Sobran banderas y faltan medicinas: los “nuevos” hospitales son un “teatro”
PUBLICIDAD 4D
PUBLICIDAD 5D
Estudiantes de la UCA confiscada se gradúan en universidades jesuitas de El Salvador y Guatemala, logrando su meta académica de titularse en una UCA
Exestudiantes de la cancelada UCA se graduaron, en octubre y noviembre de 2025, en universidades jesuitas de El Salvador y Guatemala. | Ilustración: CONFIDENCIAL
“Me siento feliz porque al fin estoy a punto de graduarme y obtener mi título”, dice Mariana, exalumna de la Universidad Centroamericana (UCA), que cumplió dos años desde su cierre y confiscación ordenada por la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo. A inicios de noviembre de 2025, esta joven logrará graduarse como licenciada en Psicología. Lo hará luego de cursar clases en línea en la jesuita Universidad Rafael Landívar (URL) de Guatemala.
A Mariana solo le faltaba una clase y su tesis para finalizar su carrera en la UCA, cuando fue cerrada por la dictadura el 16 de agosto de 2023.
“Después del robo de la UCA, jamás pensé que (mi graduación) se iba a dar tan pronto. En algún momento, incluso, planifiqué empezar mi carrera desde cero”, comenta.
Tras el cierre abrupto de la UCA en Nicaragua, la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” (UCA), de El Salvador, y la Universidad Rafael Landívar (URL), de Guatemala; ambas jesuitas, ofrecieron la oportunidad de continuar estudios, con la condición de cursar al menos un año. A finales de octubre de 2025, se realizaron los actos de graduación en El Salvador y en Guatemala será en los primeros días de noviembre de 2025.
Al principio la carrera de Psicología solo la ofrecieron de forma presencial. Por lo que Mariana pudo iniciar sus estudios hasta julio de 2024.
Lo más duro para ella es el tiempo perdido. “Ha sido un atraso, volver a llevar clases, incluso hacer una nueva tesis, aunque esta vez hice una revisión sistemática que es un formato totalmente distinto”, detalla.
Confiesa que muchos de sus compañeros ya tenían sus planes profesionales en 2023 cuando se graduarían. Pero insiste estar feliz por graduarse de una universidad jesuita que comparte “los mismos ideales y valores” de la UCA.
Mariana describe su proceso de continuación de estudios como “un gran reto”. De lunes a viernes trabaja en el área de Recursos Humanos de una empresa de manufactura. Los sábados recibía clases en línea de la universidad guatemalteca. “Terminaba muy cansada porque ya no tenía casi tiempo para descansar”, apunta.
Los estudios los pudo continuar gracias a una beca. “Los costos fueron mínimos”, expresa.
Aunque le gustaría especializarse en derecho laboral y seguir creciendo profesionalmente, por ahora ve difícil estudiar, al menos, en Nicaragua. “Soy el soporte de mi familia, vivo solo con mi mamá, entonces por ahora no pienso irme a estudiar una maestría”, indica Mariana.
Aunque a Mariana le gustaría ir a la ceremonia de graduación, dice que no podrá hacerlo, aunque le encantaría. “Primero porque estoy trabajando, y segundo, por el miedo a que no me dejen regresar a Nicaragua”, sostiene.
Mariana se refiere al destierro forzado con el que castiga selectivamente la dictadura Ortega-Murillo a miles de nicaragüenses. Por eso, señala que muchos de los que están estudiando en línea no asistirán por ese temor.
“La universidad nos está apoyando con realizar todos los trámites a la distancia”, insiste.
Un reportaje de CONFIDENCIAL publicado en agosto de 2024, a un año de la confiscación de la UCA reveló que datos conjuntos de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, de El Salvador, y la Universidad Rafael Landívar, de Guatemala, mostraban que, de los 5000 estudiantes que tenía la UCA al momento de su cierre, 2301 solicitaron ingreso en otras universidades jesuitas de Centroamérica, una proporción de seis de cada diez alumnos.
Al menos 600 estudiantes de Nicaragua continuaron sus carreras en las universidades de El Salvador y Guatemala.
En 2025, la UCA, fundada en Nicaragua por la Compañía de Jesús en 1960, cumpliría 65 años de labor educativa, formando a varias generaciones de profesionales.
“Arrasaron con una universidad de gran peso nacional, que promovía el pensamiento crítico, la conciencia ciudadana, y contribuyó al diálogo y a la investigación científica”, valoraba el padre José María Tojeira (q.e.p.d), vocero de la Compañía de Jesús para Nicaragua en su última entrevista con CONFIDENCIAL.
Cuando la UCA fue cerrada a Cristina se le vino el mundo al suelo. Se inscribió un semestre en la Universidad Católica de Nicaragua, pero aunque “no se sentía como en casa”, pensaba que “era la única opción que tenía” para graduarse.
Por eso cuando le llegó la información sobre la posibilidad de estudiar en una universidad jesuita se inscribió de inmediato. “Fue como volver a vivir; no lo pensé dos veces”, destaca.
