murillo y una oportunidad en manos de los nicaragüenses, de su oposición y de la comunidad internacional para salir del marco represivo.
Murillo está frente a una situación más sinuosa. Hay menos plata y el sector privado prevé menos consumo, menos crédito y más incertidumbre a corto plazo. Hay más trabajo informal y menos oportunidades bien pagadas, lo que hace más difícil ganarse la vida donde lo político es subyacente, pero no detonante, y en las conversaciones cotidianas no está presente la dictadura en esa privacidad familiar. En medio de esto sí hay al menos un tercio de los hogares atentos a lo que pasa aquí y allá. No se pierden nada, y no es que esperen, pero están como listos para lo que venga (como en Venezuela, (‘ya la veían venir’).
Mientras tanto, la dictadura se balancea entre la situación internacional y el mantenimiento del control político, y Murillo está asustada y se maneja con cautela. En El Carmen, se habla de que “algo inminente” puede ocurrir, y mientras tanto Murillo mantiene su concentración del poder con el apoyo de sus cuatro fichas (Fidel Moreno, Ovidio Reyes, Gustavo Porras, y Julio César Avilés, del que depende para garantizar su estabilidad) junto con su hijo Laureano, que hace el rol de emisario.
Ciertamente, la guerra en Irán, las reuniones de Estados Unidos con Cuba, y el realineamiento de Venezuela han dejado a Murillo, sola al otro lado de la cerca. El temor se nota, porque hay alguna gente de estratos medios dentro del Estado que está previendo un cambio proveniente de Estados Unidos, y ha modulado de tono en su relación con el entorno local, de mejor trato y haciendo saber que ellos solo siguen órdenes.
El temor no es infundado: Estados Unidos está determinado a presionar más este año a Murillo, y aunque la presión no tiene la intención de provocar un ‘derrocamiento’ dictatorial, el objetivo es ejecutar una reforma desde adentro. La coyuntura no es favorable en medio de esta situación económica, y sus dos únicos aliados reales, China y Rusia, no están dispuestos a rescatar al régimen. El financiamiento chino no va a crecer más que el año pasado y puede incluso disminuir, por lo que el colchón para la captura de Estado no va a atraer más clientes. En lo que respecta a Rusia, este es un país al que solo para Avilés importa (por razones de sostenimiento bélico); con Ortega fuera de la foto, ni Laureano ni Rosario están preparados a externar ‘estrechas relaciones’. Esto los pone en una posición vulnerable, ya que nadie en América Latina y el Caribe está dispuesto a apoyarlos.
Mientras tanto, Murillo continúa ejerciendo el control mediante la represión y la vigilancia, con advertencias de todo tipo dirigidas especialmente a quienes están en mejores condiciones económicas, que son quienes más tienen que perder.
Ella maneja una forma de represión invisible: la intimidación, las detenciones y las purgas. Antes de junio, al menos una figura de la élite dictatorial saldrá a la luz bajo alguna detención e investigación por corrupción, generando un pequeño sismo porque es un operador de confianza estratégica. La intimidación y detención prevalecen sobre profesionales y apoyadas por denuncias de funcionarios públicos buscando favores. Las restricciones a las entradas y salidas del país continúan, aunque en menor medida, y algunas entradas de retorno van acompañadas de ‘advertencias’ o ‘recordatorios’ para quienes viajan. La extorsión está extendiéndose entre fichas de alto nivel cuya acción puede responder a urgencias personales para huir del sistema.
También continúa presente el ‘eslabón perdido’: la oposición cívica que fue neutralizada, pero no destruida. Cinco años más tarde, el andamiaje que criminalizó a muchos líderes y los mandó al exilio sigue activo. Hay al menos cinco consorcios políticos organizados que mantienen un esfuerzo por ejercer presión. Concertación Democrática Monteverde (CxL, Unamos, UNAB); La Mesa Nicaragua Somos Todos: Alianza Universitaria Nicaragüense AUN; Ruta por el Cambio; y la Gran Confederación Opositora (Movimiento Campesino). Los grupos son frágiles, poco conectados de la realidad interna del país, bastante fragmentados entre sí, con mucha desconfianza, ataques y desunión sobre una ideología del pasado, y una obsesión por mantener un liderazgo en el exilio, pero con redes muy débiles en Nicaragua. Pero ahí están.
En resumen, una economía es frágil, un círculo de poder preocupado, un poder hegemónico dispuesto a todo y una oposición presente.
