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Las lecciones de Venezuela para Nicaragua: “Se necesita un liderazgo con legitimidad”

Félix Maradiaga: “No podemos colocar toda la esperanza en soluciones que vengan de afuera, tenemos que organizar una fuerza interna de resistencia”

Félix Maradiaga, // Foto: Archivo | Confidencial

Carlos F. Chamorro

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El politólogo Félix Maradiaga considera que la lección más importante del impacto mundial que ha tenido el premio Nobel de la Paz otorgado a María Corina Machado es “la construcción de un liderazgo legítimo, reconocido con una participación masiva de los venezolanos, que ha persuadido a la comunidad internacional a tomar riesgos políticos, para apoyar la transición a la democracia en Venezuela”.

El coordinador del partido liberal Ruta por el Cambio, destacó que la líder opositora María Corina Machado y el presidente electo de Venezuela, Edmundo González, están convocando al apoyo de los gobiernos europeos y de Estados Unidos para una transición democrática en Venezuela, pero al mismo tiempo admitió que el gobierno de Donald Trump actúa en un entorno de “incertidumbre, que puede ser una ventaja estratégica, pero también una gran decepción.”

“No podemos colocar toda la esperanza en que el cambio y las soluciones vengan de afuera”, dijo Maradiaga, en referencia a la oposición nicaragüense, “porque la administración de Estados Unidos, como cualquier otra fuerza geopolítica importante, va a actuar en función de sus propios intereses, los de Estados Unidos. Nuestra parte es organizarnos, presentar una estrategia (de resistencia) y trabajar juntos, que es lo que hemos estado haciendo de manera muy intensa”.

En una entrevista en Esta Semana, que se transmite en el canal de YouTube de CONFIDENCIAL, debido a la censura televisiva en Nicaragua, Maradiaga, el exprecandidato presidencial y expreso político, analizó las estrategias de “unidad en la acción” de la oposición nicaragüense, mientras la sucesión dinástica de Rosario Murillo genera una erosión de su legitimidad entre la estructura partidaria del Frente Sandinista. 

El Premio Nobel de la Paz a María Corina Machado ha tenido una gran resonancia internacional y en particular para el pueblo venezolano. ¿Qué impacto tiene en Cuba y en Nicaragua? ¿Qué significa para la oposición democrática nicaragüense?

Es un cambio de modelo geopolítico, de cómo Europa y Estados Unidos ven los procesos de transición. María Corina Machado había tenido muchos anticuerpos del establishment político nórdico que insistió en una negociación con Maduro, María Corina no fue parte de muchos de los esfuerzos de negociación, de hecho, los cuestionó fuertemente, tanto el de Barbados como el proceso de Noruega. Este premio reconoce que la ruta que antes era considerada la más disruptiva, la más radical, es la que tiene más respaldo político. Y el mensaje para países como Cuba, Venezuela y Nicaragua es aprender de las lecciones de Venezuela. 

En el caso de Venezuela, la existencia de un liderazgo legítimo, reconocido con una participación masiva de los venezolanos, es un elemento que del que deberíamos aprender aquellos que estamos haciendo estos esfuerzos en Nicaragua y Cuba, sin legitimidad, sin unidad, sin coordinación, es muy difícil persuadir a la comunidad internacional de que tome riesgos políticos para provocar una transición hacia la democracia.

Algunos sectores, incluso en Noruega, críticos del otorgamiento de este premio Nobel, señalan que es contradictorio que se invoque la paz en Venezuela, cuando Estados Unidos está amenazando a la dictadura de Nicolás Maduro con la guerra.

Efectivamente, y se vio en lo político, tradicionalmente el Instituto Nobel establece una marcha (en Oslo) que se organiza con las instituciones locales, pero no se dio, la tuvieron que organizar los mismos venezolanos con la diáspora. Hubo, incluso, desaires a María Corina de parte de algunas instituciones tradicionales, molestas de que el premio ha sido otorgado a una persona que se ha definido como capitalista, que ha hablado de libre mercado, y que ha mostrado una simetría a la posición del presidente Trump. Sin embargo, el respaldo no solo de la sociedad civil, de los venezolanos, y del ecosistema democrático global hacia María Corina, claramente indica que ella tiene una fuerte legitimidad en la propuesta de cambio que junto al presidente (electo) Edmundo González han propuesto.

Félix Maradiaga con el presidente electo de Venezuela, Edmundo González. //Foto: Tomada de redes sociales.

¿Cuál es el siguiente paso de la oposición venezolana para hacer valer los resultados de las elecciones del 28 de julio del año pasado, cuando Edmundo González ganó de manera abrumadora esta elección y Nicolás Maduro se robó después las elecciones?

