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Tendencias en las transferencias de remesas en América Latina y el Caribe en 2026

Se proyecta un crecimiento bajo del 2% que impactará el consumo en países altamente dependientes de remesas, como Honduras, Nicaragua o Guatemala

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Foto: EFE | Archivo | Confidencial

Manuel Orozco

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Si bien los fundamentos del crecimiento en envío de remesas son prácticamente los mismos (cambio en las necesidades o en el comportamiento de remitentes y receptores, competencia entre intermediarios financieros, políticas y regulaciones, y uso de la innovación y la tecnología), después de un robusto crecimiento en el 2025, el desempeño de las remesas este año muestra un crecimiento mínimo o modesto del 2%. 

Este cambio afectará la capacidad de consumo de muchos países altamente dependientes de las remesas, como Honduras, Nicaragua o Guatemala. Pero en general, las remesas llegaron a representar el 5% del PIB de toda América Latina y el Caribe, y su contracción se reflejará en el comportamiento económico de muchos países.

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Al menos, se identifican siete factores que incidirán en un bajo ritmo.

En primer lugar, la disminución del número de remesadores continuará en 2026. Estará impulsada principalmente por la disminución de la migración y el aumento de las deportaciones.

Dadas las tendencias actuales, la migración irregular en 2026 puede estimarse que ascienda a 380 000 personas, lo que representa el 15% del promedio de llegadas entre 2020 y 2024. Esta cifra es similar o ligeramente superior a las llegadas irregulares de 2025 (360 000 personas). Este punto es importante porque la migración irregular representó el 80% de la migración centroamericana y parte de la sudamericana, y el 50% de la migración mexicana. Además, la mayoría de estos migrantes comenzaron a enviar dinero el mismo año de su llegada, lo que contribuyó a un crecimiento significativo de las transacciones durante ese período.

Tras la disminución de las llegadas, el aumento de nuevos remesadores también disminuyó.

Acompañada de esta disminución, es probable que las deportaciones en 2026 se mantengan en un número similar al de 2025, en un entorno político conflictivo, pero dirigidas a ciertas nacionalidades con mayor riesgo de deportación, como quienes tienen permiso de alivio humanitario vencido, permisos de trabajo vencidos y no tienen autorización para permanecer en el país, quienes tienen una cita judicial en la corte migratoria y quienes tienen órdenes de deportación.

El número de personas que envían dinero podría disminuir entre un 3% y un 5%, según las tendencias de cada país.

Un segundo factor que afecta el crecimiento es el monto principal de la remesa. Es poco probable que crezca más del 5% que en 2025 debido a las limitaciones de ingresos, a menos que los migrantes opten por recurrir a sus ahorros (la mitad de sus ahorros está destinada a emergencias).

El año pasado, el monto principal de envío aumentó un 20%, lo que explica el crecimiento observado en medio de la caída de la migración y el aumento en deportaciones.

Sin embargo, este esfuerzo elevó la proporción de ingresos enviados en remesa del 15% al ​​18% del ingreso total. Teniendo en cuenta tanto los aumentos salariales como el uso de los ahorros, lo más probable es que los migrantes sigan enviando montos similares a los de 2025 y no puedan mandar más.

En tercer lugar, las respuestas de los migrantes al impuesto sobre las remesas reflejan tendencias importantes. Cabe destacar que la elección del método de transferencia de dinero no es fija; las personas pueden cambiar entre efectivo y transacciones digitales en cualquier momento. El cálculo de las transacciones por parte de las empresas indica que el patrón se mantiene en un 47% en efectivo y un 53% en digitales. Esto es importante porque quienes usan efectivo envían un poco menos, pero hasta ahora su comportamiento se mantendrá estable.

Cuando se les pregunta a los migrantes sobre sus transacciones anteriores, se observan algunas diferencias. Una encuesta realizada para este artículo arrojó resultados importantes. Cuando se les preguntó a los migrantes si habían pagado el 1% de impuesto a la remesa en su última transacción, el 40% respondió que sí. El porcentaje de quienes respondieron varió según el método de envío utilizado. Más importante aún, es que el 60% de los migrantes que pagaron el impuesto afirmó que seguiría haciéndolo, mientras que el 40% restante indicó que usaría otro método (como una aplicación móvil o una tarjeta prepago). Es decir que cerca de 20% de todos los que envían pagarán impuestos, lo que implica que ajustarán sus envíos para compensar estos costos.

Otro avance crucial es el número de transacciones, que aumentó de 14 a 18 al año, lo que impulsó el crecimiento de los ingresos en casi todas las empresas de transferencia de dinero.

