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30 años después he vuelto a ser un lector más

Ese “exilio pequeño” se convirtió en un exilio grande, cuando la inseguridad nos empujó, uno a uno, a dejar atrás el espacio físico de nuestro país

Vista de un clásico del programa Esta Semana

Vista de una playlist de Esta Semana en nuestro canal de Youtube @ConfidencialNica. // Mockup: CONFIDENCIAL

Juan Carlos Ampié

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Antes de verme en medio de las trincheras de CONFIDENCIAL, yo era un lector más. Descubrí la revista en un café cercano a la Alianza Francesa, que visitaba para pasar el generoso receso de media hora de mis clases sabatinas. Oficialmente, se identificaba como boletín, pero para mi era una revista. Desde su diseño espartano a lo directo de su lenguaje, nada se le parecía en el ecosistema de la prensa escrita de ese entonces. Apreciaba como dejaba atrás las expresiones floridas y anticuadas del periodismo tradicional. Nada de “vital líquido”, aunque a veces se colaba “un granito de arena”. Pero más importante aún, el sentido de propósito pulsaba entre líneas. Si alguien quería entender Nicaragua en los noventa, no había mejor manera de hacerlo que pasar las páginas de CONFIDENCIAL.

Años después, como productor del programa de televisión Esta Semana, me convertí en testigo de primera línea de cómo se hacía ese periodismo complejo e incisivo. Compartíamos oficinas e historias, y ocasionalmente me tocaba guiar a sus redactores en el proceso de traducir sus artículos al medio audiovisual. Eventualmente, los cambios en la tecnología y los hábitos de consumo de las audiencias borraron la tenue línea que separaba nuestras redacciones. Nos convertimos en una sola, con el apellido “multimedia”.

Paralelo a ese proceso, similar al de tantos medios alrededor del mundo, vivíamos una circunstancia extraordinaria. Mientras luchábamos por seguir haciendo periodismo de calidad, enfrentando el éxodo de publicidad al internet y las demandas de la tecnología —no en balde desarrollamos una aplicación para teléfonos inteligentes antes de que la gente la demandara—, el Gobierno se corrompió en dictadura. La hostilidad contra los medios independientes se manifestó de un día para otro. Recuerdo cuando nos cerraron las puertas de las conferencias de prensa, y cuando los funcionarios de Gobierno negaban entrevistas a nuestros periodistas. Y aún así, seguimos.

Nuestra historia sobre la extorsión a empresarios extranjeros desarrollando un proyecto turístico en las playas de Tola delató la verdadera naturaleza del régimen, en los inicios de la segunda presidencia de Daniel Ortega, pero nada podía prepararnos para la ola represiva del 2018. Era una experiencia esquizofrénica. La rutina de reportería y el proceso de producción seguían el mismo proceso de siempre, pero su materia de observación era como el producto de una pesadilla. ¿Qué horror enfrentarían mis colegas fuera de la redacción? Eventualmente, la violencia derribó nuestra puerta. El brazo represivo del régimen robó nuestros equipos y se tomó nuestra oficina.

Ese “exilio pequeño” se convirtió en un exilio grande, cuando la inseguridad nos empujó, uno a uno, a dejar atrás el espacio físico de nuestro país. 30 años después, he vuelto a ser un lector más. Sin papel en las manos, pero con los ojos en la pantalla. A medio mundo y una vida de distancia, sigo tratando de entender qué pasa en Nicaragua, y por qué. Y CONFIDENCIAL sigue haciendo ese trabajo.


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Juan Carlos Ampié

Juan Carlos Ampié

Productor audiovisual con más de 20 años de experiencia. Docente de producción televisiva y talleres de producción. Autor de crítica cinematográfica en español e inglés. Publica en The Indie Blog de Popflick.com.

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