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Los costos para sacar a la dictadura

No hacer nada y esperar; bloqueos económicos a la dictadura; la justicia internacional; la vía armada

Rosario Murillo y su roce con los exmilitares en Nicaragua

Rosario Murillo junto a Daniel Ortega, en un acto público, el 28 de mayo de 2024, en Managua. // Foto: CCC

Natalia Cuadra Dumke

5 de junio 2024

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A raíz de la entrevista que le hiciera la periodista Lucía Pineda Ubau de 100% Noticias a Rafael Solís, el exmagistrado de la Corte Suprema de Justicia, hoy exiliado, desnacionalizado y confiscado—en donde propone un levantamiento popular— las y los nicaragüenses (dentro y fuera del país) y los grupos opositores tenemos que volvernos a formular la siguiente pregunta: ¿cuáles son los costos que estamos dispuestos a asumir para librarnos de la dictadura?

Con las últimas acciones de El Carmen de mantener en casa por cárcel a Humberto Ortega y del dictador de haber llamado a su hermano “traidor a la patria” en un acto en presencia del jefe del Ejército, el general Julio César Avilés, todo ha quedado claro: no habrá negociación con nadie porque entre otras cosas, tienen a Avilés y demás altos mandos militares arrodillados.


Sabían lo que hacían cuando iniciaron el proceso de cooptación con el Ejército— que enriqueció de manera ofensiva a la más alta casta militar. Por tanto, tomando esto en cuenta, la vía de negociación con la dictadura (al menos en las circunstancias actuales con una oposición fragmentada) está completamente cerrada. Dicho esto, no debemos perder de vista que todas las vías que decidamos tomar tendrán un costo, inclusive, hasta la vía del no hacer nada y esperar a que la biología haga su trabajo con la pareja gobernante, que tiene un costo, por cierto, altísimo. Veamos pues cuáles son estos costos de algunas de estas vías:

1. No hacer nada y esperar

Pero ¿esperar cuánto tiempo? ¿Uno, cinco, veinte años? Ni los relojes atómicos con sus segundos intercalares lo pueden predecir. Ante todo, no hacer nada implica una población nicaragüense (sobre)viviendo, buscando cómo resolver su día a día dentro del país bajo el ojo omnipresente de un Estado policial de facto que puede encarcelar a cualquier persona bajo la más mínima sospecha de ser opositor. No hacer nada y esperar también implica la continuación de confiscaciones ilegales muy difíciles de revertir en futuros cada vez más lejanos. Y por supuesto no hay que olvidar la continuidad de la migración masiva (que ya se va acercando a la cifra escalofriante de un millón de nicaragüenses) que como consecuencias están la desintegración del tejido familiar y la pérdida de capital humano.

También está lo que yo llamo “la tragedia detrás de la tragedia”: el uso de las remesas que envía el éxodo de nicaragüenses cuyas cifras astronómicas son usadas para sostener y darle continuidad al proyecto dinástico, y quizás alguno que otro proyecto social para mantener a la población aplacada (aunque sea por encima) porque ante todo sus prioridades yacen en sus aparatos represivos para mantenerse en el poder ad infinitum.

La otra consecuencia de sentarse a esperar es la posibilidad que decenas de exiliados (y autoexiliados) de cierta edad y con problemas graves de salud posiblemente no volverán a pisar el suelo de su patria nunca más. La muerte les llegará en el exilio como ya ha pasado con varios de ellos como es el caso de Michael Healey y otros rostros menos conocidos (del grupo de los 222) que han fallecido en las soledades de sus modestos cuartos que rentaban en los Estados Unidos. Y si no mueren en el exilio, esta espera será simplemente eterna como es el caso de Zoilamérica Ortega Murillo que tiene 20 años de estar esperando poder regresar a su patria desde que fuese desterrada por la psicópata de su madre en 2014, obligándola a exiliarse en Costa Rica junto a sus dos hijos, mientras el pueblo de Nicaragua seguía bailando (¡desde 1998!) al ritmo de la “Cumbia chinandegana” (por nombrar uno de los tantos ritmos de este país cuyas gentes presumen de ser “bien alegres”) con los ánimos a tope, auxiliados por los brebajes de la Ron Plata preparados con mucho cariño y esmero por don Carlitos porque lo cierto es que comenzado el nuevo milenio el baile siguió su curso con sus movimientos cada vez más atrevidos que llegaron a sorprender a los mismos bailantes presumiendo éstos de su nueva modernidad.

