Museo de Memoria itinerante sobre Nicaragua
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La dependencia en las exportaciones (57%) y las remesas (80%) de EE. UU. afectará el crecimiento económico de Nicaragua en 2026
El crecimiento económico de Nicaragua durante los últimos veinte años (2005-2025) ha promediado 3.4%, y está correlacionado con las exportaciones y las remesas con Estados Unidos. El ritmo de ambas actividades va a disminuir y a desacelerarse en 2026 debido a las dinámicas en Estados Unidos y la política de este país hacia Nicaragua. A esto se suman otros factores económicos que impiden al Gobierno invertir localmente ante adversidades o contracciones, lo que indica que Nicaragua crecerá por debajo de su promedio histórico. El resultado es que Nicaragua no llegará a crecer en más de 3% causando una desaceleración o contracción económica que puede acelerarse si no repuntan los indicadores.
La tendencia exportadora hacia Estados Unidos, que representa el 57% del total exportado en los últimos cinco años, ha sido estable y ha registrado un crecimiento anual del 7% desde 2019 hasta 2025, con un movimiento de ingresos consistente. Mientras tanto, las remesas (ahora más del 80% originadas en Estados Unidos) han crecido en su peso en la economía, de 10% en 2005 a 30% en 2025, en relación con el PIB.
En conjunto, el peso de la dependencia económica de Estados Unidos, solo en exportaciones y remesas, equivale al 50% de la economía. Manteniendo otros factores constantes, los últimos siete años muestran que un 3% de crecimiento en exportación y remesas, aumenta el PIB en 1% respectivamente. El dinamismo local es realmente mínimo. De este modo, un cambio en el comportamiento de estos factores externos afectará el ritmo económico.
Desde que Nicaragua formó parte del acuerdo de libre comercio con Estados Unidos, el volumen de exportaciones ha crecido a una tasa promedio histórica del 7% durante veinte años, superando a otros países del CAFTA-DR. Sin embargo, el contexto político ha distanciado su vínculo con Estados Unidos. Frente al superávit comercial con Estados Unidos del 18%, y su cercanía a China, Estados Unidos ha impuesto tres penalidades sobre Nicaragua.
Primero, un arancel recíproco de 18% que entró en vigor en abril de 2025. Aunque las exportaciones a Estados Unidos crecieron 7%, las de la Zona Franca crecieron 3.5% (debajo de su tendencia histórica): el resto se debió al aumento en los precios del oro, y un poco a la agroexportación.
Segundo, la investigación 301 de la Oficina de Comercio sobre las violaciones a los derechos humanos, laborales y estado de derecho, bajo el tratado CAFTA, como herramienta de ventaja competitiva, dio lugar a un arancel creciente sobre Nicaragua, comenzando con un 0% en enero de 2026, aumentando al 10% en 2027 y al 15% en 2028. El contexto político en 2026 podrá eliminar la moratoria del 0% y acelerar la imposición inmediata del 10% a mediados de año.
Tercero, Nicaragua enfrenta otra presión arancelaria del 25% por su relación comercial con Irán, este último no ha entrado en vigor, pero se mantiene como una herramienta de presión.
Tomando en cuenta la tendencia histórica del comportamiento exportador hacia Estados Unidos y comparándola con el momento actual de tensión comercial —único en la relación entre ambos países en los últimos 20 años—, es difícil esperar un crecimiento del 7% en 2026; más bien, del 4%.
Específicamente, la disminución de la demanda seguirá ocurriendo en la Zona Franca debido a la desventaja comparativa frente a Honduras en los sectores de textiles y de maquinaria eléctrica. Marcas con presencia en ambos países han reubicado una parte de sus actividades en Honduras para compensar las pérdidas. En lo que respecta a la agricultura, las exportaciones guatemaltecas compiten por captar el mercado nicaragüense frente al arancel del 18%.
La exportación de oro (la onza ha subido de USD 1560 en febrero 2020 a USD 5110 a febrero 2026) sigue siendo un factor positivo para Nicaragua (porque le deja a tributación mas de USD 150 millones), a menos que el gobierno de Estados Unidos decida extender sanciones contra ese sector, como lo hizo en 2022 contra Eniminas.
El impacto de la decisión de la Corte Suprema de Justicia sobre los aranceles deja abierta la posibilidad de que la Administración Trump acelere la eliminación de la moratoria, ya que sus consideraciones políticas sobre ese país no son muy positivas y la autoridad de la sección 301 de la ley le otorga discreción sobre Nicaragua.
Las demandas que Estados Unidos está pidiendo a Nicaragua (“poner fin a la represión, poner fin a la facilitación de la migración y dejar de servir de plataforma para actores malignos”) Murillo no las está cumpliendo, y esto se convierte en una justificación para realizar acciones contra Nicaragua.
Las remesas a Nicaragua crecieron en gran cantidad desde la crisis política de 2018, y se dispararon desde 2022. En 2025 pasaron a representar el 40% del consumo privado, lo que supuso un incremento de 10 puntos porcentuales en un año. Este impacto se debe a que el volumen de las remesas creció 27% porque el promedio anual enviado creció más de 20%.
Sin embargo, el crecimiento ha sido temporal (las transferencias de persona a persona decayeron de 745 000 a 725000 en 2025 debido a la disminución migratoria y las deportaciones) y es poco probable que se repita, especialmente en un momento en que la migración ha decaído y las deportaciones han aumentado. Por ejemplo, el promedio enviado en enero de 2026 deja de crecer con la misma intensidad que a finales de 2024. Esto se debe a que el nicaragüense en Estados Unidos está enviando más del 20% de sus ingresos y no puede enviar más.
