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Ortega ordena vigilancia para capturar y procesar a “terroristas” y “conspiradores”

El dictador amenazó a los “vendepatria”, se desbordó en elogios a China y Rusia, y reiteró que hay que desaparecer a las Naciones Unidas

Daniel Ortega ordena vigilancia contra ciudadanos en Nicaragua el 19 de julio de 2025

Daniel Ortega durante el acto del 19 de julio de 2025. // Foto: CCC

Iván Olivares

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En un discurso de 81 minutos en el que se desbordó en elogios a Rusia y China y abogó en más de una ocasión por disolver las Naciones Unidas, Daniel Ortega instó con voz cansada a sus seguidores a espiar a sus vecinos “para que no le quede espacio alguno a los terroristas, a los conspiradores, a los vendepatria, porque sabrán que en cuanto se les descubra, se les captura y se les procesa”.

La ocasión fue la celebración del 46 aniversario de la victoria del pueblo nicaragüense sobre la dictadura somocista. El lugar, la Plaza la Fe, a orillas del Lago Xolotlán en Managua, ante unos 34 000 asistentes entre policías, militares, miembros de la Juventud Sandinista, y empleados del sector público. Esta vez, no presentó a ninguno de los titulares del resto de poderes nominales del Estado. Ningún ministro. Ningún diputado. Ningún viejo combatiente, ni jefe policial o militar.

A la par de la pareja copresidencial estuvieron los invitados internacionales: algunos suplentes de lujo llegados desde China, Rusia, Abjasia y Osetia del Sur Palestina, Cuba, Venezuela, Argelia, Bielorrusia, Vietnam, Abjasia, Myanmar, Burkina Faso, Corea del Norte, Honduras, Costa de Marfil, y Kuwait.

Insistiendo en el mantra que repite su esposa y copresidenta, Rosario Murillo, Ortega dijo que “tenemos paz, y eso no significa que el enemigo descansa. El enemigo siempre está conspirando… tratando de provocar derramamiento de sangre. Tratando de provocar dolor en las familias nicaragüenses, porque piensan que pueden derrocar a la revolución, porque cuentan con el respaldo de los imperialistas de la tierra”.

“Por eso tenemos que mantenernos siempre con todas las tareas que tenemos que cumplir: estudio, preparación, trabajos y diferentes actividades, sin descuidar en el lugar, en el barrio donde estemos trabajando, sin descuidar la vigilancia revolucionaria”, mandando así a revivir la práctica de espionaje y delación ciudadana, que se practicaba en los años 80.

El discurso estuvo plagado de los lugares comunes de Ortega sin abordar ninguno de los problemas nacionales: el desempleo y la carestía del costo de la vida, la supresión de las libertades, la corrupción pública, y la reinserción de miles de deportados que llegan de Estados Unidos. En cambio habló del general Augusto Calderón Sandino y Rubén Darío. Andrés Castro y el general José Dolores Estrada, esta vez, con el añadido de los indios flecheros de Matagalpa. China y Rusia. Hitler y Napoleón tratando de invadir a Rusia. Rusia contra los nazifascistas de Ucrania. La OTAN contra Rusia. Israel contra Palestina. Estados Unidos e Israel contra Irán, que solo quiere la energía nuclear para darle un uso pacífico.

Etcétera.

Desintegren las armas nucleares

Ortega llegó a la plaza a las 6:25 de la tarde, conduciendo uno de sus flamantes Mercedes Benz, escoltado por media docena de vehículos policiales y centenares de policías que corrían a la par de su vehículo. Lo esperaba una multitud formada en 227 bloques homogéneos que le vitorearon apenas bajó del lujoso automotor, coreando viejas consignas de los años 80 del siglo pasado.

Mientras se acercaba a su sitio en la tarima central, Ortega y Murillo se dedicaron a saludar a sus invitados, que esperaban a que les llegara el momento de recibir su saludo. A veces, ella tenía que empujarlo con disimulo, para que no se quedara más tiempo del necesario estrechando la mano de alguno de ellos.

Al hacer el recorrido por la situación geopolítica global —incluyendo, aunque no lo mencionó de forma explícita, los reclamos en contra de su Gobierno— Ortega cuestionó una y otra vez a la Organización de las Naciones Unidas (ONU), preguntando qué es lo que hace ese organismo. A renglón seguido, recordó cuando el padre Miguel D’Escoto “presidió las Naciones Unidas” (en realidad, lo que presidió fue un período de sesiones), oportunidad que el ya fallecido diplomático aprovechó para proponer una refundación del organismo.