En cuarto lugar, una consecuencia clave del impuesto a las remesas es la competencia entre empresas para ofrecer y comercializar transacciones digitales. El impuesto podría haber impulsado a las operadoras de transferencias de dinero (MTO) a comercializar sus plataformas digitales con mayor rapidez o a acelerar su introducción. En cuanto a los pagos, las empresas de transferencia de dinero buscan fortalecer sus relaciones con las instituciones financieras que aceptan transacciones de depósito, y muchos pagadores están promoviendo aún más los depósitos en cuenta. Su interés surge de la necesidad de acelerar la inclusión financiera y el uso de vehículos de pago digitales en el país, que sigue siendo bajo en algunos lugares, con un uso inferior al 20% entre los adultos—tal y como es el caso de Nicaragua, contra 50% de México, o 40% de Honduras.

En quinto lugar, las restricciones impuestas por diversos organismos reguladores están añadiendo complejidad y dificultades al sector. Las agencias reguladoras financieras han advertido contra considerar transacciones de personas sin autorización para trabajar. Las legislaturas estatales de siete estados quieren añadir impuestos a las remesas, y otras cuatro legislaturas quieren intensificar el escrutinio de los requisitos de verificación de identidad. Un efecto del envío es evitar enviar más dinero o exponerse a que le cobren en esos estados.

En sexto lugar, la competencia se está produciendo en distintos segmentos. La adquisición de Intermex por Western Union plantea un desafío a la posible fluctuación de su cuota de mercado. El volumen de Intermex en Latinoamérica duplica al de Western Union, aunque ambas compañías han experimentado un crecimiento bajo. Al mismo tiempo, además de ofrecer transferencias digitales en la plataforma, muchas empresas están adoptando ‘stablecoin’ para gestionar el cambio de divisas y liquidar sus transacciones. También están explorando e implementando métodos de inteligencia artificial para procesar transacciones, desde la atención al cliente hasta el cumplimiento de la normativa AML. Estos avances están aportando complejidad a sus operaciones y reforzando la competencia, situación que puede motivar a enviar electrónicamente o evitar esa complejidad.

En séptimo lugar, la crisis política y la transición pendiente en Venezuela convirtieron a este país en un receptor de remesas de vital importancia, con más de 750 000 transacciones originadas en EE. UU. y en el que más empresas ofrecen transferencias a ese país. A medida que continúan los acontecimientos geopolíticos y Cuba enfrenta su colapso económico con una posible transición hacia la estabilización económica, el mercado de transferencias de dinero será un elemento clave de la recuperación humanitaria.

Si bien estos son determinantes críticos, existe incertidumbre sobre su comportamiento y el cambio estructural. Por ejemplo, ¿optarán los migrantes por enviar menos dinero dadas sus limitaciones económicas, o harán sacrificios mayores? ¿El aumento de los precios del petróleo y otras restricciones económicas provocarán desempleo entre los migrantes latinos en Estados Unidos?

En general, un análisis preliminar de los datos disponibles sugiere que la región registra un modesto crecimiento del 2%. El crecimiento en México sigue siendo un problema, a diferencia de lo que ocurre en otros países, debido a los patrones demográficos intrínsecos de los remesadores mexicanos.

Este crecimiento debe tomarse como referencia, mientras que posibles tendencias al alza podrían deberse a la resiliencia de los migrantes.

Finalmente, es importante considerar otros factores, como la desaceleración de la actividad económica en algunos países, acompañada de posibles turbulencias políticas en países como Nicaragua, Ecuador, Honduras o Guatemala, que podrían modificar las intenciones migratorias y aumentar la presión sobre las llegadas irregulares a la frontera entre México y Estados Unidos.

Estos cambios afectan el crecimiento económico en la región, ya que en varios países el volumen creció significativamente, y una disminución del 3 al 5% en la región centroamericana implicará una disminución del 1% en estos países, tal y como ocurrirá en Nicaragua. 

Hay que tomar en cuenta que al referirse al impacto, no se trata solo de la desaceleración del volumen, pero del hecho que casi un millón de hogares dejarán de recibir remesas al fin del 2026.

Esto implica que la presión económica y la sobre el acceso al empleo ocurren tanto en relación con quienes no emigran (que estarían sosteniendo esos hogares y que pueden ser al menos 500 000 latinoamericanos  en Centroamérica, Colombia, Venezuela, Haití o Cuba), como con quienes fueron deportados (al menos 350 000) y con quienes dejaron de recibir remesas, que alcanzan a más de 700 000 acumulados en los dos últimos años.

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Manuel Orozco

Manuel Orozco

Politólogo nicaragüense. Director del programa de Migración, Remesas y Desarrollo de Diálogo Interamericano. Tiene una maestría en Administración Pública y Estudios Latinoamericanos, y es licenciado en Relaciones Internacionales. También, es miembro principal del Centro para el Desarrollo Internacional de la Universidad de Harvard, presidente de Centroamérica y el Caribe en el Instituto del Servicio Exterior de EE. UU. e investigador principal del Instituto para el Estudio de la Migración Internacional en la Universidad de Georgetown.

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