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Una condena contra la esclavitud

Uno de los aciertos en ‘Esclava de la libertad’, es la manera como Ildefonso Falcones destaca la hibridez de la religión católica con la santería

Ildefonso Falcones, abogado y escritor español. Foto: Cortesía

19 de febrero 2023

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“Miren ustedes hacia el propio Estado español, el americano,
el inglés, el portugués, el francés, que fueron los que más se lucraron
con los impuestos de la trata de esclavos y su posterior explotación.”
Ildefonso Falcones

I

En una época que la frivolidad asoma de cuerpo entero y la épica viene siendo dada de baja, Ildefonso Falcones, a contrapelo del momento, escudriña en los entresijos de la historia, uno de sus capítulos más aciagos: la esclavitud despiadada a la que fueron sometidos los negros africanos traídos a Cuba. Ahora que muchos omiten la violencia ejercida históricamente en su contra, su requisitoria se convierte en repaso urgente. Las omisiones resultan fructíferas para sus intereses espurios. Permite etiquetar fácilmente a los negros de violentos y por demás a quienes se oponen y luchan para no continuar siendo discriminados, ni ser objeto de xenofobia. Esclava de la libertad, (Grijalbo, México, septiembre, 2022), una demostración fehaciente que el tema merecía volver a plantearse en toda su extensión. Cada cierto tiempo se vuelve necesario desnudar sus alcances.


La manera como Falcones pinta el mural es más que ilustrativa. Las dos historias transcurren con más de un siglo de distancia. El artificio literario permite corroborar los nexos existentes entre el presente y un pasado reciente. El entrelazamiento de ambos relatos facilita al novelista español, tender el puente que vincula a una familia africana, desarraigada de África y transportada a Cuba en barcos negreros, con su familia española. Luego llevada a la península ibérica por los dueños de un ingenio azucarero. Su riqueza había sido extraída a base de una expoliación extenuante. Muchas veces terminaba con la vida de los esclavos. Falcones diseña de manera nítida los orígenes del capital de la familia Santadoma. Sus raíces se hunden en los pudrideros de la explotación azucarera. Jamás les importó su destino. Lo único que contaba era explotarlos para hacer plata.

Una vez más vuelvo a ratificar que la novela sigue siendo la mejor manera de hacerse cargo de temas controvertidos y controversiales. Pocos textos exponen de forma convincente los horrores sufridos en América Latina. Los novelistas detallan los desafueros cometidos a través de exacciones ilegales, torturas, exilios, golpes de Estado, confiscaciones, tráfico de estupefacientes, trata de personas, crueldades y asesinatos de todo tipo. El arco es inmenso, va desde La vorágine, Huasipungo, Los de abajo, El señor presidente, Doña Bárbara, Bananos, Mamita Yunai, Pedro Páramo, La muerte de Artemio Cruz, hasta empalmar con las más recientes, La mala hora, Conversación en la catedral, El recurso del método, Yo el supremo, El otoño del patriarca, El cielo llora por mí, El ruido de las cosas al caer, El mundo de afuera, etc. Un muestrario condensado. El listado es mucho más amplio.

Falcones realiza un vuelo portentoso, se empina para ver de cerca la fatiga recurrente padecida por los negros, los latigazos, sus angustias cotidianas, sus enfermedades y muertes prematuras. Sometidos a jornadas embrutecedoras para extraer el jugo de la caña y fabricar el azúcar que luego transportaban a España. Esta es la excusa narrativa. Su deseo es mostrar que, ante tanta insidia, las rebeliones de los negros resultan justas. Para hilvanar la narración era imprescindible meterse a hurgar sus formas de vida y sus nexos con la religión africana. Está persuadido que vale la pena confrontar el racismo y la discriminación, para ejemplificar que después de varios siglos de lucha por la igualdad y con tantos millones de muertos, muy poco hemos aprendido de su significado y trascendencia. Este es el valor de Esclava de la libertad. Un contenido explosivo.

