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Matanza de tiburones en Nicaragua

El negocio de las aletas: Nicaragua disfraza matanza de miles de tiburones como “pesca incidental”

El país exportó más de 39 600 kilos de aletas de tiburones entre 2018 y 2024, pero el Gobierno alega “pesca incidental” y culpa a la “flota artesanal”

Juan Carlos Bow

16 de marzo 2026

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“Compramos aletas de tiburón” se lee en un letrero pintado en el hastial de una vivienda, en una transitada calle de Bluefields, en el Caribe Sur de Nicaragua. Es una excepción. En los negocios pesqueros del Pacífico nicaragüense no hay letreros, pero todos saben quiénes compran las aletas de tiburones. En las costas del Pacífico y el Caribe nicaragüense, lo que oficialmente se clasifica como un “accidente de pesca” es, en realidad, un negocio millonario.

Bajo el paraguas del término “captura incidental”, Nicaragua ha exportado en los últimos años decenas de miles de kilogramos (kg) de aletas secas de tiburón hacia el mercado asiático, donde se vende a precios que superan los 400 dólares por kilo. El negocio prospera, mientras las poblaciones de tiburones, en peligro de extinción, disminuyen sin un control científico real, revela una investigación de CONFIDENCIAL, realizada con el apoyo de la Fundación del Río, una oenegé ilegalizada y confiscada por la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo, pero que opera desde el exilio.

Nicaragua exportó unos 39 668.59 kg (unas 39.66 toneladas) de aletas secas de tiburón entre 2018 y 2024, según datos de exportadores e importadores reportados a la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES), que regula el comercio internacional de especies amenazadas.

Tiburón

Hong Kong, el principal destino

El destino principal de las exportaciones es Hong Kong, en China, el centro neurálgico del comercio de aletas de tiburón en el mundo. Nicaragua exportó a esa región unos 38 961.59 kg de aletas de tiburones, seguido a gran distancia por Estados Unidos (603 kg) y México (104 kg).

El precio del kilo en los mercados varía de acuerdo con la calidad, la especie y el tamaño. Según publicaciones de medios internacionales, el kilo de aleta seca de tiburón se cotiza a:

  • Más de 1800 dólares, de calidad premium.
  • Unos 900 dólares, de calidad media.
  • Entre 400 y 700 dólares, de calidad común.

Basándose en el menor valor (400 dólares), los 38 961 kg exportados a Hong Kong generaron unos 15.5 millones de dólares.

En países asiáticos, como China, Singapur, Vietnam y Tailandia, el consumo de sopas de aleta de tiburón es un símbolo de estatus, lujo y riqueza. Su prestigio se origina en que, históricamente, era un manjar exclusivo de la realeza y emperadores chinos.

Una sola taza de sopa de alta calidad —usando aletas enteras de especies apreciadas como el tiburón martillo— puede costar entre 100 y 250 dólares. Mientras, en locales populares, un tazón —que apenas usa unos gramos de aleta— puede venderse a 40 dólares.

La aleta de tiburón está compuesta, principalmente, por cartílago, colágeno y elastina, que no poseen un alto valor nutricional. Además, como carece de sabor, en los negocios la mezclan con otras carnes.

Exportaciones de aletas de tiburón de Nicaragua de 2018 a 2024

Mil tiburones para una tonelada de aletas

Las exportaciones de aletas incrementaron súbitamente en 2021, pasando de 1179.47 kg en 2020 a 10 172.56 kg el año siguiente, y el pico de las exportaciones se registró en 2022, con 12 283.20 kg de aletas de tiburón. Según los datos de CITES, las especies más afectadas son:

  • Tiburón sedoso (Carcharhinus falciformis), con 14 621.97 kg exportados;
  • Tiburón martillo gigante (Sphyrna mokarran), con 9295.04 kg;
  • Tiburón de puntas negras o macuira (Carcharhinus limbatus), con 7346 kg.

También figuran en la lista el tiburón martillo festoneado (Sphyrna lewini) y el tiburón zorro común (Alopias vulpinus).

