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Lecciones para Nicaragua de cómo atrapar a un dictador

Atrapar a un dictador. La búsqueda de la justicia en un mundo de impunidad por Reed Brody. Así cayó Hissène Habré, exdictador de Chad

Atrapar a un dictador por Reed Brody

Reed Brody, abogado y fiscal húngaro-estadounidense de derechos humanos. Barcelona 12.06.2025 | Mireia Comas | Tomada de elmon.cat

Silvio Prado

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Hace unos meses Reed Brody, miembro del Grupo de Expertos en Derechos Humanos de las Naciones Unidas sobre Nicaragua (GREN), publicó el libro “Atrapar a un dictador. La búsqueda de la justicia en un mundo de impunidad”, en el que narra el largo proceso seguido para llevar ante los tribunales internacionales a Hissène Habré, ex dictador del Chad, unos de los muchos tiranos sangrientos que ha sufrido África. Fui a su presentación en Madrid guiado por el interés de conocer qué camino espera a quienes creemos en una salida política, pacífica y sobre todo con justicia para Nicaragua. 

Del libro se pueden extraer lecciones claves sobre los avances y retrocesos que marcan el camino que llevan algunas- muy pocas- veces a la cárcel a los déspotas. 

Tiempo… y paciencia 

Quizás sea una de las claves más importantes. Quien se embarque en estos procesos pensando en resultados a corto plazo que mejor abandone toda esperanza. La misión es larga, complicada y en algunos momentos penosa. Reed nos muestra que no basta con llenarse la boca con declaraciones grandilocuentes, prometiendo sentar en el banquillo de los acusados a quienes han utilizado el poder del Estado para asesinar a sus pueblos. Hay que prepararse para una larga lucha. Para el caso del dictador chadiano tomó 18 tortuosos años, en los que todos los protagonistas del proceso se dejaron jirones de piel (literalmente en algunos casos), opciones laborales jugosas, rupturas familiares y decepciones, entre otras consecuencias. Todo esto armados de una paciencia infinita sólo sostenida por la convicción en la victoria final, inmunes al desaliento.

Capacidad y experiencia para hacerlo  

Además de buenas intenciones se requiere de conocimiento del entramado de leyes de la justicia internacional, y de oficio en batallas anteriores que han dejado cicatrices y enseñanzas. El libro señala dos eventos cardinales en la vida del autor: su experiencia en Nicaragua a mediados de los 80 documentando los crímenes de la Contra que dio un giro a su vocación, y la captura de Pinochet en Londres en 1998, a cuya causa se sumó, poniendo a prueba la jurisdicción universal en vísperas de la creación de la Corte Penal Internacional. En este saber hacer, además fue decisivo contar con un equipo humano de profesionales y de víctimas de Habré, sin el cual a Reed le hubiera resultado imposible acometer una tarea que se volvió sumamente ardua. 

Protagonismo de las víctimas

Las pocas veces que el autor reconoce una de las claves del éxito logrado, refiere que “comprendimos que debíamos poner a las víctimas, a quienes se vieron directamente afectados, en el corazón de la acción y de la narrativa”. Por muy profesional y experimentado que hubiese sido el equipo de Reed, nada de lo logrado hubiera sido posible de no contar con la participación las víctimas del dictador, en cada una de las fases que atravesó el proceso, particularmente en los momentos difíciles cuando todo se inundaba de pesimismo. El protagonismo de las víctimas fue el polo a tierra del compromiso moral con que el equipo inició su andadura. 

Victimas dispuestas a dar la cara 

Aunque sea un factor implícito en el anterior, la disposición de las víctimas a brindar sus testimonios, comparecer ante las comisiones, ante los tribunales y ante los medios de comunicación no siempre ha sido un hecho evidente. Ha habido otros casos en los que las víctimas, por miedo, por vergüenza o por otras razones rehúsan testificar.  En el proceso contra Habré las victimas hicieron colas ante el palacio de justicia para dar sus testimonios, a pesar de que muchos de los torturadores y agentes del dictador derrocado seguían teniendo cargos importantes en la seguridad del Estado del nuevo régimen. Como se pudo comprobar durante las jornadas del juicio, los torturados y las mujeres violadas tuvieron la entereza de mirar a la cara al dictador mientras describían los horrores sufridos, incluso a manos del propio Habré.

Sortear las trampas de la política

Cuando se quiera juzgar a un exgobernante por sus crímenes, hay que tomar en cuenta los obstáculos que la política pondrá para que ello no ocurra. Incluso en casos como el de Habré, con miles de muertos sobre la mesa y con evidencias abrumadoras de los asesinatos, los mayores retos que enfrentó la lucha por la justicia provinieron de la política. Ni siquiera el hecho de que se encontrara refugiado en Senegal, sin el poder político de antaño, evitó que el exdictador maniobrara dentro y fuera del país, incluyendo la Organización para la Unidad Africana (OUA), Bélgica y Francia, para frustrar el empeño de hacerlo rendir cuentas por sus atrocidades. Siempre habrá que tener en cuenta que la principal fuente de la impunidad es la política. Si no, véase la historia de los pactos en Nicaragua que han enquistado la impunidad en nuestra cultura política. 

El dinero necesario para financiar un largo proceso 

Para llevar al chadiano ante la justicia se necesitaron no menos de 16 millones de euros (aproximadamente más de 18 millones y medio de dólares): 10 millones para el funcionamiento de las Salas Extraordinarias Africanas que juzgaron a Habré y 6 millones para el trabajo del equipo de Reed. Fueron 18 años de idas y venidas entre Chad y Senegal, entre Europa y Estados Unidos, de documentación de los asesinatos y sobre todo de acompañar a las víctimas para que rindieran sus testimonios ante comisiones, audiencias previas y juicios aplazados a última hora. Sin el respaldo de Human Rights Watch (HRW), donde trabajaba el autor, de donantes privados y de gobiernos europeos no hubiera sido posible poner al dictador tras las rejas. 

La documentación de los hechos, los archivos del régimen y los testimonios de exfuncionarios 

Para decirlo de forma breve, sin hechos probatorios debidamente documentados, no hubiera habido proceso judicial. En este ámbito tuvieron un papel fundamental los archivos que un ex-preso había reunido sobre casos concretos, y que detonaron el involucramiento de HRW y por añadidura de Reed. Posteriormente la documentación se amplió con los archivos encontrados en las instalaciones del principal de centro de torturas, tras el derrocamiento de Habré y, como no, con los testimonios de las víctimas. Para el caso de Nicaragua hay que subrayarlo: ningún esfuerzo de documentación de los crímenes cometidos por la dictadura orteguista es banal. Todo aquello que se haga por la reconstrucción de la memoria tiene valor y sin duda contribuirá a juzgar a los criminales que han causado tanta tragedia y dolor en nuestro país sin que medie un conflicto armado. 

Sin duda habrá otras lecciones que se puedan extraer del libro de Reed Brody sobre cómo atrapar a un dictador, pero de las arriba enumeradas se podría decir que son las elementales, aquellas que no podemos perder de vista desde ahora si queremos reconstruir nuestro país con justicia. Quienes trabajan con este propósito desde el campo de los derechos humanos deberían leer el libro; pero también quienes abonan cada día la esperanza de ver nuestro país libre haciendo lo que cada uno puede hacer sin margen para el desaliento. 

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Silvio Prado

Silvio Prado

Politólogo y sociólogo nicaragüense, viviendo en España. Es municipalista e investigador en temas relacionados con participación ciudadana y sociedad civil.

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