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John Feeley: el límite de Donald Trump no es su “moralidad”, sino el electorado norteamericano

Exembajador de EE. UU.: “La intervención militar de Trump en Venezuela es una mala noticia para las oposiciones democráticas en Nicaragua y Cuba”

El presidente de EE. UU., Donald Trump, habla con los periodistas antes de partir en helicóptero de la Casa Blanca, el 9 de enero de 2026. | Foto: EFE/EPA/Bonnie Cash

Carlos F. Chamorro

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Después de la intervención militar de Estados Unidos en Venezuela, y tras proclamar la llamada doctrina Donroe para América Latina, y una política exterior basada en la fuerza, sin ninguna restricción ante las leyes internacionales, el presidente Donald Trump declaró a The New York Times que el único límite a su poder, depende de él mismo y de su propia “moralidad”.

El exdiplomático norteamericano John Feeley, con más de dos décadas de experiencia en diversos países de América Latina, hasta que renunció a su puesto como embajador en Panamá, en 2018, durante la primera presidencia de Trump, pone en duda la “moralidad” de Trump, según su actuación en los primeros 12 meses de su presidencia. “El verdadero limite de Trump está en el electorado de Estados Unidos”, dice Feeley,  y destaca la adopción de un proyecto de Ley para Limitar los Poderes de Guerra de Trump por el Senado de los Estados Unidos, con el apoyo de cinco senadores republicanos, como “una señal de rechazo de parte del pueblo americano para frenar a Trump”, aunque esta iniciativa no llegará a convertirse en ley.

En una entrevista en el programa Esta Semana, se que se transmite en el canal de YouTube de CONFIDENCIAL, debido a la censura televisiva en Nicaragua, el también excapitán del Cuerpo de Marinos analizó el operativo de las Fuerzas Especiales del Ejército de Estados Unidos para extraer a Maduro de Venezuela, y el colapso de la inteligencia y contrainteligencia cubana para prevenir el golpe militar.

Ante la prioridad anunciada por Donald Trump de tomar control de los recursos petroleros de Venezuela y de manejar el país a través de un gobierno chavista presidido por la vicepresidenta de Maduro, Delcy Rodríguez, Feeley dice que “es muy mala noticia para las oposiciones democráticas en Nicaragua y Cuba. Cualquiera que pensara que Donald Trump iba a ser su campeón para restaurar la democracia en Managua o en La Habana, debe pensar dos veces por el ejemplo de Venezuela ahora”.

Desde tu experiencia como exdiplomático de Estados Unidos y también como excapitán del cuerpo de Marinos, ¿cómo ves el operativo militar con el que Estados Unidos intervino en Venezuela para extraer al dictador Nicolás Maduro? ¿Qué conclusiones se pueden sacar de este operativo con la participación de 150 naves aéreas? ¿Estaba preparado el Ejército de Venezuela para repeler esa intervención?

Evidentemente, no. Podemos sacar varias conclusiones, lo más evidente es que las Fuerzas de Operaciones Especiales norteamericanas son las más poderosas del mundo y tienen un nivel de capacitación y experiencia que no tiene equivalente en ninguna parte del mundo, ni en China, ni en Rusia, ni en ningún país. Entonces, si las fuerzas bolivarianas estaban a la altura para repelerlas, evidentemente no.

Hay algunas preguntas sobre la posibilidad de una delación, de una conspiración, una traición a Nicolás Maduro, porque hubo muy poca resistencia antiaérea. Cuando los aviones estaban sobrevolando, cuando los múltiples helicópteros ingresaron, por lo que el Gobierno Trump ha dicho que no hubo tanta resistencia y ninguna baja de los efectivos americanos, aunque ahora están saliendo informes de que hubo varios heridos.

La segunda consideración es que el chavismo, posiblemente como el imperio de la Unión Soviética, es mucho más débil desde adentro de lo que los analistas habían contemplado por mucho tiempo. Hemos escuchado que tienen un aparato de inteligencia y contrainteligencia hecho por los cubanos, y es cierto, pero resulta que no estaban a la altura para combatir con las tropas especiales americanas.

