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Información vs. censura: ¿podés sacar tus propias conclusiones?

Lo que no se ve, no se conoce, ¿qué podemos hacer para derrotar la mentira y la propaganda oficial?

Actividad diaria en el Mercado Oriental, en Managua.

Un hombre transporta una nevera en el Mercado Oriental, en Managua. // Foto: EFE/STR

Manuel Orozco

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La frase célebre bíblica “hasta no ver, no creer,” y más recientemente aterrizada bajo un adagio que Ronald Reagan usaba, “hay que confiar, pero verificar”, tiene gran aplicabilidad con Nicaragua. El nicaragüense de a pie desconoce la magnitud de la corrupción y la naturaleza del Estado policial del país.

Muchos, en parte, deciden seguir su vida a cómo van las cosas para no meterse en problemas, y alegan que son ‘apolíticos’. Pero mostrar la realidad y, a la vez, ayudar a formar la opinión pública en un país donde no existe acceso a los medios es una responsabilidad política. Entre más entienda la gente lo que le pasa, mejor comprenden por qué los ojos del mundo sobre Nicaragua apuntan que su problema está en la dictadura.

Lo que no se ve, se desconoce cuando el pensamiento crítico está ausente

El pensamiento crítico resulta de la capacidad de interpretar la información que uno tiene a mano, pero si no hay insumos, no hay análisis, no hay crítica, no hay evaluación y juicio de valor. Asegurarse que la gente no sepa mucho, ha sido un objetivo de esta dictadura.

Hace unas semanas, uno de los lectores de mis artículos me escribió:

— “¿Sos contrario al gobierno, ah?”

— Le digo: “Al contrario, el gobierno es contrario al pueblo.”

Entonces me responde,

— “Pues yo salgo a bailar y a correr a la rotonda y por la calle, y no me pasa nada; ¡no sé a qué país me describes! Estudio en una universidad pública y no soy sandinista porque ni siquiera voto.”

— Le respondo, “Claro, te entiendo, ¡Nicaragua tiene un policía en cada 2 cuadras!”, “esos policías son tres veces más que el número de médicos que hay para todo el país..”

Después le pregunto:

— “¿Vos sabes cuántas universidades del Pueblo enseñan cursos de inteligencia artificial y alguna carrera? ¿Cuántos profesores enseñan inteligencia artificial, y sabes si hay profesores que den clases sobre programación en finanzas digitales? ¿Conoces si Nicaragua exporta equipos de alta tecnología, como equipos médicos, transformadores eléctricos, o genera arquitectura 3D?”

— “No”, me dice.

— “Y cómo haces para ir a bailar, de dónde sacas la plata, ¿Recibes remesa?”, le pregunto,

— “Yo no, pero mi tía si, y me ayuda…pero mejor no hablemos de política…”, responde.

— “Ok, pues, dejémoslo ahí”, le digo.

La realidad del día a día es que, al tocar cómo está el país, si se vive mal o si todo es difícil, se tiene que manejar con tacto, evitando tocar “lo político”.

Una razón es que la mayoría de la gente, más del 70%, cree que el país no es libre y simplemente no se puede hablar sin arriesgarse. Pero la otra razón es que, en general, uno no sabe cómo es la cosa en realidad. En abstracto uno presiente que vive en dictadura, sabe que criticar es penable, pero el detalle de lo que es y hacen los Ortega-Murillo lo desconoce y eso le predispone de realizar un juicio de valor más acertado.

Un gobierno contrario al pueblo

El estándar de un gobierno que trabaja al servicio de sus ciudadanos consiste en un equipo político que se gana el voto de confianza de su electorado y, como gobernante, aborda una agenda acorde con las necesidades de su sociedad y se somete a rendir cuentas.

Bajo la dirección de Rosario Murillo no ha habido elecciones libres ni transparentes, ni competencia electoral. Tampoco es un país en donde las necesidades de su población las aborda el gobierno. Más bien, es un Estado al servicio del clan familiar, en el que la familia dinástica se arma para protegerse de la protesta y, en vez de rendir cuentas, le pasa la cuenta al que no quiere.

Los números son claros: Nicaragua tiene más policías que el resto de la región. Tiene 42 policías por cada 10,000 habitantes, o 4 por cada mil. O mejor dicho, uno para cada cuadra. La presencia policial se destaca en las calles, en los pickups que circulan de un lado a otro, en los centros comerciales y en cada barrio.

A pesar de eso, no protegen, y eso se refleja en la opinión de los nicaragüenses, quienes, tras lo económico, consideran que el crimen y la delincuencia son el segundo problema del país.

Además, en medio de una cruda realidad económica, viviendo con menos de 10,000 córdobas al mes, tratando de buscar cómo conseguir un poco más de dinero para comprarse algo, Nicaragua es un país en el que la política social va en retroceso.

En materia de salud, a la gente le cuesta acceder a atención médica. Casi nadie tiene acceso a un seguro que les permita ir al doctor, hacerse un chequeo y medicarse. La mayoría solo va al médico cuando se enferma.