Cristina empezó a estudiar en la Universidad Rafael Landívar (URL) totalmente en línea. “Admito que fue un desafío, porque estar un día completo en clases desde las siete de la mañana a las cuatro de la tarde, frente a una pantalla, con pocas interacciones entre compañeros, llegó a sentirse un poco agotador”, describe.
Algo que hacía más difícil de culminar sus estudios a distancia, era que además de extrañar las clases presenciales, era saber que muchos de su grupo de clases “con los que compartía tiempo” se habían trasladado a estudiar a El Salvador.
Para Cristina estos dos años que se atrasó para lograr su título también fueron de crecimiento personal. “Fueron pocas las materias que cursé de nuevo y sentí que me ayudaron a reforzar conocimientos que ya empezaban a olvidarse (…) siento que cada docente aportó significativamente algo nuevo”, afirma.
Dice que no viajará a Guatemala, porque tiene poco tiempo para planificar el viaje y por el temor de no poder volver. “Eso me entristece”, insiste.
Actualmente, Cristina trabaja como analista de talento humano en una empresa industrial reconocida en Nicaragua y le gustaría continuar especializándose “en programas de capacitación para el desarrollo de nuevos talentos, con el objetivo de crear una consultora en un futuro”.
Sobre la posibilidad de permanecer en Nicaragua, confiesa que está “abierta a las oportunidades”.
“Si en algún momento logro migrar a otro país, me iría, a pesar del miedo y los retos que pueda implicar”, sentencia.
“Terminar mi carrera de Mercadeo será imposible”, pensó Kevin cuando anunciaron el cierre abrupto de la UCA. Incluso valoró quedarse a estudiar en la Universidad Nacional Casimiro Sotelo Montenegro (UNCSM), bajo control del régimen sandinista y montada en las instalaciones confiscadas a la UCA.
“Para mí era una pesadilla, pero no tenía otra opción cuando anunciaron el cierre definitivo de la UCA”, recuerda.
Sin embargo, cuando surgió la posibilidad de estudiar, aunque sea a distancia, no dudó. Kevin está a punto de terminar su carrera en la jesuita URL de Guatemala.
Para este joven, originario de una comunidad rural de Nicaragua, es un logro porque le ha costado “demasiado” lograr ser un profesional. Primero, en abril de 2022 perdió su beca, cuando el régimen excluyó a la UCA del entonces Consejo Superior de Universidades (CNU). En ese momento la casa de estudios jesuita dejó de percibir la partida presupuestaria del 6% constitucional con la que entregaba cientos de becas.
“En ese momento tuve que cursar menos clases y buscar trabajo para poder pagar”, indica Kevin.
Hoy valora que todos esos obstáculos han sido un incentivo para seguir luchando por ser el primer profesional de su familia. “Estoy orgulloso de mis valores y que no lograron robarse mi sueño de ser un profesional de una universidad jesuita de prestigio”, valora.
Kevin aún no sabe qué pasará con su futuro profesional. Por ahora está trabajando en una empresa en su área, pero le gustaría seguir creciendo.
“Me encantaría irme a estudiar a una universidad en Argentina o en España, pero por ahora tengo que buscar experiencia y ahorrar dinero”, comenta.
Aunque no podrá asistir a su graduación y evitará festejar en redes su logro académico, cree que es mejor permanecer en silencio por su seguridad.
“He visto que algunos de mis excompañeros de la universidad han publicado que se graduaron de la Universidad Casimiro Sotelo, y lo festejan, pero con cierta tristeza en sus palabras. Siento que no es justo lo que nos hicieron vivir”, lamenta.
Sin embargo, Kevin guarda la esperanza de que en un futuro la UCA vuelva a funcionar y sus títulos tengan “la validación que se merecen”.
Cecilia tiene unos días de haberse graduado de la UCA de El Salvador, donde se fue a vivir cuando le ofrecieron una beca para continuar con sus estudios. Todavía se quedará un tiempo en ese país, pero quiere volver lo más pronto posible a Nicaragua.
Cuando confiscaron la UCA, a ella le faltaba menos de un año para graduarse de la carrera de Psicología.
“En el momento que nos dijeron que había la oportunidad de estudiar en una universidad jesuita me alegré, pero me dio mucho miedo cuando supe que solo la ofrecían de forma presencial”, cuenta.
Hoy, Cecilia cree que tomó la decisión correcta al irse del país. “Lo importante es que tengo mi título y pronto espero ejercer”, insiste.
Sin embargo, su principal temor ahora es que el régimen sandinista le impida retornar. “Tengo miedo de quedarme sin la posibilidad de regresar a mi país”, confiesa.
PUBLICIDAD 3M
Confidencial es un diario digital nicaragüense, de formato multimedia, fundado por Carlos F. Chamorro en junio de 1996. Inició como un semanario impreso y hoy es un medio de referencia regional con información, análisis, entrevistas, perfiles, reportajes e investigaciones sobre Nicaragua, informando desde el exilio por la persecución política de la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo.
PUBLICIDAD 3D