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Sueños y pesadilllas

“No importa a quiénes o cuántos tengamos que mandar al otro plano de vida mientras nosotros podamos mantenernos en este".

Opinión | Sueños y pesadillas: Leer el libro La vida es sueño

Luis Rocha Urtecho

19 de junio 2020

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Monólogo de Segismundo:
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño:
Que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.
Pedro Calderón de la Barca

 La obra de teatro de Pedro Calderón de la Barca, La vida es sueño, se estrenó en 1635, y curiosamente  el Diario del año de la peste de Daniel Defoe, relata fidedignamente la pandemia que treinta años después, en 1665, asoló Inglaterra (sobre todo Londres), con características similares al coronavirus que hoy padece Ninguna Parte, por culpa de sus gobernantes: Mentiras sobre la epidemia; persecución de médicos fieles a su juramento hipocrático; entierros nocturnos; enterradores famélicos esperando a los muertos como fuente de vida; muertos que caen por las calles; casas infectadas; pobladores aterrados y desamparados, “aherrojados en un círculo dantesco” como ya he dicho y citado a propósito de este libro, que desde el pasado es una radiografía de nuestro presente. La pesadilla de 1665, provocada aquí en Ninguna Parte como un “Castigo Divino” por la represión gubernamental en abril de 2018, y padecida en 2020, siempre descrita por Daniel Defoe:


“Ciertamente algunos pagaron con sus vidas la imprudencia de reunirse promiscua e irresponsablemente. Innumerables fueron los que cayeron enfermos y los médicos tuvieron más trabajo que nunca… pues indudablemente había más personas enfermas y contagiadas ahora… Fue entonces, como dije antes, cuando las gentes abandonaron todas las precauciones; y ello, demasiado pronto… es fácil ver que no podía confiarse en el cierre de las casas como método eficaz para poner freno a la epidemia… muchos de los que escapaban de aquellas casas infectadas, llevaban efectivamente con ellos a la peste, aunque en realidad creyesen estar sanos. Y algunos de ellos eran los que caminaban por las calles hasta caer muertos, no porque la peste los hubiera atacado de improviso, como si fuese una bala que mata fulminantemente, sino porque realmente portaban la infección en su sangre desde hacía mucho tiempo atrás; solo que, como la enfermedad consumía lentamente sus órganos vitales, no se manifestaba hasta que, con ímpetu mortal, se apoderaba del corazón del paciente, quien moría instantáneamente, como si fuese de un síncope repentino o de un ataque de apoplejía.”

Una noche, después de estar leyendo este libro, soñé que los muertos decidieron hacer una marcha hacia el núcleo del problema, es decir, a la pandemia madre, la madriguera del coronavirus, lugar que yo desconozco, donde se ocultan los que mandan a matar con bala fulminante, o con el farisaico abandono del pueblo. Y supe que el pueblo decidió expulsaros de su seno, y que los muertos bailaron a su alrededor. Y sentía en mis adentros que sueños y pesadillas libraban una batalla, y que la legión de los sueños los capitaneaba una niña, y que llegó nuestro poeta Joaquín Pasos, y le cantó:

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Viene la noche volando,
viene la noche viniendo,
los sueños están llegando,
y el tuyo niña esperando,
entrar cuando estés sonriendo.

Leer y releer este libro, es como percatarse de que ciertamente los sueños, sueños son, porque uno sueña que un cambio urgente se convierta en verdad, o sueña vivir lo suficiente para poder despertar a la libertad, y no continuar en la pesadilla que padecemos, rehenes de una tiranía y con presos políticos deliberadamente expuestos a la muerte por covid-19, y hacinados despiadadamente en mazmorras por mentes malignas. En una de las estupendas caricaturas de Pxmolina, hay una que representa esta situación, en víspera de las fúnebres celebraciones de cualquier fanfarria política: Sobre una tarima aparece la pareja. Esa tarima la sostiene, casi aplastado, un esquelético pueblo de Nicaragua, mientras arriba se oye este diálogo: “No importa a quiénes o cuántos tengamos que mandar al otro plano de vida mientras nosotros podamos mantenernos en este.”

Las caricaturas de Molina tienen vida propia, y hasta pareciera que su conjunto es una rebelión moral y artística. Para entender por qué esas caricaturas son aliadas de los sueños, hay que saber que en Ninguna Parte el país se divide en dos clases de pobladores: los sueños y las pesadillas. Los sueños son rehenes o están presos. Las pesadillas luchan porque no escapen, pues no saben que no se trata de escapar la finalidad de los sueños, sino de quedarse.

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Luis Rocha Urtecho

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