Cómo las criptomonedas están cambiando la política mundial
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La expulsión de la FAO y el cierre de oenegés aumentó la vulnerabilidad de los campesinos y pequeños productores de esa zona en Nicaragua
Vista de un agricultor en labores de siembra en el municipio de San Francisco Libre, en Managua, que es parte del Corredor Seco nicaragüense. | Foto: Tomada de El 19 Digital
Las vidas, la salud y la economía de los pobladores del Corredor Seco nicaragüense corren más peligro en 2026. La perspectiva de que el fenómeno de El Niño sea más fuerte que en años anteriores, apunta a que en esos lugares lloverá aún menos de lo que normalmente llueve.
A la falta de lluvias se suma otra carencia: la de recursos. En especial después que la dictadura expulsó del país a la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), agencia especializada que se encargaba de buscar fondos para implementar proyectos en beneficio de los habitantes de esas zonas y aplacar los estragos de la sequía.
El golpe se agravó con la ilegalización de cientos de oenegés, entre ellas decenas que llevaban ayudas a los territorios, o acompañaban los esfuerzos de los pequeños productores de esas zonas por sobrellevar las penurias causadas por las inclemencias del clima.
Leoncio es uno de ellos. Nacido —como muchos de sus antepasados— en un municipio del occidente del país que forma parte del Corredor Seco, el nicaragüense pasó de sembrar trigo millón, a dedicarse a la minería artesanal. Ya había intentado sembrar maíz, pero las condiciones de la tierra —y las del cielo— le demostraron que en ese lugar, ese cultivo no era ni muy rentable, ni muy productivo.
Mientras tanto, corrió la noticia de que se ampliarían las inversiones en la Mina La India, en León, por lo que decidió probar suerte como güirisero. Hasta ahora, la decisión de abandonar la siembra de la tierra para buscar oro en sus entrañas ha demostrado ser la correcta. Tanto para él, como para aquellos de sus vecinos que incursionaron en esa actividad económica, porque obtienen mayores ingresos.
La historia no acaba igual para todos. De hecho, son los más pobres; aquellos sin acceso a recursos, los que han tenido que migrar de la agricultura a la minería, o a otras labores. Por su parte, los finqueros que tienen pozos disponen de agua para regar una parte de sus cultivos, o para dar de beber a sus animales.
Aunque en varios de los municipios que integran el Corredor Seco hay cooperativas que permiten que los afectados se apoyen entre ellos, Raúl, un profesional con varios años de experiencia en el manejo y evaluación de ese tipo de proyectos señala que “los campesinos tienen temor a organizarse porque desde el Gobierno podrían interpretarlo como que lo hacen por razones políticas”.
Raúl explica que en esas zonas no se puede desarrollar una actividad económica exitosa, por las condiciones climatológicas predominantes. El resultado es que la producción que logran obtener los pequeños finqueros solo alcanza para su alimentación, no para acumular capital. Sin embargo, no todo es desastre.
Está, por ejemplo, la opción minera que eligió Leoncio. Esta “aparece porque existe una contradicción: el territorio es pobre para desarrollar la agricultura, pero puede ser rico en minerales”. Al final, para algunas familias esa actividad representa empleo, ingresos monetarios, y una opción durante las épocas de vacas flacas.
“Económicamente funciona como una sustitución: cuando la agricultura pierde capacidad de generar ingresos, la minería absorbe mano de obra”, explica el experto. Pero como todo, eso tiene ventajas y riesgos.
Entre las primeras, está la creación de empleos, la generación de flujo de efectivo, y la dinamización del comercio local. Entre los segundos, menciona que esa actividad tiene una alta dependencia de los precios internacionales; es una labor informal; tiene serios impactos ambientales, y compite por el agua.
“No es necesariamente una solución estructural, sino que muchas veces es más una estrategia de adaptación económica de corto plazo”, explicó.
Otro fenómeno que se ha venido observando es la migración temporal como estrategia familiar para diversificar el ingreso, movilizándose hacia otras actividades tales como el trabajo agrícola temporal en otras zonas del país. También construcción, comercio, transporte, talleres, venta de alimentos, servicios locales, y migración internacional. “Es un cambio importante, de una economía basada en tierra, hacia una economía basada en servicios”, explicó.
“La familia ya no depende solamente de la finca, porque ahora el esquema incluye la finca, más remesas, más trabajo temporal. Esto reduce el riesgo climático, pero también puede debilitar la economía rural porque pierde población joven”, señaló.
Para los que eligen seguir en el territorio, siempre existe la opción de aplicar lo que pudieran haber aprendido en los proyectos, al reforestar con especies productivas (frutales), y con sistemas agroforestales. Esto puede incluir cercas vivas y árboles forrajeros. Algunas de las razones para proceder con esta opción es que retienen humedad, reducen la erosión, mejoran el suelo, y generan productos adicionales.
La conclusión de Raúl es que en algunas partes del Corredor Seco se está creando una economía híbrida. Si antes la ecuación solo incluía la agricultura tradicional como base del ingreso familiar, ahora es agricultura adaptada, más ganadería pequeña, más empleo externo, minería, remesas y servicios.
“La población está haciendo una transición desde una economía agrícola pura hacia una economía de supervivencia diversificada. El gran desafío para Nicaragua es que esta adaptación no se quede en estrategias defensivas (sobrevivir) sino que evolucione hacia un desarrollo territorial”. Para ser sostenible, esto debería incluir mayor productividad, creación de cadenas de valor, desarrollo de la agroindustria y, por supuesto, garantizar que haya agua.