Y así se llegó pues a 2014 bailando con un “vamos a bailar, vamos a gozar”. Y salvo con el apoyo de doña Vilma Núñez de Escorcia y compañía, la niña Zoilamérica, ultrajada, violada, salió con su maletita y sus dos motetitos a cuestas rumbo a Costa Nica, pero nadie se dio cuenta porque los altavoces que tocaban la “Cumbia chinandegana” por doquier eran ensordecedores y por eso no escucharon ni los pasitos de la niña Zoilamérica ni cuando su madre le dio el portazo final. Por eso, hoy: yo te acuso Nicaragua, Nicaragüita, la flor más linda de mi querer, en los cielos y en la Tierra, por omisión, por haber abandonado a la niña Zoilamérica cuando ella más te necesitaba, aunque vos te sigás excusando con los versos renacentistas que te enseñó a declamar con tanto aplomo el mismo don Carlitos “ideay, si una vez que se llegó al baile hay que bailar”. Pero ahora que el bailongo ya ha cesado dejando un silencio que nos ha permitido distinguir los coros estridentes de las chachalacas en la densidad de la Selva Negra, ahora yo comprendo, ahora vos ya lo comprendés todo, Nicaragua, Nicaragüita.

–¿Ya captaste?

–Sí, ya capté.

2. Bloqueos económicos a la dictadura

Peticiones contundentes hacia los Estados Unidos (nuestro principal socio comercial nos guste o no,) por una oposición colegiada para que tome medidas de bloqueos en relación a las remesas, las exportaciones (sobre todo del oro) e importaciones. Este punto también incluiría un paro nacional indefinido dentro del país por parte del gran capital que lidera don Carlitos, don Ramirito y compañía, aunque eso signifique el cese de las ingestas de los (ejem) brebajes de don Carlitos que, no sé ustedes, pero a mí me han ayudado harto a paliar tanto sufrimiento.

Aparte de un continuo flujo de migración, quienes pagarían este costo serían por supuestos los nicaragüenses dentro del país a quienes se les condenaría a una situación económica extremadamente precaria, sino grave, especialmente en los casos de personas que dependen de la ayuda económica de sus familiares que costean sus gastos médicos. En otras palabras, ¿van a condenar a los nicaragüenses dentro de Nicaragua a cortar mangos y jocotes para comer? No es una pregunta retórica. Si se decide irse por esta vía (perfectamente legitima) hay que tener bien claro cuáles son los sacrificios y quienes son los que los costearán y por cuanto tiempo.

3. La vía judicial internacional

Esta vía es la que menos se ha explorado. El excanciller Norman Caldera es uno de los pocos que ha comenzado a trabajar muy fuerte en esto. Son procesos lentos y quizás por nuestra naturaleza impaciente es que la hemos dejado a un lado. Esta vía implica coordinarse con terceros países que acusen al Estado de Nicaragua ante la Corte Penal Internacional de la Haya por todos los crímenes cometidos desde 2018.

Para esto se necesita tener la cabeza bien fría y el corazoncito (ejem) en remojo en agua con hielo. Si ustedes quieren pueden sacarse sus corazoncitos y me los envían personalmente a mí, a la gélida Canadá y aquí yo se los resguardo en un gélido lago bajo una capa de hielo de un grosor que me permite patinar en él. Pero no se preocupen; no pienso patinar sobre sus corazoncitos, tendré mucho cuidado al hacerlo pues me considero una persona (ejem) altamente sensible.

Esto significaría una presión muy fuerte para la dictadura para obligarla a sentarse a negociar con una oposición colegiada. Los costos son casi los mismos de la vía uno, pero que si funciona no se pagarán por toda una eternidad. Debido a que la mayoría de los desnacionalizados ahora son ciudadanos españoles, me pregunto ¿es España el país idóneo al que debemos acudir para llevar a Nicaragua a juicios internacionales?

4. La vía de las armas

Esta vía que Rafael Solís ha propuesto en la entrevista con Lucía Pineda ha creado revuelo, y con mucha razón. Para aclarar, Solís no está hablando de una guerra prolongada que duraría años sino de un levantamiento popular que, según él, no debería durar más de dos años.

El principal costo, aparte de más migración, por obvias razones, sería la vida humana. A pesar de todos sus pecados, no juzgo y entiendo las frustraciones de Solís, pero creo que se equivoca al decir que el levantamiento armado es la única vía que nos ha funcionado en los últimos 200 años para derrocar nuestras dictaduras. Porque si es cierto que es así, ¿por qué entonces seguimos engendrándolas? El hecho que a seis años de la Rebelión de Abril aún no tengamos a una oposición en un solo frente nos dice que seguimos llevando un caudillito dentro.

–¿Me captan?

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Natalia Cuadra Dumke

Natalia Cuadra Dumke

Profesora de Español en el Departamento de Lenguas y Literaturas Modernas de la Universidad de Mount Allison. Colaboradora con la revista alemana Hispanorama.

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