El presidente (electo) Edmundo González Urrutia y su equipo nos hizo una exposición muy detallada de los próximos pasos que tienen que ver con el establecimiento, no de un gobierno en el exilio, pero una infraestructura de trabajo político a un nivel mayor con las autoridades europeas, que son las que muestran más resistencia. María Corina salió de Oslo para iniciar un recorrido por Europa para tratar de persuadir a los gobiernos europeos de que hay que apoyar la alternativa de cambio, y la declaratoria del régimen de Nicolás Maduro como un régimen criminal y no tratarlo como una autocracia tradicional.

¿Qué lecciones le deja este proceso a la oposición democrática nicaragüense?

Las oposiciones alrededor del mundo, una vez que han sido forzadas al exilio, que se les han robado las elecciones, tienden a fraccionarse. Pero lo que Venezuela ha mostrado concretamente con María Corina Machado, que fue muy crítica de los modelos de unidad a través de la negociación a puerta cerrada, la unidad asamblearia de la sopa de letras, es la unidad nacida de la participación ciudadana, que sea la ciudadanía la que determine cuáles son sus liderazgos. 

En Nicaragua las primarias que se iban a dar fueron frustradas, la oposición nicaragüense llegó a un acuerdo en febrero del 2021, cuando los principales precandidatos firmamos un acuerdo de no ir jamás separados en dos casillas y posteriormente el régimen frustró ese proceso. Pero la realidad es que ninguno de aquellos que tenemos un liderazgo más público, tenemos la legitimidad necesaria. ¿Quién nos ha electo, quien nos ha escogido? ¿Qué peso político tenemos? Y ese problema hay que resolverlo, con un modelo de consulta hay que determinar quién propone qué, no hacer esto desde la perspectiva de las simpatías individuales o personales, sino los distintos proyectos de país, y conocer también los pesos de representación que cada quien. Pero los procesos de negociación a puerta cerrada no le dan confianza a la gente y no le dan confianza a la comunidad internacional para avalar ningún mecanismo de transición democrática, si no viene de un liderazgo que tenga suficiente fuerza y legitimidad. Eso hay que resolverlo.

En Nicaragua no hay en este momento ninguna coyuntura preelectoral, y en esta celebración en Oslo, has estado participando vos como coordinador de esta red internacional liberal, y del partido Ruta por el Cambio y Juan Sebastián Chamorro, que es coordinador de otro partido liberal CxL en el exilio. ¿Hay una competencia de liderazgo político, como critican algunos sectores?

Absolutamente, no, el rol y el papel de Juan Sebastián (Chamorro) acá en Oslo fue sumamente valioso. En un evento de esta magnitud, no es posible que una sola voz pueda cubrir todas las distintas reuniones paralelas. Se vio a dos nicaragüenses trabajando con el mismo mensaje, creo que nos coordinamos muy bien. 

Es totalmente normal que haya representaciones de distintas organizaciones. Aquí a Oslo, vino gente de Venezuela de distintas organizaciones, todos convocados por el liderazgo de María Corina (Machado) a una celebración alrededor del pueblo venezolano, pero venían representando a sus propias organizaciones, Antonio Ledezma, David Smolansky, Leopoldo López, Voluntad Popular, Vente Venezuela. Es normal que se vea a Juan Sebastián Chamorro representando a Ciudadanos por la Libertad o a mi caso representando a la Red Liberal de América Latina. Son esfuerzos complementarios, no una competencia y mucho menos una rivalidad, veo una coordinación.

Pero, las distintas plataformas opositoras que existen en Nicaragua en el exilio y con algunas redes de apoyo en Nicaragua, ¿tienen una estrategia, ya sea por separado o una estrategia conjunta de acción para enfrentar el Estado policial en Nicaragua?

La unidad debe ser en la acción. Hay que reconocer con humildad que se intentaron procesos como la Unidad Nacional Azul y Blanco, se intentó Monteverde, se intentó la Coalición Nacional, hay que pasar a una etapa en que las organizaciones puedan fortalecerse a lo interno, porque para poder tener unidad tenes primero que tener fortaleza interna.

Nosotros tenemos una estrategia de resistencia descentralizada usando tecnología de punta, encriptada, utilizando mecanismos de protección digital para organizar a las pocas personas que están ejerciendo una labor de resistencia silenciosa, porque no queremos exponer a nadie, no estamos en una etapa de resistencia masiva, sino de trabajo de cuadros, y sé que otras organizaciones están haciendo algo similar. La unidad debe ser en la acción, sería criminal ir a elecciones en las condiciones actuales, pero ante la situación geopolítica actual es importante acelerar el paso.

