Así se reconfigura Venezuela bajo la sombra de Washington
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Desmontando la mentira de la dictadura. Los problemas de la democracia se resuelven con más democracia
Vista aérea y panorámica de la Plaza de la Cultura en el centro de San José, capital de Costa Rica. | Foto: EFE/Archivo
Arranco este artículo con una anécdota. Mi abuelo materno, quien nació en 1899 y fue testigo de todo el siglo XX, me decía cuando yo era niño: “Calderón Guardia y Figueres calzaron a Costa Rica. Hasta las reformas sociales de 1940, Costa Rica era un país descalzo y pobre, igual que el resto de Centroamérica. Pero todo cambió con las Garantías Sociales de Calderón, y las reformas posteriores de Figueres Ferrer y Rodrigo Facio”.
Y no crean que mi abuelo les rendía pleitesía a los políticos. Todo lo contrario. Era un tipo duro y crítico. Nunca militó con nadie. Recelaba del poder. Pero era justo en sus apreciaciones. Un hombre hecho a punta de trabajo y esfuerzo. Hijo de una muchacha inmigrante de Soria, España, y de un joven de Cartago, fue obligado por las circunstancias y, desde muy joven, se hizo empresario. Junto con otro hijo de inmigrantes, llamado Antonio Musmanni, su gran amigo, fueron los primeros importadores de harina y levadura a Costa Rica. Su único afán político juvenil fue el apoyo al movimiento del general Volio en los años 20. Después, se dedicó a trabajar y a observar el mundo con objetividad y ojo certero hasta su último día.
Escribo este artículo porque me interesa desmontar la mentira propalada en los últimos meses por el partido gobiernista y sus corifeos de que Costa Rica ha tenido una dictadura durante los últimos 70 años. Nada más lejos de la verdad.
Como quizá hay una o dos generaciones de jóvenes que no han leído suficiente historia nacional (un vacío de nuestro sistema educativo que hay que enmendar), quiero salir al paso recordando que ese argumento es un engaño. Bajo cualquiera de los parámetros de medición, lo que hizo Costa Rica después de 1940 y 1950 hasta fines del siglo XX fue uno de los milagros económicos y políticos más relevantes de América Latina.
La mayoría de los expertos de distintos lugares del mundo lo han reconocido durante las últimas décadas: desde Víctor Bulmer Thomas, de la Universidad de Oxford, hasta Mitchel Selligson, de Vanderbilt University, incluidos todos los manuales de Ciencia Política del planeta del siglo XX. Permítanme recodar los principales cuatro parámetros para evaluar el caso de Costa Rica.
Durante décadas, Costa Rica fue refugio de las verdaderas dictaduras de Centroamérica y el Caribe que asolaron nuestro continente. Les recuerdo algunos nombres ilustres: Víctor Raul Haya de la Torre, de Perú; Juan Bosch, de República Dominicana; Carlos Andrés Pérez, de Venezuela; Edelberto Torres Martínez y su hijo, Edelberto Torres Rivas, de Guatemala. Todasm figuras cimeras en sus países, quienes venían huyendo de dictadores de verdad: Castillo Armas, Trujillo, Somoza, etc. De allí hasta la gran oleada de exiliados políticos de América del Sur, quienes emigraron de las dictaduras militares de los años 80: Atahualpa del Cioppo, Alejandro Sieveking y Bélgica Castro, Carlos y Alfredo Catania, quienes hicieron grandes aportes a nuestra cultura. Y muchas decenas más, incluidos Lucho Barahona y Adrián Goizueta, recientemente fallecidos.
Mi propio padre, el poeta y dramaturgo Alberto Ordóñez Argüello, perseguido por Somoza y Castillo Armas, fue otro de esos exilados políticos que siempre reconoció en este país un oasis de paz y democracia. Tanto es así que el “derecho de asilo” es una de las contribuciones conceptuales y normativas de Costa Rica al derecho internacional público, como lo sabe cualquier estudiante de Derecho.
Durante los últimos 70 u 80 años (con algunas excepciones y momentos oscuros de macartismo que —hay que reconocerlo— existieron aquí y en casi todo el planeta), Costa Rica fue uno de los países más abiertos y pluralistas de la región. Quiero poner algunos ejemplos. Dirigentes políticos como Manuel Mora Valverde o Mario Echandi Jiménez (desde la izquierda hasta la derecha) fueron absolutamente influyentes en diversos momentos de la historia nacional. Don Manuel Mora y monseñor Sanabria, de la izquierda y la Iglesia católica, fueron decisivos para las reformas sociales de Calderón. Por su lado, Mario Echandi, del Partido Unión Nacional, más bien conservador, influyó en el país en muchas áreas, incluida la creación del AyA (Acueductos y Alcantarillados). No solo los partidos dominantes –el PLN y el PUSC (antiguo Partido Republicano)–, sino, además, partidos como Vanguardia Popular (Manuel Mora y Eduardo Mora Valverde), Unión Nacional (Mario Echandi), Frente Popular (Rodolfo Cerdas), Movimiento Libertario (Otto Guevara) y el Movimiento MRP (Sergio Erick Ardón), demuestran ese amplio y plural espectro que tuvo nuestro Congreso en el último medio siglo. Eso no sucede en una dictadura.
Estoy seguro de que la mayoría de las personas que se dedican a difundir esta mentira han usado la CCSS e ido a los Ebáis, han enviado a sus hijos a la escuela pública primaria o secundaria y, han ido a la Universidad de Costa Rica (UCR), la UNA o el TEC. También estoy seguro de que estas personas beben a diario el agua que les provee el AyA (Costa Rica es uno de los pocos países de América Latina con agua potable en casi todos los grifos). Me atrevería a afirmar que hasta el presidente Chaves, la candidata Fernández y la diputada Cisneros, tan vocales contra nuestro pasado y nuestra institucionalidad, fueron beneficiarios de la Universidad de Costa Rica (UCR), que tanto han criticado.
Hago un breve recuento de algunos de esos logros e instituciones de la II República:
Quien escribe estas líneas no es una persona complaciente. Siguiendo el ejemplo de mi padre y de mi abuelo, me he dedicado durante los últimos 25 años, más bien, a criticar el poder. En esta Página Quince, en mi cátedra universitaria, así como en la columna que tuve durante muchos años en Diario Extra, o las contribuciones en Semanario Universidad, siempre he sido crítico y consciente de los casos de corrupción de este país, inherentes a casi cualquier país del planeta. Al igual que muchos costarricenses patriotas, he criticado a muchos gobiernos del pasado, siempre sabiendo que la crítica es sana para una democracia.
Costa Rica no ha sido perfecta: ha tenido lunares y grandes errores y corrupción en su historia del último siglo. Pero el balance ha sido, más bien, positivo. Construimos, en los últimos 70 años, uno de los experimentos democráticos más interesantes del hemisferio, junto con Uruguay. Mucho nos falta por hacer y corregir, pero lo hemos logrado muchas veces en nuestra historia republicana. Los problemas de la democracia se resuelven con más democracia.
Los que dicen que hemos sido una dictadura esparcen una mentira. Para eliminar algunas plagas y cucarachas que tenemos en la casa, proponen la peor decisión posible: quemar la casa. Y eso es puro populismo.
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Doctor en Derecho Internacional. Phd Universidad de Madrid / MA, GW University, Washington DC. Profesor en la Universidad de Costa Rica (UCR).
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