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“El general Avilés y el Ejército representan el principal soporte de la dictadura”

Dora M. Téllez: “Con el tapón en la cúpula, se acumula una bomba interna”; Douglas Castro: “el Ejército sería el árbitro de una sucesión autoritaria”

Fotoarte con las imágenes del coronel general Bayardo Rodríguez, jefe del Estado Mayor (izq.), el general Julio César Avilés, jefe del Ejército (c), y el coronel general Marvin Corrales, inspector general. // Fotoarte: CONFIDENCIAL

Carlos F. Chamorro

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¿Quién es la figura principal entre los 25 operadores del poder de la “copresidenta” Rosario Murillo, que manejan los cuatro pilares de la dictadura —represión política, control del Estado-partido, economía y corrupción, ¿censura y propaganda oficial— en Nicaragua?

En una conversación en el programa Esta Semana que se transmite en el canal de YouTube de CONFIDENCIAL, debido a la censura televisiva en Nicaragua, la historiadora Dora María Téllez y el politólogo Douglas Castro, coincidieron en señalar el papel prominente del general Julio César Avilés, jefe del Ejército de Nicaragua desde 2010, y cabeza del “tapón” de una veintena de generales que bloquean los ascensos de la carrera militar en la institución.

“Cada vez que en un ejército existe un tapón a los ascensos, lo que hay es una bomba de tiempo que se está acumulando. Hay oficiales de carrera militar que sienten que no tienen ningún futuro dentro del Ejército, porque lo han convertido en un instrumento al servicio de la familia Ortega Murillo y ya no es un ejército profesional, es una guardia pretoriana”, señala Dora María Téllez, ex guerrillera sandinista, exrea de conciencia y activista política.

Por su parte, Douglas Castro, economista y politólogo, estudiante de doctorado en la Universidad de Oxford en Gran Bretaña, considera que ante un cambio como el ocurrido en Venezuela, “en el balance de poder, el Ejército es el actor decisivo y (el general) Avilés es el que terminaría arbitrando una sucesión autoritaria. Es un personaje gris, sin ningún tipo de talento, que no ejerce ningún liderazgo, no tiene ese talante, pero la institución sí, cuando yo veo a Avilés, hablo de la institución Ejército de Nicaragua”.

Téllez y Castro también coincidieron en que el general —que fue juramentado el 21 de febrero de 2025 para un cuarto período al frente del Ejército hasta 2031— tampoco está consolidado en el cargo. “En la medida en que el Ejército se compromete con la represión, se va desprestigiando. Un ejército que no te sirve para defender la soberanía, porque no has tenido ataques a esa soberanía en los últimos 40 años y es usado para la represión, es prescindible. Y eso lo saben los oficiales militares de alta graduación y los de menor graduación. Avilés es un tapón absoluto, pero además es prescindible, el día que Rosario Murillo no lo necesite y va a ser pronto, Avilés va a salir de circulación porque la tendencia de Rosario Murillo es sustituir lo viejo por los absolutamente incondicionales a ella”, afirma Téllez.

Castro destaca que “una de las características de estos regímenes autoritarios, es que siempre tratan de fragmentar el poder armado y en Nicaragua no ha sucedido eso. Ese el siguiente paso, tarde o temprano, si Rosario Murillo quiere mantenerse en el poder, va a tener que aplicar en el Ejército, la misma política que hizo en la Policía” advierte.

El cambio en los operadores del poder, entre 2016 y 2026, ha sido el resultado de una purga ejecutada por Rosario Murillo, que en realidad empezó desde 2007 con la caída de Dionisio Marenco, pero después cayó Lenín Cerna, y luego el general Hallesleven, el general Humberto Ortega, Horacio Rocha, los magistrados de la Corte Suprema de Justicia, Álvaro Baltodano, Néstor Moncada Lau, Bayardo Arce y muchos más. Se consolidaron Fidel Moreno, Laureano Ortega, Gustavo Porras, y el general Avilés, y subieron Ovidio Reyes, Luis Cañas, y Wendy Morales, entre otros. ¿Cómo se explica que Rosario Murillo haya podido ejecutar esta purga en el FSLN y en el Estado con total impunidad?

Dora María Téllez: Rosario Murillo ha representado el poder de Daniel Ortega durante mucho tiempo, ha actuado en nombre de Daniel Ortega, detentaba el poder total, hasta que se estableció plenamente esta copresidencia. Ella ha actuado como administradora total del aparato de Gobierno, del aparato político, y ahora del Ejército, el Ministerio del Interior, la Policía.