Una de las primeras decisiones que adoptó la presidenta interina, Delcy Rodríguez, fue la destitución del general Marcano, que estaba a cargo de la guardia presidencial de Nicolás Maduro. ¿A qué atribuye ese desplome de la inteligencia cubana y la inteligencia del chavismo, a una infiltración, o una traición?

Para mí, es una combinación. Quiero subrayar que estoy especulando, yo no tengo información del gobierno chavista, pero hablando con muchos opositores venezolanos en el exterior, nadie realmente sabe, solo los operadores de las fuerzas americanas saben, y ellos como es costumbre, no van a decir nada. De hecho, el mismo presidente Trump revela mucha más información que lo normal.

Pero mirando a una semana desde el acontecimiento, es muy posible que hubo un delator en el equipo que le facilitaba información a los operativos de inteligencia americana. Trump había anunciado que tenían sus agentes allá, lo más probable no son gringos, son venezolanos que estaban allá, cerca al palacio o quizás, un pariente de alguien que trabajaba en la Guardia Presidencial. Uno nunca sabe, pero los agentes de inteligencia americana también son muy diestros y por el mero hecho que ya habían construido una maqueta antes de hacer el ataque y hacer ensayos te dice que tenían una inteligencia precisa.

Respecto a la contrainteligencia, con todas las apariciones públicas que Nicolás Maduro había hecho en las últimas dos semanas durante la temporada navideña, bailando en la calle, recorriendo Caracas, literalmente desafiando a Donald Trump —Ven, cobarde, ven, a ver qué puede pasar—, con una retórica bravucona. Hoy, cuando está en una celda, me imagino que Maduro está contemplando lo que ha dicho recientemente, pero puede ser que la contrainteligencia cubana no era tan buena y había bajado su guardia, solo el tiempo nos va a informar de seguro sobre eso.

Maduro está ahora ante una corte federal en Nueva York que lo va a juzgar por “narcoterrorismo” el 17 de marzo, pero la estructura de poder del chavismo se mantiene intacta. Delcy Rodríguez y su hermano Jorge manejan el Ejecutivo y la Asamblea. Diosdado Cabello sigue siendo el ministro del Interior y el general Padrino es el jefe del Ejército. Marco Rubio anunció un plan para manejar Venezuela a través del tutelaje de ese gobierno autoritario, con tres fases: recuperación económica, estabilización y transición. ¿Puede eso desembocar en una transición democrática en Venezuela?

Puede ser, pero en este momento yo lo dudo. No hemos tenido un cambio de régimen, hemos tenido un cambio de liderazgo dentro del mismo chavismo, eso parece que siempre fue el plan de Trump y de su Gobierno.

La Casa Blanca no ha negado que la CIA le dio al presidente Trump un briefing donde opinaba que Delcy (Rodríguez) iba a ser mejor para la transición que María Corina Machado. Y vimos con mucha tristeza, la forma despectiva con que el mismo presidente Trump literalmente la echó abajo durante su rueda de prensa en Mar a lago. Dio pena a los demócratas verdaderos de Venezuela y a los amigos de esa oposición democrática.

Y los mismos venezolanos están diciendo —tenemos que jugar las cartas que tenemos, no las cartas que quisiéramos tener. Si todo esto va a terminar en una transición democrática, la verdad es que lo veo difícil en el plazo corto o mediano, quizás en algún futuro lejano, eso sería mi deseo, pero por el momento Trump ha señalado que no le importa la democracia venezolana. Lo que sí le importa es el petróleo y que todo el mundo, los americanos, y él dijo también el pueblo venezolano, se enriquecerán por el petróleo.

Los expertos en petróleo y en desarrollo económico afirman que lo que Trump está haciendo en materia de control no va a tener un impacto sustantivo en la economía venezolana. Va a tener algún impacto a corto plazo, pero para transformar la economía petrolera se requieren muchos años, muchos recursos y sobre todo, una transformación de las instituciones económicas. ¿Estados Unidos se puede empantanar en Venezuela bajo el nuevo gobierno autoritario?