Frente a una tendencia decreciente de la migración y un aumento más pequeño del envío, los escenarios de crecimiento y su impacto en el ingreso nacional del país ofrecen una línea de base para identificar lo que pueda ocurrir.
Dado que no hay evidencia de aumento en la migración ni de disminución de deportados, y el promedio enviado no excede el 4% de aumento, el ritmo de crecimiento de remesas no superará más del 3%— a menos que los Nicas en Estados Unidos decidan enviar más de lo que pueden. De tal forma, hay un crecimiento de 3.5% de remesas desde Estados Unidos en 2026 a un volumen total de 6.3 mil millones de dólares. El impacto de esta desaceleración se sentirá en la capacidad de consumo ya que el costo de vida seguirá subiendo pero la entrada de remesa será igual a 2025.
Es importante tener en cuenta que hay otros factores que pueden interactuar con el comportamiento de las remesas y las exportaciones, así como con su impacto en el crecimiento económico. La economía informal, y el endeudamiento externo son dos factores a considerar.
La economía de Nicaragua se articula en torno a dos polos de crecimiento: la economía informal (25% del PIB) y la exportación (40% del PIB), y en medio está la remesa (30% del PIB)—el gasto del gobierno se distribuye entre salarios a trabajadores e inversión pública en sectores de enclaves económicos (construcción, en actividades de menor impacto macroeconómico, como carreteras en pasillos al interior, con poca conexión internacional).
La economía informal es un sistema que se apoya en el sector formal y en una fuerza laboral que no logra ingresar al mercado laboral. El consumo de hogares que reciben remesas genera oferta de servicios desde la economía informal (las empresas y trabajadores son más del 70% de la economía, aunque solo generan 25% del ingreso nacional), por lo que, si la demanda de parte de esos hogares receptores disminuye, la actividad económica informal disminuirá.
Por ejemplo, las personas con sus puestos de venta de comida o restaurantes de casa; o de accesorios de casa y electrónicos; los que venden ropa usada de pacas, e incluso trabajadores de servicios de apoyo doméstico (electricistas, trabajadoras domésticas, etc.), se sentirán afectados por esa contracción.
En este sentido, el sector informal del comercio sería el más afectado, especialmente si la proyección de crecimiento de remesas es menor que 3% (promedio enviado no crece, y el número de remesadores se reduce a 700 000), disminuyendo el PIB en 2%.
El sistema financiero también resentirá una disminución de la demanda de préstamos. Actualmente, la oferta crediticia se mantuvo en menos de USD 200 millones de préstamos trimestralmente durante 2025 —equivalente a menos de 6000 préstamos mensuales, de los que el 25% está en el sector de consumo y 9% en vehículos.
El endeudamiento externo ha sido la principal fuente de inversión pública del Estado; sin embargo, está disminuyendo. Su principal acreedor, el BCIE, ha reducido sus contratos, ya sea por razones políticas o de riesgo financiero (el 37% de la deuda externa de Nicaragua es con el BCIE), a quien le paga el 62% del servicio de la deuda. La decisión de continuar las inversiones en obras públicas mediante endeudamiento externo es imperativa por razones políticas, ya que les permite mantener la lealtad al sector económico de la construcción, principal aliado del clan Ortega-Murillo.
La sustitución de la dependencia financiera con China forma parte de esta estrategia; sin embargo, los desembolsos han sido menores del 10% de lo endeudado y no son suficientes para pagar ‘cuotas’ clientelistas. Esto indica que la inversión pública no crecerá a menos que el gobierno central decida aumentar su proporción de la inversión estatal. Sin embargo, el servicio de la deuda sigue aumentando; en 2025 llegó a más de $800 millones—4% del PIB— y subirá en 2026. Nicaragua sigue pagando más en concepto de deuda que en la cantidad de los préstamos que obtiene, lo que contrae el gasto público.
A diferencia de Honduras o Guatemala, el turismo en Nicaragua no ha crecido. El número de extranjeros sigue siendo inferior al de 2018 y no se reporta mejora este año, con menos de un millón y por debajo de 2024, que ya había declinado, lo que representa $500 millones en renta, gran parte de la cual beneficia a empresas transnacionales. El turismo le ha dejado a la economía del país cerca de 2.5% del PIB, sin embargo, no ha repuntado desde 2018.
Ante la desaceleración de los factores externos ligados a Estados Unidos –remesas y exportaciones por debajo del 4%–, menor turismo y mayor presión por el pago de la deuda, la tendencia indica que el crecimiento de Nicaragua será inferior al 3.9% proyectado por el FMI, acercándose al 3%. Los primeros seis meses de 2026 mostrarán estos síntomas, algunos de ellos, como las remesas, han sido ocultos en las estadísticas oficiales. Esta situación refleja una desaceleración en momentos que las otras economías estarán creciendo más, y esta disminución muestra una contracción que repercutirá en la capacidad de consumo de la población.
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Politólogo nicaragüense. Director del programa de Migración, Remesas y Desarrollo de Diálogo Interamericano. Tiene una maestría en Administración Pública y Estudios Latinoamericanos, y es licenciado en Relaciones Internacionales. También, es miembro principal del Centro para el Desarrollo Internacional de la Universidad de Harvard, presidente de Centroamérica y el Caribe en el Instituto del Servicio Exterior de EE. UU. e investigador principal del Instituto para el Estudio de la Migración Internacional en la Universidad de Georgetown.
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