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Clamor por liberación de presos políticos une a nicaragüenses

Presos son una brasa ardiente para el régimen. Los gobernantes infunden miedo y terror, pero también generan malestar, rechazo y condena

Aunque los 170 presos políticos del régimen de Ortega denuncian maltrato físico y psicológico

Guillermo Cortés Domínguez

30 de diciembre 2021

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Una causa justa, hermosa y sublime, la de la libertad de los presos políticos, ha logrado unir al indoblegable pueblo de Nicaragua, pues la gran mayoría, 67%, demanda su puesta en libertad, de acuerdo a la más reciente encuesta de la firma CID-Gallup.

Pese a que los captores no pierden oportunidad de intentar justificar sus inhumanas acciones represivas, el 64% de la población considera que el discurso de Ortega genera odio y violencia. El 16% --base social oficialista dura-- opina que el Gobierno de EE.UU. debe llevarse a los presos políticos porque “no son nicaragüenses”.


Para la mayor parte de la ciudadanía no se trata solo de excarcelar a los presos políticos, sino que salgan de prisión y puedan reincorporarse a la sociedad con vigencia de todos sus derechos individuales y sociales, es decir, sin ninguna restricción. Con anterioridad el régimen decretó una amnistía con serias limitaciones legales que se hicieron más fuertes en los propios hogares de los exprisioneros políticos, por el cerco militar que les tendieron, lo que obligó a muchos a esconderse y al exilio.

Dice mucho del corazón del pueblo que el discurso de odio que incluye llamarle a los reos de conciencia “hijos de perra del imperialismo”, es rechazado por el 81% de los nicaragüenses, que más bien los consideran víctimas de detenciones injustas (73%), cuyos juicios deben ser anulados (67%).

¿Qué porcentaje de la población comparte la represión desatada por la familia Ortega Murillo? Solo el 20%, a juzgar por la respuesta a una pregunta de CID-Gallup sobre si está de acuerdo con que los reos de conciencia deben ser juzgados. Este porcentaje se corresponde con la base social más fiel al régimen.

Presos son una brasa ardiente

En otro país estos altos porcentajes en contra de mantener presos políticos conducirían irreversiblemente a su inmediata puesta en libertad, medida que más temprano que tarde deberán tomar quienes detentan el poder, porque para ellos también es sumamente incómodo tenerlos, pues los reos de conciencia son como brasas ardientes que les escaldan sus manos y les carcomen la piel que presentan --o intentan mostrar-- ante el mundo.

En dos de sus más recientes discursos públicos, Ortega se ha dirigido a los presos políticos con visible resentimiento. Sus palabras, el tono en el que las dijo y su gesticulación, evidencian una fuerte carga de odio que ha sido contraproducente en el ánimo popular, porque la ciudadanía las rechaza y más bien proclama su adhesión a la pronta liberación de los mismos.

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Por el comportamiento cívico del pueblo nicaragüense, no hay ninguna posibilidad de que realice operativos político-militares para forzar la libertad de los reos de conciencia, como hizo el FSLN en 1974 y 1978 con sus espectaculares operaciones en la casa del somocista Chema Castillo y en el Congreso en el Palacio Nacional. En ese entonces ellos consideraban válida la consigna que ahora repudian: ¡Navidad sin presos políticos!

Las condiciones son otras: el régimen no tiene quien se le oponga por una vía militar, pues la población tomó una ruta pacífica para manifestar su desacuerdo con un sistema de Gobierno que considera totalmente inapropiado para Nicaragua y cualquier nación civilizada por no tener un Estado de Derecho, pues más bien impusieron violaciones constitucionales, irrespeto a la legalidad, leyes para reprimir, juicios políticos, etcétera.

Infunden miedo y terror

Es curioso cómo, en medio de un auténtico cerco militar que vive la ciudadanía al interior de Nicaragua, esta encuesta de CID-Gallup ha logrado desentrañar el punto de vista de la mayoría de los nicaragüenses y poner sobre el tapete su exigencia en algo tan doloroso y dramático, sobre todo para los familiares, como es el punto de los presos políticos.

La causa a favor de la puesta en libertad de los reos de conciencia ha calado en la mayoría de la ciudadanía, que la ha convertido en su reivindicación política fundamental, hecho que probablemente no previó el régimen, para el cual ha sido imperioso desarrollar acciones que infundan miedo y hasta terror, sin tomar en cuenta que al mismo tiempo generan otros sentimientos que le son totalmente negativos e inconvenientes.

La famosa frase “hijos de perra”, extraída de un diálogo entre un asesor y el presidente Franklin D. Roosevelt con motivo de una visita oficial de Tacho viejo a Washington en 1944, en vez de obtener el resultado deseado por Ortega de que los prisioneros, sobre todo los pre candidatos presidenciales, sean percibidos por la población como servidores de los Estados Unidos y, por tanto, traidores a la patria, ha sido mayoritariamente recibida como una expresión inhumana, cargada de odio y revanchismo, que de manera grave insulta en particular a las madres de los presos políticos y por extensión a la madre nicaragüense en general. Debe ser altamente decepcionante para quienes tienen el poder absoluto del país que solo el 12% de la población apoye el insulto de “hijos de perra”. Es decir, también parte de su base social rechaza este dicterio.

Entre los prisioneros hay uno que es especial: Marvin Vargas –ex presidente de la Asociación Cachorros de Sandino-- , debido a que tiene más de una década de sufrido encarcelamiento. Él no estuvo suficientemente acompañado moral y políticamente antes como sí comenzó a estarlo a partir del 2018, en que se publicó más sobre su prolongado cautiverio y se intensificaron las muestras de solidaridad. Él es el prisionero político con más años tras los barrotes en la historia de Nicaragua y se ha convertido en una referencia moral inevitable.

La ofensiva para infundir miedo y hasta terror en la población ha tenido un relativo éxito, pero al mismo tiempo genera un profundo malestar, rechazo y condena.

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Guillermo Cortés Domínguez

Guillermo Cortés Domínguez

Periodista nicaragüense. Escribió prensa clandestina y fue redactor y editor del diario Barricada. Coautor de "Corresponsales de Guerra". Fundador y director de la revista Medios y Mensajes y la editorial Editarte. Ganó el Premio Latinoamericano de Periodismo José Martí, de la agencia de noticias Prensa Latina S.A. Además, es autor de "Huérfanas de Guerra" y "El oráculo de la emperatriz", entre otros libros.

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