Palabras en busca de la libertad
PUBLICIDAD 4D
PUBLICIDAD 5D
”Todos somos Daniel”: la pretensión de imponer la sucesión dinástica. Todo lo que se impone por la violencia y la opresión genera rebelión.
Los gobernantes Daniel Ortega y Rosario Murillo durante el acto de celebración del 19 de julio de 2025. //Foto: Tomada de El 19 Digital
El 19 de julio de este año, el dictador Daniel Ortega se atrevió a decir: “Todos somos Daniel, todos, desde el que tiene la menor edad o la muchacha que tiene la menor de edad, hasta el joven que tiene ya mayor edad, y ya no digamos el pueblo, todos somos Daniel”. En otras palabras, una vez que él ya no esté, toda Nicaragua será “Daniel”, es decir, aunque desaparezca físicamente, seguirá vivo para la eternidad como si fuese un dios o alguien a quien recordar con orgullo.
No obstante, si reflexionamos profundamente sobre la memoria de duelos, traiciones y pactos realizados por los caudillos y partidos tradicionales, seguramente nadie aspiraría a emular esa forma de hacer política basada en el culto a la personalidad, en considerarse el señor feudal al que hay que obedecer y en usar el poder para lucro personal y familiar.
Pensar en Daniel Ortega, Rosario Murillo y los cómplices que sustentan las bases de su poder político, económico y de represión, nos lleva a seres sin ética ni moral, equivalentes a la traición, a la ambición desmedida, generadores de odio y división, y seres que se sostienen sobre la base de la violencia, incluso dentro de su propia familia.
La dictadura de Ortega y Murillo, con sus medios oficialistas, promueve ese tipo de comportamientos para hacer creer que todos los nicaragüenses aspiramos a ser como ellos. Sin embargo, las personas con principios y valores, que se reconocen como ciudadanos y no como vasallos, no aspirarían a ser ni abusadores sexuales, ni aprovechados, ni dictadores dinásticos que usurpan el poder a costa de sumergir a todo un pueblo en la desgracia.
Ese no será el modelo de familia al que la nueva Nicaragua deba aspirar, porque las lecciones de la historia nos enseñan que, para garantizar la continuidad de la vida misma, esa historia debe ser irrepetible en nuestro país.
Otro mensaje que el dictador envió fue: “En otra etapa de nuestra historia saldrá otro nicaragüense, que tendrá el pensamiento, el compromiso, el principio que se lo heredamos nosotros, ustedes muchachos, yo”. Como quien dice que la Nicaragua donde todos sean Daniel debe aceptar irremediablemente a quien él imponga en el poder. Nada más y nada menos que a su hijo Laureano, al mejor estilo de Somoza, cuando ya preparaba a su “chigüín” para la sucesión dinástica, y que ahora le supera, porque desde ya promueven hasta el nieto.
En Nicaragua debemos romper con la historia de violencia, de guerra y para ellos comprender que quien gobierna debe estar al servicio de la ciudadanía y no servirse más de ella para el lucro familiar. Y que quien gobierne solo es legítimo cuando es el pueblo quien le elige, en sufragio en completas libertades y garantías, y que en Nicaragua heredarse los cargos de facto entre familia no cabe pues son entonces impostores y la ciudadanía no tiene porque obedecerles.
Aseveró en su discurso que la oposición, con el apoyo imperialista, piensa que pueden “derrocar a la revolución”. Asumiéndose como si él y su familia fueran la Revolución y Nicaragua. Claro que debemos deshacernos de esta dictadura cuanto antes. Porque su sistema dictatorial, con alianzas de los partidos políticos tradicionales y supuestamente opositores, entre otros actores, ha pretendido apropiarse de todo: de la historia, de la memoria, de los símbolos, de la espiritualidad y hasta imponer a Daniel como un dios al que hay que rezar para que envíe las miserias al pueblo como si fuesen milagros. Programas y proyectos que usufructúan y que endeudan incluso a quienes aún no han nacido. Todo proyecto que se inaugura somos los ciudadanos quienes debemos pagarlos, no es un regalo, es una deuda que adquirimos y por lo que deben rendir cuentas.
Se atrevió a hablarle a la juventud, a la mil veces usada y traicionada juventud, que desde diferentes bandos en conflicto y a través de toda la historia se ha rebelado en la búsqueda de libertades y justicia. Pero que hoy su régimen expulsa de sus universidades y del país, solo por pensar diferente.
Y qué cinismo, acordarse hasta ahora de los miles de jóvenes que fueron al Servicio Militar Patriótico, cuando el primer preso político de su desgobierno es precisamente Marvin Vargas, aquel cachorro que lideró el levantamiento de la juventud que sobrevivió a la guerra, en demanda de mejores condiciones de vida, y que hoy envejece con más de una década de encarcelamiento injusto.
Se ufanó de la educación en diversas lenguas y en carreteras construidas para unir el Pacífico con el Atlántico, al mismo tiempo que expulsa hacia Costa Rica, Honduras y otros países a grandes proporciones de pueblos originarios Creoles, Mayagnas, Misquitos, entre otros. Despojándolos de sus tierras y medios de vida para lucrarse entre la familia del dictador y sus cómplices. Recordemos que hay guardabosques presos y también líderes desaparecidos como Brooklyn Rivera y Nancy Henríquez.
Siendo una dictadura que retiene el poder a punta de terror donde la vida no cuenta, no podían faltar sus amenazas, llamando a no “…descuidar … la vigilancia revolucionaria” y que “no le quede espacio alguno a los terroristas, conspiradores, vende patria, porque sabrán que en cuanto se les descubre se les captura y se les procesa”. Lo hace porque es consciente de que su régimen es ilegitimo, que no goza del aprecio del pueblo, ese que cuando dice “Basta Ya” lo cumple. Y que el silencio al que han sometido a la sociedad no es sinónimo de cobardía, sino todo lo contrario, es un pueblo, al que a pesar de los crímenes de lesa humanidad de este régimen, resiste, no se doblega y está consciente de que logrará la libertad.
Toca, pues, desmontar ese discurso de mentiras de la tiranía Ortega Murillo, y no permitir que el porvenir de Nicaragua sea más de lo mismo. La Nicaragua de abril debe enarbolar otra cultura política, basada no en caudillos sino en una propuesta de país, cimentada en consensos y en valores como el servicio y la honestidad. Donde ni el odio ni la polarización tengan cabida y caminemos hacia la concordia, basados en el respeto a la diferencia y a la pluralidad. Y donde nunca más se tenga que exponer la vida para gozar de los derechos humanos con los que nacemos y nos pertenecen.
Todo lo que sube tiene que bajar, lo que se impone por la violencia y la opresión genera rebelión y desobediencia, por eso esta dictadura no es sostenible en el tiempo, el ser humano es en sí mismo libertad.
PUBLICIDAD 3M
Activista nicaragüense exiliada. Licenciada en Ciencias Sociales y máster en Integración y Desarrollo. Fundadora del Instituto de Liderazgo de Las Segovias (ILLS). Tiene más de 30 años de experiencia en defensa de los derechos humanos, y es consultora en planeación y desarrollo, integración regional, políticas públicas, participación ciudadana, empoderamiento y democracia.
PUBLICIDAD 3D