Para comprender la magnitud de la matanza detrás de estas cifras, el biólogo costarricense Randall Arauz Vargas ofrece un cálculo: un tiburón grande —de unos 50 kg vivo— produce aproximadamente un kilogramo de aletas secas.

“Una tonelada de aleta de tiburón martillo representa aproximadamente 1000 tiburones grandes, o entre 1500 a 2000 si son más pequeños”, explica el biólogo, galardonado en 2010 con el Premio Ambiental Goldman —llamado el “Nobel del medio ambiente”—, por sus esfuerzos en la protección de los tiburones y la prohibición de la industria del aleteo de tiburones.

Con base en el cálculo de Arauz, solo la exportación de aletas de tiburón sedoso requirió la matanza de más de 14 000 ejemplares.

De acuerdo con los datos de CITES, Nicaragua ha exportado aletas de doce especies de tiburones, que en su mayoría están en la “lista roja” de especies amenazadas, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN, por sus siglas en inglés). Cuatro están “en peligro” de extinción y cinco son consideradas “vulnerables” a desaparecer. 

Ciudadanos muestran dos aletas de tiburón en un negocio de acopio pesquero en el litoral Pacífico de Nicaragua. | Foto: Confidencial

Cifras oficiales desmienten la “incidentalidad”

“En Nicaragua no existe pesca dirigida hacia los tiburones, siendo capturados de manera incidental por la flota artesanal”, afirmó el Gobierno nicaragüense en un documento elaborado en 2023, para justificar la pesca de tiburones martillo. 

De acuerdo con el régimen, la flota artesanal opera en la zona costera —hasta 40 millas de la costa— y “sus productos son desembarcados principalmente en el puerto de San Juan del Sur y playas de Masachapa, Corinto y Jiquilillo”, en el Pacífico de Nicaragua.

“La totalidad de las aletas de los tiburones martillo capturados incidentalmente y descargados en Nicaragua se destinan a la exportación, dado que no hay evidencia de consumo interno de este producto”, aseguró el Gobierno.

“La totalidad de la carne —continuó— se destina al consumo doméstico. La flota de pequeña escala o artesanal también captura tiburones martillo, sobre todo en estados de desarrollo juveniles la cual también es consumida localmente”.

Sin embargo, las cifras oficiales del Instituto Nicaragüense de la Pesca y Acuicultura (Inpesca) desmienten la narrativa estatal de una “pesca incidental”. 

Entre 2013 y 2023, en los puertos nicaragüenses “desembarcaron” más de 2.8 millones de kg (unas 2819.28 toneladas) de tiburón, de acuerdo con el Anuario Estadístico Pesquero y Acuícola de 2023, el último que publicó Inpesca.

Los datos muestran picos y caídas en la captura de tiburones durante esa década, aunque desde 2020 se observó una tendencia al alza y alcanzó su punto máximo en 2022 con 479 313.84 kg (unas 479.3 toneladas), que también es el año con mayores exportaciones de aletas de tiburón.

Como cifra total, los desembarques en la Costa Caribe superan a las del Pacífico: 1.6 millones contra 1.2 millones de kg, respectivamente. Sin embargo, desde 2021, en el litoral Pacífico se incrementaron las capturas de tiburones y llegaron a cuadruplicar las del Caribe en 2023, de acuerdo con las estadísticas de Inpesca.

Exportaciones de aletas de tiburón de Nicaragua de 2018 a 2024

Pesca dirigida a los tiburones

El ecólogo nicaragüense Fabio Buitrago Vannini explica que se consideraría pesca incidental de tiburones “si el desembarque es menor de 10 000 kg, no va en aumento y no es sostenida todos los años”. Pero ninguna de estas premisas se cumple en el caso nicaragüense.

Fabio Buitrago Vannini

Ecólogo nicaragüense

Jamás se puede considerar pesca incidental. A todas luces es una pesquería dirigida. El hecho de que va en rápido aumento sugiere un mayor esfuerzo de captura, o tecnologías más avanzadas (de pesca)”.

