Una mirada desde la Costa Caribe en CONFIDENCIAL
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La respuesta a una necesidad. Las mismas exigencias 30 años después siguen demandando más y mejor periodismo
Vista de la serie especial sobre los negocios de la Alcaldía de Managua con las viviendas Bismarck Martínez, publicada en CONFIDENCIAL en octubre de 2024. // Mockup: CONFIDENCIAL
Ignoro cuáles fueron las consideraciones que llevaron a crear CONFIDENCIAL hace 30 años, pero el hecho de decidirse por este nombre ya anunciaba intenciones. No solo se trataba de un gancho de mercadotecnia. En un país como Nicaragua y en 1996, anunciar que la publicación llevaría por membrete CONFIDENCIAL, sin ningún artículo delante, era una invitación a enterarse de lo que es no público cuando abrieras sus páginas, pero también un compromiso con los lectores y con el rigor, que la información que encontraría en sus páginas no eran rumores ni —dicho en riguroso nica— “cuechos”. A 30 años de distancia se puede afirmar que ambos propósitos se han cumplido; que si CONFIDENCIAL se ha mantenido contra boicots y dictaduras es porque nació como respuesta a una necesidad, y aunque la necesidad de quebrar el secretismo sigue siendo un reto permanente, CONFIDENCIAL ha hecho camino al andar.
En 1996 era difícil abrir un espacio alternativo entre el sandinismo reaccionario y el liberalismo ultra conservador, entre Ortega y Alemán, dos caudillos que aparentemente se situaban en los polos opuestos de la política, pero que, como se vio más tarde, estaban hermanados por la opacidad: uno como arma de poder personal y el otro como manto de la corrupción.
Por los antecedentes de su director-fundador hubiera sido fácil que CONFIDENCIAL se escorara hacia el polo orteguista; que desde posiciones progresistas se criticara la cooptación del FSLN a manos de Ortega, pero se mantuviera el cordón umbilical con el engendro caudillista. Al menos una parte la derecha así lo leyó: que CONFIDENCIAL era el enfant terrible del sandinismo, pero que al fin de cuentas eran la misma cosa. Para el FSLN se trataba solo de un ruido molesto que terminaría apagándose poco a poco como otros tantos. Siempre había sido así en la historia política del país: detrás de cada medio de comunicación tenía que haber la mano pachona de un grupo político/empresarial para que sobreviviera.
Pocos daban cien pesos por la nueva iniciativa si no estaba claramente apadrinada por algunos de los grupos de poder del país. Sin embargo, el alumbramiento de CONFIDENCIAL coincidió con lo que se conoce como la primavera de la sociedad civil, un cambio estructural que marcó la transición a la democracia. Este florecimiento de la sociedad civil también trajo consigo la aparición de valores e ideas como la transparencia, la rendición de cuentas y la participación de los ciudadanos en la vigilancia de las autoridades, entre muchas otras.
Esto quiere decir que en una parte de la sociedad nicaragüense estaba arraigando la demanda de un tipo de fiscalización del poder público que no tomara bandos en la pugna entre los partidos. Por coincidencia o no, esta demanda aumentó el ambiente de necesidad al que debió de responder CONFIDENCIAL, y aunque no se puede hablar de que hubiese una alianza explícita entre la publicación y la reivindicación, entre periodismo y sociedad civil, en la práctica fueron entrando en una relación de mutuo beneficio.
A ello contribuyó de manera decisiva el ejercicio del periodismo de investigación del cual CONFIDENCIAL hizo su bandera, contribuyendo a la construcción de nuevo espacio público que tomara distancia del otro periodismo que los bandos pro Ortega y pro Alemán tenían secuestrado con elogios al caudillo propio y ataques contra el ajeno.
En este ámbito, CONFIDENCIAL se convirtió muy pronto en lo que inglés se conoce como un agenda setter, un fijador o determinante de la agenda pública, aportando otras versiones de lo que en realidad estaba ocurriendo debajo de la superficie que los poderes institucionales y fácticos se empeñaban en mantener debajo de la alfombra. Por esta y otras razones, nunca fue un medio que gozara de las simpatías de los jerarcas.
Pero no sólo se enfocó en la fiscalización del poder. También se comprometió muy pronto con arrojar luz hacia la nueva arquitectura que se inauguró en 1990, concretamente hacia el municipio. Pocos —por no decir ninguno— medios de comunicación supieron hacerle un espacio en sus líneas editoriales a este nuevo nivel de la administración pública que, al recuperar la autonomía en sus tres dimensiones (administrativa, financiera y sobre todo política) se fue convirtiendo en un nuevo ámbito de ejercicio del poder donde ocurrían cosas que afectaban directamente la vida de los ciudadanos. Si se revisa la hemeroteca se podrá comprobar fácilmente que todo lo anterior no son argumentos retóricos; en absoluto: CONFIDENCIAL ha sido desde su creación un aliado de la causa municipalista.
Por último, en este balance de 30 años se merece al menos un párrafo para este espacio en que escribo, las columnas de opinión de las que nos hemos beneficiado tantas personas, nicas y no nicas que hemos querido hacer oír (y leer) nuestros puntos de vista sin otro condicionamiento que no fuesen las malditas 1000-1200 palabras. Ignoro cuántas personas habrán pasado por este lugar, pero a buen seguro cada una ha encontrado acogida a sus opiniones desde la más amplia diversidad. Es cierto que las distintas formas de represión a la libertad de expresión de la dictadura han hecho disminuir el número de firmas nicas, pero esta merma ha tenido el efecto de abrir más las páginas a plumas internacionales de mucha calidad y amplio reconocimiento.
Habrá quienes al leer esta columna opinen diferente y afirmen que CONFIDENCIAL fue producto de la oportunidad, de condiciones que se alinearon a mediados de los 90 para abrir una ventana a otro tipo de periodismo. Si así fuese, si CONFIDENCIAL hubiese sido fruto de la oportunidad y no de la necesidad, hubiese sido coyuntural. Es decir, una llamarada de tusa o flor de un día. Pero a la luz de estos 30 años, la apuesta de los fundadores de CONFIDENCIAL fue más estratégica; buscaban responder a una necesidad que las vueltas de la historia había creado en la última década del siglo XX, después del terremoto de la revolución sandinista.
No, CONFIDENCIAL no fue fruto de la oportunidad ni de la casualidad. Tampoco hizo de la necesidad virtud, como quien se encuentra en “la sin remedio”. Fue una respuesta arriesgada que pudo salir mal frente a una necesidad imperativa que superaba al proyecto en recursos y fuerza política. En otras palabras, las mismas exigencias 30 años después siguen demandando más y mejor periodismo.
Este es el reto que enfrenta en su tercera década de andadura que también entraña el peligro cierto de morir de éxito si no fuese capaz de estar a la altura de los nuevos desafíos en un mundo revuelto, sin referentes ni instituciones internacionales universales, en un maremágnum en el que la lucha por la recuperación de la libertad y la democracia de Nicaragua podría terminar diluyéndose.
En su trigésimo aniversario, en tiempos de la post verdad, de la inteligencia artificial y de las redes del odio, la necesidad que dio luz a CONFIDENCIAL lejos de mitigarse se ha incrementado. Solo su capacidad de continuar reinventándose podrá garantizar que siga navegando muchos años más. Volviendo a Machado, “al andar se hace el camino, y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar”.
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Politólogo y sociólogo nicaragüense, viviendo en España. Es municipalista e investigador en temas relacionados con participación ciudadana y sociedad civil.
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