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Temen menores cosechas y alza de precios por El Niño

Un retraso en el inicio del invierno trastocará todo el ciclo productivo agrícola; hay riesgo especial para los cultivos de maíz y de frijol

Fotografía de una finca en la zona seca de Boaco, afectada por la sequía. Foto: Archivo //Confidencial

Iván Olivares

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Las metas agrícolas de 2025 se cumplieron en el 87.3%, según el presidente del Banco Central de Nicaragua, Ovidio Reyes. Las proyecciones para ese mismo sector en el presente ciclo productivo, marcan una disminución de 2.2%, siempre según el mismo funcionario. La certeza de que 2026 será un año con menores precipitaciones por causa de El Niño, indica una alta probabilidad de que haya un descenso en las cosechas de varios productos.

Maíz y frijoles encabezan la lista, lo que podría generar carestía para las familias consumidoras en los meses próximos. Descensos en la producción de café y maní, apuntan a menores exportaciones de ambos rubros.

“El efecto de una caída en los rendimientos agropecuarios es una tendencia alcista de los precios, que ocurre cuando se reduce la oferta de bienes alimenticios provenientes del agro. Recordemos que una escasez relativa hace que aumenten los precios”, explicó el economista Marco Aurelio Peña.

El experto remarcó que si bien la inflación actual es moderada, “los salarios en Nicaragua son bajos, y esto contribuiría al encarecimiento del coste total de la canasta básica, que ya superó los 21 000 córdobas”, tal como lo detalló en su informe “La Economía del Malestar”.

Los cálculos oficiales hablan de un ciclo 2026-2027, ligeramente inferior al anterior, citando como causa principal un 61% de probabilidad de incidencia del fenómeno de El Niño. Esa probabilidad ya fue confirmada cuando la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), indicó que “El Niño ya comenzó”, lo que augura altas temperaturas y escasas lluvias.

Esa perspectiva preocupa a expertos como Víctor, un agrónomo que pidió ser identificado solo con seudónimo, y que aporta un detalle adicional: las lluvias comenzaron tarde. “En este momento, el principal problema para nuestros cultivos es la falta de lluvia, porque la época lluviosa no entró en mayo. Ese mes solo hubo lluvias esporádicas, y fue hasta el día 29 se desató un buen aguacero”, recordó.

Esas lluvias fueron buenas para cultivos de agroexportación, como la caña. También para el maní, cuyo proceso de siembra está pronto a comenzar, porque regularmente se siembra a mediados de junio, explicó. Pero la mayor parte del resto de cultivos, muchos de los cuales son la base de la alimentación del nicaragüense, están sufriendo a la espera de que el invierno se establezca.

Viene el “veranillo de San Juan” y la canícula

Sembrar tarde es más que un simple retraso, porque la naturaleza tiene sus tiempos. El problema es que los productores no saben si ya comenzó el período lluvioso, o si las lluvias se explican solo por la tormenta tropical “Cristina”. Adicionalmente, observan que “ya viene el veranillo de San Juan” (en la última decena de junio), y luego la canícula, entre el 15 de julio y el 15 de agosto.

La cercanía de ambos períodos secos puede tener (y tendrá) consecuencias.

“El retraso al sembrar siempre afecta el proceso de formación de la cosecha y el desarrollo de las plantas, porque genera un desfase. Hay fechas óptimas para sembrar, para empalmar con la canícula, para empalmar con el periodo lluvioso de septiembre y de octubre, y para sacar la producción cuando llega el periodo seco”, explicó Víctor.

El experto añadió que “septiembre y octubre son momentos vitales para el desarrollo de la planta, porque es cuando fija producción, para lo que se requieren determinadas cantidades de agua”. Cuánta agua, depende de la variedad sembrada, porque “hay algunas que son más exigentes que otras. Algunas resisten mejor la sequía porque tienen mayor tolerancia a la falta de agua”, explicó.