Excelente pregunta que se debe dirigir a las compañías petroleras americanas, que el viernes se reunieron con Donald Trump, porque según Donald Trump, ellos van a poner la plata, no el gobierno americano. Ellos van a poner la inversión necesaria, y van a comprar los supuestos 50 millones de barriles que ya están allá esperando una entrega. Y Donald Trump va a administrar los fondos procedentes de esa transferencia de petróleo. Todo me parece bastante nebuloso en términos de las garantías contractuales. El capital de las compañías petroleras americanas es cobarde, no se mete donde haya riesgos, y mientras las compañías petroleras son algunas de las que más riesgos pueden asumir, Venezuela tiene un récord  horrendo en términos de repagar deudas, en términos de cumplir con contratos, que yo lo veo difícil.

Yo creo que va a haber ganancias inmediatas con quitar sanciones, quizás Chevron que actualmente está ya y pueda ampliar un poco la producción, es posible según varios expertos con que he hablado, Venezuela suba a producir un millón de barriles por día. Pero acordémonos que cuando Chávez llegó a principios de este siglo, Venezuela ya en ese momento estaba bombeando sobre tres millones de barriles por día. Así que un renacimiento del sector petrolero venezolano en el plazo corto o mediano lo veo igual que el futuro de la democracia venezolana.

El plan de Trump no ha fijado alguna fecha para la convocatoria o celebración de elecciones. La pregunta es ¿podrá participar la oposición venezolana María Corina Machado, que ahora también está en el exilio en esa elección? Y segundo, ¿cómo se van a desmantelar las estructuras represivas autoritarias del Ministerio del Interior, del Ejército de la Seguridad en Venezuela?

María Corina Machado se va a reunir con Donald Trump pronto, vamos a ver qué pasa. Ella definitivamente quiere regresar, sabemos que es la mujer de hierro y el corazón de la oposición democrática en Venezuela, recipiente del Nobel. Pero también sabemos que su relación con Donald Trump se ha complicado, algunas voces en Washington dicen que cuando ella aceptó el Premio Nobel, creó un enemigo implacable en Donald Trump. Vimos la reacción de ella, literalmente, arrodillándose hasta el punto de decir que quería compartir su Nobel con él. La verdad es que está entre la espada y la espada, no de la pared.

Entonces, vamos en el plazo corto, indudablemente no va a participar en la política en Venezuela. Donald Trump dijo que él no ve una fecha límite para las elecciones, pero que puede tomar años, fue la palabra que él utilizó. Él no sabe.

Él simplemente está especulando. Lo que sí le importa es comenzar a sacar petróleo, y ver si Delcy es capaz de ser su títere, y de cumplir con los requisitos que él mismo pone y, francamente, nadie más, ni Marco Rubio, ni Pete Hegsed, él literalmente ha dicho que lo único que lo restringe es su moralidad en esta ecuación, y por lo que hemos visto en los primeros 12 meses de Trump 2.0., esa moralidad hace falta.

John Feeley, exembajador de Estados Unidos ante Panamá.
John Feeley, exembajador de Estados Unidos ante Panamá.

¿Qué significa esta intervención militar para América Latina, y para el resto del mundo? Cuando el presidente de Estados Unidos dice —Yo estoy por encima de de la ley internacional. ¿Puede tener esto impacto mañana en Cuba, en México, en Nicaragua, en otros países?

Tendríamos que revisar caso por caso, pero lo primero que indica es que es muy mala noticia para las oposiciones democráticas en Nicaragua y Cuba. Cualquiera que pensara que Donald Trump iba a ser su campeón para restaurar la democracia en Managua o en La Habana, debe pensar dos veces por el ejemplo de Venezuela ahora. Remover o extraer a un dictador como ORMU (Ortega-Murillo) o como Díaz-Canel. o el régimen en Cuba yo lo veo muy difícil, no porque Estados Unidos no lo pueda hacer, o porque un día Trump pueda amanecer y pensar —esto puede ser una buena idea hoy, pero por el mero hecho de que él no tiene un incentivo.

Si no fuera por el petróleo, Donald Trump hubiera tratado a Venezuela como él trata a Nicaragua, que es literalmente en el olvido. Él no ha mencionado Nicaragua, no le importa. Y por más que su secretario de Estado, un dizque demócrata que pretende amar la democracia, y va por el hemisferio pregonando eso, sus acciones hablan mucho más fuerte que su retórica. En la hora de verdad, Marco Rubio se ha hecho un buen achichincle ante el Tlatoani para usar jerga mexicana, que es Donald Trump. Si Trump dice a Marco Rubio —mira, lo siento, no va a haber elecciones en Venezuela, no tengo tiempo para eso. Marco Rubio no va a tener ninguna forma de replicar si él quiere mantener su puesto.