Ella ejecutó todo eso como brazo de Daniel Ortega y a Daniel Ortega, francamente, no le importaba porque entendía que, la correlación que Rosario Murillo estaba creando dentro del Frente Sandinista y en el Gobierno, le favorecía a él también, que las personas que ella removía y a los que ascendía le eran igualmente leales a él. Pero el proyecto de Rosario Murillo siempre ha sido quedarse sola en el poder, y está cada vez más cerca de estar totalmente sola, ahora que tiene aislado a Daniel Ortega. Pero ella ha contado con la firma de Ortega para ejecutar todo, eso es lo que le ha dado ese poder a Rosario Murillo.

El papel de Ortega en la purga de Murillo

Pero muchos de los que han caído pensaba que eran intocables, y posiblemente algunos de ellos pensaron siempre que tenían algún respaldo de Ortega. ¿Esta purga ha tenido alguna consecuencia, hay alguna resistencia?

Dora María Téllez: Señal de resistencia interna dentro del Frente Sandinista no veo, porque el Frente nunca dejó de ser un partido de vocación autoritaria para aceptar el ejercicio autoritario de poder por parte de Daniel Ortega. En el momento que Daniel Ortega colocó a Rosario Murillo al frente de todo el trabajo del Frente Sandinista, toda esa gente estaba dispuesta a obedecer las órdenes de Rosario Murillo. Siempre ha sido un partido vertical y centralizado y Rosario Murillo se aprovechó de esa circunstancia.

Daniel Ortega solía tener un espacio de maniobra, Rosario purgaba amigos de Ortega, y Ortega les daba un papel, los nombraba asesores presidenciales, los llevaba a conversar directamente con él, les facilitaba algunos negocios. Pero ese margen de maniobra que tenía Ortega en relación a las decisiones de Murillo también lo ha ido perdiendo. De manera que, actualmente, si cae en desgracia uno de los amigos de Daniel Ortega, está liquidado. Ortega no tiene capacidad de administrar espacios para contentarlo y para tenerlo ahí más o menos funcionando.

Ortega siempre arbitró entre las corrientes dentro del Frente Sandinista y después apareció esta corriente encabezada por Murillo, que se fue tragando a las otras, y Rosario seguía avanzando en su ambición de copar absolutamente todo.

En este entramado de poder, ¿tiene Daniel Ortega alguna cuota de poder real? La semana pasada Daniel Ortega reapareció después de 33 días de ausencia en un acto público para repetir el mismo discurso que ha dicho en los últimos diez años. Y sin embargo, algunos analistas están pendientes del impacto que provocaría su desaparición física en esta cadena de mando.

Douglas Castro: En esta dictadura, Daniel Ortega utilizó como brazo a Rosario Murillo, luego fue una dictadura claramente bicéfala, y hoy algunas personas piensan que es la dictadura de Rosario Murillo utilizando a Daniel Ortega como una especie de tótem, como fuente de su poder simbólico para ejercer poder real.

Eso puede ser también una estrategia de Ortega para limpiarse las manos. Siempre a lo interno de la militancia se dice —“esto no lo sabe el comandante, es un problema de la compañera, para tratar de lavarle la cara a Daniel Ortega y que Daniel Ortega no sea visto como ‘el malo de la película’”. Creo que no es así, todo esto es acordado entre ellos, pero claramente hay una especie de sumisión de Ortega a los designios de Rosario Murillo y Ortega está pasando a un segundo plano.

Sobre el tema de la desaparición de Ortega, en Venezuela tenemos un claro ejemplo, se acaba el dictador, y la dictadura puede seguir en pie, y aquí hay una sucesión clara de Rosario Murillo y un plan para que ese poder lo suceda Laureano (Ortega). No hay que hacer cuentas alegres, de que (sin) Ortega, la dictadura se va a caer. va a ser un momento de inestabilidad, de incertidumbre que puede dar al traste con la dictadura, pero no hay que dar eso por sentado. Porque, efectivamente, Ortega es el gran cohesionador de todo el sandinismo de todo ese aparato represivo, pero sin Ortega muchas personas podrían animarse a tratar de maniobrar a lo interno político del partido. Y ahí vamos a ver los actores que realmente tienen cierta autonomía o que tienen poder propio. ¿Qué pasaría con el Ejército?, ¿Qué pasaría con los hijos?

Rosario Murillo, después de lo que pasó con Maduro, está al tanto de que las traiciones están a la orden del día, por eso es que hacen las purgas. Las purgas son naturales en los regímenes represivos porque se imponen por la fuerza. Si no, miremos las purgas de Stalin, (Arnaldo) Ochoa en Cuba, en Venezuela Delcy Rodríguez no estaría ahí si ella no hubiera participado en la purga de Tarek al Aissami, y antes no hubiera participado en la purga de Isaías Baduel, y de Rodríguez Torres. Estas personas saben de que ellos solo pueden estar en el poder si quitan a los adversarios de en medio. Pero eso no va a acabar nunca con la amenaza de que pueda surgir una alternativa de poder dentro del régimen autoritario.

