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En la antesala de una contracción económica: Nicaragua en 2025

La economía está creciendo a menor velocidad que la proyectada por el Banco Central y el FMI. La desaceleración ocurre a pesar del peso de las remesas

Una mujer sostiene un fajo de billetes de 1000, 500 y 100 córdobas. | Foto: Archivo

Manuel Orozco

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Hay un leve pero firme desaceleramiento económico en Nicaragua señalado por un bajo crecimiento del consumo privado, un marcado aumento en el crédito al consumo, acompañado con aumento en el desempleo equivalente a 1% de los trabajadores formales.

La segunda mitad de 2025 avizora la antesala de una contracción económica el próximo año frente a la que el régimen Ortega-Murillo no tiene una propuesta viable.

La economía de un país se mueve por el ritmo de actividad realizada por el consumo e inversión privadas (e incentivos del Estado), que van de la mano como parte de un vaivén entre oferta y demanda. El consumo privado tiende a generar mejor dinamismo económico cuando hay productividad en sectores innovadores y de mayor rendimiento como la economía digital y del conocimiento porque aumentan la calidad de vida y la distribución de la riqueza. Cuando la actividad económica se manifiesta predominantemente en el consumo de bienes y servicios primarios, y con poca transformación industrial y tecnológica, el ritmo económico es menos complejo, menos equitativo y de menor ingreso.

La Nicaragua de Daniel Ortega y Rosario Murillo gira en función de la economía primaria, agraria, consumista, e informal, sin transformación y generación de conocimiento y paralelamente con un Estado secuestrado por la corrupción de la cleptocracia que los gobierna.

Política aparte, el ritmo económico ha sido mediocre porque el Gobierno no genera incentivos para aumentar la complejidad económica, sino para profundizar un Estado rentista. El crecimiento económico que el país ha tenido después de la crisis político-económica de 2018 y la recuperación de la covid-19, es decir, a partir de 2021, está apoyado en dos pilares, el endeudamiento externo que oxigena la captura de Estado para beneficio del clan Ortega-Murillo y las remesas que alimentan el consumo privado de la mitad o más de los hogares.

En términos macroeconómicos, el peso más fuerte en la economía no es el ritmo exportador o la productividad nacional, sino las transferencias de trabajadores que salieron desde 2018; ningún otro sector económico altera su peso como las remesas que suben de 10% en 2017 a 33% en 2025 del PIB.

Al analizar el ritmo de la primera mitad de 2025, se observa que el crecimiento es cuantitativamente menor que cualquier indicador de las cuentas nacionales comparado con el 2024. También hay un cambio cualitativo en la actividad económica: el crédito se orienta más al consumo que a la productividad.

La desaceleración económica

Primero, sobresale que este año el peso de las remesas sobre el ingreso nacional es el más alto de la historia en que existe un récord sobre este valor. Esto se atribuye a que las remesas subieron 27% durante este período como resultado del temor de los migrantes nicaragüenses a ser deportados, por lo que optan por aumentar sus envíos como acción precavida.

El que estas transferencias hayan crecido, volumen que en más de 90% se integran al consumo privado, no corresponde con el bajo crecimiento del consumo a pesar de esta entrada de remesas que subió 4% más en su participación en solo seis meses.

Es decir, hay un elemento subyacente en la calle, la economía no está tan activa como las anécdotas de la gente y el bullicio hacen creer. Si las remesas hubieran crecido a la mitad (13%), el consumo privado hubiera crecido menos de 2%. Algo no está funcionando tan bien.

Segundo, al comparar las cuentas nacionales dentro del período de esta primera mitad del año, un aspecto importante que resaltar es que el crecimiento exportador repunta a no más de 1% y este se debe al aumento del valor del precio del oro, ya que en otros rubros (o mercados como el de Estados Unidos) no crecen de la misma manera y la participación de las exportaciones relativa al PIB (43%) se mantiene al mismo nivel que en años anteriores. 