Cuando el Gobierno expulsó a la FAO, y destruyó a muchas organizaciones sociales y campesinas que trabajaban en el Corredor Seco, los habitantes y pequeños productores de esos municipios se quedaron sin la cobertura y el apoyo que estas les daban. Se trataba de entidades que gestionaban recursos. En consecuencia, “el apoyo gremial e institucional se ha debilitado con este Gobierno”, dijo Raúl.
Incluso el que en algún tiempo brindaron la Asociación de Trabajadores del Campo (ATC), y la Unión Nacional de Agricultores y Ganaderos (UNAG), ambas del ámbito oficialista.
Por fortuna para estas personas, no todo está perdido. Aunque ya terminaron los programas de la FAO, así como los del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), hay algunos proyectos del Programa Mundial de Alimentos (PMA), que siguen activos. En especial, el que desarrolla en alianza con el Ministerio de Educación para garantizar “comidas nutritivas para 144 000 estudiantes en 2500 centros educativos —incluyendo preescolares, escuelas primarias y centros de educación a distancia— en 47 municipios del Corredor Seco”.
Por décadas, la amplia zona del país conocida como Corredor Seco, ha sido el destino de muchos proyectos para paliar la falta de agua, implantar variedades resistentes a la sequía, encontrar alternativas productivas, etc. El problema -según Raúl y otras dos fuentes que también aceptaron hablar con CONFIDENCIAL manteniendo sus identidades en reserva- es el nivel de eficiencia con que se manejan esos recursos.
O de ineficiencia, según como se vea.
“Históricamente, hubo mucha cooperación que llegó al corredor seco para tratar de minimizar el impacto de la sequía, que afecta mucho a esas zonas del país. Mucha cooperación externa, mucha cooperación internacional, muchos proyectos, pero eso ahora no está, o está bastante restringido”, dijo Manuel, un profesional del sector agropecuario que trabajó en algunos de esos proyectos.
Como conocedor, Manuel opina que “la cooperación internacional y los proyectos viciaron al productor”. Al respecto, refiere su experiencia de ver que muchos productores simplemente esperaban la implementación de cualquier proyecto que los beneficiara. “Ellos solo ponían la mano, sin preocuparse por poner en marcha lo que hubieran asimilado”, asegura.
La estrategia de esas personas era esperar otro proyecto al año siguiente, para recibir un nuevo apoyo que los sacara de donde estaba. “Esa gente está padeciendo bastante, desde que se redujo la cooperación”, señaló Manuel.
Álvaro fue directivo de una oenegé que ejecutaba proyectos en el Corredor Seco. De esa época asegura que “muchas de esas organizaciones eran en realidad grupos interesados que presentaban proyectos para ejecutar campañas de reforestación”. La propuesta iba a un comité que lo revisaba y aprobaba, y ordenaba desembolsar los recursos para comenzar a realizar el trabajo.
“Buena parte de ese dinero se usaba para gastos de oficina, compra de vehículos, pago a grupos de interés, etc. Al final, lo que le llegaba al pequeño productor era una nada”, aseveró.
Raúl coincide con esas observaciones, al señalar que “entre el 38% y el 40% de esa ayuda se va en cuestiones administrativas y burocracia”. Refiere que en todo proyecto, sea que lo financie el BCIE, la FAO, el FMI, el Banco Mundial, la FIDA, o cualquier otra entidad, “entre el 15% y el 30% le queda al mismo organismo para financiar gestiones y controles. ¡Es una barbaridad! Al país solo le queda la diferencia para desarrollar el proyecto. La ayuda llega casi totalmente disminuida”.
Raúl opina que, en las circunstancias actuales, la tendencia más probable no es que desaparezca el problema, sino que se profundice si no cambia el modelo productivo. “Difícilmente el Gobierno podría, por sí solo, desarrollar estos cambios sin el respaldo decidido de organismos internacionales, entre ellos la FAO que fue expulsada de Nicaragua. La FAO había jugado un papel importante en la coordinación y búsqueda de recursos para apoyo vital de las zonas”, recordó.
Según un informe del PMA, en Nicaragua, el Corredor Seco alberga alrededor de un millón de personas, repartidas en unos 63 municipios, equivalentes al 37% del país. La agricultura de subsistencia y en pequeña escala representa la principal fuente de sustento para una gran proporción de esta población. En este ámbito, la variabilidad climática y los efectos del cambio climático son algunos de los retos más significativos a los que se enfrenta el desarrollo sostenible.
“De acuerdo con la FAO”, detalla el informe, “la variabilidad climática en el Corredor Seco afecta en mayor grado a la agricultura y en segundo nivel a la ganadería”. El problema es que, desde que expulsaron a la FAO, nadie está buscando recursos para esas personas.
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Periodista nicaragüense, exiliado en Costa Rica. Durante más de veinte años se ha desempeñado en CONFIDENCIAL como periodista de Economía. Antes trabajó en el semanario La Crónica, el diario La Prensa y El Nuevo Diario. Además, ha publicado en el Diario de Hoy, de El Salvador. Ha ganado en dos ocasiones el Premio a la Excelencia en Periodismo Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, en Nicaragua.
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