Mientras tanto, este año 2025, que está a punto de terminar en Nicaragua, se ha consolidado la sucesión dinástica del poder de Rosario Murillo y se ha desatado una purga más intensa en distintos sectores del propio régimen, que genera mucho malestar, pero se percibe un vacío de acción política de parte de la oposición.

El régimen no tiene legitimidad ni siquiera dentro de su propia estructura partidaria, hay una batalla entre la facción de Rosario Murillo y el sandinismo histórico, y por esa razón es muy importante que cualquier acción de la oposición invite a los servidores públicos, a los que en algún momento votaron por el sandinismo, de que la oposición que está dispuesta a darle una escalera a la enfermera, al conductor de ambulancia, al ciudadano que votó por el Frente (Sandinista) pero que nunca se manchó las manos de sangre. 

Por esa razón, las propuestas más efectivas son aquellas que logran generar una esperanza de alternativa, un contrapoder, y hay organizaciones que tienen esa visión. El mensaje, que yo escuché en Oslo, por ejemplo, de Juan Sebastián (Chamorro) en muchas reuniones, fue el mismo que estamos dando nosotros desde Ruta del Cambio, y creo que hay otras organizaciones que tienen esa visión clara. Hay que dar una esperanza de que hay una salida y que esa salida es posible.

La ganadora del Premio Nobel de la Paz, María Corina Machado (centro), acompañada por el jefe del Comité Nobel, Jorgen Watne Frydnes (dcha.) y el director del Instituto Nobel noruego, Kristian Berg Harpviken (izq.), en una conferencia de prensa en Noruega. //Foto: Efe

Volviendo al Premio Nobel a María Corina Machado, y a la crisis de Venezuela, que pareciera estar al borde de la guerra, ¿qué salida se prevé en Venezuela?

Yo no me atrevería a hacer ninguna especulación. Tuvimos aquí una reunión con la delegación de Cuba presidida por Rosa María Payá, con don Edmundo González, para presentar un plan conjunto ante varios escenarios. Hay algunas cosas que no puedo comentar públicamente, por razones obvias, pero sí puedo decir abiertamente que hay mucha incertidumbre. 

El estilo de la administración actual en Estados Unidos es actuar con la incertidumbre, que puede ser una ventaja estratégica, pero que también podría ser una gran decepción. No podemos colocar toda la esperanza en que las soluciones vengan de afuera porque la administración actual, como cualquier otra fuerza geopolítica importante, va a actuar en función de sus propios intereses, los intereses de Estados Unidos. No podemos confiar que el cambio va a venir exclusivamente de afuera, nuestra parte es organizarnos, presentar una estrategia y trabajar juntos, que es lo que hemos estado haciendo de manera muy intensa.

Pero hasta hoy la oposición nicaragüense pareciera que está enfocada exclusivamente en el cabildeo internacional, y apostando fundamentalmente a la incidencia de gobiernos como el de Estados Unidos en la crisis.

Estoy en respetuoso desacuerdo. Yo no puedo hablar por los otros colegas que hacen un trabajo admirable. En el caso del grupo que he coordinado, los cinco pilares de nuestra estrategia son: la parte internacional, el cordón umbilical con la resistencia interna, las sanciones internacionales, los derechos humanos y la creación de la alternativa de poder. Y de esos cinco puntos, el cordón umbilical es el trabajo con las células internas silenciosas. 

Mucha gente dice: “es una irresponsabilidad hablar de que en Nicaragua hay resistencia interna” y más bien las personas que están haciendo esa resistencia silenciosa nos lo han pedido a gritos: “dejen de decir que en Nicaragua no hay resistencia, porque por supuesto que la hay”. 

Nos hemos concentrado bastante en eso, es la atención mayor, pero por razones de seguridad, de protección, no podemos hablar de esa preparación. Hay una preparación para que, en la primera ventana de oportunidad, esas redes que no son solo nuestras, hay otras organizaciones que lo hacen con otros mecanismos, puedan estar preparadas. 

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Carlos F. Chamorro

Carlos F. Chamorro

Periodista nicaragüense, exiliado en Costa Rica. Fundador y director de Confidencial y Esta Semana. Miembro del Consejo Rector de la Fundación Gabo. Ha sido Knight Fellow en la Universidad de Stanford (1997-1998) y profesor visitante en la Maestría de Periodismo de la Universidad de Berkeley, California (1998-1999). En mayo 2009, obtuvo el Premio a la Libertad de Expresión en Iberoamérica, de Casa América Cataluña (España). En octubre de 2010 recibió el Premio Maria Moors Cabot de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia en Nueva York. En 2021 obtuvo el Premio Ortega y Gasset por su trayectoria periodística.

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