II

Una de las historias transcurre en Cuba (1856-1878), mientras que la otra en España (2017-2018). Una es continuidad de la otra. Los saltos en el tiempo adquieren significado. Aunque los escenarios son distintos y les separa más de un siglo, se trata de las mismas familias. Una salió huyendo de Cuba —el Marqués Juan José de Santadoma y los suyos— en el momento que la esclavitud era abolida en 1880, a través de la firma del Pacto del Zanjón. En su huida se llevó a España a Concepción, una negra que continúo a su servicio, mediante una paga irrisoria. El capital amasado a través de la venta de azúcar y millares de muertos con la explotación esclavista, fue suficiente para acumular una gran fortuna, que luego los Santadoma invirtieron en la fundación de un banco, la compra de bienes inmobiliarios y en depósitos en paraísos fiscales. Un repaso completo.

La forma como narra Falcones las acometidas y tropelías cometidas por el marqués de Santadoma y la lucha sin cuartel emprendida por Kaweka, traída desde África, junto con su hermana Daye, siendo apenas unas criaturas, ilustra de manera inobjetable el suplico sufrido por los negros durante varios siglos. Un extravío que no acaba. Contrario a lo que piensan algunos ilustrados, existen escritores que no han renunciado a plantear este drama humano, sus sinsabores y repercusiones históricas. Acompañan en sus sufrimientos a los que no transigen ni contemporizan con sus amos. La novela fluye entre España y el Caribe. Sirve de plataforma para retratar la desventura, la soberbia y engreimiento de quienes, por el color de su piel, creen ser superiores a los demás seres humanos y no muestran piedad con sus semejantes. Son sus carniceros.

Uno de los tantos aciertos en Esclava de la libertad, se remonta a la manera como Falcones destaca la hibridez de la religión católica con la santería, un ritual que sigue practicándose en Cuba. Kaweka, una elegida de los dioses negros y Ambrosia, una cimarrona, curandera de alto rango, su maestra y protectora, la convenció que su vida estaba destinada a luchar por la libertad de los negros. Tras el aprendizaje recibido de Eluma, se convirtió en “iyalocha”, una sacerdotisa de la regla de “Ocha”, la religión de los lucumíes o yorubas, que terminó enraizándose en la religión cristiana. Kaweka consagró sus noches con sus días, a combatir la esclavitud. La suya fue una entrega total. Renunció a todo. Incluso a permanecer junto a su hija Yesa, a quien dejó sola en un palenque, de donde fue secuestrada por el marqués De Santadoma, como venganza por su rebeldía.

Jugarretas de la literatura, el asesino de Kaweka, el marqués De Santadoma, terminó emparentado con la mujer que más aborrecía. Su hijo Eusebio quedó prendado de la belleza de Yesa. Una negra de cuerpo embriagante y seductor. Se encamó con la hija de la esclava, convertida después por sus amos al catolicismo, a quien llaman Alfonsa, con ella engendró a Concepción. Trasladada a España, su hija Lita, la nieta de Kaweka, una mulata escultural, recibía un trato especial de parte de la familia Santadoma. No así Concepción, trabajaba como encargada de los perros. En esas vueltas que da la vida, Lita descubre el parentesco. Echada del banco por los Santadoma, debido a la impertinencia de Claudia, quien sabía que Concepción era hermana de Enrique, Lita arrecia la guerra planteada en su contra. Los arreglos de la venta del banco se tambalean.

III

Esclava de la libertad se erige como uno de los testimonios literarios mejor acabados. Una novela consagrada a exponer la forma cómo engrosaban y de dónde provenían grandes fortunas acumuladas en Europa. Una vigorosa condena. El concatenamiento entre pasado y presente, cuando corrientes políticas, filosóficas e ideológicas, se esfuerzan por hacer tabla rasa del pasado, ratifica que la historia, por mucho que lo deseen, no ha sido dada de baja. Al menos Eusebio demostró sensibilidad. Antes de refugiarse en Miami, reconvino a su padre, el marqués De Santadoma, exigiéndole un tratamiento digno para su hija. La opulencia familiar se hundía en los pantanos de una fetidez, expuesta magistralmente por Falcones, un consagrado en la escritura de novelas histórico-políticas. Tuvo suficiente valentía y no reparó en recordarle a los españoles, su pasado colonialista.

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Guillermo Rothschuh Villanueva

Comunicólogo y escritor nicaragüense. Fue decano de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Centroamericana (UCA) de abril de 1991 a diciembre de 2006. Autor de crónicas y ensayos. Ha escrito y publicado más de cuarenta libros.

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