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Oportunismo e infiltración

Algunas veces, tanto el oportunista como el infiltrado logran alcanzar las más altas posiciones en los partidos o en los Gobiernos

6 de febrero 2024

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El conjunto de las actividades cotidianas en torno a los asuntos públicos, cuyos objetivos se orientan hacia alcanzar una posición más ventajosa en la sociedad, entre ellas la toma del poder —representado en el Gobierno— que llamamos la política, es el espacio en donde se escenifican las contradicciones y las luchas entre las clases sociales y las personas (los políticos) que se dedican a practicar y a conducir estas actividades.

Esta sencilla definición de lo que llamamos la política contiene, sin embargo, un mundo de conflictos, dentro del cual se hace de todo con la aspiración de encontrar soluciones favorables a determinadas causas, desde la oportunidad para satisfacer ambiciones personales, hasta los grandes objetivos humanistas colectivos por las libertades políticas, los derechos humanos y el bienestar social. Esto se busca, unas veces, en medio de grandes dramas de vida y de muerte, y en los peores momentos, solo de muerte contra la vida, como sucede en los extremos de estas luchas: las represiones políticas, las guerras y las revoluciones.


Es dentro de este mundo amplio, profundo y universal de las actividades políticas de donde surge el oportunismo; o sea, la descomposición de los objetivos e ideales en oportunidades para satisfacer ambiciones individuales. Al oportunismo se describe como una actitud que consiste acomodarse a las circunstancias oportunas para conseguir determinados fines, aunque tenga que transgredir los propios principios, cayendo en una falta de moral o de ética.

El oportunismo no solo lo practican quienes nacen a la vida política dentro de los partidos políticos y los movimientos políticos o sociales, sino también individuos ajenos a ellos. Estos son los que aprovechan determinadas circunstancias políticas —como un triunfo electoral o una revolución triunfante— para acercarse o infiltrarse en el partido político triunfador, o de la revolución victoriosa. El infiltrado es también un oportunista que carece de verdaderos principios y de una ética personal.

En nuestra historia política tradicional, en la contemporánea y en la actual nunca ha faltado el oportunismo y, por ende, tampoco el individuo que lo practica. Algunas veces, tanto el oportunista como el infiltrado logran alcanzar las más altas posiciones en los partidos o en los Gobiernos. Esto pasa en todos los partidos, movimientos y los Gobiernos, sean estos de izquierdas o derechas.

En nuestras actividades políticas, como militante a tiempo completo durante 51 años (1944-1994) más los 29 años posteriores como comentarista político de 1995 hasta hoy, hemos podido conocer a muchos individuos oportunistas e infiltrados, primero dentro del Partido Socialista y después dentro del Frente Sandinista.

Ahora, solo vamos a recordar tres casos, dos de épocas pasadas y uno del presente. Cada cual con características particulares y causantes de distintos perjuicios.

II

El primero: Tulio Tablada. Individuo de clase media, sin vínculos laborales conocidos, apareció a mediados de los años 40 del siglo anterior, militando en el Sindicato de Empleados de Comercio de Managua, que —como la mayoría de los sindicatos— fue organizado por dirigentes obreros vinculados al PSN, y esto facilitaba a los sindicalistas destacados el acercamiento y el ingreso posterior a ese partido. Para Tablada, que no era obrero artesanal ni industrial, le fue fácil ingresar al mencionado sindicato —porque ser empleado no es una especialidad laboral.

Como todo infiltrado en tiempos de la dictadura somocista, Tablada tenía un contacto con la Guardia Nacional, y su contacto —se supo después, lógicamente— era el coronel Anastasio Somoza Debayle, pues entonces aún no existía la Oficina de Seguridad Nacional (OSN). Tablada comenzó una febril actividad dentro del sindicato, y muy pronto se convirtió en su principal dirigente. No había problema —económico o de cualquier tipo— que él no pudiera resolver con prontitud, y al poco tiempo ingresó al PSN y luego ascendió a miembro de su dirección departamental de Managua.

Tal era su dinamismo, que pudo haber llegado a la directiva nacional del partido, pero circunstancias de su propio trabajo de infiltración aceleraron las cosas: para finales de 1948 llegó su mejor oportunidad y, a la vez la última, pues el partido había convocado a su congreso, en condiciones de clandestinidad. Tablada se enteró de todo, y lo informó a su jefe. Resultado: cayeron presos todos los asistentes al congreso, y después, como resultado de la documentación capturada por la GN, arrestaron a casi 300 militantes del resto del país.

Este encarcelamiento masivo de socialistas —que duró un año, más o menos— repercutió negativamente en el movimiento sindical, de tal modo que, para 1950, este ya no existía prácticamente, porque solo sobrevivían en Managua tres sindicatos gremiales.

