Así está transformando China la industria de los chips
PUBLICIDAD 4D
PUBLICIDAD 5D
La ansiedad, la depresión o el aburrimiento pueden despertar un tipo de hambre que no tiene que ver con nuestras necesidades fisiológicas

Foto: Agencias | Niú
El termino alemán Kummerspeck es una de esas palabras, como las españolas sobremesa y vergüenza ajena, difíciles de traducir a otros idiomas. Proviene de kummer, pena, tristeza, y speck, tocino o panceta. O sea, significaría algo así como penapanceta y actualmente es utilizada por algunos psicólogos para definir los atracones emocionales, tan frecuentes hoy en día.
¿A qué nos referimos exactamente? Todos nos podemos identificar con esas situaciones en las que el estrés, la ansiedad o la carga de trabajo acumulada influyen, casi siempre de forma negativa, en nuestra dieta. Cuando un mal día acaba con un ataque indiscriminado a la nevera. Y no para atiborrarnos de fruta o verdura, precisamente.
Podríamos hablar de alimentación emocional, entonces, como aquel proceso en el que nuestro estado de ánimo genera conductas alimentarias que pueden dañar nuestra salud.
Esto se debe a que nuestro cerebro busca una recompensa inmediata frente a los déficits emocionales. Alimentos como los que contienen elevadas cantidades de azúcares, sodio o grasas, o potenciadores del sabor como el glutamato monosódico son capaces de enviar mensajes de satisfacción casi inmediatos a nuestra mente. Estos compuestos aumentan, además, la sensación de apetito.
Las causas que provocan hambre emocional son muy variadas. Saber el origen del problema es la mejor forma de comenzar a resolverlo. He aquí algunas situaciones que pueden desencadenarlo:
Esta conducta en alza contribuye a agravar un problema de salud global. Según la Organización Mundial de la Salud, la obesidad se ha triplicado desde 1975. En 2016 había un 39 % de adultos con sobrepeso, cifra que sigue aumentando y que a menudo está en el origen de las llamadas enfermedades crónicas no transmisibles: trastornos vasculares, cánceres asociados al sedentarismo, enfermedades respiratorias y diabetes.
¿Y cómo podemos evitar este tipo de conductas? El primer paso es reconocer cuáles son las causas y los motivos que nos llevan al atracón emocional. Ser capaces de distinguir qué tipo de hambre estamos padeciendo puede ser una buena forma de comenzar:
Además de reconocer la situación que estamos viviendo, podemos buscar alternativas a esos comportamientos:
Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original titulado: Atracones emocionales: Cuando asaltamos la nevera para aliviar el malestar psicológico. Iván Fernández Suárez, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja.
PUBLICIDAD 3M
The Conversation es una plataforma editorial sin ánimo de lucro que difunde artículos y análisis de la comunidad académica e investigadora. Se fundó en Australia, en marzo de 2011, y cuenta con ediciones en varios países e idiomas.
PUBLICIDAD 3D