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La compleja búsqueda de la libertad

Son solo veinte años de libertades, que bajo dictadura pierden su relativismo y crece la necesidad de tenerlas cuando desaparecen

Onofre Guevara López

22 de febrero 2022

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Una de las frases de mayor recurrencia en el discurso de Herty Lewites Rodríguez (24/12/1939 - 02/07/2006) era que él había nacido bajo una dictadura y no quería morir bajo otra dictadura. De hecho, cuando Herty murió no había un dictador, sino Enrique Bolaños, pero Herty se refería a Daniel Ortega, quien era candidato a la presidencia por la enésima vez y un dictador en ciernes.

¿Por qué, Herty presentía al futuro dictador en Daniel Ortega? Porque, además de hacerles difíciles la gobernabilidad a tres presidentes con sus turbas —“gobernando desde abajo”— ya había pactado con el corrupto Arnoldo Alemán, y le conocía su tendencia dictatorial por sus 25 años como secretario general del FSLN que, para entonces, eran también 25 años como candidato vitalicio a la presidencia.


Otras definiciones de la cuestionada personalidad de Ortega, Herty las había hecho en una entrevista que le hizo Carlos Fernando Chamorro, en el Programa Esta Semana del 23 de septiembre de 2005, diez meses antes de su muerte, a un poco más de un año antes de las votaciones de noviembre de 2006: “Daniel Ortega –dijo—: el atraso y el subdesarrollo. Se quedó en las décadas del 60 y del 70. Se aferró al poder igual que el que dictador que botamos”

Ni más ni menos. A Herty solo le faltaba poco para morir bajo esta otra dictadura para que se confirmara su predicción y comprobar –como lo están comprobando los de su misma generación y de otras generaciones— que esta es una dictadura tan perversa como la de los Somoza, aunque peor en otras cosas. Y no son juegos de palabras, sino verdades de vida y de muerte.

II

La generación que me ha tocado, muy anterior a la generación de Herty, le cupo la desgracia de haber nacido bajo las botas de la intervención armada de los marines estadounidenses; crecer bajo la dictadura por esa intervención engendrada, la de Anastasio Somoza García; vivir bajo la dictadura dinástica de sus dos hijos y, a estas alturas, está marcada –sin esperanzas de poder evitar lo inevitable— para morir bajo esta otra dictadura.

Tres años bajo la presencia física de las armas extranjeras, y los años continuados bajo la dictadura pronorteamericana de los tres Somoza suman 48 años, más los 16 años bajo la dictadura orteguista, hacen 64 años de vida sin libertades... y el calendario sigue deshojándose dentro del mismo ámbito represivo.

Todo un curso de sobrevivencia en cadenas políticas, y una relativa cadena perpetua en la vida de cualquier ser humano. Durante 17 años –1962-1979— hicimos periodismo crítico entre las frecuentes clausuras manu militari de los semanarios socialistas, y gozamos por primera vez de la libertad de prensa y expresión en los años de la revolución.

El período revolucionario fue como vivir con la sensación de hacerlo en un subibaja de carrusel: después de estar abajo cuando los semanarios en que escribía eran clausurados por la dictadura ante la indiferencia y hasta con la complacencia de los periodistas de la prensa comercial y política tradicional, nos sentíamos libres de poder escribir todo lo que era necesario y lo deseado pensar. Pero, las libertades de prensa y opinión que antes nos fueron negadas, ahora se las negaban a los otros, y eso nos parecía normal dentro del juego del subibaja político nacional.

Así como antes fuimos presas del egoísmo de los otros que pensaban que lo justo era únicamente su libertad, nosotros no podíamos concebir la idea de que la libertad de prensa también es para los otros. Los que escribimos polémicas políticas –algo que debería verse normal en cualquier país o estadio histórico social— lo justificamos todo cuando es contra los otros. En uno y otro bando pensamos con la firmeza de las cosas ciertas, que todo se vale en la lucha ideológica en contra de los otros. El fragor de las luchas políticas e ideológicas con intereses encontrados, obnubila y fanatiza.

III

Durante la lucha política interna de los años neoliberales para unos y democráticos para otros, eran propias las contradicciones sociales de país con sistema capitalista en subdesarrollo, y con un Estado clasista en choques frecuentes con la justicia social. Pero había libertad política y se respetaban las libertades relativas al ejercicio del periodismo, aunque siempre con la intolerancia mutua entre las corrientes políticas opuestas. Era esa lucha de clases que tanto niegan quienes más la practican, y todos en libertad de practicarla.

Ahora, todo eso se ha perdido bajo esta dictadura. La dictadura se impone sobre todo con absoluta intolerancia, los espacios para las actividades políticas en libertad son clausurados con absolutismo en el tratamiento represivo contra los derechos democráticos y humanos de los adversarios críticos, que son vistos y tratados como enemigos a muerte.