Los vínculos de Tablada se conocieron porque un obrero de la construcción trabajaba en una obra civil de la GN, y pudo verlo llegar a la oficina del coronel Somoza. Años después, Tablada murió al estrellar su motoneta en la cuneta del edificio del Colegio La Inmaculada, en la intersección de la Avenida Roosevelt y la Calle 15 de Septiembre.

III

El segundo: un obrero sastre de Chinandega, cuyo nombre no lo recuerdo en este momento. Él dirigía la sección departamental del PSN en los años 60 del siglo anterior; hacía tan buen trabajo, y mostraba tanto interés en crecer políticamente, que en 1965 fue uno de los seleccionados para cursar un año en el Instituto Internacional Lenin, de Moscú.

Nadie fue más disciplinado que él en el estudio ni más interesado en conocer gente en la capital soviética, y llenaba libretas apuntando detalles de lo que miraba en las fábricas y otros lugares. Y con esa misma eficiencia informó a la OSN. Fue tanta su eficiencia, que en su afán de no dejar nada fuera del conocimiento policial, cometió errores tan obvios que facilitaron ser descubierto, y luego expulsado del partido.

Cuando en 1979 se descubrió la documentación que contenía la OSN, fue encarcelado y durante el proceso que le hicieron en uno de los Tribunales Populares Antisomocistas, tuvo el descaro de declararse… “orgullosamente guardia nacional”. No sabemos de cuánto tiempo fue su condena ni si fue amnistiado.

IV

El tercero: Gustavo Porras Cortés. La primera vez que supimos de él, nos pareció extraño que este médico, para los primeros años 80, apareciera como dirigente máximo de la Federación de Trabajadores de la Salud, sin que lo hubiéramos conocido durante todos los años que ejercimos actividades sindicales. Pero no pasó de ser una curiosidad, porque en esos días eran miles las personas recién incorporadas a las actividades revolucionarias.

Fue hasta en 2010, cuando en una reunión en la ciudad de Estelí del Movimiento por la República (organizado en contra de la reelección de Daniel Ortega), un médico local que estudió junto a Porras, relató que este era miembro de la Juventud Somocista, y al día siguiente del triunfo de la revolución, el 20 de julio, amaneció en la Plaza de la República entre la masiva concentración popular que esperaba la llegada de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional.

Así quedó explicada la ausencia de Porras en el histórico movimiento sindical y su repentina aparición como dirigente de una importante central sindical como Fetsalud.

Y eso también nos aclaró por qué, desde el primer período de la Asamblea Nacional (09 de enero de 1985) la figura de Gustavo Porras aparecía sentado en la primera fila del área de los visitantes, detrás del plenario. Lo hacía casi diariamente y durante todas las sesiones, inconmovible, como un ídolo de piedra, mirando a los parlamentarios y escuchando los debates.

Ahora pensamos que él estaba… ¡en su propio curso de entrenamiento parlamentario, y para 2007 ya era diputado de bancada orteguista! Desde entonces ha repetido en todas las reelecciones de Ortega, y como presidente de la Asamblea Nacional desde la muerte de René Núñez ( en 2017), cumpliendo fielmente las órdenes de aprobar todas las leyes represivas e inconstitucionales que la dictadura Ortega-Murillo ha querido dictar.

Al margen de estas cuartillas

*El oportunismo no se entiende sin el objetivo del beneficio económico del oportunista persigue…

*El oportunista busca obtener beneficios personales vendiendo información o escalando posiciones…

*El infiltrado planea previamente lo que le puede beneficiar, desde el momento que recibe la orden de infiltrarse…

*El oportunista ejerce sus funciones por causa de una desviación política y ética personal…

*El infiltrado recibe órdenes de cómo hacerlo, conforme un plan de acción que le asigna el o los jefes de un ejército o de una institución de Gobierno…

*Este fue el caso de los dos infiltrados en el PSN en los años cuarenta, obedecían órdenes de jefes militares de la dictadura…

*El caso de Porras es ser oportunista e infiltrado por cuenta propia, pues actúa con su propio estilo y tras objetivos que le benefician personalmente…

*Tablada y el chinandegano eran colaboradores o miembros de la Guardia Nacional, de lo cual se sentían orgullosos…

*Porras Cortés ha sido el más exitoso, en lo económico, de los oportunistas-infiltrados, utilizando las estructuras del orteguismo y del Parlamento…

*Cuando alguien comentó sobre la compra de su primera finca, Porras se preguntó: ¿es que los revolucionarios no podemos tener propiedades?

*¡Se dan el derecho de tener muchas propiedades quienes nunca lo fueron o dejaron de ser revolucionarios!

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Onofre Guevara López

Fue líder sindical y periodista de oficio. Exmiembro del Partido Socialista Nicaragüense, y exdiputado ante la Asamblea Nacional. Escribió en los diarios Barricada y El Nuevo Diario. Autor de la columna de crítica satírica “Don Procopio y Doña Procopia”.

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