Los operadores de los pilares de la dictadura

Una de las conclusiones de esta investigación es que Fidel Moreno y Gustavo Porras son los principales operadores políticos de Rosario Murillo. Laureano Ortega es la figura predominante dentro del núcleo familiar y el general Julio César Avilés es el operador que ejerce más poder político, militar y económico después de Rosario Murillo. ¿Cuál es tu valoración sobre estas cinco figuras?

Douglas Castro: La más importante sigue siendo Avilés. Como siempre se dice en Nicaragua el poder está en las cañahuecas, Mao decía que la última instancia del poder está en la boca de los fusiles, esta dictadura se sostiene por ese poder armado. Si bien es cierto lo económico, los negocios son sumamente importantes, el principal motor de esta gente es que ellos roban para estar en el poder, no necesariamente están en el poder solo para robar. Y Avilés tiene tiene el Ejército, es la figura más importante.

Laureano, poco a poco, se ha ido abriendo camino, es innegable que ya es visto por casi todos ellos como el sucesor. No sé qué van a pensar los militares, qué va a pensar el “sandinismo histórico” de él, y las otras figuras que son bastante endebles. Aunque viendo lo de Venezuela, uno nunca se imaginaría de que actores tan relevantes como Diosdado Cabello y el mismo (general Vladimiro) Padrino López estén subsumidos debajo de los Rodríguez (Delcy y Jorge).

En Nicaragua puede surgir algún actor, que no sabemos, en un cambio intradictadura qué puede suceder, pero no podemos estar apostando solo al tema de intradictadura, sino al cambio real pro transición democrática. Pero, en ese balance de poder, el Ejército es el actor decisivo y Avilés es el que terminaría arbitrando la sucesión autoritaria. Es un personaje gris, sin ningún tipo de talento, que no ejerce ningún liderazgo, no tiene ese talante, pero la institución sí, cuando yo veo a Avilés, hablo de la institución Ejército de Nicaragua.

Y esa institución es administrada de manera centralizada por Avilés, a través del Alto Mando y los 24 generales que representan un tapón en la institución, que no permiten el ascenso de los coroneles en el Ejército. En cambio, la Policía ha estado intervenida políticamente desde siempre y tiene tres jefes Francisco Díaz, Victoriano Ruiz y Zhukov Serrano. ¿Este control que ejerce Avilés a través de los 25 generales representa estabilidad para la institución militar?

Dora María Téllez: En absoluto, porque cada vez que en un ejército existe un tapón a los ascensos, lo que hay es una bomba que se está acumulando. Hay oficiales de carrera militar que sienten que no tienen ningún futuro dentro del Ejército, porque el Ejército lo han convertido en un instrumento al servicio de la familia Ortega Murillo y ya no es un Ejército profesional, es una guardia pretoriana. Y porque existe ese gran tapón que no se mueve de generales, que están usurpando cargos, volviéndose ancianos en esos cargos, jugando papel cero, desde la perspectiva de la institucionalidad del Ejército, y que están impidiendo que los oficiales militares de carrera puedan ascender como les corresponde según el escalafón militar.

En un ejército cuando trabas el ascenso en grados estás acumulando una bomba interna. El impulso natural de un capitán es ser ascendido a mayor, y el de un mayor es ser ascendido a teniente coronel, y además ir elevando su posicionamiento en los cargos dentro del ejército. Avilés es un tapón absoluto, pero además es un tapón prescindible, el día que Rosario Murillo no lo necesite y va a ser pronto, Avilés va a salir de circulación porque la tendencia de Rosario Murillo es sustituir lo viejo por los absolutamente incondicionales a ella.

Douglas Castro: Quiero destacar el tema de la fragmentación de la Policía y no del Ejército. Eso es raro que en Nicaragua no lo hayan hecho, porque una de las características de estos regímenes es que siempre tratan de fragmentar el poder armado y en Nicaragua no ha sucedido eso. Ese el siguiente paso, tarde o temprano, si Rosario Murillo quiere mantenerse en el poder, va a tener que aplicar en el Ejército, la misma política que hizo en la Policía.