Los ambientalistas señalan que las técnicas utilizadas son inherentes a la pesca dirigida. Buitrago detalla que los barcos industriales utilizan líneas de palangre que pueden extenderse hasta 80 kilómetros. “En esos 80 km de línea, por cada kilómetro pueden haber unos 200 anzuelos con carnada”, destaca. Esto significa que un solo barco puede desplegar miles de anzuelos diseñados específicamente para atraer depredadores.

“Un barco industrial en una o dos noches de faena puede capturar fácilmente más de 1000 tiburones por noche”, resalta el ecólogo.

Arauz diferencia entre lo accidental y lo incidental. “Mientras un accidente es algo fortuito, lo incidental es algo inminente y predecible vinculado a la actividad”.

“Si usted tiró esa línea ahí, usted sabía que los iba a pegar. No fue ningún accidente. Capturan el montón de tiburones, los traen, los venden y dicen que es incidental”, afirma el biólogo costarricense.

“La pesca de tiburones está permitida en Nicaragua, por eso es una actividad que se desarrolla en completa normalidad”, afirma Daniel, un pescador de Huehuete, una zona costera del municipio de Jinotepe, en Carazo.

Precios de aletas frescas vs aletas secas

En comunidades costeras del Pacífico —como Casares, Huehuete, Masachapa, Poneloya y San Juan del Sur— y Caribe nicaragüense —principalmente Bluefields—, la pesca de tiburón se ha normalizado como una alternativa económica lucrativa, ya que una libra de “aleta fresca” se vende entre 10 y 20 dólares.

En el caso de las aletas secas el precio por libra se eleva a entre 40 y 60 dólares. El proceso de secado al sol dura entre una semana y diez días.

Con base en estos precios, un kilo de aleta fresca se paga a un máximo de 44 dólares, mientras el de aleta seca a 132 dólares.

CONFIDENCIAL conversó vía telefónica y por WhatsApp con pescadores del Pacífico y Caribe nicaragüenses, quienes comentaron que las aletas más “codiciadas” son la dorsal y pectoral.

La mayoría de los tiburones tienen ocho aletas:

  • Dos aletas dorsales, una principal y otra más pequeña posterior.
  • Dos aletas pectorales, una a ambos lados.
  • Dos aletas pélvicas en la parte inferior.
  • Una aleta caudal o cola.
  • Una aleta anal, aunque no en todas las especies.

El interés desmedido por las aletas de los tiburones genera el llamado “finning” o “aleteo”, que consiste en cortar las aletas y desechar el cuerpo. Esta práctica tiene una base económica “perversa” —según Buitrago—, ya que las aletas de un tiburón mediano pueden valer entre 300 y 400 dólares, mientras que su carne apenas alcanza los 20 dólares.

“Dado que las aletas pesan menos del 2% del peso total del animal y valen cinco o seis veces más, los barcos con capacidad limitada prefieren cargarse solo con aletas y desechar la carne”, detalla el ecólogo nicaragüense.

La ley de Pesca de Nicaragua

La Ley 489 o de Pesca y Acuicultura de Nicaragua, en su artículo 75, “prohíbe la captura de tiburones en aguas continentales y marinas, con el único propósito de cortarle cualquiera de sus aletas, incluyendo la cola, desechando el resto del cuerpo de la especie en alta mar, zonas costeras u otros sitios”.

El mismo artículo prohíbe también “el desembarque, transporte, almacenamiento y comercialización de aletas de tiburón frescas, congeladas, secas o saladas”. Orden que no se cumple en Nicaragua.

En la práctica esta legislación ha fomentado que se capture al animal para aprovechar todo el cuerpo, aunque el incentivo real es la aleta.

La carne de tiburón, conocida en las playas nicaragüenses como “bolillo”, tiene poca demanda. Se vende a los intermediarios a precios que oscilan entre 20 y 35 córdobas la libra (entero) y hasta 50 córdobas en filete. En los mercados de Managua, el filete de tiburón se cotiza entre 100 y 110 córdobas por libra.

