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Ronald Alfaro, politólogo: la popularidad del presidente Chaves ha movilizado “una nueva identidad política anti-statu quo PLN, PUSC, y PAC”
La candidata Laura Fernández, del partido Pueblo Soberano, saluda a sus seguidores durante un recorrido en San José, Costa Rica, el 24 de enero de 2026. | Foto: EFE/Jeffrey Arguedas
Un triunfo en primera vuelta de la candidata oficialista Laura Fernández, apoyada por la popularidad del presidente saliente Rodrigo Chaves, en la elección presidencial del domingo 1 de febrero de 2026 en Costa Rica, podría generar “un nuevo escenario político en el país, en el que hay una nueva identidad política anti statu quo PLN, PUSC, y PAC, (los partidos que han gobernado el país en los últimos 70 años)”, afirma el politólogo Ronald Alfaro, director del CIEP-UCR, cuya última encuesta coloca a Fernández con 40% de intención de voto.
“Es el escenario más probable”, dice Alfaro, en una conversación con el programa Esta Semana, que transmite en el canal de YouTube de CONFIDENCIAL, debido a la censura televisiva en Nicaragua, pero “según el margen de error de la encuesta Fernández podría obtener entre 37% y 43%, y el resultado final también dependerá el del nivel de participación y abstención” en las urnas.
Alfaro destacó la ventaja que también mantiene en la encuesta el Partido Pueblo Soberano del presidente Chaves en la elección legislativa, 29% vs 9% de Liberación Nacional, con 46% de indecisos. “Es real la posibilidad de que estemos ante un realineamiento del sistema político costarricense, una transformación del sistema de partidos. ¿De qué magnitud va a ser ese realineamiento, o qué profundidad va a tener? Lo veremos el 1 de febrero, pero estamos a las puertas de un escenario de ese tipo”, advirtió el director del Centro de Investigaciones y Estudios Políticos de la Universidad de Costa Rica.
Según la última encuesta del Centro de Investigaciones y Estudios Políticos de la Universidad de Costa Rica (CIEP-UCR), que realizaron a mediados de enero, la intención de voto de la candidata oficialista Laura Fernández aumentó al 40%, lo cual la coloca al borde de ganar en primera vuelta. Los indecisos bajaron al 32% y el candidato opositor que tiene más intención de voto, es Álvaro Ramos, del PLN, con un distante 8%. ¿Está despejado el camino para un triunfo de la candidata del presidente Chaves en primera vuelta?
Cuando recolectamos los datos de la encuesta a dos semanas de la elección, la mayor probabilidad es un triunfo del oficialismo en primera ronda. Siempre un evento que tiene una alta probabilidad en la política puede que no ocurra, porque puede que las condiciones cambien y algunas circunstancias sean diferentes.
Eso quiere decir también que existe una probabilidad, aunque menor, de que vayamos a una segunda ronda, como ha ocurrido en las últimas tres elecciones. Depende de cómo se dé la relación participación-abstencionismo, porque si aumenta la participación el umbral para llegar al 40% es más alto, se necesitan más votos para llegar al 40%, pero si la participación es menor, entonces ese umbral desde luego es también menor. El repunte que ha tenido el oficialismo se da particularmente entre las personas que están indecisas y que se han convertido a seguidores del presidente.
Según las indagaciones que ustedes hacen en la encuesta, estas personas indecisas que se han reducido en porcentaje ¿tienen alguna inclinación política definida? ¿tienden a ser más pro-gobierno o más pro-oposición?
Estas personas, desde el punto de vista sociodemográfico, son más mujeres que hombres, son personas más jóvenes, menores de 34 años, que residen en provincias también fuera del Valle Central, como Limón, Guanacaste, alguna zona en Alajuela, y desde el punto de vista político califican como regular a la Administración del presidente Chaves, ni buena ni mala, y por otra parte, piensan que la elección no está decidida, a pesar de este escenario de un fuerte apoyo al oficialismo.
El lema oficialista en esta campaña electoral es un poco atípico en cualquier otro país de América Latina, dice —”Si quiere cambio, vote por la continuidad”. ¿Qué hay detrás del éxito que está teniendo el partido de Gobierno? ¿Es mérito de Laura Fernández, o es la transferencia de popularidad del presidente Chaves?
Es muy atípico, inusual, si alguien quiere continuidad, en realidad no quiere cambio; y si quiere cambio, no quiere continuidad; es una gran paradoja, pero el oficialismo ha logrado juntar estas dos dimensiones. La explicación se debe a que el oficialismo ha logado movilizar a un segmento del electorado muy importante que es el anti-Liberación y el anti-PAC que son los dos partidos que han gobernado desde 2010. Ese sector del electorado, el oficialismo lo tiene a su favor, y le da una gran base de apoyo.
En Costa Rica estamos en un proceso de construcción de una nueva identidad política, diferente al PLN, al PUSC, y al PAC. Y esa identidad política se está abriendo campo, está tratando de desplazar a los partidos políticos tradicionales, sobre todo al liberacionismo y al sector que también se inclinó por el Partido Acción Ciudadana en las elecciones de 2014 y 2018.
