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Reino Unido tendrá un Gobierno de clase trabajadora, pero sin guerra de clases

Del “gabinete en las sombras” laborista, un 46% de los probables ministros de Keir Starmer procede de hogares de clase trabajadora

Aaron Reeves

/ Sam Friedman

9 de julio 2024

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El Reino Unido va a tener un nuevo Gobierno laborista, y su composición de clase será muy diferente a la de los anteriores. Según nuestro análisis del “gabinete en las sombras” laborista, un 46% de los probables ministros de Keir Starmer procede de hogares de clase trabajadora; cifra muy superior al promedio, en términos de la población trabajadora general, y en marcado contraste con el 7% de miembros del mismo origen presentes en el gabinete conservador saliente.

Asimismo, en el Gobierno del primer ministro saliente Rishi Sunak, el 69% de los miembros recibió educación privada, mientras que el porcentaje entre los probables ministros de Starmer es 17% (mucho menos incluso que en gabinetes laboristas anteriores). En el primer gabinete de Tony Blair había recibido educación privada un 32% de los miembros; con Harold Wilson fue el 35% y con Clement Attlee el 25%. En el nivel nacional, más o menos el 10% de la población del RU ha recibido educación privada en algún momento de la vida.


Starmer es la personificación de este cambio. Hijo de un trabajador mecánico, durante la campaña se refirió en reiteradas ocasiones a sus orígenes de clase trabajadora. “Estuvimos en la posición de no poder pagar las cuentas … así que sé lo que se siente”, explicó durante su primer debate contra Sunak.

Este cambio de perfil de clase puede tener importantes repercusiones políticas. En nuestro nuevo libro Born to Rule: The Making and Remaking of the British Elite (Nacidos para mandar: creación y recreación de la élite británica), nos basamos en un estudio de más de 3000 nombres incluidos en el Who’s Who (el tradicional catálogo británico de “personas notables e influyentes”) para mostrar que los miembros de las élites británicas surgidos de la clase trabajadora tienden a tener ideas de izquierda en cuestiones políticas y sociales. Es más probable que apoyen aumentos de impuestos a los ricos, que den importancia a reducir la pobreza y que piensen que el Reino Unido es un país racista.

Pero los orígenes de clase no afectan solamente las actitudes latentes. Hemos analizado todas las decisiones de la Corte Suprema del Reino Unido y hallamos que las sentencias de jueces salidos de la clase alta tienden a favorecer a la derecha (por ejemplo, limitando el poder del Estado o dando apoyo a las grandes empresas). Esta influencia residual del origen familiar puede ser incluso más marcada en el caso de los políticos. Nuestras entrevistas con diputados laboristas surgidos de la clase trabajadora revelan que sus identidades políticas tenían profundas raíces en sus primeras experiencias y en la influencia de padres y abuelos de izquierda y de las comunidades locales.

Ya hay algunas señales de que la composición de clase del Gobierno de Starmer influirá en sus políticas. Por ejemplo, el primer ministro electo se ha mantenido firme en el compromiso con aumentar los impuestos a las escuelas privadas y abolir la exención impositiva para personas “no domiciliadas” (que viven en el Reino Unido, pero declaran residencia permanente en otro país), dos cuestiones desatendidas por Gobiernos laboristas pasados.

No quiere decir esto que el nuevo Gobierno vaya a desatar una guerra de clases. Los políticos van y vienen, pero las élites son en general más permanentes. Para conseguir cualquier cosa, Starmer y otras importantes figuras laboristas surgidas de la clase trabajadora (como la segunda del partido Angela Rayner y el ministro de Salud en las sombras Wes Streeting) tendrán que trabajar con élites del funcionariado, del mundo empresarial y de otros ámbitos que no comparten los mismos orígenes de clase.

De hecho, nuestra investigación muestra que, durante el último siglo, la élite británica (entendida como las personas incluidas en el Who’s Who) ha estado formada sobre todo por personas con origen privilegiado. Desde la década de 1890, en una generación cualquiera, la probabilidad de ingresar a la élite británica ha sido veinte veces mayor para personas surgidas del 1% superior de la pirámide de distribución de la riqueza.

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Incluso, aunque su poder relativo haya disminuido considerablemente, los egresados de las nueve escuelas privadas más exclusivas del país (el grupo Clarendon, que incluye a Eton, Harrow y Winchester) siguen teniendo una probabilidad 52 veces mayor de llegar a la élite británica que los egresados de otras escuelas. Este alto grado de reproducción de clase importa, porque los miembros de las élites que proceden de medios privilegiados traen consigo ideas políticas más inclinadas a la derecha, como resultado de sus experiencias de vida.

El laborismo siempre ha tenido que enfrentar esta tensión. Blair buscó el aval de Rupert Murdoch (dueño del Sun) y Starmer se esforzó por obtener el apoyo de la dirigencia empresarial británica; dio mucha importancia a las cartas públicas de ejecutivos en apoyo de su candidatura y recalcó el caso de un multimillonario que antes donaba al Partido Conservador.

Hay que señalar que los ejecutivos de empresa incluidos en nuestros datos muestran una mayor propensión al conservadurismo económico y cultural (favorecer menos impuestos e inversión pública y defender ideas más reaccionarias en lo referido a cuestiones raciales y al legado del colonialismo). De modo que el apoyo de esta élite empresarial puede costar un cambio de rumbo en algunas cuestiones.

Además, algunos miembros del laborismo ya tienen cercanía con la élite empresarial británica, en particular por ser ricos ellos mismos. Los orígenes de clase pueden influir en el compromiso político, pero lo hacen en el contexto de la riqueza actual de las personas. Nuestros datos revelan que los miembros de élites surgidos de la clase trabajadora tienden a ser más conservadores cuando se han enriquecido.

Respecto de las circunstancias económicas de los nuevos ministros no tenemos información detallada, pero sabemos que muchos han tenido carreras exitosas antes de ingresar a la política. Hay pocos surgidos del sindicalismo o que hayan pasado mucho tiempo en empleos de clase trabajadora. La mezcla entre carreras profesionales bien remuneradas y orígenes de clase trabajadora tiende a producir una combinación hasta cierto punto impredecible, que puede manifestarse en formas erráticas.

Nuestros datos sugieren la posibilidad de que muchos políticos laboristas conserven un deseo latente de enfrentar la desigualdad de clase. Pero estos diputados estarán divididos entre el viejo sentido de injusticia que les haya inculcado su historia familiar, sus muy reales privilegios económicos actuales y el contexto político más amplio. Más allá de lo que sientan personalmente las principales figuras del laborismo, puede ocurrir que terminen reprimiendo la influencia de sus raíces trabajadoras. Pero ahora que el laborismo vuelve al poder tras casi quince años en la intemperie, no hay duda de que las cuestiones de clase importarán, aunque no haya guerra de clases.

*Artículo publicado originalmente en Project Syndicate.

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Aaron Reeves

Aaron Reeves

Catedrático británico. Profesor de Sociología y Política Social en la Universidad de Oxford. Sociólogo interesado en salud pública, cultura y economía política.

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