En todo caso, un retraso en la fecha óptima de siembra deja poco margen de maniobra a los productores, porque afecta el desarrollo y posible rendimiento del cultivo.

Ese es un problema a largo plazo, (porque los finqueros podrían obtener cosechas muy pobres), pero también a corto plazo, porque podrían perderse las semillas que ya fueron sembradas, si no comienza a llover de forma regular.

“En café hubo floraciones con muy buena densidad. El problema es que no hay los suficientes milímetros de lluvia que se necesitan para el cuajo de la floración”, explicó Elvin Barrera, técnico de una finca cafetalera.

Eso mismo ocurre con los cultivos anuales. “Alguna gente se adelantó a sembrar maíz o frijoles porque vieron que cayó una brisita, pero fueron lluvias esporádicas. Solo fue un alegrón, porque después paró de llover. Ese es un riesgo que están corriendo los agricultores, porque si no llueve de forma regular, perderán todo lo que llevan invertido”, advirtió.

Productores esperan lluvias que no llegan

Pedro es un productor caraceño que cultiva una pequeña propiedad. No tiene asistencia técnica, pero su experiencia de años sembrando la tierra le ayuda a saber cuándo es el instante indicado para sembrar, y sabe que todavía no es el momento.

“Acá muchos sembramos maíz, y algunos se arriesgan a plantar frijoles, pero la están pensando porque el frijol es un cultivo más delicado, y se les puede quemar”, relató. Ni él ni muchos de su entorno han comenzado a sembrar, porque pasaron todo el mes de mayo esperando las lluvias.

“Primero fue la sequía, y ahorita es porque hay demasiada lluvia. Estamos esperando que el invierno se normalice un poco para poder sembrar”, confesó. El problema es que se sigue atrasando su inserción en el ciclo productivo, siendo que “no se sembró en mayo porque no había lluvia”.

Hay incertidumbre porque una menor producción puede afectar los contingentes para la exportación. También la producción destinada al consumo local. Donde no parece que vaya a haber problemas es en el empleo agrícola. Básicamente, porque desde hace tiempo que los finqueros se están quejando porque no hay personal para realizar las labores en el campo.

Barrera, el técnico cafetalero, explica que cuesta encontrar personal, porque muchos se han trasladado a otras zonas, o a otros países. “Algunos tienen su ahorrito, así que no buscan trabajo en este momento. Otros simplemente decidieron que ya no quieren trabajar en una hacienda”, graficó. Víctor añadió otros dos factores. El primero es que algunos reciben remesas y se acomodan para vivir con ese ingreso. Otros, porque prefieren alquilar tierras y trabajarlas por su cuenta.

Diego no tiene esa opción. Él trabaja para una empresa ubicada en un municipio matagalpino que produce maíz, frijoles, tomates y chiltomas de riego para la exportación. Es por eso que no se les ha atrasado el ciclo productivo, y es por eso también que hasta ahora no ha visto señales de que vayan a correr gente, o a sembrar menos áreas, así que él y sus colegas se sienten fijos en el trabajo, refiere.

Explica que “si me corrieran creo que podría hallar empleo en alguna finca ganadera, o trabajando para un hermano de mi papá. En el peor de los casos, podría regresar a Costa Rica, donde trabajé varios años como guarda de seguridad. Quiero seguir con mi familia, cerca de mi mamá y mis hermanos, pero si no hubiera opción aquí en Nicaragua, tendría que volverme allá”.

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Iván Olivares

Iván Olivares

Periodista nicaragüense, exiliado en Costa Rica. Durante más de veinte años se ha desempeñado en CONFIDENCIAL como periodista de Economía. Antes trabajó en el semanario La Crónica, el diario La Prensa y El Nuevo Diario. Además, ha publicado en el Diario de Hoy, de El Salvador. Ha ganado en dos ocasiones el Premio a la Excelencia en Periodismo Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, en Nicaragua.

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