La candidata oficialista Laura Fernández ha evitado participar en la mayoría de los debates, excepto en algunos pocos, ¿cómo exponen las ofertas políticas del partido de Gobierno y qué soluciones esperan los electores del chavismo, al que le están otorgando la mayor preferencia política?
Sí, ella ha participado muy poco, ha tenido menor exposición, ha sido parte de la estrategia, comunicar de manera simple sus iniciativas. También el protagonismo del presidente ha sido inusual y atípico en la historia costarricense. Los presidentes, en época de elecciones, bajaban el volumen del megáfono y se alejaban de la escena política, pero el presidente Chaves sigue teniendo un protagonismo muy fuerte y eso sin duda ayuda al proceso de transferir popularidad presidencial y convertirlo en votos, que es la dinámica que estamos observando.
Los principales candidatos opositores suelen mencionar que el continuismo es perjudicial y asocian continuismo con autoritarismo. ¿Pero qué dice el electorado, es un peligro real? ¿les resulta ajeno, o los candidatos no saben comunicar el peligro que están alertando?
La dificultad para la oposición es que, al estar dividida, muy fragmentada, todos quieren transmitir ese mensaje a la ciudadanía, pero como no están unificados el mensaje no es sencillo de poder comunicarlo y que pueda tener eco en la sociedad.
A pesar de que el oficialismo no ha tenido mucha exposición en debates y su narrativa es muy simple —queremos cambiar, y se nutre de ese resentimiento hacia el statu quo de la política costarricense, que se refleja en el anti-PLN, anti-PAC, anti-PUSC, incluso anti-Frente Amplio, todos ellos están metidos dentro de esa dinámica.
En épocas pasadas, en la historia costarricense, cuando una fuerza política dominante, por ejemplo, Liberación Nacional, y en su momento también el Partido Unidad Social Cristiana, enfrentó a una coalición electoral unida, como fue en el 1966, o en 1978, en esas elecciones el liberacionismo perdió.
Ahora estamos ante una fuerza política, el oficialismo, que tiene un apoyo muy importante. Enfrentarlo de manera dividida no es una buena estrategia ni desde el punto de vista logístico, ni desde el punto de vista de la narrativa o del mensaje de cómo se quiere posicionar la oposición.
Para un sector de las personas hoy hay preocupación, hay angustia, ansiedad, temor también. Pero eso ocurre en una proporción del electorado que no es la que le está dando más apoyo a la candidata oficialista.
La encuesta registra la intención de voto de los candidatos opositores: Álvaro Ramos, del PLN, tiene el 8%; Claudia Dobles de Agenda Ciudadana, 5%; Ariel Robles del Frente Amplio tiene 5%; José Aguilar Berrocal del partido Avanza 4%; Fabricio Alvarado de Nueva República 4%, y los demás tienen porcentajes menores. Si uno los suma, todos juntos tienen una intención de voto menor que Laura Fernández.
Sí, efectivamente, es matemática simple, no solo Laura Fernández está arriba en la preferencia de voto, sino que las otras candidaturas no reúnen el apoyo, ni siquiera todos juntos reúnen el apoyo que ella tiene. Eso le da una ventaja cómoda.
Lo que sabemos es que esa ventaja se nutre principalmente de que han logrado convertir a personas indecisas en seguidores hacia la candidatura de Laura Fernández. Y, además, lo que le logran arrebatar de apoyo los partidos de oposición al oficialismo es relativamente poco. Laura está justo en el 40%, y en un margen de error, puede que tenga el 43% o que sea el 37%, con esos tres puntos porcentuales de margen de error de la encuesta, entonces el escenario todavía tiene algún grado de incertidumbre menor.
El presidente Rodrigo Chaves, que ha sido una especie de gran jefe de campaña de este proceso político, abogó por que los ciudadanos voten por su partido en la Asamblea Legislativa para tener una mayoría calificada y cambiar el sistema político costarricense, la Sala Cuarta, la Contraloría, la Corte Suprema de Justicia. Hoy el PPS tiene un apoyo del 29%, hay 46% de indecisos, el PLN tiene 9%, el Frente Amplio un poco menos. ¿Puede lograr Chávez mayoría legislativa en la Asamblea?
Es, sin duda, una probabilidad alta, en este momento. Se tendrá que ratificar, porque hay un alto grado de personas indecisas y los apoyos territoriales van a ser muy importantes. En Costa Rica la Asamblea Legislativa se nombra en cada una de las siete provincias, y en algunas de ellas hay más cantidad de diputados, por ejemplo, en San José donde hay más personas en el padrón, son 19 diputados, es 1/3 el que se nombra en la provincia de San José. Pero el panorama es claramente a favor del oficialismo, en función de la apuesta que ha hecho el presidente Chaves de impulsar un movimiento político con el cual pueda eventualmente darle continuidad al Gobierno y a su vez crear una identidad política que reúne el anti-statu quo. Es real, la posibilidad de que estemos ante un realineamiento del sistema político costarricense, una transformación del sistema de partidos. ¿De qué magnitud va a ser ese realineamiento, o qué profundidad va a tener? Lo veremos el 1 de febrero, pero estamos a las puertas de un escenario de ese tipo.