“Están unidos ahí [en la ONU] los poderosos. Están unidos ahí los que tienen el poderío atómico. Se unen y no quieren que otros tengan el poderío atómico. Lo ideal sería que desaparecieran, que se desintegraran todas las armas atómicas”, dijo el dictador, mostrándose convencido de que todos los países que tienen armas nucleares estarían de acuerdo con su afán de desarme global.

Al dedicar los correspondientes elogios a la República Popular China, así como a la Federación Rusa, Ortega dijo que estos han sido muy claros, en el sentido de que “quieren la paz para el mundo. Promueven ayuda y solidaridad para los pueblos. Son pueblos nobles. No son naciones poderosas que ocupan el poder para oprimir, aplastar y esclavizar”.

“Aun con lo difícil de la situación mundial, potencias como China y Rusia, que caminan en búsqueda de la paz”, tendrán que ser respetadas por “las potencias que andan sembrando terrorismo por el mundo”. “Al final de cuentas, tendrá que llegar la paz… tendrá que llegar el fin de las Naciones Unidas, y crearse otras naciones unidas para poder contar con instrumentos que le den seguridad a todas las naciones”, demandó.

Celebrando la paz… ¡a cañonazos!

La paz… ese reclamo indispensable para tratar de construir cualquier cosa que sea duradera, contó esta vez con una forma inusual de recordatorio: ¡21 cañonazos para celebrar la paz!

Luego de más de una hora de discurso de la señora Murillo y viejas y nuevas canciones testimoniales, llegó el momento de recibir los saludos internacionales, que sonaron en ruso y mandarín, aunque ya antes había habido uno en inglés.

Y entonces, comenzó a hablar Ortega. Eran las 8:52 de la noche, y lo primero que dijo fue “aquí, todos somos Daniel. Desde el de menor edad, hasta el mayor… todos somos Daniel”.

“Que no se les ocurra que en esta etapa de nuestra historia, saldrán otros nicaragüenses que no tendrán el pensamiento, el compromiso, el principio que celebramos nosotros, ustedes, muchachos, yo, hemos heredado ese principio y lo llevamos en nuestro corazón y conciencia, y es el principio que nos dejó en el corazón, en el alma nuestro general Sandino cuando le dijo al yanki: ni me rindo ni me vendo… ni me vendo ni me rindo”, se corrigió.

Ortega contó su versión de la invasión napoleónica de Rusia. Trató de analizar las causas de la Independencia de Centroamérica, y hasta refirió la admiración que dijo haber sentido en su juventud por Mao Tse Tung. Luego, aclaró que hablaba de esos temas, porque “viendo para el pasado, aprendemos a defendernos, porque nos encontramos con los grandes errores, grandes traiciones que se cometieron en esos períodos”.

Al repasar algunos de los graves conflictos que angustian a la humanidad, Ortega volvió a preguntarse qué hace Naciones Unidas. “Naciones Unidas no es más que un instrumento de los países imperialistas, los países que quieren dominar el mundo, aun cuando desaparezca la humanidad, porque no les importa andar bombardeando por todos lados”, aseguró.

En otro momento, preguntó “¿qué ha hecho Naciones Unidas para detener la destrucción del pueblo palestino? ¿Qué hace Naciones Unidas, cuando los gobernantes norteamericanos lanzan una persecución feroz contra los migrantes latinoamericanos, a los que no solo capturan, sino que los encarcelan?”.

Recordó que la Organización de las Naciones Unidas se creó después de la Segunda Guerra Mundial “para ser un instrumento serio que diera seguridad a todas las naciones, pero cada día que pasa, hay tanto hecho criminal y más que podríamos mencionar, practicado por gobiernos europeos, por gobiernos norteamericanos. Ahí están a la vista los crímenes”, y la ONU no hace nada, volvió a reclamar.

Cuando llegaron las 10:13 de la noche, Ortega cumplió su promesa de callar. Ya había hablado por 81 minutos, y cubierto todos sus temas fetiche. Su voz —que esa noche estaba semiafónica— finalmente calló.

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Iván Olivares

Iván Olivares

Periodista nicaragüense, exiliado en Costa Rica. Durante más de veinte años se ha desempeñado en CONFIDENCIAL como periodista de Economía. Antes trabajó en el semanario La Crónica, el diario La Prensa y El Nuevo Diario. Además, ha publicado en el Diario de Hoy, de El Salvador. Ha ganado en dos ocasiones el Premio a la Excelencia en Periodismo Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, en Nicaragua.

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