La tragedia de errores de Trump
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Remesas disminuirán, desembolso de préstamos decaerá, servicio de la deuda aumentará, el turismo disminuye, y las exportaciones no bajarán el déficit
Un ciudadano muestra un fajo de billetes de 200, 500 y 100 córdobas. // Foto: Archivo
Aunque en la primera mitad del año 2025 el país registró una economía estable, con un crecimiento arriba del 4%, se acercan dolores de cabeza. El principal agente de este crecimiento fue la remesa. Al mismo tiempo, el resto del sector económico mantuvo un crecimiento menos considerable; las exportaciones mostraron el ritmo bajo de siempre y el endeudamiento externo también—sin embargo, la dependencia externa del BCIE cambió hacia China.
El ritmo económico dependió de tres fuerzas externas: las remesas, las exportaciones y el endeudamiento. Juntas son el 75% del Producto Interno Bruto este año. Ese peso tiene implicaciones importantes que pueden dar pauta para algo menos positivo en las cercanías del próximo año.
Detrás de un aparente crecimiento, la realidad es que la economía no se diversifica o expande: no hay inversión pública o privada para la competitividad en sectores punta de la economía del conocimiento y digital. Además, las fuentes de dependencia del crecimiento avizoran una tendencia decreciente—las remesas en 2026 disminuirán, el desembolso de préstamos externos decaerá mientras que el servicio de la deuda será mayor, el turismo está disminuyendo y el escenario exportador no reducirá el déficit comercial.
El reciente crecimiento de las remesas ha ocurrido en función del temor de los migrantes a la deportación. Los migrantes en Estados Unidos han estado enviando fuertes cantidades de dinero como medida de precaución en caso les agarren. El crecimiento del envío de dinero se produce porque la gente subió de $350 a $400 sus envíos promedio, mientras la migración no ha crecido y las deportaciones llegarán a 6000 personas este año.
Sin embargo, entre personas que decidan retornar y deportados, la cifra llegará a 10 000 personas menos enviando dinero o el equivalente a 1% de quienes envían remesa. Debido a que los nicaragüenses tienen modestos ingresos, de $3000 mensuales, enviar más de $400 está agotando sus fuentes de ahorro, situación que se traducirá en una disminución del promedio.
Este año el país no tendrá un aumento neto de nuevos remesadores porque la migración cayó a un total de 15 000 personas a medio término, sin excluir a los deportados. El efecto de una disminución de las remesas incidirá sobre el consumo y la renta tributaria de la que ahora depende mucho la gente y el Estado. ¿cómo abordará el Gobierno una disminución en las remesas y la renta y un aumento en la presión laboral? Lo más probable es que se queden de brazos cruzados. Esto es una interrogante vital porque en 2026 las remesas no crecerán más de 2% frente a una situación migratoria adversa, pues no habrá más capacidad de envío o de nuevos migrantes.
El crecimiento exportador ha sido moderado, de 3%, y sostenido en gran parte por el aumento en el precio del oro que en seis meses creció 25% en el mercado internacional. Las exportaciones de la zona franca se mantienen en un crecimiento debajo del ritmo tradicional en 2.6%. Con el aumento en los costos arancelarios, el volumen exportador puede disminuir el valor exportado para 2026 o mantenerse al ritmo de este año. El que esto suceda no es un aliciente considerando que mes a mes las importaciones siguen separándose por mucho del valor exportado: el déficit comercial es gigantesco, y eso tiene que ver con China. Las exportaciones crecen gracias a CAFTA mientras que las importaciones han aumentado para darle lugar a la invasión de bienes chinos.
El endeudamiento externo ha sido la principal fuente de inversión pública del Estado; sin embargo, está disminuyendo. Su principal acreedor, el BCIE, ha reducido sus contratos, ya sea por razones políticas o de riesgo financiero (el 37% de la deuda externa de Nicaragua es con el BCIE), a quien le paga el 62% del servicio de la deuda. Pero, para la dictadura la decisión de continuar las inversiones en obras públicas con endeudamiento externo es imperativa, ya que esto les permite mantener las lealtades con el sector económico de la construcción poblado por empresarios amigos del régimen, incluidos militares retirados.