Miguel, un pescador artesanal de la comunidad de Casares, en Carazo, comenta que, para “facilitar la venta”, los acopios y negocios mezclan la carne de tiburón con otras especies de pescados, principalmente para la elaboración de ceviches.

Los datos de CITES muestran que, entre 2018 y 2024, sólo hubo una exportación de carne de tiburón. En 2022 se vendieron 10 791 kg (10.7 toneladas) a Estados Unidos. La carne era de una misma especie: el tiburón zorro común.

Precio de la aleta de tiburón fomentan matanza

Pescadores artesanales: “Es negocio de industriales”

Pescadores y expertos coinciden en que la “pesca artesanal” no es la responsable de la captura de tiburones —como alega el Gobierno—, porque los volúmenes de desembarco y exportación están por encima de su capacidad.

“Nuestra pesca va dirigida al pargo, mero, macarela, dorado, jurel, cabrillas, atún, entre otros, pero si cae un tiburón lo aprovechamos porque no está prohibido”, comenta Josué, un pescador de Poneloya, en León.

Sostiene que a la captura de tiburón “se dedican, en mayor cantidad, las embarcaciones de más de 15 metros de eslora”, que entran a la categoría de pesca industrial. 

“Ellos (pescadores industriales) usan líneas de palangre, con múltiples anzuelos, que se extiende en las profundidades del mar por varios kilómetros y facilita la captura de tiburones grandes en mar abierto”, detalla.

“En la pesca artesanal se extraen (tiburones) más juveniles, que miden entre 60 y 110 centímetros de largo”, afirma el pescador.

El Inpesca clasifica como “pesca artesanal o de pequeña escala”, a la que realizan nicaragüenses “con embarcaciones menores a los 15 metros de eslora y con fines comerciales, entre las cuales se encuentran: cayucos, pangas, canoa, bote, ponking y duritara”.

93% de desembarcos de pesca de tiburón en Nicaragua se atribuyen a flota artesanal

Mientras que la “pesca industrial: se realiza con fines comerciales, utilizando embarcaciones de más de 15 metros de eslora, así como técnicas y artes de pesca mayores”, según la entidad gubernamental.

Wilson, un blufileño que estuvo vinculado al acopio de aletas de tiburón, apunta que el negocio “no se mantendría” con los pescadores artesanales, ya que estos capturan un tiburón “ocasionalmente”, mientras los “más industrializados” lo hacen “comúnmente”.

“Un pescador artesanal te lleva seis o siete aletas, una o dos veces al mes, y con eso no hacés nada. Pero un industrial, te puede llevar varios kilos y ahí sí hacés negocio”, afirma.

Las empresas detrás de las exportaciones de aletas de tiburón

Los pescadores del Caribe y Pacífico nicaragüense identifican únicamente como “los chinos” a los compradores de las aletas de tiburón. No conocen o no quisieron decir los nombres. De acuerdo con sus relatos, ellos venden las aletas a un “acopiador”, quien luego las traslada a Managua hacia donde “los chinos”, y de ahí se exportan al mercado asiático.

Seis certificados de exportación de aletas de tiburón, de 2023 y 2024, identifican a dos empresas:

  • Nica Pepino S.A.
  • Man Kang S.A.

Los certificados, en poder de CONFIDENCIAL, suman la exportación de 11 147.48 kg (unas 11.14 toneladas) de aletas de tiburón, de ocho especies diferentes. Todas fueron al mismo destino: Hong Kong. Los documentos fueron autorizados por el Ministerio del Ambiente y de los Recursos Naturales (Marena), y firmados por la licenciada Judith Pérez Puerto, identificada como “autoridad administrativa”. La funcionaria pertenece a la Dirección General de Patrimonio Natural y Biodiversidad de ese ministerio.

Nica Pepino exportó 8117.48 kg y Man Kang 3030 kg, entre diciembre de 2023 y marzo, mayo, julio y septiembre de 2024, de acuerdo con las certificaciones.

