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Empresarios turísticos están preocupados por la pérdida de competitividad que significa perder a una de las pocas aerolíneas que volaban a Nicaragua
Aviones de Spirit Airlines permanecen en la pista después de que la compañía cesara sus operaciones en el Aeropuerto Internacional de Fort Lauderdale. EFE
La quiebra de Spirit Airlines disminuirá la competitividad de Nicaragua como destino turístico, al limitar durante un tiempo la disponibilidad de asientos para conectar al país con Estados Unidos. También hará que aumente el precio de los boletos. La simple aplicación de la ley de la oferta y la demanda hace que, al haber menos empresas ofreciendo un servicio, sea más alto el precio de ese servicio.
Spirit Airlines era una Ultra Low-Cost Carrier (ULCC, o aerolínea de ultra bajo costo), que comenzó a volar hacia Managua en 2007. La estrategia comercial de la empresa incluía usar aeropuertos alternativos en horarios poco demandados, en donde la tarifa cubría, básicamente, el costo del transporte aéreo. Nada de extras ni lujos. Todo lo demás, se pagaba por fuera.
“Ese mecanismo de bajo costo funciona para las personas que viajan prácticamente con una mochila y que no le importa dónde vayan a sentarlo”, explicó Alfredo Gutiérrez, expresidente de la Asociación Nicaragüense de Touroperadores. Los requerimientos cambian cuando se trata de un viaje de negocios o de turismo, porque en esos casos “siempre hay equipaje de por medio”, añade el empresario. Y el equipaje se paga por aparte en las ULCC.
Con todo, Spirit tenía su clientela, y esos pasajeros tendrán que buscar alternativas. Y si de volar directamente a destinos dentro de Estados Unidos se trata, las opciones son Avianca, United y American. Las tres están ofreciendo opciones, aunque esas opciones no estén disponibles para todos.
Avianca ofreció la “opción de retorno sin cobro de tarifa aérea a quienes ya hayan volado el trayecto de ida, tengan un tiquete de regreso con Spirit al destino original, y se hayan visto afectados. Esta opción está sujeta a disponibilidad y a las condiciones del plan de protección”, dijo la empresa.
En este caso, los pasajeros deberán llegar al aeropuerto el mismo día de su viaje original (o un día antes), para ser reubicados en vuelos de Avianca que tengan disponibilidad, por orden de llegada. Esta alternativa aplica para quienes tengan tiquetes emitidos por Spirit entre el 2 y el 16 de mayo de 2026.
El plan cubre vuelos entre Fort Lauderdale (Florida), y varias ciudades de Colombia, además de las capitales de Perú, Guatemala, Honduras y Costa Rica. Nicaragua no está incluida.
United por su parte, informó a los clientes de Spirit que tenían boletos para volar entre el dos y el 16 de mayo de 2026, que “estamos limitando las tarifas en la mayoría de los vuelos de viaje sencillo de United en los que también volaba Spirit”
En paralelo, American implementó tarifas especiales en las rutas de Spirit donde ellos también ofrecen vuelos directos. American opera en 70 de los 72 aeropuertos a los que volaba Spirit, y en 67 de las rutas específicas que operaba la aerolínea ahora declarada en quiebra. La empresa informó que están evaluando la necesidad de aumentar el número de asientos, “incluyendo el uso de aeronaves más grandes y la adición de vuelos en rutas críticas, para brindar apoyo al mayor número posible de pasajeros afectados”.
Nicaragua es un país con poca conectividad aérea. Además de las dos estadounidenses (American y United), al país llegan la panameña Copa, la colombiana Avianca, además de Sansa (Costa Rica), Aeroméxico, y Conviasa de Venezuela. Aparte de unos pocos vuelos charter, es poco más lo que recibe el país.
En contraste, El Salvador y Panamá tienen sus propios hubs regionales; Costa Rica y Guatemala cuentan con conexiones intercontinentales, todo lo cual responde a la potente industria turística de cada uno de esos países.
Nicaragua por el contrario, sigue sin ser capaz de acercarse al notable logro de 2017, cuando el país recibió casi dos millones de turistas, según el Informe Anual 2019, elaborado por el Banco Central. Aunque ese número llegó a 1.2 millones en 2023, los dos años siguientes estuvieron marcados por sendos descensos: 1 086 000 en 2024, y 1 079 000 en 2025.
Una fuente del sector turístico que pidió mantener el anonimato, explicó que “los índices han estado retrocediendo… en término de llegada de turistas, renglón que prácticamente se ha estancado. Si hubo una ligera mejora en términos de ingresos, fue porque los costos han subido”, añadió.
De ahí que esta fuente concluya que la quiebra de Spirit “definitivamente será una afectación adicional a los datos decadentes que muestra la actividad turística en Nicaragua”. Lo dice pensando en que el mercado verá subir el precio de los boletos.
“Mientras más competencia hay, mientras más asientos disponibles hay para viajar a un destino, los costos se abaratan, pero cuando la disponibilidad de asientos se reduce, los boletos suben de precio”, recalcó.
Gutiérrez también lo ve así porque sabe, como antiguo dueño de una agencia de viaje, que la actuación de las aerolíneas se basará en un modelo de libre mercado.
“Si una determinada cantidad de pasajeros pasa de tener tres opciones a tener solo dos, las que queden buscarán cómo ganarse el pedazo del pastel de los pasajeros que ya no tienen la tercera opción”, ilustró. Las líneas aéreas restantes empujarán a sus equipos de mercadeo para tratar de captar a la mayor cantidad de esos clientes.
Desde la perspectiva de los empresarios que siguen dentro del rubro turístico, la quiebra de Spirit es un nuevo motivo de preocupación porque reduce la cantidad de asientos. “Al haber menos oferta de asientos, y boletos más caros, disminuye la competitividad de Nicaragua frente a los otros países de la región, que tienen más vuelos llegando a sus países a costos más reducidos”.
Mientras tanto, hay un total silencio total sobre el tema por parte de la autoridad en el sector, el Instituto Nicaragüense de Turismo (Intur).
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Periodista nicaragüense, exiliado en Costa Rica. Durante más de veinte años se ha desempeñado en CONFIDENCIAL como periodista de Economía. Antes trabajó en el semanario La Crónica, el diario La Prensa y El Nuevo Diario. Además, ha publicado en el Diario de Hoy, de El Salvador. Ha ganado en dos ocasiones el Premio a la Excelencia en Periodismo Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, en Nicaragua.
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