Este absolutismo dictatorial, no ve diferencias entre el crítico conservador y el crítico de izquierda; entre el activista social y el defensor profesional de los derechos humanos; entre el político aspirante a la presidencia y el profesional del periodismo crítico cuando ejercen su derecho a la crítica. A todos los reprime con igual odio, como la fiera que cuida de su hueso a cualquier costo y con odio ciego. Tampoco en lo ideológico puede distinguir entre las diferentes tonalidades de pensamientos de los demás –con igual derecho a existir— porque para los dictadores todos son un mismo blanco en las miras telescópicas de su injusticia, cuando no de sus fusiles, sus más eficientes armas.

Cruel realidad política de nuestro país, que en doscientos años de exclusivismo social en el control del poder político del Estado “republicano”, solo hemos tenido menos de veinte años de libertades públicas, entre ellas la libertad de prensa y expresión sin persecuciones, censuras ni confiscaciones de los medios de comunicación.

Son solo veinte años de libertades, que bajo dictadura pierden su relativismo y crece la necesidad de tenerlas cuando desaparecen. Pero veinte años son más que suficientes para sumar experiencias, valorar las buenas y corregir las malas para enfrentar los próximos cinco años de dictadura con el arma infalible de la unidad en la acción, la principal llave que abrirá un porvenir en libertad.

Y deberán ser por primera vez las libertades para todos si, además, la unidad en la acción se lograra fundamentar en el respeto a la multiplicidad ideológica de todos los que no se conforman vivir sometidos a los caprichos de ningún político corrupto o dictador. Tomar como ejemplo de pluralidad ideológica de los secuestrados y condenados por los dictadores que, sin proponérselo, los han igualado en las condiciones carcelarias, pero también en convicciones y el común sentimiento humano de seguir siendo libres de conciencia, aunque por el momento sus cuerpos no lo sean.

Con esa su dignidad, lo reos políticos nos han creado el compromiso ético de luchar por su liberación y pensar en una Nicaragua para todos y con todos los derechos.

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IV

La decisión de luchar unidos en la acción –sin distingos de orden ideológico frente a una dictadura falsamente “revolucionaria”— ha despertado la solidaridad de la tan llevada y traída comunidad internacional. Y esperamos que esa solidaridad no se haga más tardía de lo que ha estado siendo.

No obstante, esa solidaridad solo podrá ser importante y efectiva en esta nuestra tarea histórica por la liberación, siempre que los nicaragüenses sepamos distinguir entre la cizaña y el trigo, porque no a todos los Gobiernos que son partes de esa misma comunidad les mueve la nobleza en su interés político por ayudar a otros.

Por eso, pensamos…

Al margen de estas cuartillas

*Que la solidaridad no se le niega ni se le cobra a ningún pueblo…

*Para que la solidaridad sea verdadera y cumpla su finalidad humanista en favor de los otros…

*El pueblo que recibe solidaridad no está obligado a pagarla con nada que no sea agradecimiento sincero y con algo del mismo valor: solidaridad…

*En cambio, ”Para un torcido, un torzal”, dice el refrán popular…

*Y para un Gobierno torcido –que no obra con rectitud— un torzal para bordarles la verdad sobre sus mentiras…

*El lector de los comunicados de Rosario ante la OEA, recordó que en Chile los carabineros les sacaron los ojos con balas de goma a los manifestantes…

*¿Y por eso es que los dictadores de Nicaragua piensan que sus paramilitares tuvieron el derecho de quitarles la vida a más trescientos manifestantes…?

*El lector oficialista ante la OEA recordó que los agentes de la CIA estadounidenses torturan a sus reos en sus cárceles de Guantánamo…

*Con su torcida lógica, ¿quieren decir que, ese hecho criminal en Guantánamo, les da el derecho a ellos torturar a sus reos en El Chipote…?

*Entre otras joyas de lógicas torcidas, el lector de Rosario le sacó al representante de Canadá en la OEA el genocidio de niños indígenas…

*¿Olvidó la redactora del comunicado las muertes de indígenas de nuestra costa Caribe, siempre impunes, porque a sus autores “nadie” los conoce…?

*Los oficialistas no encontraron ejemplos de muertes en prisión de reos políticos –como Eddy Montes y Hugo Torres—, en las cárceles de países miembros de la OEA…

*A los orteguistas nada lo justifica… ¡ni siquiera el cuasi empate que tienen con el uribismo de Colombia, respecto a los activistas políticos y sociales asesinados!


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Onofre Guevara López

Onofre Guevara López

Fue líder sindical y periodista de oficio. Exmiembro del Partido Socialista Nicaragüense, y exdiputado ante la Asamblea Nacional. Escribió en los diarios Barricada y El Nuevo Diario. Autor de la columna de crítica satírica “Don Procopio y Doña Procopia”.

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