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“Rosario Murillo es la inviabilidad de la dinastía, están aislados, y no hay con quién pactar”

Dora María Téllez: “El liderazgo de la concertación democrática debe presentar una hoja de ruta y enfocarse en Nicaragua, no en el exilio”

Dora María Téllez

Dora María Téllez, tras su excarcelación y destierro a Estados Unidos, en febrero de 2022. // Foto: Dánae Vílchez | Open Democracy

13 de febrero 2024

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A un año de su excarcelación y destierro en Estados Unidos, después de permanecer 605 días en una celda confinamiento solitaria en la cárcel de El Chipote, la exrea política, Dora María Téllez, considera que el liderazgo opositor de la Concertación Democrática en el exilio, debe presentar “una hoja de ruta de la transición democrática”, enfocada en Nicaragua. 

El principal desafío de la oposición “es construir una opción de poder frente a los ojos del pueblo nicaragüense y estar permanentemente conectada con Nicaragua”, no solamente con el exilio y los migrantes, afirma la exdirectiva de Unión Democrática Renovadora (Unamos), y responder a los problemas que tienen los nicaragüenses “de empleo, corrupción, el régimen de terror, la angustia por su sobrevivencia económica, la sobrevivencia emocional de estar permanentemente acosados”. 


La exguerrillera sandinista e historiadora, desterrada a Estados Unidos, donde está integrada como investigadora en la universidad de Tulane, descarta la viabilidad del “modelo dinástico” propuesto por la dictadura Ortega Murillo en Nicaragua, por el repudio que genera la vicepresidenta Rosario Murillo en las propias filas del FSLN y en las instituciones políticas del régimen. 

“Rosario Murillo disfruta de una enorme unidad en su contra en Nicaragua. La gente que incluso es “danielista”, no son “chayistas”, dice Téllez, aludiendo a la inconformidad que existe en el Ejército y en otras instituciones del Estado, ante la eventualidad de que Murillo asuma “el poder total”. Además, a diferencia de los Somoza que impusieron una dinastía, dice Téllez, los Ortega Murillo “ya no tienen con quién pactar, ellos liquidaron todas sus opciones de pacto, y están aislados”. 

En una entrevista con Esta Semana y CONFIDENCIAL, Dora María Téllez describió el dolor del destierro en que se encuentran los 222 expresos políticos en Estados Unidos, y la alegría de poder estar fuera de la cárcel luchando por Nicaragua: “Cada día que pasa es un día menos que estamos en esta situación, y es un día que nos acerca a nuestro regreso a nuestra casa, que es Nicaragua”. 

El destierro de los 222

Hace un año terminaron tus 605 días de confinamiento solitario en una celda de la cárcel de El Chipote. ¿Cómo viviste ese momento de tu liberación y después el destierro a Estados Unidos? 

Es un momento bien difícil porque para mí el sentimiento dominante era el destierro, es como que te arranquen de raíz, que te arranquen las raíces del suelo, es un sentimiento duro. Y también la alegría de estar fuera de la cárcel, no completamente libre, porque uno fue libre en su país. Pero, fuera de la cárcel eso es un paso importantísimo. 

Ese sentimiento agridulce, esa contradicción que uno siempre mantiene, a lo largo de todo el tiempo que pasa fuera de Nicaragua, es un sentimiento que todavía tengo hoy y que puedo tener mañana y que voy a tener todos los días. Estoy segura que el resto de los desterrados, lo vive igual. Uno puede hacer su vida, puede continuar, trabajar, sostenerse, puede apoyar a su familia, pero siempre hay una parte de dolor presente ahí y una parte de la alegría de poder estar fuera luchando por Nicaragua. 

Cada día que pasa al final de cuenta es un día menos que estamos en esta situación, y es un día que nos acerca a nuestro regreso a la casa, a nuestra casa, que es Nicaragua. 

La excarcelación de los 222 generó una explosión de alegría en Nicaragua, y una gran esperanza por el relanzamiento de la oposición de muchos líderes que estaban en la cárcel. Pero hoy la mayoría de los expresos políticos, están dedicados a reconstruir sus vidas como familia, su sobrevivencia, su sanación personal. ¿Qué representa hoy este grupo de los 222?

Ciertamente, el grupo se ha enfrentado a unas enormes dificultades. Unos más que otros, para poder insertarte en esta sociedad, en esta cultura, con otro idioma que la inmensa mayoría no hablamos. Buscar trabajo, tratar de reunirte con la familia, de proteger a la familia, pues muchas familias han estado amenazadas en Nicaragua mucho tiempo y además de eso, tratar de hacer un activismo político al alcance de cada uno. 