El crecimiento de la inversión pública muestra una conducta típica, vinculada con el endeudamiento externo que la financia, particularmente el préstamo con el BCIE y en menor medida los desembolsos chinos. Ambas fuentes no son mayores comparadas a períodos anteriores pero no tienen un efecto multiplicador sobre la economía ya que responden a un modelo de acumulación centrífuga: hacia el círculo de poder, el cual es pequeño y compuesto de menos de 100 empresas.

En ese sentido, cuantitativamente, la actividad de la economía indica que ésta está moviéndose con menor fuerza a pesar del flujo de remesas, las cuales crecerán para todo 2025 en 20% y superarán los $6,200 millones.  

Este crecimiento del 20% es debido a que desde el mes de mayo el promedio de remesa enviada se ha mantenido en la misma cantidad, alrededor de $375, y no hay aumento en la cantidad de personas enviando dinero—es decir, la tendencia ascendente se detiene a partir de agosto de 2025.

Si la economía fuera más activa a través de otros factores, el crecimiento del consumo hubiera sido superior al 10%.

Es decir, si no hay dinamismo en el en el consumo privado, ni en el sector exportador, y la captura de Estado no se desliza sobre la economía, algo no está bien.

Un cambio cualitativo en el crecimiento como parte de la desaceleración

Aparte de estos síntomas, es importante anotar que en el semestre 2025, el crecimiento de la inversión privada sobresale como el de mayor auge. Pero este crecimiento ocurre a la par de la oferta crediticia, la cual muestra ir en disminución o baja comparada con períodos anteriores.

Al mismo tiempo se observa que en este primer semestre más del 60% del crédito va al consumo por encima de préstamos para la productividad.  En este sentido, de ocurrir una disminución en el consumo privado por una disminución del ingreso de remesas, se reducirá también el crédito.

La liquidez de ahorro en el país no ha crecido lo suficiente como para solventar un posible sobreendeudamiento, especialmente entre aquellos que dependen de remesa y se endeudaron en compras de autos y tarjeta de crédito—que tienen altas tasas de interés.  Si la capacidad de ahorro no solventa este endeudamiento, la caída de remesas golpeará más al consumidor que recibió créditos.

En resumen, la economía está creciendo a menor velocidad que la proyectada por el Banco Central y el Fondo Monetario Internacional.  La desaceleración ocurre a pesar del peso de las remesas, las cuales pasaron a ser el 33% del PIB en el primer semestre de 2025.

Estos cambios se dan también frente a una disminución en la contratación laboral—para fines de 2025 habrá 10,000 empleados menos que trabajan en la zona franca y el Estado y esto es 1.1% de la fuerza laboral formal.

El hermetismo del gobierno no da muestras de estar preparado para el cambio económico que se aproxima, aunque el secretismo en la restricción y censura para la publicación de datos sugieren que están anticipando movimientos adversos.

El Gobierno podrá tratar de solventar parte de una contracción económica en 2026 con un aumento en el gasto en subsidios y la inversión pública en construcción. Sin embargo, la filosofía económica del gobierno no resolverá la calidad de vida de los nicaragüenses, sino que profundizará una desigualdad social que ellos han creado con la captura de Estado: la inversión en construcción, que es superior a US$1,000 millones, ha beneficiado a grupos selectos, no a la nación, y afectado la inversión al capital humano de los ciudadanos que es inferior a los US$600 millones y que va a mas de 30% de la población en edad escolar o universitaria.

El aumento en la economía informal es la única certidumbre en este contexto y hay una correlación estadística entre estar en la economía informal y votar con los pies.

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Manuel Orozco

Manuel Orozco

Politólogo nicaragüense. Director del programa de Migración, Remesas y Desarrollo de Diálogo Interamericano. Tiene una maestría en Administración Pública y Estudios Latinoamericanos, y es licenciado en Relaciones Internacionales. También, es miembro principal del Centro para el Desarrollo Internacional de la Universidad de Harvard, presidente de Centroamérica y el Caribe en el Instituto del Servicio Exterior de EE. UU. e investigador principal del Instituto para el Estudio de la Migración Internacional en la Universidad de Georgetown.

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