El expediente del futuro
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Una mirada oportuna y franca para pensar Nicaragua como una sociedad democrática, inclusiva, y unida en su diversidad
Las consecuencias de la invasión de colonos en los territorios indígenas del Caribe Norte en el reportaje “Corrupción y muerte en territorio miskito”, publicado en junio de 2016. // Mockup: CONFIDENCIAL
“Sin libertad de prensa, no hay libertad de conciencia.
Sin libertad de prensa, no hay libertad de pensamiento.
Sin libertad de prensa, está disminuido incluso el derecho a la vida.
Sin libertad de prensa, no hay libertad.”
Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, Guatemala, 1975
No he podido localizar el registro de mi primera columna en las páginas de CONFIDENCIAL. Pero lo que sí recuerdo es la calidez de las palabras de su director, Carlos Fernando Chamorro, al invitarme a escribir en sus páginas. Pudo haber sido a mediados de 1998, al terminar una clase de periodismo en URACCAN que coordinaba Ileana Lacayo, aquella tarde en Loma Bonita, desde donde la Bahía de Bluefields se aprecia a plenitud y enternece por su belleza. “Una mirada desde la Costa sería importante para los lectores de CONFIDENCIAL” dijo persuasivo Carlos Fernando. Ileana asintió con la expresión de sus ojos verdes intensos, y así empezó un compromiso que ha durado tres décadas.
En la última parte de los noventa se estaba gestando el pacto entre el FSLN y el PLC; en particular, ambos partidos confabulaban para aprobar una ley electoral excluyente, eliminando contendientes políticos y allanando el terreno para repartirse el pastel de las instituciones del Estado durante los años siguientes. En la Costa Caribe, los Consejos Regionales Autónomos empezaban a ser eclipsados por el enconado bipartidismo y el oportunismo de sus operadores políticos locales. El Estatuto de Autonomía seguía sin reglamentarse —a pesar de haber sido aprobado una década atrás— y empezaba a relanzarse un modelo extractivista en las regiones del Caribe. En medio de todo esto, la corrupción y el narcotráfico encontraban un ambiente ideal, favorecido por el ethos de esa época: una democracia bajo asedio, una autonomía sin dientes, y partidos políticos nacionales dominantes que querían eliminar o digerir toda fuerza política por pequeña que fuese. La sociedad costeña empezaba a desencantarse de la cacareada autonomía, votando menos en las elecciones regionales e interesándose menos aún en la vida política de las instituciones autónomas.
O sea, había mucho para decir y relatar desde la Costa Caribe, con una mirada crítica y desde una perspectiva autonómica y democrática.
Desde entonces he encontrado en CONFIDENCIAL esa ventana desde donde he podido llevarle el pulso a los temas costeños, inquirir los abusos del Estado, relatar las violaciones a la autonomía, y documentar la manera en que las organizaciones civiles y políticas costeñas —y sus universidades— han enfrentado la embestida autoritaria y antidemocrática de las últimas dos décadas. Desde CONFIDENCIAL se ha enriquecido el discurso público respecto de la autonomía y a ese ejercicio editorial me he sumado con convicción.
No suelo personalizar mi comentario crítico, es decir, nombrar a los agentes individuales del despojo a la autonomía, a la democracia, y a la vida civil costeña. Mi énfasis ha sido relatar las dinámicas colectivas costeñas, una mirada no-elitista del quehacer político. CONFIDENCIAL ha sido sensible a esta perspectiva.
Quizá la única excepción fue el artículo “La Costa del comandante Campbell” en 2015, por el cual recibí tanto mensajes de aprobación como amenazas. El caso de Campbell es distinto. Se trata de una persona pública, cercana al cada vez más pequeño círculo político del Orteguismo, y quizá el costeño Creole más influyente dentro de la administración política estatal respecto a la Costa Caribe en los últimos treinta años. Sus decisiones, o su indiferencia ante importantes temas costeños o nacionales, son indudablemente cuestiones de interés público. Más aún, en una sociedad cuyo giro autoritario ha subvertido las normas cívicas, nos concierne a los ciudadanos que anhelamos el regreso a una sociedad democrática mantener ese escrutinio.
Mi contribución más reciente a las páginas de CONFIDENCIAL fue para denunciar la muerte de Brooklyn Rivera bajo custodia del Estado. Desde una perspectiva histórica, lo entiendo como otra tragedia, la última oportunidad perdida —de las tantas que han definido nuestra historia nacional— para que Nicaragua y la Costa Caribe se encuentren en pie de igualdad, sin violencia y bajo un marco de relaciones democráticas. Y escribo consciente de ese compromiso: usar mis privilegios para escribir sobre y desde una perspectiva costeña, honrando la memoria de quienes han enarbolado la dignidad de la Costa Caribe y de aquellos que, aunque quisieran, no pueden escribir por temor a represalias.
CONFIDENCIAL se ha mantenido fiel al compromiso de cuestionar el poder autoritario, denunciar el giro dictatorial del FSLN, y hacerlo desde una perspectiva nacional, democrática, de valores éticos y humanistas. Esa labor no ha sido fácil: les ha hecho objetivo de persecución, confiscación, destierro, y amenazas personales a su director y equipo. En la Costa, los temas importantes —tierras colectivas, autonomía, violencia del Estado contra defensores de la tierra, periodistas y activistas— continúan determinando la cotidianidad de las comunidades. CONFIDENCIAL ha seguido fiel a ese compromiso, manteniendo abiertas sus páginas a los temas costeños y ofreciendo una mirada oportuna y franca para pensar Nicaragua como una sociedad democrática, inclusiva, y unida en su diversidad.
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Miguel González (PhD, Universidad de York) es profesor asistente en el programa de Estudios de Desarrollo Internacional en la Universidad de York. Su investigación examina el autogobierno indígena y los regímenes autónomos territoriales en América Latina.
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