Esta ha sido una etapa muy difícil y la sanación personal también ha sido fundamental. Yo recuerdo que la primera semana que estuvimos en el hotel en Washington, la inmensa mayoría ni siquiera podía dormir. La emoción en la cárcel es muy dura, y dura tiempo, y luego la estabilización emocional toma también tiempo, ir sanando poco a poco, y ahora incorporarse a la actividad política. 

Este es un buen momento. El aniversario es un cierre de alguna manera, esta es nuestra siguiente etapa. Y yo siento a este grupo listo, en términos generales, para retomar el activismo político de una u otra manera. Claro, hay un liderazgo que tiene mayor responsabilidad, indudablemente. 

La oposición en el exilio, conectada con Nicaragua 

Bajo el estado policial que hay en Nicaragua, que se ha reforzado incluso, durante todo 2023, con el recrudecimiento de la persecución contra la Iglesia católica, las confiscaciones, la extorsión económica, ¿puede la oposición, la Concertación Democrática de Monteverde, convertirse en una alternativa de poder desde el exilio? 

Deberían lograr construir el mecanismo de concertación democrática como una opción de poder. Pero lo más importante es construirse como una opción frente a los ojos del pueblo nicaragüense. Es decir, el gran reto del liderazgo opositor, fuera del país, es estar permanentemente conectado con Nicaragua, no necesariamente solo conectado con la realidad del exilio, porque el exilio tiene otras características políticas, emocionales, distinta a la que tiene el país. 

Entonces, uno de los grandes desafíos del liderazgo que está en el exilio es conectarse con los problemas fundamentales que tienen los nicaragüenses su problema de empleo, la corrupción, la amenaza, el régimen de terror, la angustia que pasa la mayor parte de la población nicaragüense por su sobrevivencia económica, la sobrevivencia emocional de estar permanentemente acosado. 

El dilema central de la oposición es conectarse con la realidad nacional a tiempo completo. Eso no quiere decir que no haya conexión con los exiliados y con los emigrados nicaragüenses, pero el cambio puede producirse y se va a producir con el componente esencial dentro de Nicaragua. 

Después que fue aplastada la rebelión cívica por la represión en 2018 y 2019 y luego las elecciones de 2021, que fueron anuladas por la fuerza por el encarcelamiento del liderazgo opositor, ¿qué perspectivas de salida tiene la crisis política en Nicaragua? ¿Cómo se puede terminar con la dictadura? 

Hemos escogido el camino cívico y el camino cívico forzosamente pasa por unas elecciones. No hay otro camino. Si escoges la ruta cívica, tenés que ir a una elección, porque no hay otra. Lo que nos queda es el desafío de llevar hoy al régimen de los Ortega Murillo al límite en que ellos estén claros de que no tienen ninguna otra salida más que abrir la transición a la democracia en Nicaragua. 

Eso es lo que viven todos los días los Ortega-Murillo, están aislados internacionalmente, están aislados a nivel nacional, están siendo abandonados por su propia base social, tienen un deterioro enorme de las instituciones públicas. La represión no les sirve para nada y tienen una enorme impotencia. Saben que dentro de las oficinas del Estado la gente por lo bajo habla en contra de ellos. Saben que no están respaldando ese régimen. Su base está completamente perdida. Es un régimen que está colgado de la represión policial y de la anomia del Ejército, pero fundamentalmente de la represión policial. 

Ya ni siquiera está colgado de las estructuras que lo sostienen, como era el sistema judicial. La prueba está en que han tenido que barrer en el sistema judicial a todo lo que ellos sospechaban que eran probables opositores o que son enemigos del grupo que ahora está tomando el poder en la familia Ortega-Murillo. Ellos están en ese camino que no tiene este final feliz para el régimen de los Ortega-Murillo. Lo saben. 

Rosario Murillo hace inviable el modelo dinástico 

Pero el plan de la dictadura es perpetuarse en el poder como una dictadura dinástica. De hecho, ya ha empezado un proceso de sucesión de Daniel Ortega a Rosario Murillo. ¿Podría Murillo asumir el poder absoluto? 

Rosario Murillo disfruta de una enorme unidad en su contra en Nicaragua. La gente que incluso es “danielista”, no son “chayistas”. Ella concita un repudio generalizado. Cuando se habla de sucesión y yo veo que han sacado a Laureano Ortega como tercero en la línea de mando dentro del Gobierno, dentro del partido, es porque hay problemas en la cabeza. Eso quiere decir que Daniel Ortega está en problemas, cualquiera que esto sea. Y como está en problemas quieren garantizarse una sucesión dinástica.

