La clave de CONFIDENCIAL es su credibilidad
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Los 30 años de CONFIDENCIAL: el poder autoritario puede confiscar propiedades, pero no puede confiscar la conciencia, ni el periodismo
Estudio de 'Esta Semana' destruido por la Policía durante el allanamiento ilegal a CONFIDENCIAL, el 13 de diciembre de 2018. Al día siguiente la Policía regresó a tomarse las instalaciones. // Foto: Archivo | CONFIDENCIAL
Cumplir treinta años de existencia es un logro descomunal para cualquier medio de comunicación en América Latina. Pero alcanzar las tres décadas en el contexto de Nicaragua no es solo un mérito periodístico; es, fundamentalmente, un milagro de resistencia ética y profesional. CONFIDENCIAL, bajo la dirección rigurosa de Carlos Fernando Chamorro, celebra su 30 aniversario. Lo hace con sus oficinas físicas confiscadas, con sus equipos robados por la dictadura y con la totalidad de su redacción dispersa por el mundo. Sin embargo, lo hace también con la frente en alto, con la credibilidad intacta y demostrando que una redacción no son solo cuatro paredes; es, ante todo, la integridad y el compromiso inquebrantable de quienes ejercen este oficio.
Desde su fundación en 1996, CONFIDENCIAL entendió que su compromiso no era con el poder de turno, sino con la ciudadanía. En una región históricamente inclinada a los silencios cómplices y a los aplausos pagados, este medio se erigió como un referente de fiscalización pública.
Bajo el liderazgo de Carlos Fernando Chamorro, referente indiscutible del periodismo nicaragüense, el semanario, ahora un periódico digital, supo combinar la profundidad del reportaje de investigación con el análisis político de alto nivel. No se han limitado a analizar la superficie de los hechos; han dejado al descubierto las estructuras de la corrupción, han desnudado los abusos de poder y anticiparon, con lucidez y valentía, el desmantelamiento democrático que hoy sufre el país.
Uno de los mayores valores de CONFIDENCIAL, y que merece ser rescatado en este aniversario, es que ha sabido defender la libertad de pensamiento incluso en su propio seno. No ha sido un medio de dogmas ni de verdades absolutas. En sus páginas y en sus espacios de debate como Esta Semana y Esta Noche, han confluido las voces más diversas de la sociedad nicaragüense: desde intelectuales y líderes comunitarios hasta disidentes políticos de todo el espectro ideológico.
CONFIDENCIAL entendió que para exigir democracia afuera, se debe practicar el pluralismo adentro. Ese respeto por el disenso y por la inteligencia del lector es lo que convirtió al medio en una escuela de ciudadanía democrática. Este pluralismo interno ha sido también una vacuna contra el sectarismo y la autocensura, males endémicos que han corroído a tantos medios en nuestra región.
Este espacio de información y debate plural no habría sido posible sin el factor humano. Detrás de cada exclusiva, análisis de datos y cobertura de riesgo, se encuentra un equipo de periodistas —hombres y mujeres— de una valentía excepcional. No tengo duda de que trabajar en CONFIDENCIAL ha implicado, para muchos, un costo personal altísimo: persecución judicial, acoso político a sus familias, desarraigo forzado, exilio y amenazas constantes a su integridad física. A estas personas les expreso mi más profunda admiración.
La dictadura pensó que con el asalto armado a las oficinas de CONFIDENCIAL y la posterior confiscación ilegal de sus bienes materiales en diciembre de 2018 (y su repetición en 2021) lograba la defunción del medio. El régimen Ortega-Murillo calculó mal. Pensaron como lo que son: dictadores anquilosados del siglo pasado, creyendo que apagando las luces de un edificio apagarían la verdad.
Lo que hemos presenciado desde entonces es una de las páginas más aleccionadoras del periodismo contemporáneo global. Obligados a cruzar fronteras por veredas, cargando apenas con sus computadoras y sus teléfonos celulares, Carlos Fernando y su equipo reorganizó la redacción en el exilio. Desde Costa Rica, Estados Unidos, España y otros rincones del mundo, no dejaron de publicar un solo día.
El exilio, lejos de amordazarlos, expandió su alcance. Hoy, CONFIDENCIAL no solo es el espejo donde Nicaragua se mira para no olvidar quién es, sino también una ventana a través de la cual el mundo entero es testigo de la crisis de derechos humanos que vive el país. Desde el exilio, han logrado llevar la realidad nicaragüense a foros internacionales, parlamentos extranjeros y espacios de toma de decisiones globales.
A Carlos Fernando Chamorro, amigo admirado, referente de lucidez y honestidad, con quien he tenido el privilegio de compartir reflexiones y luchas a lo largo de los años, y a cada uno de los y las periodistas que mantienen viva esta llama: gracias. Gracias por recordarnos que el periodismo independiente es el oxígeno de la libertad. Su persistencia nos demuestra que el poder autoritario puede confiscar propiedades, pero no puede confiscar la conciencia, ni el talento, ni la decencia.
Celebrar estos 30 años es también una oportunidad para que la comunidad internacional, las organizaciones de derechos humanos y los ciudadanos de a pie renovemos nuestro apoyo militante y financiero a este proyecto.
El periodismo de investigación de alta calidad es costoso, y sostenerlo desde el exilio es una tarea titánica que requiere solidaridad concreta, no solo aplausos. Esto implica suscripciones, donaciones, becas para periodistas exiliados y cualquier otro mecanismo que permita a CONFIDENCIAL seguir siendo la luz en medio de la oscuridad.
Desde Costa Rica les envío mi abrazo fraterno, mi respeto y admiración. Felicitaciones a CONFIDENCIAL por su aniversario y también porque ganó la batalla más importante: la de la verdad contra la mentira institucionalizada. La dictadura pasará, las tiranías siempre caen, pero la historia escrita por las plumas libres de CONFIDENCIAL quedará grabada como el testimonio de un pueblo que se negó a ser silenciado.
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Catedrático e investigador costarricense. Licenciado en Ciencias Políticas de la Universidad de Costa Rica (UCR). Estudió un doctorado en Geografía de la Universidad de Loughborough, Inglaterra. Coordinador de la Cátedra Centroamérica en la UCR.
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