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Policía y paramilitares recrudecen asedio contra Nelson Lorío

“Me siento con casa por cárcel”, dice el padre de Teyler Lorío, quien fue retenido en Auxilio Judicial la semana pasada

27 de abril 2021

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La policía y los paramilitares del régimen de Ortega no dejan en paz a Nelson Lorío, padre del niño Teyler Lorío, quien fue asesinado de un balazo en la cabeza en junio de 2018. Durante el pasado sábado y domingo ha sufrido asedio en su casa de habitación.

El pasado 21 de abril, Lorío fue detenido por la Policía cuando iba a realizar un piquete de protesta cerca de Enabas en conmemoración de los tres años de la Rebelión de Abril. Según relató, grupos de civiles en vehículos particulares lo secuestraron, le pusieron su camisa en la cabeza y posteriormente lo llevaron a la Dirección de Auxilio Judicial (DAJ), conocida como El Chipote, donde estuvo al menos 24 horas siendo torturado psicológicamente. 


Tras su salida, Lorío explica que el sábado llegaron cerca de su casa varias patrullas policiales y el domingo, una moto con bandera del Frente Sandinista se estacionó frente a su puerta y las personas que la conducían se “mezclaron”, entre una multitud que se encontraba en una cancha deportiva cercana. 

“La represión y persecución hacia mi familia ha incrementado en todo sentido, al ver que ya no solo son patrullas del Distrito VII las que están pasando sino que también patrullas que dicen Dirección de Auxilio Judicial. No sé con qué objetivo, si es porque estuve preso y me quieren investigar por el delito inventado que ellos aducen del robo de un carro”, se preguntó Lorío. 

Lo señalaron por robo de vehículo

Según denunció la abogada de presos políticos Yonarqui Martínez, cuando Nelson Lorío fue detenido el pasado 21 de abril, la Policía alegaba que tanto él como Balbino Colleman, un ex atrincherado de la Unan Managua, estaban siendo señalados del robo de un vehículo. Esa misma acusación se hizo contra al menos cuatro de los detenidos de esa misma semana, según denunciaron diferentes grupos que siguieron los casos, entre ellos la Unidad Nacional Azul y Blanco y el independiente Monitoreo Azul y Blanco. 

Por ese acoso, Lorío expresa que siente que “tengo casa por cárcel”, a pesar que cuando fue liberado el pasado 22 de abril, lo hicieron firmar un documento de libertad y no uno que condicionaba su no encarcelamiento a vigilancia permanente de la Policía. 

“Mi hija como todos los domingos se recrea en una cancha donde estoy yo, y al notar que se parquea una moto con dos sujetos, la moto sin placas y portando una bandera del Frente, prácticamente me la pusieron enfrente de la casa, y los sujetos se revolvieron entre la gente que estaba en la cancha. (...) Yo aseguré a mi hija y no la dejé salir esperando que ellos se quitaran de enfrente”, dijo. 

El grupo de personas que Lorío identifica como paramilitares del régimen estuvo por lo menos durante tres horas en el lugar, lo que según el padre de familia provocó mucho temor en su hija. 

La muerte de Teyler Lorío

El 23 de junio de 2018, Nelson Lorío y su esposa iban caminando por las Américas I en Managua cuando una bala impactó en el cráneo de su hijo de 14 meses y 16 días. 

La pareja caminaba con sus dos hijos en aquel entonces, cuando escucharon disparos en los lugares cercanos donde anteriormente habían barricadas levantadas por estudiantes y ciudadanos que querían protegerse de los paramilitares del régimen. 

La Policía del régimen culpó a “delincuentes que asedian los barrios aledaños a la Universidad Politécnica de Nicaragua (Upoli)”, pero la epicrisis que emitió el hospital inicialmente decía que era “muerte por herida de arma blanca”, en otra dijeron: “sospecha de suicidio”. 

Cuando estuvo detenido el 21 de abril, la Policía revictimizó a Nelson Lorío mostrándole una y otra vez el video del día que su hijo fue asesinado y hasta le preguntaron qué quería él para que su familia estuviera “bien”. 

“Cuando se habla de paramilitares es más delicado el asunto porque ellos tienen licencia para matar”, dice Lorío quien asegura que la memoria de su hijo ha trascendido su grito por justicia y que ahora es una memoria que vive “en toda Nicaragua”. 

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Vladimir Vásquez

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