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La desnacionalización es otra forma de violencia

Somos jinetes de lo incierto: Es mucho lo que nos arrebató la tiranía, pero también es mucho lo que podemos ganar con la solidaridad

Bandera de Nicaragua

For over five years, Nicaragua has been facing one of the worst human rights crises in Latin America. Photo: EFE | Confidencial

Mónica López Baltodano

15 de junio 2023

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Que te desnacionalice la dictadura de tu país no es un premio. Tampoco es solamente "represión simbólica".

Que la decisión de unos enfermos del poder te agarre ya siendo refugiada, no es una suerte del azar tampoco. Nadie es refugiado por gusto. Ser refugiado es una situación de desplazamiento forzado por temor a que tu integridad y libertad sean violentadas. Es una sentencia no escrita de que no podrás volver.


¿Volver a dónde?

Pues a donde creías que pertenecías.

No diré dónde están tus raíces porque creo que podemos aprender a echar raíces en otros lugares, pero sí diré donde construiste tu identidad, tu sentido del ser y pertenecer. No se fue con el viento, te lo quitaron a la fuerza. Fue un camino forzado y forjado en la necesidad de sobrevivir.

Que los usurpadores de sellos e instituciones te arrebaten de las manos tu partida de nacimiento, y solo te quede una fotocopia. Que de pronto no podas pedir la original en el registro civil de las personas, porque ahí es tema prohibido hablar de los que ya no existen.

Eso, eso, es un acto barbárico de exterminio civil.

Quienes tienen hijos e hijas, ¿cómo quedan los papeles de su maternidad y paternidad? El solo hecho que se tengan que hacer esta pregunta, es inhumano.

Que un grupo de tiranos amanezcan un día gritando: ¡aquí no naciste, aquí no viviste, aquí no está tu plan de vida, aquí nunca estuvo tu familia, vos no sos de aquí! Y que hagan todos los trámites necesarios para imponer su voluntad, incluido decretarte prófuga de la justicia, sin derecho a juicio, ni a la defensa.

Eso, es real, es un acto de violencia real. Aunque lo hagan los bufones de la corte.

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Si esos alaridos te encuentran con toda tu familia ya desperdigada por el mundo, no por elección, por necesidad. Y si todavía tenés fresquita en la memoria cuando estaban todos juntos, cuando podías celebrar los cumpleaños con facilidad, sin necesidad de boleto de avión y visa. Cuando podían estar juntos sin miedo.

Que mirés tus colillas de décadas de cotizaciones a la seguridad social de tu país, esfumarse, como quien pierde súbitamente los ahorros de una vida en una pésima apuesta.

Pensaste por años que más adelante podrías jubilarte y tener acceso a la salud en cualquier emergencia, y por eso pagabas responsablemente el seguro facultativo o tu cuota laboral. Ah, pero eso también te lo quitaron, cayó en el bolsillo roto de las arcas del tirano-estado.

Y quien ya era jubilado, a ese no se le fue una promesa del futuro, se le esfumaron sus medios de vida del presente. El dinero que necesita hoy para pagar comida, medicinas, un lugar donde vivir. Todo eso, de la noche a la mañana, se convirtió en un abismo de inseguridades, y están ahora parados en el mero borde.

Un pasaporte perdido, ni te digo. Sin eso no podés ver a tu familia, no podés trabajar libremente y menos andar de denunciante de dictaduras. Entraste a la larga fila de incertidumbres migratorias en donde estas con decenas de miles, junto a millones, en los tiempos de las peores crisis migratorias de la humanidad.

Que si hoy lo aceptan o si hoy lo deniegan en una frontera de algún lugar. Que si eso puede afectar la calidad de tu desempeño profesional o poner en riesgo tu empleo. Que si el pasaporte de los refugiados va a salir pronto. Y cuando sale, que si te lo van a aceptar los funcionarios de migración de otros países.

De la pérdida del hogar, y todo lo que estaba ahí dentro, de eso ni siquiera puede sacarse la cuenta. No son solo las paredes de una estructura de concreto, ni solo los ahorros de toda tu vida o tu fuente presente de ingresos... es donde sembraste un arbolito, donde construiste tu sentido de familia-hogar-seguridad, donde hiciste las memorias de la mayor parte de tu vida.

Si tuviste que regalar a tus perros o tus tortugas como uno de los peores desprendimientos…

Son todos hechos reales, aunque la dictadura nos haga banalizar las desgracias a punta de imponernos en las mentes su terrorismo de estado perpetuo.

Las familias de las Madres de Abril, las familias de los presos políticos, las familias de los torturados, somos de un país en donde la mayoría de las familias sufren.

Por eso pienso, no es sano que naturalicemos la violencia estatal que padecemos.

Hablo de la mía que es la que mejor entiendo, pero sé que son miles las formas de violencia que padecemos, los que están dentro, los que estamos fuera. Y estas historias se repiten por todos lados, unas son públicas, la mayoría son privadas, en silencio, en el mar del miedo.

Riámonos, sí, riámonos mil veces porque sonreír es resistir.

Pero no dejemos nunca de ver con claridad que nada de esto es normal, ni sano, ni bueno, ni divertido. Riámonos como acto de resistencia, pero no como ceguera.

Y también, agradezcamos. A cualquiera y a todas las personas, sean presidentes y funcionarios de otros países o nuevos vecinos o colegas del trabajo. Agradezcamos a quienes vieron la tragedia y se solidarizaron. Y practiquemos nosotras también la solidaridad.

Se abren y nos abrimos nuevos pequeños caminos, que aún no sabemos a dónde conducen, pero que vamos a tomar como alternativas, porque estamos aprendiendo a ser jinetes de lo incierto.

Sí, es mucho lo que nos arrebató la tiranía, pero también es cierto que es mucho lo que podemos ganar si meditamos sobre el hogar que está dentro de nosotras mismas. En la capacidad de cultivar resiliencia, alegría y conciencia, y sobre todo en la habilidad de caminar en la tiniebla, agradeciendo que estamos vivas.

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Mónica López Baltodano

Mónica López Baltodano

Abogada, politóloga y activista nicaragüense con más de quince años de experiencia en movimientos sociales, organismos ambientalistas y de derechos humanos. Máster en Derecho Ambiental y en Estudios Políticos. Asesora legal ad honorem del Movimiento Campesino y autora investigaciones sobre las acciones y estrategias de lucha contra el megaproyecto del canal interoceánico en Nicaragua.

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