Pero aun así, a pesar de los hospitales construidos en el marco de obras públicas financiadas con préstamos extranjeros y ejecutadas por empresas amigas de la familia Ortega-Murillo, lo que hay es una carestía de médicos. Según la Organización Mundial para la Salud, Nicaragua cuenta con menos de 6,300 médicos, es decir, 9 doctores por cada 10,000 habitantes, o un doctor para 1100 personas. Esto es un tercio de los médicos con los que cuenta el costarricense, y la mitad de lo que cuentan los que viven en Guatemala u Honduras.

Si a una se le enferma un hijo, porque como madre “no te podés enfermar, no es opción”, y lo llevas a emergencias, tenés que optar por una de dos, llevarlo a los dos o tres posibles hospitales del Estado que te pueden atender después de horas de espera, y arriesgarte que no te den un buen diagnóstico, o ir a un hospital privado y preparase con un gasto mínimo de US$500—dos meses de salario—que incluye la consulta y algunos exámenes (nada de medicamentos). La gente le tiene pavor a ir al hospital del Estado, y el que no tiene de otra, pasa por la ruleta rusa de si saldrá bien, o de que no hubo la atención necesaria.

Los llamados ‘nuevos’ hospitales recién construidos no tienen doctores, y la gente se queja de que no hay especialistas. Y esto no es un decir: el país cuenta con menos de 70 cardiólogos, la mayoría está en Managua, para una población adulta mayor de 90,000 personas. Rosario Murillo, cuya condición médica incluye temas cardíacos, tiene su médico especialmente dedicado a ella, pero los 90,000 nicaragüenses en riesgo de enfermedad del corazón solo cuentan con 69 cardiólogos. Ya ni hablar del cáncer. Este es un país en el que sabes que te dio cáncer cuando a tu familia le entregan el acta de defunción… El presupuesto en salud, sigue siendo prácticamente el mismo, US$640 millones, a 3.3% anual ($90 dólares por cabeza). Mientras tanto, el aporte tributario, especialmente al impuesto de ventas, crece anualmente en más de 8%, de $300 a $650 en impuestos en ocho años. ¿a dónde se van los impuestos?

La educación va como el cangrejo

En la primaria y la secundaria, el número de maestros ha disminuido. En 2023, Nicaragua contaba con menos de 40,000 maestros de primaria y secundaria, un número similar al de 2017, prácticamente un maestro para 100 estudiantes. En comparación con sus vecinos regionales, tiene el menor número de maestros. Sin embargo, Rosario puso dos policías voluntarios por cada maestro: un gobierno solidario pensaría primero en la educación de su gente, no en armar a los paramilitares y fomentar la violencia.

Aparte de eso, la calidad educativa es mediocre. A los estudiantes les han cancelado libros de texto, las escuelas privadas reciben instrucciones de hablar de política, pero no de ciencias. Al igual que en educación, el presupuesto se ha mantenido bajísimo: menos de US$500 millones para unos tres millones de chicos en edad escolar.

Cuadro comparativo de la Policía de Nicaragua en el ámbito social y regional

Pero uno no se da cuenta de estas cosas porque, entre la propaganda y la censura, te quedas sabiendo muy poco: el aumento de los útiles escolares, la carestía de los alimentos, los días en que no hay escuela porque hay una celebración del gobierno.

La gente paga impuestos a pesar de la creciente informalidad del país, y la solidaridad del gobierno de la compañera Rosario no incluye el impuesto de ventas que lo tiene que pagar todo mundo y es un impuesto regresivo: la Coca-Cola cuesta C$25 seas pobre o rico, los $20 de datos de internet igual, la luz también. Y esos impuestos han crecido gracias al aumento en el consumo que ha originado con el esfuerzo de los nicas que viven afuera: el 20% de la renta proviene del consumo derivado de recibir remesas.

Remesas en los impuestos

Aunque te tilden de ‘opositor’, uno tiene derecho de sacar su propia conclusión si se da cuenta de cómo son las cosas. Cuando las cosas se ponen sobre la mesa, aun para una persona que lee poco y “sabe poco de estas cosas de economía”, las anécdotas personales se convierten en un dato que donde compara y contrasta entre lo que vive y lo que acaba de darse cuenta y se indigna.

El acto de denuncia está en mostrar la realidad tal y como es en el país y contribuir a que la gente decida por sí sola si este es el gobierno con el que quiere seguir. Murillo ya está montando su plataforma de farsa electoral y arreglando su casa desde adentro con las purgas, y desde afuera, sin oposición, y solo le queda presentar el show mediático, precedido por algún que otro malabarismo político de su hijo Laureano Ortega. El pueblo debe saber.

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Manuel Orozco

Manuel Orozco

Politólogo nicaragüense. Director del programa de Migración, Remesas y Desarrollo de Diálogo Interamericano. Tiene una maestría en Administración Pública y Estudios Latinoamericanos, y es licenciado en Relaciones Internacionales. También, es miembro principal del Centro para el Desarrollo Internacional de la Universidad de Harvard, presidente de Centroamérica y el Caribe en el Instituto del Servicio Exterior de EE. UU. e investigador principal del Instituto para el Estudio de la Migración Internacional en la Universidad de Georgetown.

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