En el área económica se ha consolidado Ovidio Reyes, el presidente del Banco Central, como una especie de superministro, sobre todo después de la caída de Iván Acosta en Hacienda y cada vez es mayor la incidencia y el control que tiene Reyes, no solo sobre el Banco Central, sino también sobre las finanzas públicas. Es el interlocutor con el Fondo Monetario, y tiene una enorme incidencia en otras áreas. Ahí está también Laureano Ortega en el gabinete económico, y el ministro de Infraestructura, el general en Retiro, Óscar Mojica, y “Chico” López, que no es ministro, tiene que ver en el manejo de la “corrupción oficial” y la “corrupción no autorizada”. Este modelo de control económico que ha logrado incluso reconocimiento y la complacencia del Fondo Monetario Internacional, se apoya en una política de extorsión del sector privado, y sin embargo, la gente dice —en Nicaragua la economía funciona, no está colapsando como en Cuba o en Venezuela.

Dora María Téllez: Los Ortega Murillo han priorizado una política económica de estabilidad macroeconómica, por eso es que la inestabilidad institucional que provoca Murillo en todas las instituciones públicas no ha alcanzado el Banco Central o la dirección de los asuntos económicos. Tal vez el movimiento más importante ha sido el de meter a Laureano (Ortega) de manera progresiva en el manejo de los temas económicos sin que lo haga directamente, sino a título de supervisor. Pero eso le garantiza a ellos mantener buenas notas en el Fondo Monetario Internacional y que la economía no entre en desequilibrios, pues cualquier factor de inestabilidad económica también se convierte en un factor de inestabilidad política.

Al Fondo Monetario Internacional le encanta una dictadura que maneja centralizadamente la economía, porque la dictadura tiende a ejecutar como le da su gana las recomendaciones económicas que ellos hacen. El Ministerio de Hacienda sí ha tenido inestabilidad, tuvo mucho tiempo a (Iván) Acosta, pero después ya ha habido cambios, y, finalmente, ni les importa quién está de ministro, lo importante es que hay un secretario general que firme las decisiones que toma Ovidio Reyes, que ahora es el superministro económico, que también maneja la UAF, la Unidad de Análisis Financiero y la Superintendencia de Bancos.

Ovidio Reyes es juez y parte en materia del sistema financiero nacional, eso ha sido muy útil para ellos, pero también es muy peligroso, porque no hay ninguna contrapartida en materia de política económica, y no vamos a decir, pues, que Rosario Murillo y Daniel Ortega son “ilustres” en política económica, entonces tiene sus riesgos ese modelo.

Ovidio Reyes

El sostenimiento económico de la dictadura

¿Es sostenible este esquema en un contexto en el que tiende a producirse una reducción del flujo de remesas, por una parte, y por la otra, más aranceles de parte de Estados Unidos, y un aislamiento externo que no lo logran compensar los préstamos onerosos de China y las supuestas inversiones chinas en infraestructura?

Douglas Castro: Lo que hay que destacar de su “éxito económico” es el tema de la migración y de las remesas, en Nicaragua aproximadamente el 30% del PIB son remesas, es el país más dependiente de remesas en todo el hemisferio occidental, cuando Nicaragua nunca estuvo en ese escalafón. Siempre hablábamos de El Salvador, de Guatemala, de México, y Nicaragua ahora está liderando ese ranking. La gran política económica de esta dictadura ha sido exportar a los nicaragüenses no solo por el desastre político que ha significado entablar una dictadura cruel en el país, pero también por las pocas oportunidades, y la característica de nuestra economía en que hay un 80% de informalidad, personas que tienen trabajos bastante precarios.

Sin embargo, la dictadura puede mostrar buenas cuentas macroeconómicas, dicen de que va a haber crecimiento del 5%, lo cual está avalado por el Fondo Monetario, por la CEPAL, que va a haber menos del 3% de inflación. Ovidio Reyes tiene casi 40 años de estar en el Banco Central, estudió en Penssylvania la escuela que más domina el Fondo Monetario Internacional, los grandes economistas en jefe son de esa escuela. Él también estudió en Chile, su formación es lo que antes era el “caballo negro” para el sandinismo, para la izquierda latinoamericana, una especie de evolución de Chicago Boy,  un economista ortodoxo que aplica a rajatabla todo el manual del Fondo Monetario Internacional y por eso que la economía de Nicaragua es bastante estable.

Además, también se quemaron con leche en los años 80, no van a tratar de implementar ningún tipo de otra política, pero siempre se compara a nivel económico su desempeño con una Nicaragua hipotética. Cuando Ortega llega al poder, se creía que iba a crear un desastre económico, como no generó un desastre económico, entonces (dicen que) “tuvo un éxito”, ese es el baremo con el que se mide la economía nicaragüense. Pero si somos realistas, lo que destaca en Nicaragua es el estancamiento, no hay progreso, no hay desarrollo, y no va a haber, no va a dejar de haber migración y remesas.

