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El equipo de Trump se inclina por Fernández, por la afinidad política con el gobierno de turno, pero gane quien gane, no será un parteaguas para EE. UU
Ciudadanos pasan frente al Teatro Nacional de Costa Rica, en el centro de la capital costarricense, San José. | Foto: Confidencial
Costa Rica está en la mira de Estados Unidos por su proceso electoral y la elección del próximo presidente. Al igual que otros países, Costa Rica recibe la atención de la Administración del presidente Donald Trump, que, aunque no ha proclamado un candidato favorito, se inclina, como preferencia general, hacia la sucesora de Rodrigo Chaves bajo el entendido de que existe una afinidad político-ideológica.
Sin embargo, las prioridades de la Administración sobre qué líder puede apoyar los intereses de Estados Unidos, asegurando estabilidad política y económica, lucha contra el narcotráfico y control del tráfico migratorio, coinciden con las de la mayoría de los candidatos. Además, el rol e influencia de China en Costa Rica no representa una prioridad para los candidatos, y tampoco Estados Unidos percibe que el país sea vulnerable ante la influencia china.
La mayor probabilidad es que Estados Unidos mantendrá la continuidad en la relación con Costa Rica, quienquiera que gane las elecciones presidenciales.
En el proceso electoral actual, el Gobierno de Estados Unidos, a través del Departamento de Estado, ha ido observando el desenvolvimiento de los diferentes candidatos a medida que van surgiendo en popularidad.
El equipo del área para América Latina no tiene un candidato preferido, aunque calculan que pueden mantener mejor relación con el partido de Laura Fernández (Pueblo Soberano) como sucesor de Rodrigo Chaves, Administración a la que se le considera positivamente como un aliado del Gobierno de Estados Unidos por su discurso político y en particular en la lucha contra el crimen organizado.
El otro candidato al que se observa con detenimiento es a Álvaro Ramos, del Partido Liberación Nacional. Su partido se ubica en un segundo lugar en las encuestas de opinión, después de Fernández frente a un electorado indeciso (45% de la opinión pública a diciembre expresa indecisión sobre por quién votar). La ventaja de la candidata presidencial de Pueblo Soberano, Laura Fernández, es de más de 20% frente a los otros candidatos, a menos de dos meses de las elecciones nacionales del 1 de febrero de 2026.
Una lectura de la agenda de Fernández sobre el combate a la delincuencia y el crimen organizado apunta a una tendencia parecida a Chaves, sin la personalidad del actual presidente. Ella apuesta a la construcción de una mega cárcel, a mantener el presupuesto a las fuerzas de seguridad pública y a la cooperación con Estados Unidos. Su propuesta ha sido sujeta a críticas de la oposición en tanto que carece de un ‘enfoque multidimensional’ ante el crimen organizado y la delincuencia que a fin de año llegará a 900 homicidios, niveles preocupantes para el país que se traducen en casi tres homicidios diarios.
Mientras tanto, Ramos propone una estrategia más compleja orientada al ataque directo a las fuerzas del crimen. Su propuesta incluye la creación del Centro de Comando, Control, Cómputo, Comunicaciones y Contacto Ciudadano (C5), un mecanismo de recopilación de inteligencia acompañado con operativos en más de cuarenta lugares del país y con un aumento de las fuerzas de seguridad. Al igual que Fernández, Ramos toma en cuenta la cooperación de Estados Unidos.
En el plano económico, las propuestas de ambos candidatos tienen diferencias marcadas, aunque no necesariamente coinciden con las necesidades de los costarricenses.
Por un lado, la situación económica de Costa Rica es complicada ya que, a pesar de tener una tasa de crecimiento saludable, el ingreso de la mayoría de los costarricenses es limitado y no se refleja en el PIB per cápita. Es un país con cuatro mundos económicos parcialmente integrados. Tres de estos mundos reflejan una realidad diferente y a veces desconectada. Uno es el informal, el cual desde hace casi diez años se ha mantenido en el 40% de la fuerza laboral en la economía informal, viviendo de USD 2500 mensuales y que no disminuyó con Chaves.
Está el mundo de la Zona Franca, responsable de 15% del ingreso nacional y 5% del empleo, con ingresos de USD 4500 mensuales. Aquí va la producción de instrumentos médicos que constituye el 50% de las exportaciones a Estados Unidos (el 5% del PIB).
A la par de este enclave de la zona franca está la economía del turismo, cuya contribución económica ha decaído y en 2025 se espera una caída del -1% del turismo, pasando a contribuir con menos del 5% del PIB.
Estos tres sectores emplean más del 60% de los trabajadores y reflejan tres ecosistemas, con un desaceleramiento propio en realidades diferentes.