Murillo cree que su vulnerabilidad es temporal y mitigable porque la presión externa será moderada, aguantable, como para no asumir compromisos, y que no espera cambios al interior que la ‘tambaleen’. Su conclusión es que, mientras se mantenga el silencio este año y en el 2027 proponga un proceso electoral bajo su control, a lo Maduro (“podrá haber elecciones, pero las gano yo”), la presión internacional no aumentará y la continuidad del régimen seguirá su curso.
Su expectativa podrá chocar con situaciones inesperadas e imponderables, tales como que Estados Unidos pueda decidir actuar después de junio, junto con lo que ocurra con Cuba, y dirigir la presión para forzar un proceso de reformas que golpee el statu quo, e incluso acuda a llamar a un actor disidente (no necesariamente en el exilio) como arquitecto de una transición. Tanto el Ejército como Murillo subestiman lo frecuentemente errático y mercurial que es Donald Trump.
También subestiman que el día en que la gente vea luz verde, saldrá a la calle y les perderán el miedo.
La movilización política puede crear la oportunidad de un cambio que comience este año y al que Murillo tenga que contemplar y hasta ceder. Esa oportunidad depende de cuatro pasos a considerar. Primero, que los nicaragüenses y aliados del cambio tengan claridad sobre por qué se hace esto. Segundo, que el grupo cívico asuma el riesgo de transformarse en oposición. Tercero, repensar cómo reconstruir una alianza internacional como la que existió en la lucha por liberar a los presos, y cuarto, forjar una relación transnacional con la diáspora y sus familias creando un vínculo comunicacional.
Aunque pareciera obvio, aún falta tener claro qué quiere transformarse en Nicaragua. Unos piensan en un cambio radical con la eliminación del sandinismo y su clan familiar, y otros en hacer justicia en primer orden. La realidad es que no hay respuestas, pero el punto de partida es el consenso en la eliminación del andamiaje policial, de modo que el equilibrio de poder gire en torno a una ruta democrática.
Esto está atado al segundo punto relacionado con que los grupos pasen de presentarse como un lobby político internacional, a una maquinaria de movilización política. El cambio no es cosmético; más bien, requiere de madurez política para trabajar en tres frentes y ganar legitimidad como verdadero movimiento opositor ante los nicaragüenses. Más que conformar una unidad, los grupos necesitan demostrar a su base que han identificado y construido su red de actores internos que apoyan la resistencia política; movilizar internamente una protesta cívica sutil que profundice la actual desmoralización dictatorial, muestre que la situación económica es un problema político y montar una comunicación con fichas disidentes dentro de la estructura del círculo de poder para que consideren que existen alternativas.
Tercero, la coyuntura permite reconstruir la alianza internacional con países europeos y latinoamericanos, el Vaticano y organizaciones internacionales. Muchos creen que todo está en manos de Estados Unidos, que la suerte está echada y que solo hay que esperar a que ‘nos llamen’. Pero no es así, y la presencia internacional acelerará la legitimación opositora y las reformas necesarias de la dictadura, y Estados Unidos para el caso de Nicaragua no está en contra de contar con algunos aliados.
Finalmente, el vínculo con la diáspora nicaragüense es fundamental porque les abre un frente de presión transnacional por parte de quienes salieron, así como de las familias transnacionales, que pueden ser acorazadas frente a la represión y resistir.
Algunos creen que Trump es lo que Cuba, Irán y Venezuela tienen en común y por eso hay que seguir haciendo lobby. Sin embargo, hay tres variables más: una contracción económica (crítica para Cuba), una autocracia cuestionada por la opinión pública y por protestas sociales. Estos detonantes dependieron de la movilización política y, en Nicaragua, el apalancamiento de estas variables está al alcance de la oposición y podrá girar el timón afuera del guindo, aprovechando la oportunidad de resistir en estos frentes.
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Politólogo nicaragüense. Director del programa de Migración, Remesas y Desarrollo de Diálogo Interamericano. Tiene una maestría en Administración Pública y Estudios Latinoamericanos, y es licenciado en Relaciones Internacionales. También, es miembro principal del Centro para el Desarrollo Internacional de la Universidad de Harvard, presidente de Centroamérica y el Caribe en el Instituto del Servicio Exterior de EE. UU. e investigador principal del Instituto para el Estudio de la Migración Internacional en la Universidad de Georgetown.
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