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Fenómeno del “superniño” amenaza al agro nicaragüense

En 2026 habrá menos lluvias por El Niño. Aunque para final de año se prevé sequía extrema por el “superniño”, según expertos e instituciones climáticas

Un ciudadano camina y carga un saco por un campo seco

Un ciudadano camina y carga un saco por un campo seco en la zona de Boaco, centro de Nicaragua, afectada por una sequía en 2016. | Foto: Archivo

Iván Olivares

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El sector agropecuario de Nicaragua, el que sostiene las exportaciones y garantiza la mayor parte de la seguridad alimentaria del país, se enfrenta a un horizonte de incertidumbre climática. Datos de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA, por sus siglas en inglés), y de la Universidad de Colorado, indican que hay muchas posibilidades de que en 2026 el sector se vea afectado por el fenómeno de El Niño. Si se cumple, como mínimo, este año habrá menos lluvias.

Sin embargo, ese no es el mayor riesgo. Los modelos de previsión climática indican que hay “mucha probabilidad” de que El Niño se transforme en un “superniño” hacia finales de 2026. Si esto ocurre, será lógico esperar que el Corredor Seco sufra una sequía extrema que ni siquiera se vería atenuada por la llegada de la temporada de huracanes.

Aunque por ahora esto es solo una posibilidad, los productores en el campo nicaragüense ya viven las primeras señales de alarma. En especial, al confirmar un incremento de, al menos, un 25% en el costo de insumos clave como la urea.

La caída de las lluvias en mayo marcaba el banderazo de salida para la siembra de primera, pero eso comenzó a cambiar desde hace algunos años. Julián, un ingeniero agrícola que pidió mantener su identidad en el anonimato, explicó que 2026 se perfila como un año de lluvias erráticas. Él pronostica que “las precipitaciones estarán significativamente por debajo de la norma histórica de los últimos 30 años”, que registra el Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales (INETER).

“No quiere decir que vaya a haber una sequía prolongada, pero sí que las lluvias van a ser muy irregulares. Los gráficos de la NOAA prevén que El Niño comience su proceso entre mayo y julio, llegando a una intensidad del 85% o 90% al cierre del año”, explica Julián. Aunque es solo un pronóstico —con bastante posibilidad de materializarse— el experto advierte que la gestión del suelo y de las aguas determinará quién logra sortear la crisis en el campo nicaragüense.

El efecto de El Niño llegará incluso más allá, según la Universidad Estatal de Colorado, que es el referente mundial en materia de proyección de cada temporada de huracanes. Su pronóstico es que en 2026 solo habrá 13 tormentas con nombre, cuando el promedio es de 14.4. 

Calculan que habrá seis huracanes (el promedio es 7.2), y solo dos huracanes categorías 3, 4 o 5, cuando el promedio es 3.2 por año. Ese resultado se explica porque “El Niño será el factor dominante para la próxima temporada de huracanes”, indicó la entidad.

Siembras susceptibles al “estrés hídrico”

En las zonas cafetaleras de Matagalpa y Jinotega, la preocupación no es solo la falta de agua, sino también las altas temperaturas. Algunos días, el termómetro llegó hasta los 34 grados en zonas altas como Peñas Blancas, que son históricamente frescas, lo que está alterando el ciclo del cultivo. 

Elvin Barrera, técnico agrícola, señala que el déficit hídrico ya es palpable. “Normalmente, para esta fecha ya habían caído entre 800 y 1000 milímetros de agua en años buenos. Ahorita no han caído ni 100 milímetros en algunas zonas. Si la planta recibe demasiado sol y no tiene agua, la floración no cuaja, se quema”, advierte.

Si deja de llover, se detiene la maduración del café. “Eso es un problema, porque si no madura no se puede cortar. Y si se corta, es un café que no tiene la misma calidad”, señala Fernando, un cafetalero que pidió dar su nombre verdadero.

El más reciente Boletín de Seguimiento al Fenómeno El Niño, elaborado por la Dirección General de Meteorología de INETER, destaca un “cambio en los patrones del fenómeno de El Niño, y la transición de fase a condiciones neutras durante este mes”. 

Al detallar los resultados de los modelos de predicción, señalan que se prevé “la continuidad de condiciones neutras durante el mes de mayo, y un cambio de fase a El Niño” entre junio y julio de 2026, con una probabilidad del 88%.

El riesgo para el café, principal producto de exportación agrícola, es doble. Por un lado, la baja humedad y las altas temperaturas favorecen la propagación de la broca, una plaga que perfora el grano y reduce drásticamente su valor.

Fernando explica otra consecuencia de que no haya suficiente lluvia en el momento correcto. “El grano se queda sin miel, y al pasar por la despulpadora, la máquina lo quiebra en lugar de pelarlo, y eso destruye la calidad del café”.

En el caso de granos básicos como el frijol, explica el riesgo de que la falta de lluvias en la cosecha de apante, “que es la más fuerte en producción de frijoles”, disminuya de forma importante la cantidad del grano a cosechar.