¿Qué impacto global puede tener esta política del presidente que dice no tengo límites, el límite es mi propia moralidad y no la ley internacional? Está reclamando Trump, la anexión de Groenlandia.

Eso es gran parte del de la problemática en que vive el mundo fuera de Washington. La imprevisibilidad de Donald Trump es una incógnita que nadie puede determinar. Y él mismo lo sabe. Donald Trump cree y ha dicho públicamente muchas veces que a él le gusta el caos. A él le gusta la incertidumbre, porque él piensa que tiene una ventaja. Es posible que sí, pero yo les recordaría a los que nos están observando, que es solo por el hecho de las fuerzas militares americanas.

Si no fuera por eso, Donald Trump no aparecería tan fuera de la ley o por encima de la ley para hacer lo suyo. Pero dado lo que pasó hace una semana, por el momento, o como famosamente dijo Chávez: “por ahora”, Donald Trump tiene toda las cartas en su mano para hacer lo que él quisiera hacer por lo menos en las Américas, porque el único freno que él tiene no es Rusia, no es China, y no es ningún país de América Latina, sino el electorado de los Estados Unidos.

El jueves vimos un acontecimiento en Washington que posiblemente va a tener mucha resonancia. Fue la adopción de un proyecto de ley de la Ley de Poderes de Guerra por el Senado de los Estados Unidos. Todavía no se ha aprobado un proyecto concurrente en la Cámara Baja, hay un proyecto, pero no se ha aprobado, pero eso representa una señal de rechazo de parte del pueblo americano, por el momento eso es el único freno sobre el poder de Donald Trump y su Gobierno.

¿La intervención militar en Venezuela tiene algún rédito político para Trump, gana o pierde ante su electorado en Estados Unidos? Apareció una encuesta donde la mayoría de la gente dice que no está de acuerdo, aunque los republicanos sí lo están apoyando.

Estados Unidos se ve reflejado según la militancia política del votante individual. La mayoría de los republicanos apoyan lo que ha hecho para quitar a Nicolás Maduro. Los republicanos siguen siendo totalmente consternados por la idea de que Estados Unidos va a administrar com sus manos la palanca de poder en Venezuela, porque tenemos todo el ejemplo de Irak y Afganistán, que fueron catástrofes para los intereses estratégicos de los Estados Unidos.

Entonces los republicanos hasta quitar a Nicolás Maduro, su esposa, ponerle el grillete, llevarlo por una operación militar quirúrgica, y enjuiciarlo en Nueva York, la mayoría están muy bien con eso, pero más allá no hay tanta exactitud de que Trump vaya a continuar gozando de su apoyo.

Entre los demócratas hay un rechazo enorme, no por por el hecho de que Nicolás Maduro esté en la cárcel, todo el mundo reconoce que era un cáncer, que era nefasto y cuando le preguntaban hace meses por el pretexto de la operación de la flotilla, antes del ataque, siempre el gobierno de Trump respondía con una letanía de las maldades de Nicolás Maduro y su régimen. Nunca nunca decían que era algo más que una operación antinarcótica, ahora se ve lo que era siempre la intención. Y los demócratas rechazan no solamente el empleo de las fuerzas militares americanas para un acto de guerra ilegal, pero rechazan tajantemente las violaciones de derecho internacional.

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Carlos F. Chamorro

Carlos F. Chamorro

Periodista nicaragüense, exiliado en Costa Rica. Fundador y director de Confidencial y Esta Semana. Miembro del Consejo Rector de la Fundación Gabo. Ha sido Knight Fellow en la Universidad de Stanford (1997-1998) y profesor visitante en la Maestría de Periodismo de la Universidad de Berkeley, California (1998-1999). En mayo 2009, obtuvo el Premio a la Libertad de Expresión en Iberoamérica, de Casa América Cataluña (España). En octubre de 2010 recibió el Premio Maria Moors Cabot de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia en Nueva York. En 2021 obtuvo el Premio Ortega y Gasset por su trayectoria periodística.

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