La empresa Nica Pepino es representada legalmente por el ciudadano Wei Qiang Chung Ye, y sus oficinas centrales están en el barrio Bolonia, del antiguo portón del Hospital Militar 80 varas al sur, en Managua, según una base de datos de la Dirección de Inocuidad Agroalimentaria (DIA), del Instituto de Protección y Sanidad Agropecuaria (IPSA) de Nicaragua.

“La empresa está dedicada exclusivamente al acopio y comercialización de mariscos, en especial pepinos de mar. También estamos comercializando camarón seco y buches de pescado (estómagos del pescado)”, aseguró Carlos Manuel Wayman Castillo, socio de Nica Pepino, en una entrevista en marzo de 2025 con el canal televisivo TN8, propiedad de la familia Ortega-Murillo.

En esa ocasión, Wayman Castillo reveló que la empresa estaba construyendo un edificio de cuatro pisos en Managua. La obra era una inversión de unos ocho millones de dólares, de capital mixto: “chino, panameño y nicaragüense”.

La empresa Man Kang S.A. es representada legalmente por Am Ni Lin, y sus oficinas centrales están en la comarca Piedra Menuda, en el municipio de Nindirí, en Masaya. En internet no existe mayor información de la ciudadana o la compañía.

Según los certificados, las exportaciones de Nica Pepino tuvieron como destino dos importadores: Yeung Yee Marine Ltda. (7167.48 kg) y Cutle Logistic Company (950 kg). Man Kang envió las aletas de tiburón (3030 kg) a Wise Global Birdnest Company. Los tres importadores están asentados en Hong Kong.

Arauz Vargas sostiene que todo el comercio mundial de aletas de tiburones está controlado por comerciantes taiwaneses basados en Hong Kong, quienes manejan entre el 80% y 90% del mercado global. “Es un comercio manejado estrictamente por taiwaneses que distribuyen desde Hong Kong hacia China y otros lugares”, afirma. 

CONFIDENCIAL envió correos electrónicos a las empresas Man Kang y Nica Pepino, así como al Marena e Inpesca, para solicitarles entrevistas y conocer sobre la captura de tiburones y la exportación de sus aletas. Los emails se enviaron el 3 de marzo de 2026, pero hasta la publicación de esta investigación no hubo respuestas.

Captura de pantalla de la denuncia ante la Fiscalía Ambiental costarricense, en la que se mencionan las exportaciones de aletas secas de tiburones desde Nicaragua. | Foto: Confidencial

La denuncia en Costa Rica

Si se conocen los datos de estas empresas y las exportaciones de Nicaragua no es por transparencia del régimen Ortega-Murillo. Donde figuran es en una denuncia ante la Fiscalía Ambiental costarricense, ante la cual acudieron el biólogo Arauz Vargas y el abogado Walter Brenes Soto —en mayo de 2025—, para demandar una investigación sobre un presunto negocio ilegal en Costa Rica: El “lavado” de aletas.

El caso se centra en la “extradición ilegal de fauna silvestre”, específicamente aletas de tiburón martillo, mediante operaciones de reexportación realizadas a través de puertos costarricenses.

De acuerdo con el documento, entre el 26 de septiembre de 2023 y el 13 de septiembre de 2024, se identificaron siete transacciones que involucraron un total de 12 590.48 kg de aletas secas por un valor declarado de 164 268.40 dólares. 

El rol de Nicaragua es determinante en esta investigación, ya que todas las operaciones registradas tienen al país como origen de las aletas de tiburón.

La inconsistencia central radica en la discrepancia de los volúmenes autorizados por las autoridades nicaragüenses frente a lo que “efectivamente” fue exportado desde Costa Rica.

Según el análisis de los permisos de exportación CITES emitidos por el Marena, Nicaragua solo autorizó la salida de 1833 kg de aletas de tiburón martillo. Sin embargo, en los registros aduaneros costarricenses consta la salida de los más de 12 500 kg bajo el arancel específico de esa especie con destino a Hong Kong.

Este excedente de 10 757.48 kilogramos carece de respaldo documental y, según estimaciones científicas citadas en la denuncia, equivale a las aletas de “al menos 12 000 tiburones martillo”. 