Pero este ya no es el modelo de la dictadura de los Somoza. La dictadura de los Somoza hizo posible la sucesión dinástica por los pactos. Los Ortega Murillo no tienen con quién pactar, ellos liquidaron todas sus opciones de pacto y están totalmente solos. 

Por la razón que sea, fuera de circulación Daniel Ortega, yo veo a Rosario Murillo concitando la animadversión de todo el mundo y además veo, las filas del Ejército inconformes con un poder total de Rosario Murillo, y veo en el Estado, en el Gobierno, en el sistema judicial y en la propia Policía, una inconformidad importante respecto al control del poder político por ella. Esa es la inviabilidad que tiene ese modelo dinástico, además de su soledad, de la falta de con quién pactar y del aislamiento total que tienen a nivel internacional. 

Pero este modelo dinástico se mantiene bajo una cierta normalidad económica en el país y por el otro lado, una total parálisis política. En Nicaragua no hay sociedad civil, no hay sociedad política y se vive bajo un entorno de miedo y de silencio. 

Yo recuerdo que 1977 fue el mejor año económico de la historia de Nicaragua, y la familia Somoza estaba en crisis. Es decir, la economía sana, buena, no es necesariamente el condicionamiento de la crisis política. 

Los nicaragüenses hemos enfrentado dictaduras que aterrorizan, el terror que impuso la dictadura de los Somoza fue enorme. Y sin embargo, la actuación del pueblo nicaragüense siempre fue desafiarlo. Francamente, creo que ese momento va a llegar y ellos también saben que ese momento del nuevo gran desafío popular en Nicaragua está llegando. 

¿Cómo se va a construir? Pues se construye, porque es cierto que ellos disolvieron formalmente las organizaciones, pero esos movimientos existen porque existen las personas dentro de Nicaragua, y o vencemos el miedo o simplemente el miedo nos vence a nosotros. 

Yo tengo una enorme esperanza en los grandes recursos que tenemos todos los nicaragüenses para desafiar el temor a una represión policial y darnos cuenta de que entre el temor a la represión y el infierno en que los Ortega–Murillo han convertido a Nicaragua, la cárcel enorme en que han convertido a Nicaragua, el desastre que han llevado al país y a los nicaragüenses, pues es preferible enfrentar el miedo a la represión, que seguir viviendo lo que estamos viviendo. 

Una hoja de ruta de la transición  

Ese liderazgo opositor que salió de la cárcel y que algunos han dicho: “Nos encontramos, nos conocimos, aprendimos a ser tolerantes”, ¿está preparado para el día después de la caída del régimen para una transición democrática? 

Tiene que prepararse. Esta Concertación Democrática en Monteverde, necesitamos que ellos pongan sobre la mesa una hoja de ruta para llegar a ese día en que se abra la transición democrática. Eso hay que hacerlo ya. Y también una hoja de ruta para el día después. 

Es fundamental que estos grupos de unidad opositora diversos nos concentremos con el pensamiento en Nicaragua, para poder saltar los escollos de visiones sectarias, extremistas, que a veces dominan en el ánimo de la gente que pierde la esperanza. Cuando la gente pierde la esperanza, se desanima, se desmoraliza y entonces se polariza el ambiente. Necesitamos que estos mecanismos de unidad, de concertación democrática, puedan infundir esperanza, pero que presenten una hoja de ruta al país para avanzar en esta dirección para lograr una transición democrática. 

Y para eso se requiere valentía, me refiero a valentía política. ¿Cuál es el lindero inmediato al que tenemos que llegar? Yo lo veo en las elecciones de 2026. Faltan tres años. Bueno, de aquí a las elecciones de 2026 la situación de Ortega-Murillo debe ser lo suficientemente difícil como para que estén claros que tienen que abrir espacios para una elección limpia, transparente, competitiva en Nicaragua. 

Entonces, el gran desafío del liderazgo opositor es presentarnos esa hoja de ruta, asumir cuál es el lugar a donde tenemos que llegar en nuestra primera meta inmediata, llegar a esas elecciones libres, transparentes y competitivas, y pedir apoyo internacional para que ese camino sea posible.

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Carlos F. Chamorro

Periodista nicaragüense, exiliado en Costa Rica. Fundador y director de Confidencial y Esta Semana. Miembro del Consejo Rector de la Fundación Gabo. Ha sido Knight Fellow en la Universidad de Stanford (1997-1998) y profesor visitante en la Maestría de Periodismo de la Universidad de Berkeley, California (1998-1999). En mayo 2009, obtuvo el Premio a la Libertad de Expresión en Iberoamérica, de Casa América Cataluña (España). En octubre de 2010 recibió el Premio Maria Moors Cabot de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia en Nueva York. En 2021 obtuvo el Premio Ortega y Gasset por su trayectoria periodística.

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