El encarecimiento de los insumos: un golpe del 25%

A la crisis climática en ciernes, se suma la presión inflacionaria sobre los agroquímicos. Julián, que trabaja en el occidente del país, refiere que, antes de la guerra con Irán, un quintal de urea costaba 1340 córdobas, mientras que ahora ronda los 2150 córdobas.

Barrera, que estos días atiende fincas en el sur del país, dijo que algunos productores a los que asesora preguntaron el precio de los fertilizantes para empezar a hacer las aplicaciones en mayo y junio. La respuesta que recibieron de sus proveedores de siempre, los dejó sin aliento: el precio del agroquímico que antes costaba 1800 córdobas, ahora oscila entre 2300 y 2500 córdobas.

Mientras tanto, Fernando reporta un sobreprecio de casi 25%. “No tanto en fertilizantes foliares o en fungicidas”, aclara, sino en la fórmula específica de fertilizantes que él usa. 

Explica que el precio promedio era de 40 dólares por quintal (alrededor de 1465 córdobas), pero “ahora me lo ofrecieron en un poco más de 49 dólares”. Eso es, unos 1795 córdobas, que representa un incremento promedio del 25% desde finales de febrero de 2026.

“El que no tenga dinero para pagar ese sobreprecio tendrá que reducir las aplicaciones”, dice Julián. Esto genera un círculo vicioso: plantas menos nutridas son más vulnerables al estrés hídrico y a las plagas, lo que se traduce en rendimientos por debajo del 75% de lo proyectado.

Barrera explica que, aunque algunos productores acceden a descuentos como premio a su fidelidad por parte de las casas comerciales, en el fondo eso no servirá de mucho para disminuir los costos de producción. Los resultados solo se conocerán cuando se conozcan los rendimientos de los distintos cultivos, y los precios que estén marcando en ese momento los mercados internacionales de cada commodity.

Ganadería: el riesgo de confiarse demasiado

El impacto de un posible “superniño” no se limita a los granos. La actividad ganadera también corre peligro. Mientras los productores de las zonas menos bendecidas por el clima suelen prepararse almacenando forraje y pasto de corte que guarda en silos, los ganaderos de zonas más húmedas como Nueva Guinea, Río Blanco, y Bocana de Paiwas, están bajo mayor riesgo por falta de previsión.

“El ganadero del trópico húmedo no se prepara con pasto de corte porque siempre le ha llovido”, advierte Fernando. La memoria del sector recuerda la mortalidad de ganado ocurrida hace tres años, cuando un verano extraordinario secó los pastos de manera inmisericorde. Si el fenómeno de El Niño se intensifica, la falta de comida en estas zonas montañosas podría provocar una nueva crisis de mortandad bovina.

Según el Boletín Agrometeorológico No. 140, elaborado por varias instituciones gubernamentales, en mayo “se espera que los acumulados de lluvia tengan un comportamiento normal” en las regiones norte, central, Costa Caribe Norte y la zona occidental del Pacífico.

El documento advierte que “es probable que en algunos sectores del país se registren lluvias repentinas con altos acumulados de lluvia producto del calentamiento local”.

Recomendaciones básicas para disminuir los riesgos

Tanto expertos como productores coinciden en que el cambio climático ha cambiado muchas cosas. Una de ellas son las tradicionales pintas y repintas, que usaban los productores para predecir el invierno basándose en el comportamiento del clima en los primeros días de enero.

“Los meteorólogos están alertando sobre la lluvia falsa” dice Julián. Repite la recomendación general de que no se apresuren a sembrar cuando caigan las lluvias de finales de abril, porque “ese no es el establecimiento del invierno”. En vez de eso, se prevé que la estación lluviosa se instalará después del 20 de mayo. 

El experto recordó que se teme que la canícula se junte con el ‘Veranillo de San Juan’, generando un período de varios días en que tampoco habrá lluvias.

Ante este escenario, Julián recomienda administrar los riesgos, y ser más cuidadoso con la tierra. Algunas sugerencias básicas pasan por elegir variedades de semillas que sean resistentes a la sequía, y elegir bien la fecha de siembra. También, conservar los rastrojos para mantener la humedad del suelo y evitar el pelado de las tierras, que magnifica los efectos negativos de la radiación solar.

Adicionalmente, recordó la importancia de cosechar agua, establecer cercas vivas, y reforestar áreas para evitar que el suelo pierda rápidamente la humedad. Reforestar tanto como sea posible. El manejo de todas estas variables determinará los rendimientos a alcanzar, y cuánta de su capacidad de alimentar a la población aún conserva el país.

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Iván Olivares

Iván Olivares

Periodista nicaragüense, exiliado en Costa Rica. Durante más de veinte años se ha desempeñado en CONFIDENCIAL como periodista de Economía. Antes trabajó en el semanario La Crónica, el diario La Prensa y El Nuevo Diario. Además, ha publicado en el Diario de Hoy, de El Salvador. Ha ganado en dos ocasiones el Premio a la Excelencia en Periodismo Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, en Nicaragua.

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