El texto señala que esta situación “apunta a un posible comercio ilegal y masivo” de una especie en peligro crítico de extinción.

La denuncia sostiene que estas exportaciones contravienen la sentencia 912-2023 de la Sala Primera de la Corte Suprema de Justicia, la cual ordenó proteger al tiburón martillo bajo el régimen de la Ley de Conservación de Vida Silvestre. Asimismo, se cuestiona la competencia del Instituto Costarricense de Pesca y Acuicultura (Incopesca) para autorizar estos trámites, alegando que el Sistema Nacional de Áreas de Conservación (SINAC) es el único órgano facultado para emitir permisos CITES.

Los denunciantes solicitan que se identifique a las personas físicas y jurídicas responsables de estas “reexportaciones” y se proceda con la apertura de un juicio penal para determinar las responsabilidades correspondientes. Todavía no hay una resolución a la denuncia.

En una entrevista con CONFIDENCIAL, Arauz Vargas expresa que “aprovechan estas reexportaciones para lavar aletas capturadas en Costa Rica. Es un delito porque están mintiendo y abriendo los contenedores que deberían venir sellados”.

El impacto de la captura de tiburones

La situación en Nicaragua y la denuncia en Costa Rica muestran que la captura de tiburones es una problemática regional. Latinoamérica se ha consolidado como una región clave en el suministro global de aletas de tiburón, impulsada principalmente por la demanda del mercado asiático. Entre los países con mayor volumen de capturas y exportaciones destacan Perú y Ecuador.

Perú es identificado como el principal comerciante de aletas de tiburón en Latinoamérica. Entre 2019 y 2024, exportó 1.7 millones de kilos (unas 1736.45 toneladas) al mercado asiático, de acuerdo con datos del medio Ojo Público.

Además, Perú funciona como un centro de tránsito donde ingresan aletas de Ecuador para ser reexportadas hacia Asia, según han publicado organizaciones y medios internacionales.

La captura de tiburones no es solo una pérdida de biodiversidad; es una amenaza para la estabilidad del océano y la economía humana, según Fabio Buitrago, quien explica que la eliminación de los depredadores genera lo que en ecología se llama una “cascada trófica”.

“Hay una interconexión entre los diferentes organismos que comparten un mismo ecosistema y esa interconexión se da por la relación predador-presa. Los tiburones están en el eslabón superior de ese sistema alimenticio, de esa red trófica o de esa red alimenticia”, describe.

El ecólogo nicaragüense divide y clasifica de la siguiente manera las consecuencias de la matanza de tiburones:

Consecuencias ecológicas:

  • Descontrol de poblaciones intermedias: Al desaparecer el tiburón, las especies que solían ser su presa (depredadores de segundo nivel) crecen de forma descontrolada. Estas, a su vez, consumen excesivamente el siguiente eslabón de la pirámide, provocando fluctuaciones que desequilibran todo el sistema. “Es como un péndulo que va y viene”.
  • Control de enfermedades: Los tiburones eliminan a los animales lentos, viejos o enfermos. Sin ellos, las infecciones y parásitos proliferan más rápido entre las poblaciones de peces de interés comercial. Esto es especialmente grave ante el calentamiento oceánico, que facilita la transmisión de virus y bacterias.

Impacto en la sociedad:

  • Pesca artesanal: El desequilibrio provoca que el recurso pesquero de subsistencia comience a escasear. Los pescadores sufren de “zigzags” en la abundancia: momentos de mucha pesca seguidos de periodos de vacío absoluto.
  • Seguridad alimentaria: Las poblaciones costeras dependen de la productividad saludable del ecosistema. Un mar sin tiburones es un mar menos resiliente y menos productivo a largo plazo.
  • Turismo: En países vecinos como Costa Rica, el tiburón es un activo turístico oneroso. La reducción de la riqueza de especies hace que el ecosistema pierda atractivo. “Los turistas no están dispuestos a pagar para ir a un lugar donde no van a ver animales de gran tamaño o diversidad”, advierte Buitrago.
Aletas de tiburón más exportadas

Inpesca: “El lobo cuidando las ovejas”

Las especies amparadas por la CITES están incluidas en tres Apéndices, según el grado de protección que necesiten. Todos los tipos de tiburones que se capturan en Nicaragua están incluidos en el Apéndice II, que se refiere a las “especies que no se encuentran necesariamente en peligro de extinción, pero cuyo comercio debe controlarse a fin de evitar una utilización incompatible con su supervivencia”, según la web de la Convención.