De ahí que en 2024 negociaron más de $600 millones en préstamos con China—cuyo desembolso ha sido menor del 7% como una forma de compensar la caída. Aun así, el endeudamiento en 2025 será de menos de $500 millones, 35% por debajo del año anterior, una cantidad que será similar en 2026. En lo que va del año no hay mas negociación de préstamos para el 2026 y los desembolsos son una fracción del tamaño endeudado.
Esto indica que la inversión pública, aun acompañada de la corrupción y cleptocracia que la financia, no experimentará crecimiento. Sin embargo, el servicio de la deuda sigue aumentando; este año llegará a más de $800 millones—4% del PIB y subirá en 2026. Nicaragua sigue pagando más por su deuda que en la cantidad de los préstamos que obtiene.
Ante un estancamiento de la renta tributaria ante la desaceleración de las remesas, el presidente del BCN, Ovidio Reyes, buscará cubrir ese déficit con reservas o con extorsión tributaria. Pero no habrá impacto sobre la productividad.
A pesar de toda la propaganda interna y externa de la dictadura para promover llegadas al país, el turismo en Nicaragua no ha crecido. El número de extranjeros sigue siendo inferior a las llegadas en 2018 y no se reporta mejora este año, con menos de un millón y por debajo del 2024 que ya había declinado, lo que significa $500 millones en renta, mucha de la cual beneficia a empresas transnacionales o a socios del régimen. El turismo le ha dejado a la economía del país cerca de 2.5% del PIB, sin embargo, no ha repuntado desde 2018. El leve crecimiento del 2023 fue debido a razones políticas cuando Ortega y Murillo promovieron vuelos charters de migrantes de terceros países. Eso ya no se repetirá. El asunto es que dentro del modelo de la dictadura, el turismo es una economía de enclave favorable para pocos.
A nivel interno, el consumo privado ha dependido en más de un tercio del ingreso de remesas, y hasta la fecha la inversión privada no ha repuntado. Mas bien es notable considerar que este año la oferta crediticia será menor que en 2024 a pesar de existir liquidez en el país. La entrada de depósitos sigue creciendo mientras que la mora no ha cambiado significativamente y se mantiene en el 5%.
¿Por qué la banca no aumenta la oferta de crédito? ¿qué ha pasado con la modernización financiera digital? Estos números, cuando se contrastan con los indicadores externos (remesas, comercio, deuda y turismo), ofrecen un panorama de contracción económica que indica que el país exhibirá cero o muy bajo crecimiento en 2026. Solo el que las remesas crezcan 3% o menos, incidirá en un crecimiento de 1% de la economía, y si a esto se observa un comportamiento bajo de los otros indicadores, la situación se complica.
Esta complicación no es menor ya que en 2026 la presión laboral crecerá como resultado del retorno de al menos 15 000 personas entre deportados y exparoleados. La urgencia de aproximarse comercial y financieramente a China es el Plan A de la dictadura; sin embargo, el régimen no resuelve el problema principal del país: el desarrollo económico no se logra con financiamiento al consumo, sino a la productividad.
¿Son estos síntomas de una crisis económica? Lo más probable es que no y el FMI en todo caso saldría al rescate como suele hacerlo para evitar criticar a la dictadura. Sin embargo, el tema principal es que la visión económica de la dictadura no ofrece empleo ni calidad de vida, solo endeudamiento y pobreza, ya que el ingreso per cápita descenderá el otro año como resultado de esa contracción, mientras el costo de vida seguirá alto.
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Politólogo nicaragüense. Director del programa de Migración, Remesas y Desarrollo de Diálogo Interamericano. Tiene una maestría en Administración Pública y Estudios Latinoamericanos, y es licenciado en Relaciones Internacionales. También, es miembro principal del Centro para el Desarrollo Internacional de la Universidad de Harvard, presidente de Centroamérica y el Caribe en el Instituto del Servicio Exterior de EE. UU. e investigador principal del Instituto para el Estudio de la Migración Internacional en la Universidad de Georgetown.
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