Logo de Confidencial Digital

PUBLICIDAD 4D

PUBLICIDAD 5D

La CIA en La Habana

¿Puede este movimiento significar un rasgo de distensión en el conflicto? ¿Puede abrir el camino a una negociación?

John Ratcliffe, director de la CIA.

Fotografía publicada por la CIA en su cuenta de X, en la que aparece su director, John Ratcliffe, reunido con funcionarios del gobierno de Cuba.

Gerardo Arreola

AA
Share

Amanecía en Pekín, en el tercer día de la visita de Estado de Trump, cuando Cuba informaba que, horas antes, había estado en La Habana el director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), John Ratcliffe.

No es habitual que el director u otro alto funcionario de la CIA hagan públicos sus movimientos. Más raro es que no hay antecedentes conocidos de que un jefe de la agencia haya tenido una reunión formal con sus contrapartes cubanas.

Cuba reflejó el encuentro con la mayor jerarquía posible. Desde la implantación del cerco petrolero a la isla, en enero pasado, esta era la primera reunión bilateral, reconocida oficialmente de inmediato, con al menos un nombre propio. Según un informe cubano, la conversación fue aprobada por la “Dirección de la Revolución”, una elíptica referencia a Raúl Castro.

De la parte estadounidense no hubo reporte oficial. La CIA publicó en su cuenta de X, como suele, fotografías del encuentro, sin comentarios. Versiones de prensa basadas en fuentes anónimas dijeron que Ratcliffe transmitió el interés de Washington por discutir cambios en la isla, sin mayores detalles.

El fondo del asunto remite a la declaración del Ministerio de Relaciones Exteriores cubano del 1 de febrero, inmediatamente después de la Orden Ejecutiva de Trump que amenazó a quienes suministraran petróleo a la isla.

La cancillería ofreció entonces a Estados Unidos una discusión sobre seguridad (terrorismo, lavado de dinero, ciberseguridad, trata de personas o delitos financieros) y garantías para la colaboración. Con su fórmula de bilateralidad y seguridad, Cuba replicaba al intento norteamericano de discutir sólo cambios internos en la isla.

Al allanarse al terreno que quería el gobierno cubano, Trump parece dar un paso al costado. Reconoce el trato entre gobiernos y una agenda de interés común, aunque aún falta saber con precisión qué pedirá a cambio.

El comunicado cubano es optimista. Dice que el encuentro contribuye “al diálogo político”; que pudo “demostrar categóricamente que Cuba no constituye una amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos, ni existen razones legítimas para incluirla en la lista de países que, supuestamente, patrocinan el terrorismo”.

Que la isla está comprometida en “el enfrentamiento y la condena de manera inequívoca al terrorismo”; que hizo evidente que “no alberga, no apoya, no financia ni permite organizaciones terroristas o extremistas; ni existen bases militares o de inteligencia extranjera en su territorio, y nunca ha apoyado ninguna actividad hostil contra Estados Unidos ni permitirá que desde Cuba se actúe contra otra nación”.

Todo un alegato contra los argumentos torales de las dos Órdenes Ejecutivas de Trump de este año sobre la isla. Más aún, el comunicado cubano destacó “el interés de ambas partes en desarrollar la cooperación bilateral entre los órganos de aplicación y cumplimiento de la ley, en función de la seguridad de ambas naciones”. Una convergencia de propósitos que nada tiene que ver con el clima de crispación de los últimos cinco meses.

¿Puede este movimiento significar un rasgo de distensión en el conflicto? ¿Puede abrir el camino a una negociación en firme? Los hechos lo indican, pero es sabido que una cena en Mar-a-Lago o una mala noche en Washington pueden voltear las cosas al revés. ¿Es una coincidencia que este giro ocurra cuando Trump habla con los chinos? No es seguro. Pero no puede descartarse que haya estado en las conversaciones de estos días.

Si el carril del diálogo por ahora marcha, el de la realidad también avanza. El ministro de Energía y Minas de Cuba, Vicente de la O, acaba de confirmar que se agotó el crudo que llevó un barco ruso, el único que ha llegado a la isla con combustible este año. El país está sin reservas y el pronóstico de apagón ya es de dos tercios de la demanda. En los últimos días las protestas y cacerolazos se han multiplicado.

*Una versión anterior de este artículo se publicó en Reforma.

PUBLICIDAD 3M


Tu aporte es anónimo y seguro.

Apóyanos para que podamos seguir haciendo periodismo independiente en el exilio. Tu contribución económica garantiza que todas las personas tengan acceso gratuito a nuestras publicaciones.



Gerardo Arreola

Gerardo Arreola

Periodista mexicano. Autor de "Cuba. El futuro a debate". Escribe sobre México, Centroamérica, el Caribe y temas globales.

PUBLICIDAD 3D