Logo de Confidencial Digital

PUBLICIDAD 4D

PUBLICIDAD 5D

Groenlandia para ti, Ucrania para mí

Algunos gestos en los últimos días vuelven a colocar a Trump y a Putin en dos líneas simultáneas de tensión con la Unión Europea

El presidente de EE. UU., Donald Trump, publicó en su red social Truth una imagen creada con Inteligencia Artificial (IA) en la que aparece junto a su secretario de Estado, Marco Rubio, y su vicepresidente J.D. Vance, plantando una bandera estadounidense junto a un cartel que dice “Groenlandia, territorio de Estados Unidos”, el martes 20 de enero de 2026. Foto: EFE/Red social Truth

Rafael Rojas

AA
Share

En una conversación imaginaria entre Donald Trump y Vladímir Putin podría registrarse un arreglo por el cual cada imperio incorpora territorios, sin respaldo de las comunidades que los habitan y en detrimento de otras potencias que, históricamente, los han dominado o ejercido influencia sobre ellos. Faltaría que ambos, Trump y Putin, mostraran simpatía por la anexión de Taiwán por China para que las tres superpotencias cerraran el círculo de la nueva geopolítica global.

Así presentado puede sonar a caricatura, pero algunos gestos en los últimos días vuelven a colocar a Trump y a Putin en dos líneas simultáneas de tensión con la Unión Europea. La OTAN, el Parlamento Europeo, Gran Bretaña, Alemania, Francia, Italia, España y los países escandinavos se han puesto del lado de Groenlandia y Dinamarca. Incluso países de Europa del Este, como Polonia, con una fuerte relación con Washington desde el fin de la URSS, se alinean con los europeos en este tema.

Europa del Este, que, a principios del siglo XXI, en el contexto de las guerras en Irak y Afganistán, fue definida por George W. Bush como la “nueva Europa”, para distinguirla de la Europa occidental, que invocaba el derecho internacional para evitar una nueva guerra en el Medio Oriente, ahora se muestra reticente a Washington. Y esa reticencia está relacionada, por supuesto, con la oposición europea a la invasión de Ucrania por Rusia desde 2022.

Con su proyecto de anexión de Groenlandia, Trump está llevando al extremo la nueva tendencia antiatlantista y antieuropea de la Casa Blanca. Algo de esa tendencia se había percibido en su desprecio por Volodimir Zelenski, sus coqueteos con Vladímir Putin y sus ambivalencias frente a la soberanía de Ucrania. Pero ahora ese impulso se desata frente a una Europa más unida en su defensa del Ártico.

Vladímir Putin y su canciller Sergei Lavrov, tan activo en épocas recientes en Venezuela, Cuba y Nicaragua, guardaron silencio por más de una semana, luego de la intervención de Estados Unidos en Venezuela. También han mantenido un perfil sospechosamente bajo ante las crecientes amenazas de anexión de Groenlandia, aunque Lavrov ha reconocido recientemente que “Trump está favoreciendo la fragmentación” y “destruyendo el sistema internacional que Estados Unidos ayudó a construir”.

Y tiene razón el canciller ruso. Trump converge con Putin en una agenda desarticuladora del orden internacional liberal de la posGuerra Fría. Durante muchos años, ambos líderes, Putin y Trump, mostraron su malestar con las reglas del juego establecidas después de la caída del Muro de Berlín. Los dos reaccionan contra ese pasado inmediato por la misma razón: fue entonces, según ellos, que Rusia y Estados Unidos dejaron de ser grandes potencias.

Hace unos días, Vladímir Soloviov, un popular comentarista de televisión de Moscú, apologeta del liderazgo de Putin, sostuvo que no era mala idea que Estados Unidos anexara Groenlandia. Soloviov recordó la escaramuza de la isla danesa Bornholm, en 1945, cuando Stalin quiso anexarla y, de hecho, llegó a controlarla por un año. Durante toda la Guerra Fría, Dinamarca tuvo que hacer frente a su poderoso vecino soviético.

El Kremlin, oficialmente, no ha respaldado la anexión estadounidense de Groenlandia, aunque sí la independencia de Dinamarca, lo que vuelve a recordar, una vez más, un ejemplo histórico que conoce muy bien Lavrov: lo fácil que fue pasar de la República independiente de Texas al estado texano de la Unión Americana en el siglo XIX. Pero en la opinión pública putinista, en Moscú, claro que hay simpatía.

Hace unos días, Putin se burló de la defensa europea de Dinamarca y aseguró que Occidente acabaría entregando Groenlandia a Trump. Dmitri Medvédev se mofó de Emmanuel Macron y desafió a Europa a que se uniera realmente en la defensa del Ártico. Ese giro defensivo dejaría el campo libre al proyecto de una Ucrania rusa.

*Este artículo se publicó originalmente en La Razón de México.

PUBLICIDAD 3M


Tu aporte es anónimo y seguro.

Apóyanos para que podamos seguir haciendo periodismo independiente en el exilio. Tu contribución económica garantiza que todas las personas tengan acceso gratuito a nuestras publicaciones.



Rafael Rojas

Rafael Rojas

Historiador y ensayista cubano, residente en México. Es licenciado en Filosofía y doctor en Historia. Profesor e investigador del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) de la Ciudad de México y profesor visitante en las universidades de Princeton, Yale, Columbia y Austin. Es autor de más de veinte libros sobre América Latina, México y Cuba.

PUBLICIDAD 3D