En el Apéndice I se incluyen todas las especies en peligro de extinción y cuyo comercio se autoriza solamente bajo circunstancias excepcionales. El Apéndice III abarca a las “especies que están protegidas al menos en un país, el cual ha solicitado la asistencia de otras partes en la CITES para controlar su comercio”.

Aunque el CITES ha restringido el comercio internacional de algunas especies de tiburón, no existen castigos legales o penales para quienes desoyen los mandatos y continúan con la captura de tiburones.

El ecólogo nicaragüense explica que “la autoridad administrativa de CITES en Nicaragua está en el Marena, que tiene la responsabilidad legal de aprobar los permisos relacionados a las especies reguladas por CITES”.

Sin embargo, en Nicaragua “encuentran la manera de que el Marena no obstruya el desarrollo del sector pesquero, que para la gente del Inpesca significa no ponerle freno, o no regular o limitar el aprovechamiento de algunos recursos que están amenazados”.

El papel del Inpesca es señalado como el mayor obstáculo para la conservación de los tiburones. Según Buitrago, existe un conflicto de interés estructural: “No podés poner al lobo a cuidar las ovejas. No puede ser que una institución que se encarga de maximizar los recursos pesqueros sea la encargada de conservar un recurso que genera una gran cantidad de dinero”.

Inpesca tiene un doble rol que compromete la sostenibilidad:

  • Realiza los estudios y cuantifica el recurso.
  • Decide cuánto se puede aprovechar y emite las licencias.
  • Cobra por dichas licencias y por los desembarcos recibidos.

“Es juez y parte porque son los que deciden qué, cómo, cuándo y cuánto me vas a pagar”, denuncia el ecólogo.

Además, Nicaragua incumple normativas internacionales de CITES al no contar con un Dictamen de Extracción No Perjudicial (DNP). Este documento, que debería ser elaborado por una autoridad científica independiente, es indispensable para asegurar que la extracción es sostenible. “Según las reglas de la Convención, sin dictamen no pueden exportar. Nicaragua estaría violando regulaciones internacionales”, sostiene Arauz.

Para los expertos, los tiburones deben dejar de ser considerados “especies comerciales” para ser tratados como “vida silvestre”. En Nicaragua, todos los recursos con valor de mercado (minas, madera, pesca) han sido sacados de la jurisdicción del Marena para ser entregados a instituciones con fines de explotación como el Inpesca, Ministerio de Energía y Minas y el Instituto Nacional Forestal (Inafor). El Marena solo maneja la biodiversidad que no genera ingresos inmediatos.

“Debería haber una separación total del interés de conservación del interés de explotación”, propone Buitrago. El ecólogo ha sugerido la creación de una entidad dedicada exclusivamente a los recursos marinos que no tenga vínculos económicos con la explotación, similar a un “Ministerio del Mar”.

“El Inpesca no tiene el más mínimo interés en tratar de conservar los recursos naturales marinos, porque su función es principalmente la explotación”, sostiene.

Los ambientalistas alertan que mientras la regulación permanezca bajo el control de quienes se benefician de la exportación de aletas de tiburón, la “pesca incidental” será la etiqueta legal para la matanza de los tiburones en las costas de Nicaragua.


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Juan Carlos Bow

Juan Carlos Bow

Periodista y editor en CONFIDENCIAL. Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Centroamericana (UCA). Máster de la Escuela de Periodismo de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) - El País. Finalista del Premio Latinoamericano de Periodismo de Investigación “Javier Valdez” del Instituto Prensa y Sociedad (IPYS).

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