Eso también hace muy vulnerable al país, porque casi el 30% de la economía nacional depende de remesas. Eso está colgado de la brocha de una decisión de Trump de deportar a todos los migrantes en Estados Unidos nicaragüenses, de clavarle más impuestos a las remesas, ya ni digamos el tema de las tarifas. (Ortega y Murillo) se han puesto también a buscar alternativas a Estados Unidos, que sigue siendo nuestro (principal) socio comercial, pero no se puede sacar a Nicaragua del hemisferio occidental. Estamos en este continente, no nos pueden llevar al sudeste asiático, la apuesta de Ortega de buscar alternativas de Estados Unidos no es viable, por eso que ellos, tarde o temprano, si siguen manteniendo la dictadura, van a tener que rendir su rey y buscar un acercamiento a Estados Unidos.

Estos anillos del poder que estamos describiendo en realidad no son corrientes, son más bien correas de transmisión de una cadena de mando, entre los cuales incluso existen rivalidades y competidores como Fidel Moreno y Gustavo Porras, o los tres jefes policiales. Y los únicos que parecieran tener alguna suerte de identidad como grupo son los hijos de la pareja presidencial, que comparten el mismo destino, expectativas y penurias, y por el otro lado, los altos militares del Ejército que están en esa burbuja institucional. ¿Estos dos grupos pueden tener alguna suerte de autonomía para influir en el funcionamiento del poder?

Dora María Téllez: La familia evidentemente tiene una influencia, en cómo se ejerce el poder político no, pero en ciertas decisiones. Aunque Rosario Murillo no es muy afín a andar escuchando, ni siquiera a sus hijos, uno puede ver eso fácilmente en la manera en como trata a los hijos en público y a la propia Camila (Ortega). Pero indudablemente que los hijos tienen un peso político específico elevado.

La tradición histórica en Nicaragua ha sido que los militares se subordinan al poder político, los militares nunca han jugado un papel dominante en la política nicaragüense, han sido los civiles los que han convertido a las instituciones militares en apéndices del poder civil. Así fue con la dictadura de los Somoza y así fue durante la época del sandinismo, y así es actualmente. El régimen político dominante, subordina a los militares. No veo a los militares jugando un papel de agencia política, los veo incómodos porque la institución ha dejado de tener el papel que le corresponde, porque la fuerza institucional se ha perdido, porque una transición democrática, si el Ejército no muestra un expediente serio, va a salir afectado.

Hay oficiales militares que están preocupados por el futuro institucional del Ejército de Nicaragua, en la medida en que ese Ejército esté siendo obligado a comprometerse con la represión, en esa medida se va desprestigiando. En un análisis frío ¿para qué necesita Nicaragua un Ejército? para defender la soberanía. Magnífico. Pero un ejército que ya no te sirve para defender la soberanía, porque no has tenido ataques a esa soberanía en los últimos 40 años y es usado para la represión, es simplemente prescindible. Y eso lo saben los oficiales militares de alta graduación y los de menor graduación. Ellos se dan cuenta de que el Ejército peligra por las circunstancias a las que está siendo llevado por los Ortega Murillo. Pero no los veo a ellos como institución haciendo un papel de actores políticos, o haciendo discernimiento sobre quién va a ocupar el poder o quién no. Es más, ni siquiera es deseable.

Serie Especial Los Anillos del Poder de Rosario Murillo

Esta entrevista es parte de la serie especial de CONFIDENCIAL: Los Anillos del Poder de Rosario Murillo, que describe el nuevo mapa de la cadena de mando que administra los cuatro pilares del poder: la represión política; el control del Estado-partido; el manejo de la economía y la corrupción; y la censura y la propaganda oficial.

Lee aquí: Los nuevos anillos del poder: Rosario Murillo al mando de todo

Lee también: Los operadores políticos de la dictadura y sus cuatro pilares de poder.

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Carlos F. Chamorro

Carlos F. Chamorro

Periodista nicaragüense, exiliado en Costa Rica. Fundador y director de Confidencial y Esta Semana. Miembro del Consejo Rector de la Fundación Gabo. Ha sido Knight Fellow en la Universidad de Stanford (1997-1998) y profesor visitante en la Maestría de Periodismo de la Universidad de Berkeley, California (1998-1999). En mayo 2009, obtuvo el Premio a la Libertad de Expresión en Iberoamérica, de Casa América Cataluña (España). En octubre de 2010 recibió el Premio Maria Moors Cabot de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia en Nueva York. En 2021 obtuvo el Premio Ortega y Gasset por su trayectoria periodística.

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