El tico vive endeudado, pagando un tercio de su salario para cubrir su tarjeta de crédito u otros préstamos de consumo y con un costo de vida alto. (los bananos ticos son más caros en Santa Ana que en Washington D. C.).
En general, la propuesta económica de los candidatos es limitada; se enfoca en invertir en el capital humano por la vía de la capacitación técnica y del monitoreo del gasto en educación (Fernández), o en fortalecer las pequeñas empresas (Ramos), particularmente aquellas asociadas al turismo; además, pone énfasis y detalles en el cooperativismo, la inclusión financiera y la territorialidad.
Ambos candidatos carecen de un reconocimiento de la presencia de múltiples economías que no están directamente integradas y retroalimentadas; sin embargo, el alcance de Ramos parece ser más comprensivo mientras que Fernández da a entender que ellos ya tienen resuelto eso (argumentan que redujeron la pobreza con números parcialmente correctos).
Finalmente, para Estados Unidos, la estabilidad política es importante, y Costa Rica está pasando por una etapa difícil de polarización, de rechazo a partidos tradicionales y de miedo frente a la creciente delincuencia e inseguridad.
El conflicto político interno por las críticas al presidente Chaves en asuntos de corrupción y su pugna con los poderes del Estado, ha causado reacciones políticas en Estados Unidos, en particular del Congresista del Estado de la Florida Mario Díaz Balart quien simpatiza con Chaves y también jugó un rol instrumental con el premio (Campeón de la Libertad), que otorga el Centro para la Libertad Económica Adam Smith de la Florida International University.
Diaz Balart invitó a reunión a la embajadora de Costa Rica en Washington, DC Catalina Crespo, para explicar la coyuntura sobre el posible desafuero a Chaves y expresó que “la posibilidad de que un presidente en funciones —en una de las democracias más estables y consolidadas de la región— pueda ser apartado por expresiones políticas mediante procedimientos cuya base constitucional es cuestionable, genera serias inquietudes”. La intromisión de Díaz Balart fue manipulada por el oficialismo como una acción de la Administración Trump en defensa de Chaves, mientras que la oposición criticó duramente al mandatario. El Departamento de Estado, sin embargo, se ha mantenido al margen y se enfoca en apoyar a Costa Rica en la lucha contra el crimen organizado.
Es importante resaltar que ninguno de estos candidatos ha establecido contacto directo con el Gobierno de Estados Unidos o con la nueva embajadora, Melinda Hildebrand, que inició funciones en noviembre de 2025. En diciembre 2025 habrá una visita de cortesía diplomática de parte del Departamento de Estado con personas clave del país, pero sin función política.
En términos de relaciones internacionales, la perspectiva de los candidatos gira en torno al bilateralismo y reconsiderar los foros multilaterales. Para Ramos es importante recuperar el liderazgo en la región, mientras Fernández no manifiesta mucha preferencia por el entorno externo, Estados Unidos incluido, pero lo asume como socio clave.
Estados Unidos observa la relación de Costa Rica con China, pero no determina que esta represente una amenaza. Costa Rica ha indicado que ellos mantienen una relación comercial estable y no permiten injerencia china en el país y han desplegado esfuerzos para prevenir la presencia de tecnología 5G de origen chino.
En general, la presencia de la República Popular China es importante a nivel comercial, pero no es mayor que la relación con Estados Unidos. Tampoco hay inversión extranjera China en el país, ni préstamos concedidos.
Más bien, al Ministerio de Comercio Exterior le preocupa la posible investigación de Estados Unidos sobre la exportación de instrumentos médicos. Situación que ha generado un fuerte lobby para proteger el sector de cualquier arancel que pueda afectar el 50% de las exportaciones de Costa Rica a ese país. Es probable que Estados Unidos introduzca un arancel bajo o mantenga el 10% actual mientras aplique reciprocidad como lo hizo en noviembre a todos los productos de agroexportación.
En resumen, Estados Unidos no percibe un clima políticamente difícil en la elección presidencial de Costa Rica; tampoco identifica a los candidatos principales como un reto con el que tiene que lidiar. Políticamente, la preferencia por la administración Trump se inclina hacia una victoria de Fernández sobre Ramos, ya que la afinidad política con el gobierno de turno ha sido vista de forma positiva. Pero sea quien gane de esos dos, no será un parteaguas para Estados Unidos.
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Politólogo nicaragüense. Director del programa de Migración, Remesas y Desarrollo de Diálogo Interamericano. Tiene una maestría en Administración Pública y Estudios Latinoamericanos, y es licenciado en Relaciones Internacionales. También, es miembro principal del Centro para el Desarrollo Internacional de la Universidad de Harvard, presidente de Centroamérica y el Caribe en el Instituto del Servicio Exterior de EE. UU. e investigador principal del Instituto para el Estudio de la Migración Internacional en la Universidad de Georgetown.
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