Qué le dice esta elección sobre la cultura política costarricense. Se habla mucho del estilo político del presidente Chaves, un estilo confrontativo, frontal, algunos dicen incluso pendenciero, grosero, populista. Para algunos esto parece ser una virtud, otros lo rechazan, pero pareciera que se está implantando como parte de esa cultura política.
Sí, y en buena medida es también producto de lo que observamos en el escenario internacional, algunos de los fenómenos que estamos observando, también tienen un reflejo en Costa Rica. En esta perspectiva, hay una identidad política que se está tratando de abrir paso, y lo está haciendo a la fuerza también, tratando de desplazar a quienes han sido las fuerzas dominantes de la política costarricense.
Esto ocurrió también en el pasado, cuando el PAC entra a la escena política desplaza a los otros partidos. La pregunta es en qué condición van a quedar, en este realineamiento político, cómo se van a redistribuir los apoyos, y cómo va a cambiar el panorama político. Pero sin duda hay transformaciones en la cultura política, también en la preferencia por el voto. Por ejemplo, el hecho de que Liberación Nacional tenga un apoyo muy bajo es un episodio más de este largo proceso de debilitamiento de un partido histórico.
El posicionamiento hegemónico del actual partido de gobierno en esta elección es algo sin precedentes en la política costarricense, ¿o ha habido circunstancias en que otros partidos han podido ganar en primera vuelta y obtener mayorías legislativas?
En la historia costarricense únicamente se ve reflejado en el Partido Liberación Nacional, que fue un partido hegemónico, en los 50, 60, 70, y que cuando perdió elecciones fue porque la oposición fue unificada. No en vano, por ejemplo, el partido que lo derrotó en 1966 se llamaba Unificación Nacional. La coalición que lo derrotó en 1978, se llamaba Coalición Unidad, que después se renombró como Unidad Social Cristiana. El partido que gana en 2014 fue el Partido Acción Ciudadana. Cuando desde la oposición hay alianzas, coaliciones, enfrentar a un partido con más electoral, puede ser una elección más competitiva.
Esta elección se está llevando a cabo bajo un contexto internacional marcado por el segundo año de la presidencia de Donald Trump en Estados Unidos, y algunos analistas señalan que hay un giro político hacia la derecha en América Latina. ¿Hay alguna influencia externa directa en este proceso electoral? Por ejemplo, ¿la visita reciente de Nayib Bukele, el presidente Trump o alguna otra figura política internacional, tiene alguna incidencia?
La influencia ha sido de manera indirecta. En el caso de los Estados Unidos ha habido una mayor cercanía con el Gobierno norteamericano. La visita del presidente salvadoreño también ocurre en un periodo electoral a escasas semanas de la elección, es un factor que está presente, uno no podría ignorar el elefante en la habitación, También el hecho de que el oficialismo tenga un apoyo importante refuerza aún más ese respaldo, particularmente entre las personas que están indecisas.
El tema de la migración en Costa Rica y particularmente de la principal corriente migratoria que es la de los nicaragüenses y las relaciones con Nicaragua, ¿ha tenido algún rol importante en esta campaña electoral?
No, no lo ha tenido, y además en otras campañas tampoco, hay una continuidad en que no se use la migración como un tema movilizador, y eso ocurre porque, hay análisis que así lo demuestran, que la población costarricense tiene una percepción positiva bastante positiva sobre las personas migrantes.
Si pudieras resumir, qué se juega para los costarricenses en esta elección, ¿cuál es el factor principal?
Estamos frente a un escenario que puede reconfigurar el sistema político costarricense, puede ser un escenario de profunda transformación. ¿Con qué profundidad? dependerá de los resultados del 1 de febrero.
Durante largo tiempo se decía que el sistema de partidos políticos en Costa Rica pasó de ser bipartidista a estar fragmentado o ser multipartidista, pero aquí estamos a las puertas de un cambio, en qué dirección va a ser ese cambio y en qué profundidad, va a depender de los resultados.
Es como entrar al siglo XXI, desde el punto de vista político, en un escenario muy diferente al de la fundación de la Segunda República en la segunda mitad del siglo pasado, o en los primeros 25 años de este siglo. El signo que yo le pondría, por ahora, es el proceso de construcción de una nueva identidad que rivaliza contra el statu quo de los últimos 75 años, PLN, PUSC, PAC.
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Periodista nicaragüense, exiliado en Costa Rica. Fundador y director de Confidencial y Esta Semana. Miembro del Consejo Rector de la Fundación Gabo. Ha sido Knight Fellow en la Universidad de Stanford (1997-1998) y profesor visitante en la Maestría de Periodismo de la Universidad de Berkeley, California (1998-1999). En mayo 2009, obtuvo el Premio a la Libertad de Expresión en Iberoamérica, de Casa América Cataluña (España). En octubre de 2010 recibió el Premio Maria Moors Cabot de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia en Nueva York. En 2021 obtuvo el Premio Ortega y Gasset por su trayectoria periodística.
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